Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

Clerc: Persona ilustrada o sabia
Clerc: En la llamada Edad Media, estudiante.
Deriv.: Clérigo, Clerecía.



La cena de la noche era judías verdes con patata cocida, una tortilla francesa de dos huevos y una manzana. Si algún clerc lo pedía se podía beber una infusión para inducir el sueño como valeriana o tila. Como comentábamos en la entrega 04, clerc María y clerc Xosé tenían asignadas en el refectorio una plaza enfrente de la otra (por supuesto, casi es ocioso  remarcarlo, -pero entiéndase que es por mor de la precisión- se los enfrentaba para que fueran tomando contacto y conocimiento la una del otro por la función de reproductores que se les había asignado en nuestra comunidad). Desde el principio nos llamó la atención que no se miraran, ni mantuvieran conversación ninguna; sólo de vez en cuando se pedían la jarra del agua o un poco de pan. Es más: mientras alrededor de ellos todo solía ser bullicio de jóvenes alimentándose, esa zona del refectorio parecía una isla de calma, tanto por el particular silencio que allí se respiraba como por la sensación de aislamiento que provocaban. Dos almas solitarias, solían decir entre bromas y veras los Funcionarios encargados de las Conductas.
Lo que a continuación vamos relatar tiene como fuente a la clerc XXX -obviamos un nombre y aún más puede que no sea cierta su condición de clerc ni tan siquiera su condición de mujer porque es la mejor espía que tenemos en la ciudad y flaco favor nos haríamos a nosotros mismos si fuéramos dando datos ciertos de quien es mejor que permanezca en el anonimato. Somos Funcionarios, no idiotas-. Para los señores lectores que no estén al corriente de los horarios de los clercs en los Colegios Mayores, han de saber -para la correcta comprensión de esta reseña- que la cena se daba por terminada a las ocho y cuarto. A las diez y media de la noche cada clerc debía estar en su celda y a las once menos veinte toda luz en una celda era sancionada con severidad, lo mismo que -sin previa petición y consiguiente permiso- estaba sancionado el que los clercs salieran de su celda hasta que llegara la hora de levantarse.
Es en esta noche justo, la noche de las judías verdes con patata cocida y tortilla francesa, cuando se produce la infracción  a las normas por parte de nuestra pareja de clercs. Sencillamente y sin andarnos con rodeos: ambos salieron de sus celdas cuando el reloj de la catedral de Santiago daba las dos. La noche era cerrada -nos informó nuestra espía- y ellos salieron con sus hábitos negros, primero María, después Xosé. No sabemos cómo habían aprendido a abrir la cerradura de la puerta a la que los Guardianes de los Colegios Mayores echaban la llave cada noche. Pero lo hicieron. No sabemos cómo lograron, cada uno en su Pabellón, burlar a los vigilantes. Pero lo hicieron. Sí sabemos dónde se encontraron y por qué ocurrió lo que ocurrió.
 

Narrativa

Tags : La Clerc Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 17/09/2022 a las 20:24 | Comentarios {0}


Clerc: Persona ilustrada o sabia
Clerc: En la llamada Edad Media, estudiante.
Deriv.: Clérigo, Clerecía.



