Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

Entrada de Droga en el Tomo II del Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de J. Corominas & J. A. Pascual. Editado por Gredos.

Interludios a cargo de Fernando Loygorri.


Desnudo en un jardín. Pablo PIcasso. 1934
Desnudo en un jardín. Pablo PIcasso. 1934

     Bloch, que también se inclina por la etimología neerlandesa, se hace eco sin embargo de una tentativa reciente de derivar el italiano droga de un bajo latín farmacéutico drogia (de donde también el griego bizantino droggaia, droggarios), alteración de dragea, del mismo origen que nuestro gragea (en su opinión del griego τράγημα 'golosina'); aunque esto es apoyar lo desconocido en lo problemático (vid. GRAGEA), y aunque por ahora no parece el vocablo ser muy antiguo en Italia (falta en Edler, Gloss. of Medieval Terms of Business, y en el Lexicon Imperfectum de Arnaldi), la idea de relacionar droga y dragea  no es absurda,
Porque te mira no lo es, no, no lo es. Llegará ese día cuando no se hará la luz y en la tampoco oscuridad es casi seguro que dejará de sentir la gravedad de estar vivo. Sí, sí, se dice como si hubiera descubierto una razón para seguir, será levedad, será levedad. Cierra los ojos. Respira despacio. recuerda el Lexicon Imperfectum y quisiera tener la certeza de si Arnaldi se sintió satisfecho cuando pudo adjetivar su léxico como la existencia se percibe...

y la existencia del vocablo en el griego medieval sería argumento grave contra el origen nórdico, pero el hecho es que no se halla en diccionarios bizantinos ni romaicos (Suidas, Sophocles, Du Cange, Somavera, etc.); en definitiva, no es posible tomar en serio la idea no conociendo el texto original de esta tentativa etimológica, y no tengo por qué dudar que Wartburg ha tenido buenas razones al borrarla en la nueva edición de Bloch.
No puedo, damas y caballeros, terminar mi conferencia sin apelar, cariñosamente, a su generosidad y si el título de la misma es La desnudez bien pensante en las islas de Timor Oriental durante los primeros días de la Revolución Francesa, ¿por qué no nos despojamos de nuestros trajes y vestidos? ¿por qué no nos desprendemos de nuestras ropas interiores y nos quedamos en pelota picada y así, como nuestras madres nos trajeron al mundo, nos despedimos y damos por inaugurada la temporada nudista en nuestro querido y vetusto balneario?

     Otras etimologías pueden rechazarse sumariamente. Contra la de Saleman y Bartholomae (ZFSL, XXX, 354), de que viene del iránico medio (más tarde g, y después del S. VIII ) 'hierba', 'hierba medicinal', 'medicina', 'pólvora', está el hecho de no encontrarse huellas de este vocablo en árabe, turco ni griego, lenguas que hubieran debido servir de intermediario hacia Occidente. 
No sé por qué siento tal relajación cuando leo y transcribo las elucubraciones de los etimólogos acerca de alguna palabra. Pienso si será por la seguridad que me proporciona el mundo hecho con letras que se llama Literatura porque también es literatura la escritura del diccionario -estos hombres son escritores- como  también lo son los filósofos. La Filosofía debería ser ofrecida como un género literario. Miro muy concienzudamente las tipografías, las busco en la red, las transcribo y así pasan los minutos de esta mañana de julio mientras tras de mí escuchó las brazadas y las patadas de los nadadores olímpicos. A veces es tanta la concentración en la transcripción que me olvido de que estoy cociendo unos judiones de La Granja con los que haré una ensalada de verano. Me sienta bien creerme rata de biblioteca durante una mañana.

