Inventario

Página de Fernando Loygorri
En los últimos días derivaba como los olmos enfermos. Sentía una continuidad de batas blancas, de pasillos blancos con ribetes verdes. Largos pasillos. Muy largos pasillos como si fueran hombres convertidos en pasillos. Pasillos como hileras de muertos petrificados. Losas hombres y mujeres muertos sin relieves, sin órganos y él, él aún corpóreo tumbado en una cama blanca, con muchos cables la cama, con diferentes mandos la cama, la cama con ruedas que recorre los pasillos/hombres-muertos camino de una habitación, de una estancia con más aparatos, aparatos con cables o aparatos con rayos y de alguna forma, lejanamente, seres que articulan palabras y que tienen eso que él hubiera llamado cabello meses antes y también manos o boca u ojos y que en ese instante de cama que recorre pasillos, él en la cama sin poder de reacción, no consigue volver a llamar al cabello cabello ni a la mano mano ni al ojo ojo sino que, aturdido (quizá afiebrado) a la puertas probablemente de una nueva dimensión, le parecen metáforas y así el cabello de aquélla le sugiere hebras de azafrán, las manos de aquél sarmientos, los ojos de ése cuencos prehistóricos o en un sonido de resonancia magnética cree escuchar la voz ebria del dios Pan. Cree entonces y por eso me sugiere el título que todo lo que percibe es una expiación por viejos versos que nunca llegaron a salir de su pluma, de pequeñas frases que se acumularon en su páncreas o en su vena esplénica que un día lucharon por asomar en un folio o en un soporte digital y cuya acumulación ha supuesto esta rendición, este dejarse llevar en una cama con ruedas por unos pasillos construidos con los restos de unas mujeres y unos hombres muertos. Ahora se pregunta, justo ahora, en esta mañana del seis de diciembre del año dos mil diecisiete si es necesario que nunca más se deje dentro versos o frases sueltas, ni tan siquiera una coma y menos aún un signo de exclamación.

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/12/2017 a las 11:53 | {0} Comentarios


Por la mañana sintió una leve desavenencia entre su estómago y el mundo (ahora piensa con descaro, con cierta sorna de sí mismo, que su estómago y el mundo llevaban enfrentados hace ya mucho tiempo y que esos enfrentamientos absurdos, esas rabias intestinas, ese rumiar, le llevaron entre otras cosas a esa leve desavenencia de aquella mañana del 16 de noviembre de 2017). Todo parecía muy normal dentro de la anormalidad de los últimos cuatro años en cuanto al tiempo se refiere. En su tierra había dejado de llover. El tiempo y el tiempo (le parece que en su idioma hay una lógica aplastante en el uso de la misma palabra para el transcurrir de las cosas y los accidentes meteorológicos. Porque el segundo y la lluvia o la hora y el viento o la marea y los años luz tienen unos paralelismos que quizás en otras lenguas no se puedan ver tan claramente como en la nuestra, el inglés –por ejemplo- tan imprecisa para tantas cosas y tan precisa para otras) estaban raros aunque sabía que ese adjetivo apenas añadía nada a lo que quería expresar y comparaba los adjetivos con los colores de una paleta de Cezanne ¡Cuidado con los colores, cuidado con los adjetivos! Porque al escribir raro ¿qué quería transmitir? ¿Un cambio de ritmo? ¿Resonancias? ¿Arritmias?  ¿Excentricidades? ¿Modorra de la lluvia? ¿Alteraciones de los minutos? ¿Qué categorías abarcaban lo raro? Así viajaba el cerebro en las primeras horas de la mañana de aquel 16 de noviembre de 2017 por mucho que él hiciera la rutina sin ser consciente de estos pensamientos que viajaban en una zona intermedia entre el inconsciente y el consciente y sin saber que ahí se iban a quedar hasta que 14 días más tarde empezaran a emerger libremente, un poco alborotados, casi, casi, sin ganas de orden.
La mañana fue una mañana, cualquier mañana; no fue una mañana especial que pudiera escribirse con un inicio así: eran las diez de la mañana y me odiaba… dejando ambiguo si odiar era reflexivo o es que alguien le odiaba. Terminó de hacerse el café. Se tomó el Omeoprazol. Se tomó la pastilla de Prednisona. Se puso la gota de Pred-Forte en el ojo derecho. Se fumó el cigarrillo.
 

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/11/2017 a las 11:32 | {2} Comentarios


Yo no desnudo ante Dios
No mono
No Polo Norte. Descubridor de... sí

Hay en la esfera
en el dibujo de la esfera
en la perfección del círculo dibujado de un solo trazo

Sonido de campana entre la niebla
Cuchilla que corta un tendón de la vaca
Masectomía (quizá)

Puede ser que el velo rasgado, el sonido del velo rasgado, las rasgadura en un velo de tul
Es invierno, se crea una suerte de vaho, Nada es mínimo. Hay un corte de cuchilla en las distancias. O el sexo tan cerca de la boca. O el olor de la naturaleza. O la senda de los menhires.

No yo con el corazón en las manos ante un serafín
No es Lilith
No es Rebeca
No es Amón ni Absalón
Ni el Rey David cansado de voluptuosidades. Cansado de las venganzas de Yahvé.

