Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

Cruzadas las manos sobre el pecho, con la determinación de intentarlo una vez más, se ha sentado frente a la ventana y ha cantado hasta quedarse sin voz; la noche se hace eco de su desencuentro; hasta el parpadear de unas luces que se ven muy arriba, casi donde la atmósfera pierde su nombre, encierra la posible comparación de ese hecho -el brillo con parpadeo- con su alma cada día.

A veces se desata su ansia.

Quedarse dormido, de costado... para siempre.

Hoy que es un día cualquiera de un mes cualquiera en el cómputo de los hombres...

Esa, esa es la substancia. No hay otra. Aunque quisiera escalar el muro de los lamentos no podría substraerse a esa substancia que anida en él, que se cocina en él, a cada segundo, como una huella, fósil si quieres de tiempos que fueron, en todo caso, vividos.

¡Vamos! ¡Vamos, a las barricadas! Subamos por aquellas peñas y tomemos la posición. Sólo, recordad, son almas las que os esperan. ¡Matadlas! No dejéis ni una viva, que ardan como Fuegos de San Telmo en un océano del Septentrión. Porque yo vi la ardora en unas playas lusas una noche de agosto en la que aún creía en la amistad; porque sentí mi cuerpo fosfórico y llegué a pensar que la mano que me acariciaba era la que me cerraría los párpados por última vez.

La substancia contiene la esperanza. ¡Matadla! ¡Matadla!

Y vosotros, buenos machos, dormid con bragas de encaje, sentid en vuestros genitales la suavidad de la tela, acariciaos el periné como si fuera una suerte de coño que ha nacido bajo vuestros escrotos y gemid mientras os corréis pronunciando el nombre que supuso vuestra ruina.

Me quedé sin substancia. Habré de rellenarme. Hay todavía mucho que generar.

Amén.
 

Ensayo poético

Tags : Apuntes Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 18/03/2026 a las 20:14 | Comentarios {0}



Podría quedarse dormido en el banco como ya le ocurrió hace años. No quiso. Ya peinaba canas. Había dejado de entender palabras y algunas le parecían perfectas por ridículas.

Allá va, vestida de payasa, con una sonrisa estrafalaria y las uñas pintadas de carne.

Hubiéramos querido. Como se hacen las salsas o como piden los mendigos a la salida de la iglesia hace setenta años. El vuelo no sorprendió a nadie. Hubiéramos querido y habría pasado un ángel de carne y hueso como líquida era la lefa del arcángel Gabriel. Los niños no se encargan. Los niños se hacen y luego ellos, al albur del mundo en el que caigan, acabarán olvidándote como se olvidan los gestos con los que nos arrancamos los padrastros un sábado sin fin.

Me darías igual desnudo. Ya nada de ti me llama la atención. Tan sólo seguimos porque nos conocemos. Hasta tu tumba te seguiré porque tú, lo sabes, morirás antes.

¡Qué poco bastó para caer rendida!

Vamos, entremos en ese portal. Apóyate. ¿Consientes? 

Era cierto. A la hora exacta de aquel día de marzo, la luna menguante quedó suspendida por uno de sus extremos de la veleta de la torre. Al día siguiente llegaron las cigüeñas.

¡Cálmate, este amor no durará para siempre!

Vieron a los gatos en el fondo de les poubelles. Cantó el azor su canto bravo. Unas meninas se rajaron los miriñaques y el cielo se abrió en rabiosos rayos de luz.
 