La de Seybold (Zeitschr. f. deutsche Wortfoschg. X, 1908-9, 218-22), árabe dawâ' 'medicamento' (también pronunciado dowâ'), tropieza con la imposibilidad de explicar la r⁶. Pero mucho peor es la de Kluyver (ibid. XI, 7-10), árabe durawa 'granzas, tamo, paja y polvo que vuelan al beldar' pues a la dificultad fonética invencible⁷ se agrega aquí la total inverosimilitud semántica: que el tamizado de especias como la pimienta tiene importancia, es cierto, pero Kluyver no logra aportar prueba alguna de su idea de que droga significó primitivamente 'cerniduras de especias', y el propio Wartburg (FEW, III, 189-90), a pesar de aceptar con reservas esta etimología, sienta categóricamente el carácter secundario, y por lo general muy reciente, de las demás acepciones del francés drogue, que Kluyver quería explicar directamente por el árabe, y que constituían el argumento máximo en que basó su etimología; en cuanto a droe, drogue, droge,  'joyo' 'cizaña', que tan importante pareció a este autor, hoy sabemos que es palabra distinta, procedente del galo DRAVŎCA. Pero también es inaceptable partir de éste para droga
derramarse entera, querer huir de la celebración cuando es su hermana, su hermana gemela, la que está a punto de contraer matrimonio con ese puto chulazo al que nada más verle le han dado ganas de darle una patada en los cojones y cuando la ha agarrado por la cintura y le ha dicho a mi hermana, Vaya, nena, no sabía que iba a tener dos por el precio de una y ha acercado su asquerosa boca a su mejilla, en ese momento ella sabía que tenía que derramarme, salir huyendo si no quería aguar una fiesta que no iba con ella. Así es que cuando el maromo la tenía por la cintura, estaba acercando su boca a la  comisura de la suya (porque tenía la intención de besar parte de su boca) y empezaba a sentir la tela de su camisa en su pezón izquierdo, ella se pone de puntillas, acerca sus labios a los orejas de él y en un susurro le dice, Apártate ahora mismo de mí si no quieres que te vuele las pelotas y sonríe cuando me separe, cerdo asqueroso. El gañán lo hace.

como sugiere Spitzer, ZRPh, XLII, 194n., pues aparte de que es arbitraria la base semántica de Kluyver, que él acepta al mismo tiempo que rechaza su étimo, necesita Spitzer suponer un occitano antiguo *drauga, que no ha existido nunca. En definitiva, pues, no había aparecido hasta ahora otra etimología razonable que la neerlandesa, que está mala apoyada en su aspecto semántico e histórico-cultural, y salvando la posibilidad de que investigaciones futuras rectifiquen la creencia general de que no puede ser de origen anglosajón⁸, no se ve entre las pistas exploradas hasta ahora ninguna que pueda conducir a alguna parte. 
Despídeme del mar ahora que me adentro. No quedará en la orilla huella alguna mía y los siglos pasarán por encima del momento en el que miré hacia atrás por última vez; el cielo estaba gris y una mancha muy a lo lejos se diría una nave. No quiero decir más. No me da el alma.

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/07/2021 a las 12:43 | Comentarios {0}


Entrada de Droga en el Tomo II del Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de J. Corominas & J. A. Pascual. Editado por Gredos.

Interludios a cargo de Fernando Loygorri.


El fumador de opio de Mariano Fortuny. Acuarela sobre papel. 1869
El fumador de opio de Mariano Fortuny. Acuarela sobre papel. 1869

DROGA, palabra internacional de historia oscura, que en castellano parece procedente del Norte, probablemente de Francia; el origen último es incierto, 

tantas cosas son inciertas. La vida misma. Ser un lobo estepario que sufre estar en la estepa, ser lobo y ser anacoreta. 

quizá sea primitiva la acepción 'cosa de mala calidad' y proceda de la palabra céltica que significa 'malo' (bretón droug, galés drwg, irlandés droch), que se habría aplicado a las sustancias químicas y a las mercancías ultramarinas, por el mal gusto de aquéllas y por la desconfianza con que el pueblo mira toda clase de drogas. 1ª doc.: fin del siglo XV en Fz de Navarrete, Col. de los Viajes y Descubr., citado en Zaccaria, s. v.; 1523, N. Recopil., xvi,¹
     Sería de gran importancia en palabras de esta naturaleza poseer indicaciones exactas acerca de su aparición en varios idiomas europeos; por desgracia falta una indagación sistemática desde este punto de vista, y mientras no se haga, ni siquiera podremos estar bien seguros de si el vocablo es de origen nórdico o mediterráneo. He aquí los datos que podemos reunir provisionalmente. 
¿no es esto la vida? Un no poder estar seguros, recopilar los pocos datos que se posean, interpretarlos. Si la vida son palabras y hay tantas palabras inciertas...