Es, sí, campanas. Tropas de asalto. La gallina que casi no es pájaro. El gorrión que podría ser estereotipo de todos los pájaros. No la gallina. No tampoco el pavo real. La gallina no. Desde luego que no. La gallina no es pájaro. No, no.
Ahora tomaré las castañuelas. Ahora repartiré cartas. La mañana avanza con una rapidez que deja atrás al sol. Ahora es un pantano muerto. Ahora es una almohada con algo de gas. Ahora es un sueño que tiene forma de espina. ¡Cuántos sueños con forma de espina! ¡Qué difícil la mano!
El pasadizo es antiguamente y se venera. Si mantienes la nota, te diría, ¡Oh, músico ciego! el proverbio. Surgen las historias viejas, las que están en todos nosotros, las que son nuestra sangre de especie como la comadreja le contará a sus crías las historias que necesiten saber para ser comadrejas. No otras, no, no otras. Encasillados en comadrejas o en hombres. Categorizados. Taxonomizados. Desde ahí, ¡oh, músico! si mantienes la nota podré ver el árbol y podré ponerle nombre. Lo llamaré Herbert Nicasio o Leuba Cástor. No desde cierto grado... no, no...

Yo no desnudo ante la selva
Ni quieto en la constancia de la neblina
No importa que la mancha se mueva ni que se convierta por arte del movimiento del ojo en humo no importa la tentación del cobre ni lo mustio que puede quedar un beso si tras darlo la casa se viene abajo y el huracán muestra su fuerza. La quietud es la forma última. Lo sabe el octavo círculo. Lo sabe la nereida. Lo sabe la fuente seca. Lo sabe la mejilla. Lo sabe el gusano. Dice incluso que lo saben... aprieta. Ese soplo que salga tenaz y constante. Aprieta la mandíbula si quieres mientras te cepillo el pelo y dejo en las puntas leves ondas cuales aguas limpias que llegaran a la orilla de un lago al norte. Apriétame el cuello. Grítame algo. Escupe dentro de mi boca. Sacúdeme una vez más. Atorníllame en las rodillas tuercas o macera mi mano en cal viva. Hasta la noche. La noche malva. Yo vi una noche malva. Del todo malva.
 

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 10/11/2017 a las 22:25 | {2} Comentarios


En el mundo en tinieblas tiene miedo. No es la sensación de estar volando, ni la nebulosa fría de las formas informes sino un siseo de mil voces que le susurran, Te vas a quedar ciego. En el oficio en tinieblas piensa si nunca jamás volverá a ver su letra, tan mala, tan suya y también, ¿Qué haré sin poder ver las letras de los libros? Una premonición le ronda: si quizá sea un empujón que se da hacia el último agujero por cansancio de vivir y también porque piensa –como deben de pensar todos los que no han tenido su reconocimiento en vida- que su gloria empezará tras su muerte con lo que cuanto antes llegue su muerte antes empezará su gloria. ¿Qué gloria?, se pregunta en las tinieblas y se pregunta ¿Por qué esta necesidad de abrazo? ¿Por qué este agradecimiento junto al amigo? ¿Por qué está la noche tan fría? ¿Por qué el gato se acurruca en su vientre? ¿Por qué sueña que se acuesta con la madre de una amante antigua? ¿Por qué sueña que se acuesta con las madres de los seres que ha querido? Y al ser consciente de las preguntas que se está haciendo lo es también de la fragilidad, de la finitud, de la contingencia de todos y cada uno de los seres vivos que pueblan el planeta y la tiniebla se hace más sucia y las formas se informan y los contornos bailan y los sonidos crecen como crece en sus manos la textura de un bote de plástico que con los ojos cerrados manipula y reconoce de nuevo, sin apenas emoción que en el mundo en tinieblas tiene miedo.

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/11/2017 a las 18:33 | {0} Comentarios


Lo está escuchando y te va a decir, Pequeña luna rodeada de un negro negrísimo. Porque ya han empezado los fríos lo está escuchando y porque suena en el ángulo superior izquierdo de la mesa la resonancia de la última nota del bajo. Porque lo está escuchando se alienta y se dice, Lo mejor es una idea peregrina que va o viene según los días. Ahora se ha absuelto de sus propios pecados, el mayor de los cuales suele ser para él la ridiculez. Lo va a volver a escuchar ahora y seguro que te dirá, Había unas fluctuaciones en ese negro negrísimo que casi derivaban en un intenso gris sin llegar a serlo. Eso te dirá cuando todo haya pasado y el invierno -reverso del verano- acoja en sus vahos ese deseo chico que a veces se puede atrapar entre las manos y también te dirá cuando llegue a la cueva que le espera, La sal no siempre es blanca. Ahora que lo escucha se siente como a salvo aunque no sepa muy bien de qué se está salvando ni tampoco tenga especial interés en descubrirlo. Sólo sabe que lo escucha, que lo está escuchando y que nada ni nadie podrá arrebatarle este momento tan ágil y fugaz como cualquier otro.

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/10/2017 a las 19:40 | {0} Comentarios


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