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  <title>Inventario</title>
  <description><![CDATA[Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri]]></description>
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  <language>es</language>
  <dc:date>2026-03-07T00:15:20+01:00</dc:date>
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   <title>Temblor</title>
   <pubDate>Wed, 04 Mar 2026 19:45:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo poético]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
       <br />  No soy yo el dispensador de este amor que llega desde mis venas hasta vuestros ojos; no es de mí de quien emana la carestía del servil; no me corroo por dentro; no espero la espada ni la daga. Quiero amaros. Amaros siempre con esta desdicha que me persigue junto a vosotros. Porque os quiero sin que de mí salga este amor. Porque he llegado a menospreciar tanto mi vida que sé apreciar la de cualquiera de vosotros. Parece que a ese conocimiento aboca el fondo del pozo. <br />  Hace poco se me murió mi primer gran amigo. ¡Qué dulce dolor siento cada día! ¡Qué caricias como espinas &nbsp;si me viene a la cabeza su paso! ¡Qué aire de terciopelo en sus últimas miradas! ¡Qué sabia compostura en el paseo! <br />  Amar es esto. Dejar marchar también. La tarde no había temblado hasta ahora. De hecho me documentaba para una ficción que tal vez sea cierta cuando de improviso he sentido el temblor de la escritura, se ha apoderado de mí como tantas tardes desde hace mas de cincuenta años y he llegado hasta aquí, hasta estas líneas que ahora escribo, con un piano tras de mí y de frente la oscuridad de una noche de marzo en mitad de unas montañas, ya a solas y la luz cálida de una vieja lámpara. <br />  Empiezo a estar dispuesto. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <title>Revuelta</title>
   <pubDate>Tue, 03 Mar 2026 20:23:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
       <br />  Eran las nueve menos diez. Habíamos quedado hacía veinte minutos y él aún no había llegado ni me había llamado ni había respondido &nbsp;a los mensajes que le había estado enviando. Yo tenía quince años y él también. El andén se estaba empezando a quedar vacío. Las gentes terminaban de despedirse. Mi vista, como si fuera una estatua, estaba fija en las escaleras mecánicas que bajaban desde el vestíbulo y por donde él tenía que aparecer antes de ocho minutos. Sólo quedaban ocho minutos. Encendí un cigarrillo y me apoyé en una de las columnas que sustentaban la marquesina que cubría los andenes. Fumaba. Miraba. Recordaba. El plan no podía fallar. Había gente que nos esperaba y que nos echaría una mano los primeros meses. Luego todo rodaría de manera natural. Recordaba sus ojos cómo brillaban cuando la noche pasada, en el parque de La Guindalera, nos habíamos dado el último beso antes de irnos cada uno para nuestra casa. Él me miró, casi delirante, y me dijo, Juntos para toda la vida. Desde mañana para toda la vida.. Yo le respondí, Para toda la vida, mi amor, para toda. Vete. Vete. Él salió corriendo, se detuvo y gritó, ¡A las ocho y media! En cinco minutos el tren arrancaría. Nadie bajaba ya por la escalera. Y ¿si no venía? Di la última calada. Miré una última vez. Hacía frío. Quería irme y estaba aterrada y sentí, de repente, una soledad dura y oscura como obsidiana. Con rabia pise la colilla. Me eché la mochila al hombro. Subí al tren. Justo cuando iba a entrar al convoy creí ver por el rabillo del ojo a alguien bajando a toda velocidad por la escalera. No quise cerciorarme. No sé por qué deseé la sorpresa. El tren arrancó. Encontré mi asiento. Dejé la mochila. Me acomodé y cerré los ojos. Que pasara lo que tuviera que pasar.&nbsp; <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/Revuelta_a2591.html</link>
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   <title>La doctrina del shock (2)</title>
   <pubDate>Mon, 02 Mar 2026 18:55:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