     En Portugal, además de García da Orta (1563), figura en Freire de Andrade (med. S. XVII) y el derivado drogaria está ya en Mendes Pinto (1541) y en Juan de Barros, poco más tarde. 
El catalán droga ya aparece en 1437 y en otros textos del siglo XV, y drogueria es frecuente en Jaume Roig, en el año 1460 (Alcover); la variante adroga está ya en Onofre Pou,
Onofre Pou salió como todas las mañanas camino de su tienda de ultramarinos a las seis y cincuenta y seis minutos y justo antes de poner su pie derecho en la acera, se caló su bombín. La mañana era fresca, del puerto llegaba el olor intenso del salitre y cuando una mujer pasó junto a Onofre, éste aspiró hondo su olor a recién duchada  y la panza de Onofre Pou pareció tirar de él para alejarlo cuanto antes de las ensoñaciones eróticas que como fuegos artificiales se habían disparado en la mente del buen cincuentón. Porque, digámoslo de una vez y para siempre, Onofre Pou a sus cincuenta y ocho años era un salido. 

cuya primera edición es de 1575². Occitano droga está ya en los Fueros de Bearne (S. XV?) y drogaria en un cartulario que parece de la misma época; el primer ejemplo fechado con seguridad es de 1507. Del francés drogue se cita ejemplo en poesía del siglo XIV y en Rabelais (1552). El italiano droga, según Baist, aparecería en el siglo XV, pero no da pruebas; los testimonios de la Crusca y Tommaseo no son anteriores a 1520³; hay además testimonio del bajo latín droga en texto de 1526 escrito en Savona. En alto y bajo alemán el vocablo y sus derivados no aparecen antes de 1505, y allí son de origen francés, según Kluge. Sólo del inglés drug tenemos información abundante gracias al N.E.D. -New English Dictionary on historical principles, 21 vols., Oxford, 1884-1928-, y así sabemos que es allí muy frecuente desde 1337 (variantes drogges, dragges, variantes que suelen explicarse por confusión de los escribas
 
También entonces los escribas. También en aquel tiempo habría una persona que mirara por un vano en el muro y se preguntara por el sentido de las cosas. Hablo del siglo XIV en algún lugar de Inglaterra, probablemente al sur de Londres. Esa persona mira por el vano un fondo de bosque y un cielo muy gris. No me extrañaría que fuera esa armonía de los tonos la que le provocara una melancolía cercana a la saturnal.

con una vieja palabra anglosajona) y que drogges se halla ya en un texto latino de Inglaterra tan temprano como en 1327; sin embargo los filólogos ingleses se inclinan a creer que la fuente inmediata de este vocablo es francés.
     Aún cuando, desde luego, no será posible asegurar nada mientras no contemos con una averiguación sistemática,
arrastrar hasta sus últimas consecuencias; el Mal, entonces, era una averiguación sistemática del dolor y esas averiguaciones llevadas a cabo en nuestros laboratorios -que otros llamaron campos de trabajo y otros campos de concentración y que nosotros tomamos de un general español apellidado Weyler que ideó una forma eficaz de reprimir a los campesinos del occidente cubano- nos llevaron a la conclusión de que el cenit del Mal era permitir que los que iban a ser exterminados fueran previamente exterminadores. ¡Dejad que los Exterminadores se acerquen a mí!

la información disponible lleva a sospechar un origen septentrional. No es imposible semánticamente la idea de Baist de que el vocablo se extrajera en Francia o Inglaterra del neerlandés y el bajo alemán  droghe vate 'barriles de mercancías secas' (documentado con frecuencia en textos del s. XIV), donde droghe es adjetivo en el sentido de 'cosas secas' y vate 'barriles'; separando esta palabra conocida, los mercaderes extranjeros habrían entendido que droghe significaba 'drogas, mercancía'.
Eso digo yo, amor mío, si tú habrás entendido quizá otra cosa; si la misma palabra quiere decir para nosotros cosas distintas o más aún si entre tú y yo somos extranjeros, no sé de qué países, no sé en cuál estamos si en el de uno de nosotros o en un tercero al que podría denominar neutral. Por eso me prevengo y siento en las noches oscuras -cuando sudo y estoy desnudo y quisiera un tiempo antiguo- que desear lo antiguo es estar muerto. Por extrañas alquimias... te diría, si te parece bien que volvamos a leer a Jung...