Ensayo poético

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 11/03/2026 a las 19:32 | Comentarios {0}



No soy yo el dispensador de este amor que llega desde mis venas hasta vuestros ojos; no es de mí de quien emana la carestía del servil; no me corroo por dentro; no espero la espada ni la daga. Quiero amaros. Amaros siempre con esta desdicha que me persigue junto a vosotros. Porque os quiero sin que de mí salga este amor. Porque he llegado a menospreciar tanto mi vida que sé apreciar la de cualquiera de vosotros. Parece que a ese conocimiento aboca el fondo del pozo.
Hace poco se me murió mi primer gran amigo. ¡Qué dulce dolor siento cada día! ¡Qué caricias como espinas  si me viene a la cabeza su paso! ¡Qué aire de terciopelo en sus últimas miradas! ¡Qué sabia compostura en el paseo!
Amar es esto. Dejar marchar también. La tarde no había temblado hasta ahora. De hecho me documentaba para una ficción que tal vez sea cierta cuando de improviso he sentido el temblor, se ha apoderado de mí como tantas tardes desde hace mas de cincuenta años y he llegado hasta aquí, hasta estas líneas que ahora escribo, con un piano tras de mí y de frente la oscuridad de una noche de marzo en mitad de unas montañas, ya a solas y la luz cálida de una vieja lámpara.
Empiezo a estar dispuesto.
 

Ensayo poético

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/03/2026 a las 19:45 | Comentarios {0}



Me he hecho grande como la garganta y sé moler los granos que se me entreguen.
La noche ha dicho, ¡Basta! y se ha roto en alba.
Lirio-tigre
Costa-alta
Se han roto los cristales. Han gritado por las ventanas. Ya todo estaba hecho. Estaba hecho para siempre. Corrían años intermedios de un siglo más. Luego, condenados a repetirnos, volvieron a romperse cristales y se volvió a gritar por las ventanas abiertas a un mundo frío y púrpura.
No anduve muy lejos de mi casa.
Siempre he sido temeroso de mis dioses por eso me indigno cuando descubro en ellos purezas.
Me he hecho grande y nata.
Me interesa la ternura sin volverme blando como la maldad me interesa sin volverme malvado.
Pienso seguir nadando. Vuela la sangre por mis venas. Dejé de endurecer mis arterias. Quise que mi mente divagara. Pude describir el desmembramiento de Purusa antes ser escrito. No quise. Pude narrar la vida del Bautista antes de que cualquier nabib lo señalara. Tampoco quise. Pude rogar a la Magdalena que me arropara. Lo habría hecho. Estoy seguro. Tan sólo pude hablar con ella y con su amante, un tal Jesús de Nazareth, en la cima de una colina llamada Gólgota que tenía la forma de una inmensa calavera.
Porque la grieta se abre.
Porque el sulfuro huele.
Se acerca la nave. ¡Cómo se ciñe al viento su vela! Se acerca la nave. La que nos lleva al otro lado. La que nos deja dormidos.
 

Ensayo poético

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 24/02/2026 a las 19:36 | Comentarios {0}



Mira las uñas de sus pies y siente que están largas como si hubiera una largura estándar y el sabor de la tierra fuera el de las fresas.
Mira el cuadro de los caballos y al sentir una vuelta a la infancia se mesa los cabellos y grita un nombre griego que no le dice nada.
Mira el monte Olimpo, el que está en Marte, el que tiene una altitud de 22 kilómetros y sueña una división cartesiana del espacio y sueña que el amor se disuelve en talco como las esporas se yerguen atónitas ante la belleza del canto de las sirenas.
Mira las rayas de sus manos (lo que acontecerá en la izquierda, lo acontecido en la derecha).
Mira la tristeza de la vida en los ojos de la vieja y quisiera que no fuera esa su mirada y quisiera morir ahora mismo, a las puertas del último asalto, en un extraño bastión llamado Láctea.
Mira los pechos de la amada.
Mira las dagas emplumadas.
Mira el fetiche que alarga su sombra sobre losas marmoladas.
Mira el chupa chups de limón.
Mira la necesidad de azúcar y el temblor que le provoca en el cuerpo saber que se va quedando sin glucosa. ¡Ay, querida glucosa, fuente de energía, envenenadora de almas!
Luego la noche calma los ojos y él, sedente, recuerda el brillo de la calva en el cráneo de su madre y recuerda el día en el que sintió la sal marina y supo que vivir es murmurar melodías.
 

Ensayo poético

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/02/2026 a las 14:08 | Comentarios {0}


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