Al final del capítulo 2 de esta narración, dejamos a la muchacha y al muchacho clercs camino de su Colegio Mayor. Eran ambos huérfanos y creíamos que ambos fértiles. El gobierno de la ciudad había decidido, como en casos semejantes, dedicarlos a la procreación cuando llegara el momento oportuno (según nuestras creencias cuando el elemento más joven de la pareja cumple los diecinueve años). El Colegio Mayor estaba compuesto por dos pabellones y como es natural en nuestra especie, uno era el pabellón de las hembras y el otro el de los machos.
Un par de aclaraciones más antes de seguir el normal desarrollo de los acontecimientos que han dado lugar a esta reseña en el Libro de Asuntos  Reseñables de New Compostela.
Primera: Según nos dice el último de los supervivientes de la T.G.M. (abrev. de Tercera Guerra Mundial), él cree recordar -su mente anda ya confusa y apenas sabe quién es- que utilizaban como energía cosas tales como electricidad, gas que canalizaban por conductos (deben de ser [si es que son ciertos sus recuerdos] parte del sistema de tuberías que hemos encontrado soterrado bajo el pavimento de la ciudad)  y un líquido que servía para propulsar los coches de combustión. Todo eso se ha perdido. Si algún superviviente de aquellos años, en pleno uso de sus facultades mentales, viera nuestra forma de vida, le resultaría semejante a la que se debía vivir en la Antigua Compostela hacia el siglo XI de la era anterior.
Segunda: en nuestro territorio  ninguno de los menores de diecinueve años tiene derecho a conocer a qué labor será destinado. Una vez que alcanzan la mayoría de edad se les comunica y no tienen derecho a rechazar lo que el Consejo de la Ciudad haya destinado para ellos.
Hechas estas dos salvedades -que nos parecen esenciales para entender el curso de los acontecimientos-, volvamos al encuentro de nuestros protagonistas.
Nada más llegar a su habitación, la clerc -a la que vamos a bautizar con el nombre propio María a instancias de uno de los más finos analistas de la H. N. (abrev. de Historia Natural) que aconseja poner nombres propios a las personas para la mejor comprensión del texto y no vamos a ser nosotros, simples funcionarios, los que dudemos de semejante sugerencia-. Empecemos el párrafo de nuevo: Nada más llegar a su habitación clerc María se cambió de ropa. Había llegado empapada y a ella esa sensación de humedad y frío durante un cierto periodo de tiempo, le producía un bienestar fuera de lo común. Casi el mismo placer le procuraba el proceso contrario: secarse y entrar en calor. Ya se había hecho la noche. En noviembre se hace la noche muy pronto. A las siete y media las estudiantes deben estar sentadas en el refectorio.
Una cuestión de forma: A instancias de nuevo del fino analista de la H. N. hemos decidido utilizar de forma aleatoria el femenino o el masculino como genérico del grupo de estudiantes aunque sea abrumadora la mayoría de mujeres que lo conforman. El número total de clercs es, a día de hoy, 14 de noviembre, de 827 de las cuales 800 son mujeres y 27 hombres en cuanto a genitalidad se refiere. Esta decisión de utilizar indistintamente masculino o femenino para referirnos a grupos se debe a que creemos que da al relato -que suele ser parco en florituras y de estilo más bien frío al tratarse de un informe ministerial- cierto pintoresquismo. 
El refectorio es común para ambos sexos. A las siete y media se sentó María en su lugar asignado y poco minutos más tarde se sentó frente a ella clerc Xosé  -al que por mor de lo comentado anteriormente vamos a nombrar así-.
 

Narrativa

Tags : La Clerc Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 14/09/2022 a las 17:07 | Comentarios {0}


Clerc: Persona ilustrada o sabia
Clerc: En la llamada Edad Media, estudiante.
Deriv.: Clérigo, Clerecía.



Nos hemos dicho -al revisar la narración que venimos haciendo hasta el momento- que no nos hemos ocupado de ubicar en una cultura (o peor aún una civilización) a nuestros personajes así es que antes de que sea demasiado tarde vamos a ocuparnos de ello. Entendemos por demasiado tarde la distracción del lector por hacerse preguntas sobre esas cuestiones y que justo esas preguntas lo alejen de la peripecia de los protagonistas; también podemos entender por demasiado tarde esa intranquilidad que nace cuando nos sentimos perdidos en el tiempo y en el espacio (suele ocurrir a menudo en la duermevela. Ese estado suele terminar cuando damos un respingo porque sentimos en el ensueño que vamos a caer por un abismo cuyo borde es el lado de la cama). Dejémonos de ejemplos. Ubiquemos.
Tras producirse la III Guerra Mundial y quedar devastada más del noventa por ciento de la Tierra, la población humana que sobrevivió a la hecatombe -según los últimos datos tras el fin del conflicto somos una población de 18.341 humanos- nos refugiamos en la única ciudad que quedó en pie en todo el planeta, la ciudad llamada antiguamente Compostela y hoy rebautizada como New Compostela. Para los que no estén al tanto de los fríos datos que nos ofrecen los anales, daremos una muy sucinta cronología de los hechos: según los cómputos de la llamada Era Común, la III Guerra Mundial se inició -previa declaración de guerra por correo electrónico- el 7 de febrero del año 2025.  La declaración de guerra la hizo el presidente de Estados Unidos (una de las mayores potencias militares de aquel entonces)  Donald Trump (que había vuelto a la presidencia tras haber vencido a Joe Biden en las elecciones de noviembre de 2024). Dicha declaración tenía como destinatario al presidente de China (otra de las grandes superpotencias) Xi Jinping. Pronto se crearon los bandos enemigos y el momento culminante de la guerra fue el 8 de septiembre de 2028 e.c. (por la abreviatura e.c. queremos decir era común) cuando China y sus aliados lanzaron una ofensiva con armas biológicas que tuvo como consecuencia el fin de los bandos, la contaminación de todo el planeta y la muerte de todos los seres vivos excepto los que se encontraban dentro de un círculo perfecto de 10 kilómetros de perímetro cuyo centro era New Compostela. Es a partir de esa fecha cuando iniciamos nuestra era y por lo tanto generamos una nuevo calendario, al que decidimos basar en el ciclo solar para no olvidarnos de nuestros antepasados. Desde entonces han pasado 80 años. Nos encontramos pues en el año 80 de la e.a. (abrev. de "era actual").
Es para conmemorar este aniversario -hemos abandonado la base decimal- por lo que, por medio de la historia de la clerc queremos hacer una memoria escrita de los pasos que vamos dando para que la vida en este reducto se pueda seguir desarrollando y para que -ojalá- llegue el día en el que podamos atravesar el perímetro de seguridad y extendernos de nuevo por un planeta que según nos dicen las crónicas antiguas es inmenso y estuvo inundado de vida en todos sus rincones.
Toda la información de la Era Común desapareció con la barbarie y para conocerla sólo nos quedaron dos fuentes: la memoria de los que sobrevivieron y dos compilaciones -llamadas libros- de la vida de los hombres. Una de ellas es La Historia Natural de un autor llamado Plinio el Viejo y la otra la titulada Códice Calixtino cuyo autor -si es que eso fuera importante- desconocemos.
De ambas fuentes: memoria de los supervivientes y compilaciones hablaremos cuando necesitemos echar mano de ellas.
 