Es muy cierto que no todas las drogas son secas, pero una generalización de esta índole es fácilmente concebible, y como las especias se transportan desecadas, es muy natural que un documento italiano del s. XVI, hablando de la importación de drogas, emplee la frase cose secche di levante, que apoya esta etimología⁴; nótese también que el francés posee un derivado indudable del neerlandés, drōghe en droguerie 'pesca del arenque' y drogueur 'pescador de arenques' (frecuentes desde el S. XVI: Jal, God). El punto flaco de esta etimología está en que el tráfico de drogas, al menos tal como hoy concebimos esta noción, en la Edad Media se practicaba sobre todo y casi únicamente por el Mediterráneo y no por el Báltico o el Mar del Norte; una investigación encaminada a confirmar el étimo germánico deberá, por lo tanto, abordar el problema desde el punto de vista de la historia comercial o averiguar si inicialmente se entendió por droga algo diferente de lo que hoy (p. ej. pescado en salazón)⁵ 
 

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 25/07/2021 a las 18:43 | Comentarios {0}


La droga de Hermés Anglada Camarasa. 1901
La droga de Hermés Anglada Camarasa. 1901

¡Irte! así; ¡Irte! como se pide a la espuma del mar, la espuma lejana del mar, la que quedó en el recuerdo; irte como quieren los leñadores y los fogoneros cuando te cantan canciones jocosas en las que se mofan de tu pata de palo, tú que perdiste la pierna izquierda luchando en buena lid contra un escualo al que dejaste por tu parte tuerto.
Irte con canción de pirata. Irte con anillo en la oreja símbolo, antiguo, del que ha circunnavegado la Tierra.
Irte a otras montañas. Irte con tu pata de palo, fabricada con madera de balsa a falta de un buen tronco de ébano que te habría proporcionado una pierna más sólida y más dandy.
Irte por donde sopla el viento más frío. Nunca fuiste de lugares cálidos. Siempre preferiste la primavera que muere a la que nace y más te alegraste al contemplar en la mañana la nube preñada que ese sol que deslumbra nada más surgir allá, allá, tras el horizonte.
Irte al lugar donde ni hombres ni mujeres puedan darte más la murga y donde tú no tengas ya la sensación de estar siendo patoso a cada paso.
Irte por laderas escarpadas.
A las altas nieves, cerca del riachuelo por donde las truchas nadan sin temor de los anzuelos.
Con los ojos cerrados. Con el miembro aún vigoroso. Con unas inmensas ganas de ser abrazado ante la absoluta seguridad de no volver a sentir brazos cercanos. Hasta lo profundo del bosque de Diana donde a ella le espera un estanque al que quizá bautices. (No, no, no sueñes que la verás desnuda, rodeada de animales, mientras se baña y su piel divina es el oro de tu Dorado, la meta de tu ambición o la simple pesadilla que la concupiscencia te obliga a soñar un día y otro día y que te llevará al mal como está legislado).
Irte más arriba de la soga. Irte por el condado de York. Irte en busca de Shakespeare para preguntarle cuánto tiempo más habrá de pasar para que deje de ser el mejor bardo que vieron los siglos en Occidente.
Por la puerta entreabierta. Sin hacer demasiado ruido. Mejor descálzate y con los calcetines de lana camina hasta el jardín. Siéntate en el primero de los peldaños. Cálzate mientras recuerdas que has de irte, abandonarlo todo como se abandona la suerte propia al cruzar el propio cabo Bojador.
¡Irte! Rolan los vientos. Vienen ahora los fríos céfiros, los que no gusta que te atraviesen el cutis. Contra ellos has de ir. El cutis te han de cortar. ¡Irte, soldado fanfarrón! ¡Irte, tú que has desertado aduciendo razones contra el mundo y has callado hasta las razones de tu orgullo  (si hubiera razones. Si alguna razón hay para sentirse orgulloso seas quien seas, hayas hecho lo que hayas hecho, no hayas hecho lo que no hayas hecho).
Irte con paso marcial. No dejes rastro. No te sientas distinto. No somos simientes de nada tan sólo luchamos por la vida. Recuérdalo, viejo soldado fanfarrón. Vete.

