Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
Sobre la esfera me muevo y persigo la escandalosa belleza, la que a tantos aterra. Estoy en el porche trasero de una casa inmensa, frente a mí dos toros de hierro y al fondo una mujer de 1926 llamada Primavera que corona una piscina cuyos extremos son curvos. La luna está en cuarto creciente y he encontrado una mesa y una silla lo suficientemente cómodas para que el hecho de escribir no sea incómodo.

Narrativa

Tags : Colección Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 01/08/2014 a las 21:01 | Comentarios {0}


Me lleva, ¡Oh, querida!
He intentado
someterme;
dejarme hacer
también lo he intentado,
¡chica, naricita de azúcar!
Y sin embargo
la noche,
como una mujer hermosa,
me ha vuelto a llevar a su terreno.
Yo quise, ¡amor mío!
desnudarme solo
rimar solo mientras escuchaba la rima de las aguas del río
tú sabes, bombón, a qué me refiero.
No pude,
al son de las cartas, al son de la rueda del vapor,
al son de los perfumes y las ligas
me dejé llevar de nuevo
y bebí, ¡amor!
y me drogué, ¡amor!
y acabé sin blanca
entre los dientes de las pirañas, ¡oh, mi muñeca de porcelana!
¡oh, mi corazón salvaje!
¡oh, tus ojos, tirado en la orilla, desnudo de cintura para arriba!
¡Nena, cuánto echaba de menos tu regazo!
Lo volveré a intentar
ya tú sabes, mi jaboncito de aroma a lavanda y a mujer honesta
y claudicaré como los remeros ante el olor a cerveza
pero antes, te juro, sangre de mi sangre, carne de mi carne,
lucharé contra los locales nocturnos,
las partidas de póker,
la bebidas espirituosas,
las muchachas alegres
y los amaneceres junto al río
aunque me lleven, siempre me lleven,
al final, hasta tus brazos,
¡oh, sí, hasta tus brazos siempre, nena!
¡siempre, siempre, siempre hasta tus brazos!

Narrativa

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/07/2014 a las 20:30 | Comentarios {0}


Si dijeras, si lo dijeras, de una vez y para siempre, te levantaras porque estabas tumbada y habías pasado la noche gimiendo por quien ya estaba lejos, allende los Mares; si dijeras, si te atrevieras, quizás abriendo la ventana del patio interior de tu casa, desde lo alto, desnuda de cintura para abajo; abierto al mundo el nacimiento del mundo; si dijeras; si admiraras tu propio descubrimiento pero lo admiraras sin tensión, sin exaltación, más bien lo admiraras pasmada como cuando el descubrimiento surge aumentado a través de la lente del microscopio y sabes, de una vez y para siempre, que una de las posibles causas de la enfermedad son los microbios (los ves, la lente de aumento desveló lo invisible. Entonces no hay nada que demostrar, tan sólo tienes que mostrar); si te asomaras al patio interior, desnuda de cintura para abajo, habiendo descubierto minutos antes, cuando estabas tumbada, con el camisón arrebujado entre tus piernas y la pesadez de la noche que ya ha avanzado mucho; tumbada en postura fetal, ladeada hacia la ventana que tiene las persianas medio echadas y a través de las lamas se entrevé la noche con luna, la misma luna que fluye entre tus piernas ahora, la luna roja de los días fecundos, la luna roja del tránsito a la vida y de la vida al morir como allende al Mar, los cálidos mares de los sures cálidos.

Narrativa

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 10/07/2014 a las 17:43 | Comentarios {2}


Marc Chagall El Cumpleaños 1915
Marc Chagall El Cumpleaños 1915
Entre la magnitud de la saliva
y el pez de roca
asoma la gamba roja que mueve sus antenas como si fueran hojas

Narrativa

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 30/06/2014 a las 17:50 | Comentarios {0}


Fue
Aunque era futuro se escribía con tiempos pasados porque era volar hasta su pecho, esperar su pecho esa mañana de domingo que se había levantado ventosa; porque había comprado un vino bueno, el que a ella le gustaba; porque palpitaba su cuerpo, lo quería limpio y quería jugar cuando ella llegara; por ejemplo: ella llega, él la saluda como si se vieran por primera vez, se sientan, él le dice el trabajo que le propone, ella sonríe, él le pregunta por qué sonríe, ella le dice que no se esperaba un trabajo así, él le dice que tampoco esperaba una mujer tan hermosa, ella se ruboriza un poco, él acaricia su muslo por encima del traje corto que ella lleva. Él había soñado la noche anterior con ella; ella le limpiaba un herida que tenía en el saco lacrimal del ojo izquierdo y luego le lamía los labios mientras se ponía encima de él y daba un sorbo al vino que a ella le gustaba, luego le decía: acaríciame el coño sin quitarme las bragas; él lo hacía y la tela de la braga se humedecía con su flujo y el aroma limpio le llegaba y le excitaba.
La realidad será que mirará la carrera de bólidos que ya no son tan bólidos y también barrerá la casa porque por una extraña relación entre el polvo y la derrrota no le gusta verlo por el suelo; la realidad será que sus manos se entretendrán en formar la forma que está tan lejos y que quizá un paisaje le aleje de la espera; la realidad será su ausencia, la de la mujer que ama (aunque en temas de amar se sienta tan confuso como cuando un día siendo niño se sintió atraído por una niña que leía un tebeo sentada al sol y apoyada en un tapia tras la cual se mecía con la brisa de la tarde un huerto de naranjos); la realidad será un deseo y esa sensación: la realidad que es un deseo debería des-esperarle, quitarle de la cabeza la espera; la realidad será que no podrá hacerlo y hasta una hora determinada creerá en la posibilidad de que ella llegue, llame, le sorprenda y entonces la toma de la mano, le sonríe de veras, cierra la puerta, la coge por el talle, se pega a ella, le besa los labios, la tarde ya no importa, la cama esta hecha, se revuelcan, se vuelcan, se encuentran, se muerden, se saben, se esconden, se hurgan, se huelen, se muerden, se encuentran, se pierden, se ahogan, se sacian, se duermen, se abrazan.
Cuando supo que aquella era la realidad del domingo ventoso; cuando fue consciente del cuerpo; cuando recordó la futilidad de la vida; cuando anheló volver a otro lugar y no volver más; cuando fue consciente de lo vivo ocurriera lo que ocurriese, decidió abrir las ventanas y que el viento entrara en el pequeño salón en el que tan a gusto se encontraba y decidió -o su cuerpo le impulsó a ello- estudiar el mundo de los animales en una vieja edición de 1923 y también decidió que guardaría el vino que a ella le gustaba hasta el día en que se vieran y también decidió meditar sobre un chiste.

Narrativa

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 11/05/2014 a las 11:29 | Comentarios {0}


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