       <br />  En 2012, era enero, escribí una entrada titulada así <a class="link" href="https://www.fernandoloygorri.com/La-doctrina-del-shock_a769.html"><em>La doctrina del&nbsp;</em><i>shock&nbsp;</i></a>  &nbsp;-si la quieres leer, ya sabes, no tienes más que clicar en su título en verde-. Seguimos instalados en ella. Y va en aumento. <br />  ¿Qué estado individual, social genera esta constante sensación de conmoción? ¿Qué implica en la vida de cada uno de nosotros la sensación de tener a las puertas de nuestras pequeñas vidas a un enemigo descomunal, dispuesto a acabar hasta con lo más sagrado que cada uno lleve en su saca? Un enemigo que por cierto, siempre es lo&nbsp;<em>Otro</em>. El miedo, en una palabra. <br />  Recuerdo que escribí la entrada tras ver un documental del mismo título de Michel Winterbottom. Naomi Klein, en 2007, había escrito su famoso libro en el que se basó el director para hacer su película. No me voy a entretener en intentar hacer una sinopsis ni del libro ni del documental porque creo que, en este caso, el título es la sinopsis perfecta y su lectura o la visión del documental se hacen casi imprescindibles para entender los alaridos de los modernos dictadores. <br />  Ya estamos en la III Guerra Mundial. De aquí -como profetizó Albert Einstein- acabaremos de nuevo en las cavernas. No sé cuánto durará esta guerra ni hasta qué extremos de crueldad &nbsp;y locura llegaremos. No me va a importar. No me voy a quedar en los sucesos (que es lo que quieren los generadores de opinión: atraparnos en los focos potentísimos de un suceso brutal) sino que voy a seguir buscando los procesos, los lugares por los que ha transitado el ser humano hasta llegar aquí y por ahí quizá llegue el conocimiento y la asunción de una certeza que Platón -el primero en Occidente, con su teoría de la idea de Idea y su derivada Lo Ideal- quiso ocultarnos: que el ser humano es por definición finito y contingente y eso le aboca a ser <em>mutatis mutandis&nbsp;</em>un lobo para el hombre. <br />  En los últimos días, debido a una pequeña enfermedad que me ha obligado a estar de sofá y tele (esta nueva televisión con cientos de canales que te lleva de un lugar &nbsp;a otro como si estuviéramos en un océano de informaciones e imágenes que acaban mareándote), he escuchado a personas que se podrían considerar los ideales de la burguesía, es decir, los seres masa, contraponer al horror que vivimos (¿qué horror? ¿qué novedad de horror? ¿que no sabíamos que &nbsp;los seres humanos nos matamos unos a otros sin descanso? ¿que no sabíamos que la codicia es el gran motor de Occidente?) la bondad, la ternura, los momentos en que unos nos ayudamos a otros como si fuera un sortilegio, algo que pudiera tener el poder de detener este deseo demasiado humano de trascender sea como sea, le cueste a quien le cueste. Esa reacción es estar en estado de shock y ese estado lleva a la yunta, lleva a agachar la cabeza. <br />  Por cierto, esta reflexión no es conclusiva, es sólo paisaje de un proceso. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/La-doctrina-del-shock-2_a2590.html</link>
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   <title>Embrión de oro</title>
   <pubDate>Tue, 24 Feb 2026 19:36:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo poético]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
       <br />  Me he hecho grande como la garganta y sé moler los granos que se me entreguen. <br />  La noche ha dicho, ¡Basta! y se ha roto en alba. <br />  Lirio-tigre <br />  Costa-alta <br />  Se han roto los cristales. Han gritado por las ventanas. Ya todo estaba hecho. Estaba hecho para siempre. Corrían años intermedios de un siglo más. Luego, condenados a repetirnos, volvieron a romperse cristales y se volvió a gritar por las ventanas abiertas a un mundo frío y púrpura. <br />  No anduve muy lejos de mi casa. <br />  Siempre he sido temeroso de mis dioses por eso me indigno cuando descubro en ellos purezas. <br />  Me he hecho grande y nata. <br />  Me interesa la ternura sin volverme blando como la maldad me interesa sin volverme malvado. <br />  Pienso seguir nadando. Vuela la sangre por mis venas. Dejé de endurecer mis arterias. Quise que mi mente divagara. Pude describir el desmembramiento de Purusa antes ser escrito. No quise. Pude narrar la vida del Bautista antes de que cualquier nabib lo señalara. Tampoco quise. Pude rogar a la Magdalena que me arropara. Lo habría hecho. Estoy seguro. Tan sólo pude hablar con ella y con su amante, un tal Jesús de Nazareth, en la cima de una colina llamada Gólgota que tenía la forma de una inmensa calavera. <br />  Porque la grieta se abre. <br />  Porque el sulfuro huele. <br />  Se acerca la nave. ¡Cómo se ciñe al viento su vela! Se acerca la nave. La que nos lleva al otro lado. La que nos deja dormidos. <br />  &nbsp;