Vase
 

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 21/07/2021 a las 17:37 | Comentarios {0}


Escrito por Isaac Alexander

Edición y notas de Fernando Loygorri


El origen de la Osa Mayor de Franz Auerbach. 1968
El origen de la Osa Mayor de Franz Auerbach. 1968

XLIV
     Parece ser que estas soledades tienen algo de destino. Debo irme lejos ahora que ya no quiero ejercer más la única profesión a la que se puede dedicar la especie humana: caza. Que no quiero cazar más. Que no quiero. Me dejen en paz mis propios lamentos. Incluso respondida la pregunta ¿Por qué yo aquí?  debo, honestamente, abandonar.

     Lo que más costaba/cuesta admitir de la teoría de Darwin el origen de las especies por medio de la selección natural era/es la falta de sentido de las variaciones que se producen en las especies. Darwin lanza sus teorías en pleno siglo XIX cuando se impone un sentido a todas las cosas, incluso un sentido de la Historia (Hegel). Darwin viene a decir que -por ejemplo- la capacidad de ser conscientes de ser -una variación dentro del orden de los primates- es una variación ocurrente, como todas las variaciones.

     Hablo con mi sobrino pseudo Lucilo de estas cosas. Apenas le interesan. Noto que hoy viene porque se siente en la obligación de venir. Quizás, aventuro, M. te ha sugerido que vengas a visitarme... mi sobrino enrojece. Aún es joven. Asiente. Se frota las manos. Le pregunto si la quiere mucho. Me mira con ojitos de cordero degollado. He de reconocer que en esta ocasión no me genera ternura sino más bien la sensación de cansancio ante lo infinitamente repetido. Un sentimiento que reconozco puro en él. El amor, me vuelvo a decir, una vez más para mí, a punto de irme más y más lejos hasta llegar al corazón de mi tundra personal, con sus fríos y ríos salvajes y sus deshielos que forman con el barro la imagen de estar contemplando un inmenso lavadero. Lucilo entonces. La tristeza de Lucilo porque en el fondo sabe que M. o P. o K. o T. nunca, ninguna, será... no existe, le digo. Le digo no existe sin darle explicación ninguna. Me levanto. Miro por la ventana hacia la profundidad del bosque. No me importa que el fuego hable por mí en la chimenea y que cruja y se retuerza. La naturaleza es demasiado fuerte como para intentar atemperarla con palabras. Lucilo aún no ha llegado a aprehender -¡cuánto hacía que no escribía este infinitivo!- la vacuidad en el espacio del significado de las palabras. Quisiera ponerle el ejemplo de la mesa, decirle, Lucilo en esa mesa que tú ves tan sólida hay mucho más vacío que materia. Así las palabras. Hay mucho más vacío en el significado de la palabra amor que materia de la que trata la palabra. Querría decirle, Acostúmbrate, Lucilo. Llegará el día en el que el olvido, [...] donde el olvido habite, por donde pasa sin saberlo... allá, allá lejos... donde habite el olvido... le diría si él pudiera escucharme. Sólo que no puede porque aún es tan tonto que viene a verme sin querer realmente hacerlo y no quiere venir porque no me perdona que me acueste con M., porque él siente que dispone de la prerrogativa de perdonarme, porque él aún cree que las personas tienen dueño y que él, de alguna manera, es dueño de M. como M., de alguna manera también, cree que Lucilo es de su propiedad y así puede ordenarle que haga cosas a su pesar.  Vacíos los significados.