Narrativa

Tags : La Clerc Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 09/09/2022 a las 12:49 | Comentarios {0}


Clerc: Persona ilustrada o sabia
Clerc: En la llamada Edad Media, estudiante.
Deriv.: Clérigo, Clerecía.



Nombraremos la clerc  y el clerc  a los dos muchachos protagonistas de nuestra pequeña historia. Lo haremos así para salvaguardar sus identidades y no porque corran peligro, pobres nuestros, sino por respetar su deseo que fue siempre una búsqueda, diríamos que hasta afanosa, del anonimato. Las cuestiones éticas de esta búsqueda quizá queden para más adelante porque lo que ahora importa es la peripecia de esta pareja de jóvenes.
Llueve mansamente en la ciudad antigua. Serán las cinco de la tarde y ya la luz, estamos en noviembre, se va yendo y la humedad fría lo va inundando todo. La ciudad antigua es toda de piedra y su pavimento de adoquín. La lluvia mansa que cae sobre las piedras las abrillanta y crea unos reflejos raros que podrían sugerir sombras fantasmales surgidas a deshora.
Desde el atrio, sordamente al principio, se escucha el murmullo de los clercs que salen de clase. Han de salir todos en fila. Todos los grados han de salir al mismo tiempo de sus aulas, primero lo más avanzados, no necesariamente los mayores, por último lo más rezagados, no necesariamente los pequeños. La clerc y el clerc  salen en el grupo de los avanzados. Permítasenos decir algo de su fisonomía.
Ella tiene dieciséis años, cabellos castaños tirando a rubios, frente estrecha y cóncava que denota -según los patrones de la fisiognómica actual- audacia en el pensamiento, ímpetu en la acción; tiene los ojos grandes y negros, ariscos los pómulos, una boca carnal y unos dientes blancos y regulares de los cuales se han hecho conocidos algunos poemas a ellos dedicados; su mentón es firme y delicado como lo es también su cuello; de sus escápulas diríamos que son remos y de su pecho mascarones de proa a punto de florecer; cintura breve -dicen los que la han visto-, lo mismo alaban de su cadera y uno que vio sus piernas dijo de ellas que eran pura sencillez, columna dórica.
Él tiene dieciséis años, cabellos negros y rizados, frente ancha y lisa que denota decisión en el pensamiento, prudencia en la acción; tiene los ojos tristes y verdes, armónicos los pómulos, una boca esbelta que cuando sonríe parece amanecer y unos dientes grandes, casi brutales, a los cuales, algunos, compararon con los dientes de Orestes; su mentón es firme y triangular, su cuello ancho como farallón de las tierras del Norte se yergue sobre un torso que parece copiado del David de Donatello; esbeltos los brazos, ágiles las piernas, precisos los pies.
Todos los clers, antes del salir a la calle se encapuchan y bajan la cabeza en señal de sumisión. Algunos se encaminan a sus casas, otros a los Colegios Mayores de los Clercs. En los Colegios Mayores viven los huérfanos de la última guerra. En el mismo Colegio vive la pareja a la que no pondremos nombres propios. Desde la Universidad hasta los Colegios Mayores han de caminar un par de horas. La regla exige que ningún clerc acompañe a otro. Todos han de ir consigo mismos, recogidos en sí, y así, cada tarde, se produce la extraña imagen de una hilera de jóvenes en hábito y encapuchados que atraviesan la ciudad camino de sus residencias como si fueran espectros. Nada más lejos, claro, de la realidad.
 