     </div>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/Embrion-de-oro_a2589.html</link>
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   <title>No mancha</title>
   <pubDate>Fri, 13 Feb 2026 20:04:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
       <br />  Estaba la mar en calma. Cantaba tierra adentro un autillo. El ratón no andaba lejos. Comer, pensaba un joven sentado sobre la rama de un roble. ¡Cuánto aguanta la tierra! ¡Cuánto aporta! Estoy dentro de este ecosistema. Participo de una forma de vida que parte de comer y beber. Comer. Beber. <br />   <br />  Sí, sí, -se hablaba en voz alta la muchacha que pasea a la orilla del mar, la última espuma de las olas puede besar en ocasiones sus tobillos- me sé manejar en este medio. Sé lo que es el aire y sabe el cuerpo cómo hacer para usarlo. El aire. La mañana. La ilusión de los colores... y las tinieblas, claro -¿ha ocultado una nube cargada la luz imperiosa del sol? ¿Estaba éste adormilado, concentrado en un instante de su hidrógeno a punto de explotar o no?¿Fue la cercanía? Si, es cierto, a veces el cielo se cubre de repente y llueve a mares y se recuerda-, ese mundo que cada mañana, como piel vieja de serpiente renovada, desafía a la oscuridad y la vence y se lanza a la luz como manadas... las tinieblas llegarán de nuevo. Estaré sola. La luz está muerta. <br />   <br />  El joven baja de la rama del roble. No tendrá más de veinte años. Su gesto es cordial y su cuerpo ágil y flexible. No lleva miedo. Tan sólo hambre. Piensa en una tortilla española y unos pimientos rojos untados en aceite de oliva y asados con azúcar y sal. La cocina. Canta el nombre de su madre, dice Mayte, Maytechu, Mayte. Se ha cubierto el cielo. Parece que va a llover. <br />   <br />  La muchacha ha echado a correr. ¡Qué fría, de improviso, la arena! Corre la muchacha y piensa en algunas carreras legendarias; ríe y se siente afortunada por estar mojada y saber a sal. Son tantas las gotas que caen que apenas puede ver. En todo caso sabe que ha de ir hacia donde se dirige, que arriba, tras la curva a la izquierda, hay una gran explanada donde ha dejado aparcado el coche. Lo demás es tan sólo llegar y apretarse al espacio. <br />   <br />  El joven llega a la explanada donde ha dejado el coche. Ve llegar por el otro extremo a una muchacha empapada a la que escucha reír. La muchacha entrevé a lo lejos la figura del joven y exclama, ¡Vaya dos! y el muchacho le grita, ¡Sí! y le dice adiós con la mano. La joven se mete en su coche. El joven se mete en el suyo. Arrancan. Se dirigen uno detrás del otro hacia la carretera secundaria. Ponen los intermitentes. Giran. Aceleran. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/No-mancha_a2588.html</link>
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   <title>32 Mímesis</title>
   <pubDate>Sat, 07 Feb 2026 19:45:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   Me declaro libertino (en el sentido que a esta palabra se le daba en el siglo XVIII, es decir, en moderna terminología: librepensador).     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.fernandoloygorri.com/photo/art/default/94177784-65674470.jpg?v=1770493054" alt="32 Mímesis" title="32 Mímesis" />
     </div>
     <div>