     Al corazón de la tundra,
en el invierno de mi ventura.
 

Narrativa

Tags : Escritos de Isaac Alexander Libro de las soledades Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 18/07/2021 a las 13:07 | Comentarios {0}


Escrito por Isaac Alexander

Edición y notas de Fernando Loygorri


La baigneuse endormie par Auguste Renoir. 1897
La baigneuse endormie par Auguste Renoir. 1897

XLIII
     Yo imagino a Donjuan los primeros instantes tras haberse dado cuenta de que ha perdido nuestro rastro. Sé por qué Donjuan se ha perdido. Es época de celo. Donjuan se ve impelido a montar hembras. Es su destino. No así el de Hamlet que es eunuco y las épocas de celo ni fu ni fa. Sí que es cierto que de repente levanta el hocico y siente el impulso de ser macho pero no pasa de ahí, del impulso. Donjuan, en cambio, se hincha, se convierte en pavo real, su pelo se vuelve más lustroso, se acentúan sus rasgos de lobo y su musculatura se aprieta. Y pasa. De repente el aire le lleva a alejarse de nosotros. Sigue el rastro que la perra ha ido dejando a su paso. Tiene buen olfato Donjuan. En una de sus escapadas encontró a la perra a más de diez kilómetros. Lo curioso -me contó su ama más tarde- es que gran parte de ese trayecto lo hicieron la perra y ella en coche. Y con las ventanillas subidas, apostilló la dueña, que llovía. Imagino las aventuras de Donjuan. Lo imagino ante todo peleando, con sed y con hambre y montando. Noto, en la lejanía, como se va quedando en los huesos y tan sólo le deseo que cuando su necesidad haya quedado satisfecha, sepa volver a casa sano y salvo.

Fragmento decimonónico
     [...] a veces sentía una excitación inusual por ver sudada la tela que cubría sus axilas [...] por ejemplo una tarde de julio me señaló, levantando el brazo izquierdo, el vuelo de un halcón. Llevaba puesta una camisa blanca y al levantar el brazo miré el cerco de sudor que había agrisado la tela; era un cerco amplio. Debía estar sudando mucho. Quise saber entonces cómo sabía su sudor. Imaginaba que ella mantenía levantado el brazo izquierdo, apoyaba el codo en lo alto de la cabeza y dejaba que la mano cayera lánguida sobre el lado opuesto de su cráneo; yo me acercaba, aspiraba primero el olor de su sudor que era puro, sin atisbos de desodorantes o aromas ficticios; olía a mujer que ha comido gazpacho y ha bebido un vino blanco que han dejado en su sudor notas acres. Luego acercaba mis labios a su axila y me dejaba humedecer por él, pasaba mi lengua por mis labios mojados y absorbía sus primeros sabores dulces y picantes como debía ser su piel. Antes de seguir me separé un poco; subí hasta su oreja y le susurré si podría lamer su sobaco. Ella me dice que sí. Deslizo mi lengua desde su oreja hasta la concavidad oscura donde el húmero y la escápula se abrazan y lamo y mi lengua siente cómo su vello lucha por crecer y siento en una mezcla de dolor y sexo, que mi lengua, al contacto con esos pelos rasos, ha adquirido algo de la textura de la lengua de los gatos [...] 

     Ayer de madrugada, a las cuatro menos veinte exactamente, y tras nueve días perdido por esos mundos de dios, ha vuelto a casa Donjuan. Viene en los huesos. Desfallecido y con varias heridas de guerra, una de ellas en la base del cuello que aun no se le ha cerrado y que me veo obligado a coserle. Hamlet se ha acercado a él y le ha dado la bienvenida. Tras curarle -y someterse el pobre Donjuan a la sutura de la herida con absoluta docilidad y sin emitir más que un par de quejidos- se ha quedado dormido y aún sigue en el mismo estado pasadas doce horas. Respira acompasadamente. No tiene fiebre. Sueña.
 

Narrativa

Tags : Escritos de Isaac Alexander Libro de las soledades Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 08/07/2021 a las 19:17 | Comentarios {0}


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