Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
El Gólgota de Edvard Munch. 1900
El Gólgota de Edvard Munch. 1900

Como el ámbar (ríe el contemplar la rapsodia que queda en las partituras tras ser interpretada); navegaciones habrá como los cursos; querida, ¡cómo siento esta belleza que claudica y se hace noche! Espera, quiero mirarla. ¿Dónde duermen los gatos camperos? ¿Están realmente enfermos? Esta misma tarde retazo de una conversación entre vecinas, Pues se han ido todas ladera arriba a toda mecha, balando, tan contentas, Verás como se les eche el lobo encima lo contentas que van a estar... Como el ámbar, piensa. Tan lejos todo, sea lo que sea lejos y todo. ¿Cuál es la cuarta dimensión? ¿Se podría explicar igual que la tercera se le explica a un gusano que sólo vive en dos, un gusano plano? ¿Entendería el gusano que él sólo puede ver la sombra de la tercera dimensión (es decir sólo la puede ver plana pero sabiendo que sólo es su sombra y dando por hecho que la idea de sombra es una analogía con la incapacidad para comprender un todo que no es la sombra sino sólo su sombra)? Los adioses es título de novela de Juan Carlos Onetti. Eso que pasa como lo dedos por las teclas... ¿cuántas veces he utilizado esa comparación? Antesala me viene a la cabeza mientras veo a Angélica salir de El Corte Inglés de Princesa, cruzar con rapidez la calle, bajar por Marqués de Urquijo mientras la belleza de la tarde cae y llega la oscuridad con su iluminación led tonalidad cálida. En estos adioses la extrañeza por las personas que compran bombillas led de tonalidad fría. ¿Cómo se puede vivir bajo esa luz de carnicería antigua? ¡La luz lo es todo! bien lo sabían los impresionistas. Bien lo sabían. A lo lejos refulge un adorno navideño. Dicen que el pueblo está infectado. Imagino hordas. La luz es tan clara. La oscuridad avanza tanto. Eso es la tarde y el inicio de la noche. Nado entre algas verdes. Sueño otro suelo. Me alejo y al alejarme me acerco. Lejanías. Desde esta particular forma de representar la realidad (sea lo que sea lo que encumbra ese concepto. Algo parecido a la idea de dios: algo inaccesible y que sin embargo está en todas partes; además lo sabe todo como dios; y por supuesto la realidad lo puede todo). Nada como una noche de nostalgias. No aquí, en lo alto de las montañas. Las montañas son orgullosas, pienso, dudo, ¿luego soy?. Una vez, hace tiempo, jugué con Descartes. También una vez, hace tiempo, conversé con María de Magdala y con Jesús de Nazareth en lo alto del Gólgota (que quiere decir calavera). Trasuntos. La farsa. Lo barroco. El mundo se acelera y con la velocidad los paisajes ante los que habría que detenerse para contemplar... luz, silueta, aquel claroscuro, el matiz de los ocres, la semejanza entre dos aguas, la nube que pasa, la ausencia de canto, un silencio en el paisaje, el que genera la música. Desde aquí. Desde esta estación (probablemente la última). Un bocado. El aire de un plato rico. Huevos fritos con patatas fritas y su miajina de jamón. Canta la noche. La luna se ha revuelto. Navega el telescopio James Webb por el espacio interestelar y desde la tierra lo vemos atravesar el espacio para ir en busca del tiempo. Un gran espejo la vida. Una normalidad extraña la vida (más que la vida en sí, la autoconciencia de saberse viviendo durante un espacio/tiempo dado). Siempre y cuando la química responda. Las manos respondan. Seamos capaces de decírnoslo. Ya tengo imagen. Ha surgido en la navegación por la red. También la red es multiverso. Relaciones. Cierta placidez y cierta glotonería al disfrutarla. Un rostro bonito el de Pam. También el de Jim. Ahora voy a publicar. Un treinta y uno de diciembre más. Me reúno con todos vosotros. Los que queráis. Como muchos amigos van a acercarse y entonces surgirá la nostalgia y habrá en más de un millón de casas la misma mirada cómplice entre dos seres que se quieren. Yo te miro a ti.
 

Ensayo poético

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 31/12/2021 a las 17:41 | Comentarios {0}


Madonna dei Palafrenieri. Caravaggio. 1605
Madonna dei Palafrenieri. Caravaggio. 1605

Escribe Daisetsu Teitaro Suzuki, Donde no hay paradoja no hay verdad. Siento cómo un pensamiento, una idea, no sólo es una cuestión de lenguaje sino que a veces siento, más en unos tiempos que en otros, que de ese pensamiento extraigo mucho más de lo que tiene de experiencia propia de quien lo transmite que el propio pensamiento articulado en un lenguaje comprensible.