       <br />  <strong>202.- </strong>¿Estoy en un periodo de cambio? ¿Importa algo? ¿Cuál es la nave que nos lleva? y ¿hacia dónde? <br />   <br />  <strong>203.-&nbsp;</strong>La distancia no es necesariamente olvido. <br />   <br />  <strong>204.- Mishra Pankaj</strong>&nbsp;en su libro&nbsp;<em>La edad de la ira&nbsp;</em>habla del deseo humano de parecernos a los otros. Esa tendencia a la identidad debe de ser uno de esos mecanismos de defensa que nos han convertido en seres cobardes y gremiales como las vacas. Sólo cuando el peligro es máximo los bóvidos humanos se atreven a atacar. <br />   <br />  <strong>205.-&nbsp;</strong>¿Cómo se han de encarar unas memorias? Yo propongo que desde el olvido absoluto. Un olvido que permita recordar (porque el olvido, ya nos los dijo el antipático y magnífico poeta <strong>Luis Cernuda</strong>, no es ignorancia.&nbsp;<em>&nbsp;Olvido de ti sí&nbsp;</em>-escribía-&nbsp;<em>mas no ignorancia tuya</em>). <br />   <br />  <strong>206.- </strong>En ocasiones acude a mi cuerpo una emoción intensa. Tengo aceradas las terminaciones nerviosas. Un solo copo de nieve puede provocarme una descarga brutal de ternura en todo el cuerpo. También la contemplación del odio me lleva a mis zonas más oscuras. <br />   <br />  <strong>207.-&nbsp;</strong>Pensar y sentir son las fuentes que se juntan en los mundos de la emoción. <br />   <br />  <strong>208.-&nbsp;</strong>Hasta pasivamente hemos de luchar contra el fascismo y contra los reaccionarios y volvernos conservadores de los pocos logros que se han alcanzado en este mundo de mierda: unos pocos derechos civiles para unos pocos y un mínimo de justicia social para menos aún. Debemos conseguir que esas dos miserias: justicia social y derechos civiles lleguen a miles, a millones, a miles de millones de seres humanos. <br />   <br />  <strong>209.-&nbsp;</strong>¿Y si se produce el cambio? ¿Dejará por fin de importar? ¿Seré capaz, junto con mis compañeros los libros y las artes, de navegar con mi propia nave en un mar grato a los ojos de este hombre que un día se atrevió a intuir que podría? <br />   <br />  <strong>210.-&nbsp;</strong>Queridas, vamos. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <title>Calva y reflejo</title>
   <pubDate>Wed, 04 Feb 2026 14:08:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo poético]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
       <br />  Mira las uñas de sus pies y siente que están largas como si hubiera una largura estándar y el sabor de la tierra fuera el de las fresas. <br />  Mira el cuadro de los caballos y al sentir una vuelta a la infancia se mesa los cabellos y grita un nombre griego que no le dice nada. <br />  Mira el monte Olimpo, el que está en Marte, el que tiene una altitud de 22 kilómetros y sueña una división cartesiana del espacio y sueña que el amor se disuelve en talco como las esporas se yerguen atónitas ante la belleza del canto de las sirenas. <br />  Mira las rayas de sus manos (lo que acontecerá en la izquierda, lo acontecido en la derecha). <br />  Mira la tristeza de la vida en los ojos de la vieja y quisiera que no fuera esa su mirada y quisiera morir ahora mismo, a las puertas del último asalto, en un extraño bastión llamado Láctea. <br />  Mira los pechos de la amada. <br />  Mira las dagas emplumadas. <br />  Mira el fetiche que alarga su sombra sobre losas marmoladas. <br />  Mira el chupa chups de limón. <br />  Mira la necesidad de azúcar y el temblor que le provoca en el cuerpo saber que se va quedando sin glucosa. ¡Ay, querida glucosa, fuente de energía, envenenadora de almas! <br />  Luego la noche calma los ojos y él, sedente, recuerda el brillo de la calva en el cráneo de su madre y recuerda el día en el que sintió la sal marina y supo que vivir es murmurar melodías. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <title>Detritus</title>
   <pubDate>Mon, 02 Feb 2026 13:32:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo poético]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.fernandoloygorri.com/photo/art/default/94041295-65617354.jpg?v=1770909095" alt="Detritus" title="Detritus" />
     </div>
     <div>