Narrativa

Tags : La Clerc Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/09/2022 a las 13:03 | Comentarios {0}


Clerc: Persona ilustrada o sabia
Clerc: En la llamada Edad Media, estudiante.
Deriv.: Clérigo, Clerecía.



No vas a meditar nada, le dijo la maestra al clerc.
Así transcurre la mañana.
Todos están callados.
Fuera, alguna vez, se escucha una ráfaga de viento.
Pueden girar los cuellos (los que puedan, hay cuellos que no giran, cuellos que se quedaron atrofiados por enfermedades sin sentido, enfermedades que llegan a los cuerpos como llegan a las sociedades formas miserables de dolor; enfermedades que engañan a sistemas y los ponen en alerta cuando no hay peligro ninguno ni tan siquiera riesgo de él; lo mismo que la enfermedad de la codicia, lo mismo que los grandes empresarios y sus negocios basados en el expolio del más débil. Desde siempre ha sido así, desde que se pensó una forma de historiar, una filosofía de la Historia; incluso se idearon filosofías de la Historia que inauguraron la sumisión del pensamiento al poderoso de turno; eso de la Historia, eso de las causas y los efectos, ese misterio que anima toda la civilización occidental que es el descubrimiento del origen del movimiento. De ahí, quizá, el encuentro entre la atrofia de un cuello y la hipertrofia de un sistema social como es el capitalismo –un sistema religioso al fin y al cabo- que necesita –como toda religión- sus víctimas, sus sacrificios, sus próceres y sus mártires).
Así transcurre la mañana.
Uno de los alumnos piensa, mientras araña con desgana la tapa del pupitre, que no puede invocarla. No dirá el qué. Sólo que no puede. No puede hacer que aparezca. No puede hacer que sonría. No puede, sabe que no puede, echar el tiempo atrás; tiene, en su conciencia de civilización, la certeza de que el tiempo no es reversible, de que el tiempo tiene un flecha de sentido y ese sentimiento o percepción marca para siempre la vida de todos los que la sienten así. ¿Es así? se quiere preguntar, retóricamente, el alumno que divaga mientras araña con desgana la tapa del pupitre. ¿Es así el tiempo? ¿Es necesariamente así la jerarquía social? ¿Es necesario que ante las narices de todos, por medio de los medios de comunicación, tengamos que asistir al derroche de los poderosos? ¿Tenemos que ver, es más, tenemos que admitir que como elemento de protocolo en el reino de Marruecos, los súbditos de Mohammed VI tengan que besar su mano fingiendo un temor reverencial? ¿Tenemos que admitir que en España haya un protocolo que se llama, popularmente, el besamanos en el que se tiene que inclinar uno ante el rey y hacer –sólo las mujeres- una graciosa reverencia a la reina? ¿Quiénes hostias son esas personas para que nadie tenga que humillarse ante ellos aunque sea tan sólo protocolariamente, aunque sea una forma de recuerdo de lo que sí aconteció un día cuando los reinados eran absolutos? ¿Por qué nos tenemos que asustar ante uno al que se le adjudica el título de Presidente? ¿Cuándo por fin las barricadas servirán para expulsar a los comerciantes del templo? Así piensa uno de los alumnos mientras por las ventanas de la clerecía el tiempo pasa y la luz anuncia que la llegada del invierno no ha de andar muy lejos.
¿Qué es de la maestra?
¿Quién es esa mujer que se sienta ante una mesa -elevada del suelo por medio de un estrado- frente a toda la clase de clercs? ¿Quién fue el artesano que colocó el pizarrón detrás de la maestra? ¿Lo construyó él? ¿El material de la pizarra es el mismo que el de la piedra que se utiliza para cubrir los tejados de los pueblos negros de La Alcarria?
¿Quién es esa mujer a la que se le ha otorgado –por medio, imaginamos, de un organismo estatal- el título de maestra? ¿Maestra? ¿Qué están aprendiendo los clercs a esa hora de la mañana?
Los refugios ya están preparados -lee una clerc, situada tres pupitres por delante del clerc que arañaba con desgana la tapa del suyo-, el miedo a la invasión se refleja en los rostros de la población adulta, la población infantil muestra en general caras de curiosidad mientras que la senil muestra más bien un gesto de hartura. La clerc conoce la palabra impronta. Es más, la clerc sabe que mediante esas lecturas le están generando memorias de saber. Es más, la clerc sabe que ese saber no es absoluto. Es más, la clerc guarda en su seno un secreto: ha llegado el momento de acabar con todo esto.
 

Narrativa

Tags : La Clerc Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 30/08/2022 a las 13:41 | Comentarios {0}


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