Con todas mis dudas y a pesar de ser consciente de que la vida tiene zozobras estáticas, siento mi ser más como relación entre seres que como sujeto único; es lo que viene a decir la física moderna: que no somos realmente materia sino vibraciones de ondas/partículas con su anti-relación entre no-seres simétrica y perfecta. Este sentimiento que me acerca por igual a la ciencia y al misticismo -como tan bien me enseña Salvador Pániker- no me exime de responsabilidad. Sólo que intuyo la conciencia responsable como un temblor en mitad de lo casi vacío.

En estos días señalados cuando la comunidad a la que se pertenece entra en el tiempo del rito, en el tiempo en el que lo rutinario se detiene y la repetición tiene una tensión sagrada que desde niños nos es inculcada como a los que nos la inculcaron también les fue implantado cuando eran niños y así, en esas relaciones extrañas entre lo uno y lo otro, se crea el hilo conductor de la especie, probablemente tan enrevesado como la doble hélice y que en Occidente resumimos con el término tradición, lo acato. Ritos. Vueltas. Los días buenos. Los días (paradojas) al mismo tiempo amargos y tristes y alegres y llenos de esperanza y ahítos de nostalgia. Sí, claro, de nuevo la vieja cuestión: ¿Por qué algo en vez de nada?

A celebrar entonces el ciclo (a nuestra manera).
 

Ensayo poético

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 24/12/2021 a las 18:37 | Comentarios {0}


Caritas romana. Peter Paul Rubens. 1612
Caritas romana. Peter Paul Rubens. 1612

Podría decirlo en el nombre de dios, el compañero, el que alerta, el que alienta, el que escucha; podría acudir a ese emblema del destino; tratarlo como a un loco silvestre, un Dioniso que bate su locura en el aire con sarmientos; podría acercarme a un sentido de la historia o sonreír –yo creo que sonreía- con Jung e iniciar mis memorias con un: Mi interpretación de lo ocurrido es la siguiente; podría contemplar este vasto mundo (el que va desde el primer paso cuando bajo a la calle hasta la primera y ligera curva a la derecha a unos ciento cincuenta y dos metros); podría aventurarme en los ojos del perro, quedarme en ellos como si la aurora decidiera detenerse y dejar en el cielo un asombro rosa interminable; podría marearme; podría susurrar una letanía (a ser posible hermosa) o recordar (con el mismo aire) los versos de Gil Biedma que describen su descubrimiento del sentido de la vida; podría beber; ¿podría haber decidido que el dolor abdominal de esta tarde se hubiera convertido en una recaída?; ¿podría creer en la biografía de la enfermedad?; podría acercarme y mirarlos a la cara con la seriedad propia de quien ha pensado demasiado en algo; podría morir esta misma noche mientras musito, Es sábado.
 

Ensayo poético

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/11/2021 a las 22:27 | Comentarios {0}


El boulevard de Montmartre, mañana de invierno de Camille Pissarro. 1897
El boulevard de Montmartre, mañana de invierno de Camille Pissarro. 1897