       <br />  Las noches y sus sueños me avisan de que tengo el alma llena de mierda. Se me llenó el alma de asco. No hay sueño que tenga que no me revele al fin la sociedad que mi concepción del mundo ha generado. Me debato. Me lucho. Me miro. Me zambullo en zonas pestilentes que supuran diarreas que alteran el día para siempre. Hasta los sueños ignorados deben de haber marcado las vigilias que he construido a base de conciencia, a base de miradas, a base sobre todo de ausencias. Sé que hay existencias (¿existencias?) sanas y felices; creo firmemente en que puede que existan parejas que se amen; acepto la visión bella del lugar que habitamos y aún así mis sueños me muestran noche a noche lo contrario. ¡Oh, si pudiera lanzarme a los vicios solitarios sin sentimiento alguno de culpa! ¡Si pudiera acusar sin la menor duda a otros de mi desamparo! ¡Si fuera capaz de drogarme hasta la extenuación, hasta el delirio, hasta el delito! Sí, volverme un delincuente. Acechar en la noche fría de este febrero maldito a un anciano borracho y bajo la luz de una farola asestarle cuatro puñaladas para arrancarle el puto peluco de su muñeca y robarle los sesenta euros que lleva en la cartera tan sólo para correr a La Celsa y pillarle a un camello más drogado que yo algo que contenga unos restos de heroína. La miseria, me digo, mientras a mis espaldas un viento ciego y una lluvia inclemente lo humedecen todo y producen el nacimiento del moho y adquieren las paredes la consistencia del musgo y llora a lo lejos un recién nacido echado al contenedor de los plásticos por su asquerosa madre que lo tiró ahí para que muriera de hambre, de frío y de olor a mierda. Esto es el día dos. Tengo heladas las puntas de los dedos. Aprieto los puños que no son de acero. Me miro en un espejo y me culpo de no haber llevado a tiempo a mi perro a un veterinario tras ser embestido por una vaca la cual, pobre mía, individuo de un rebaño, había sido azuzada previamente por un pastor al que si reconociera le arrancaría los huevos a mordiscos y lo apalearía hasta que me rogara que por dios y por la santísima virgen lo matara, lo matara allí como él reventó a mi perro... mi perro, imagen misma de un dios bueno, al que llamé Cristo un día del cual no tengo ya el recuerdo. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
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   <title>El grito</title>
   <pubDate>Sat, 31 Jan 2026 13:42:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.fernandoloygorri.com/photo/art/default/94004320-65605094.jpg?v=1772363869" alt="El grito" title="El grito" />
     </div>
     <div>
       <br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;¡Llegaremos al final de los túneles! Tendremos que hacerlo, camaradas, aunque los vientos que nos vengan de cara sean los de los fascistas y sus algaradas. Volveremos de nuevo a mirarlos a la cara y temeremos sus represalias pero a muchos -ojalá sea yo uno de ellos- no nos acobardarán sus armas de fuego ni sus puños de hierro ni sus bates de beisbol ni sus esbirros de la violencia legal en nuestras calles. <br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sí, la primavera queda lejos pero todos sabemos, todos, todos lo sabemos, que bajo la nieve que ahora siembra de helor el suelo a nuestros pies, están germinando las flores que mañana cubrirán las praderas del mundo de un concierto de color. La vida, a veces, se abre paso; la fraternidad, a veces, existe y en ocasiones un abrazo, tan sólo una mirada, puede salvar una vida. <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;¡Levantemos los puños y cantemos! ¡Aprestémonos a luchar contra el fascismo! ¡Asaltemos los muros de la maldita democracia liberal y convirtámosla en una democracia social y de derecho! ¡Basta ya de apariencias! ¡Basta ya de espejismos de libertad e igualdad! ¡Atravesemos este ciclo que vuelve eternamente a su retorno de democracia liberal/fascismo/guerra y conquistemos nuestra Tierra! <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;¡La tiniebla ya casi no puede ser más densa! ¡Campan los asesinos por nuestras ciudades y nuestros campos! Las buenas gentes, llenas de horror, callan. La malas gentes, llenas de soberbia, gritan. No será nuestro silencio quien acabe con sus gritos, será nuestra unión quien los machaque; será nuestra unión quien los encierre en su vergüenza y si es necesario habremos de amordazarlos y si es necesario habremos de mostrarles el camino de la buena vida y si es necesario habremos de leerles en las noches del invierno a oscuras algunos de los ensayos de ese gran y alegre vividor que fue Montaigne. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/El-grito_a2584.html</link>