Ha leído el periódico en papel. En realidad lo ha leído en papel para utilizarlo más tarde como combustible para la hoguera.
Las defensas de una línea Maginot cualquiera cayeron ayer por la tarde.
Es cierto que buscaba una razón para vivir.
También lo es que en ocasiones no son razones lo que se necesitan sino un par de lo que hay que tener. El número dos es, como es bien sabido, uno de los números más valientes.
Vagabundea, justo ya al final. La sal de la vida es posible que se le haya quedado atrás. Lo que resta es oscuridad por iluminar.
Vagabundea y escala hacia cumbres que ya están nevadas como sus cabellos que a la par que blancos andan siempre despeinados.
Sabe que si hubiera existido en el siglo XII habría sido juglaresa; sabe que habría ido a alguno de los castillos de Occitania y habría pedido con la humildad de los pobres unos versos a un trovador señor; luego, con ellos aprendidos, se habría lanzado por los caminos -probablemente habría tomado el camino francés rumbo a Compostela- y en él, pidiendo mercedes y ofreciendo como pago a la comida su cuerpo en ocasiones, habría ido avanzando hacia el final del mundo para una vez llegado hasta él, volver, volver...
Vagabundea y no se asombra. Se mira las manos que andan ya cuarteadas. Esta noche ha conseguido cobijo junto a las inmensas ruedas de un tractor. El dueño de la tierra y del cobertizo, le ha dejado una manta vieja y le ha llevado las sobras de la mañana; le ha dicho que por la mañana le dará un buen desayuno y que luego habrá de marchar. Ella come y asiente.
No hay razones. Ahora la ciencia ya lo dice abiertamente. Descartes empezó a decirlo a la chita callando. Newton se quedó pasmado como el rey Austria que quiso ver desnuda a su mujer. Dentro de unos cientos de años lo que hoy dice la ciencia como verdad incontrovertible será negado. Eso ya lo sabemos. Ya lo sabemos. 
Vagabundea y le duelen los huesos. Ya ha aprendido que la humedad carcome y llega hasta los tuétanos y va convirtiendo, de forma dolorosa, en fluido lo que antes era sólido. Se ovilla junto a la rueda del tractor la cual hace de parapeto contra el viento que arrecia a medida que la noche avanza y al quedarse dormida, como si estuviera en la vigilia, vagabundea entre sueños: uno es de nata, otro tiene un aire fáustico que le lleva a una gran poza de aguas oscuras donde su cuerpo refulge como si fuera tea y de allí el sol que le marea y de allí duerme en la litera de un tren de vapor y cree encontrarse por Siberia y de allí un canto de gallo y de allí una mano en su pierna y de allí una gran kermesse en la que  ella va vestida con un corpiño muy ajustado que realza sus senos, unos senos que a ella misma le sorprenden y del campo llega a una ciudad donde le muelen a palos y acaba en una mazmorra de donde un ángel con las alas rojo sangre la libera y de allí la mañana, las voces del dueño de las tierras, el regusto del café amargo y unas magdalenas para dar fuerzas. Agradece en silencio el cobijo y la comida. El hombre le da una limosna. Ella la guarda como oro en paño.
Sin razones vagabundea. Nunca traspasó sus genes. Muerta desaparecerá por siempre. En nadie dejó huella. Nadie dejó huella en ella. Huele -su olfato es su vista- un vertedero. En ellos siempre encuentra algo con lo que trapichear. Hacia él va. No debe de estar muy lejos. No más de diez kilómetros. No, no más.
 

Ensayo poético

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/11/2021 a las 17:43 | Comentarios {0}


Homenaje
Homenaje

No sabe que al final de la pendiente vendrá el vuelo. Los días, como aves, vuelan sobre los hombres y sus cuitas en tal silencio que de improviso uno (o muchos) parecen despertar y al mirarse los cabellos canos y la ausencia de urgencia en el amar, descubren que su tiempo ya ha pasado. Soñar que soñamos es estar a punto de despertar. Despertar es morir.
No quiero decirte joven amigo que vivas con urgencia porque al soñar no eres consciente de que estás muriendo y como todos dilatarás tus empeños y como todos consumirás tu estancia entre sufrimientos y gozos y en los debes y haberes -cuentas que se echan cuando está al partir la nave que nunca ha de tornar- serás por fin consciente de que sufrir es el tono de la vida. No te preocupes, no es mala suerte, ni inquina de la Fortuna contra ti; es que la vida dispone de más sufrimientos. Es una cuestión de números. Por eso sí te diría cuando ya estoy avistando la barca amarrada al muelle de la Estigia que cuando goces agradezcas a la vida ese momento y sobre todo te diría, No alargues los placeres con artificiosidades y preceptos, ni los ates con juramentos o leyes, sólo goza, goza hasta quedar dormido mientras la marea y las nubes y la hierba y el rocío y las yeguas y los ríos y las grandes cristaleras y los niños recién nacidos y las cunas y las letras y los vinos y los líquidos continúan su camino como tú el tuyo.
No tengo fe. No creo ni en Dios ni en los hombres. No creo en el progreso. No soy positivista. No creo en la ciencia. No creo en el Yo ni en la Masa. No creo que haya sentido ni dirección en la Historia. Ni creo que la guerra sea el gran pecado de la especie. No creo en los sistemas ni en la física cuántica. Sé que todo eso quedará atrás un día como quedó Zeus Tronante o la bella Afrodita. Todas estas ideas las estudiarán generaciones futuras como nosotros estudiamos las sagradas escrituras o como otros contemplan un cielo insondable. La mente es pequeña para un espacio infinito.
Ya termino. Me he mirado la piel de las manos con la lupa y así, tan aumentada, parece piel de reptil. La lluvia no se anuncia y el cielo en la tarde adopta unos tonos tan salvajes que parecen desafiar la propia calma de la atmósfera. Cantan unos pájaros cuya taxonomía desconozco y tras la pared frontera con la vivienda de los vecinos se empieza a escuchar el trajín del menaje. No tengas miedo a despertar. No dudes cuando sueñes soñar. El alba se acerca. La vida es constante.
 

Ensayo poético

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/10/2021 a las 18:08 | Comentarios {0}


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