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   <title>Estarcido</title>
   <pubDate>Wed, 21 Jan 2026 20:14:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo poético]]></dc:subject>
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   <![CDATA[
        <div>
       <br />  Apenas llego a verla, es <a class="link" href="https://elpais.com/ciencia/2026-01-21/hallada-en-indonesia-la-pintura-rupestre-mas-antigua-de-la-humanidad.html#?prm=copy_link" target="_blank">el estarcido de una mano</a>  &nbsp;( si clicas sobre&nbsp; el texto en verde accederás al artículo publicado en El País) hecho hace 67.800 años. La mano ha sido descubierta en una cueva de Indonesia. Dicen que es la obra de arte más antigua del mundo, más antigua que las pinturas también rupestres de las actuales Francia y España. La cueva es de piedra caliza. La cueva está en la isla de Muna, al sureste de Célebes. Por la forma de la mano, porque acaban en punta los dedos, como si el ser que la imprimió sobre la roca quisiera que semejaran garras; porque ese 'querer que una cosa parezca otra' forma parte de lo que hoy se llama pensamiento simbólico y esta forma de pensar parece que es propia de nuestra especie, hubo alguien no hace tanto, 678 siglos, que entendió la esencia de la vida en la tierra: una mano que también desgarra. Luego vendría la magia y luego los mitos que eran simples narraciones y luego las grandes construcciones teológicas y luego la ciencia y luego una mujer camina por una gran avenida de una de las grandes metrópolis del mundo, según dataciones que todos entendemos, corre el año 2026 de la era común. La mujer habla desde su celular con una amiga. Atrás quedan las manos impresas hace 678 siglos en las paredes de caliza de unas cuevas halladas en las islas Célebes. Hay teorías que aseguran que eternamente retornará ese ser a imprimir la misma mano acabada en uñas puntiagudas como garras y esa mujer volverá a hablar con su amiga con un celular y yo volveré a escribir ante una vieja mesa sobre ambas distancias. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/Estarcido_a2583.html</link>
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   <title>La oca</title>
   <pubDate>Tue, 20 Jan 2026 18:29:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Teatro]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
       <br />  <em>Espacio vacío y amarillo. Suelo de arena. Ráfagas de viento de izquierda a derecha según el espectador. <br />  Una mujer y un hombre sentados en sillas de respaldo alto están frente a frente. Les separa una distancia de cincuenta &nbsp;centímetros. Ella viste un vestido corto con estampado de pájaros tropicales. Él viste una camisa blanca y unos jeans. Están descalzos. Tienen los pies hundidos en la arena.</em> <br />   <br />  ...que voy a morderte el cuello para desmayarme; quiero sentir tu sangre en mi lengua, que mi lengua toda se vuelva roja de tu sangre; voy a desnudarme para que observes, sin velos, el universo que se oculta tras la camisa y los&nbsp;<em>jeans</em>; quiero ese momento, frente a la terraza más allá de la cual se encuentra la montaña fría como cadáver rocoso, fría como si se levantaran los muertos Tzara y Ray y se pusieran como locos a construir dadaísmos; ¡déjame comerte el coño! ¡córrete en mi boca! deja que el flujo de tus órganos se deslice -grisura viva- por las comisuras de mis labios; porque el tiempo que vivimos es corto y el placer se turba a veces de sí mismo; porque tememos no rezar a tiempo; porque sentimos que dios ya muerto se quisiera reencarnar en ciervo; flota en el aire el tormento del fin; grita la bestia en las lindes del bosque; el tiempo se hizo marfil y se volvió amarillo; que voy a morderte el cuello hasta descuidarme las uñas, las dejaré muy largas como sables que jugaran en la arena con la palabra 'arena' en francés; desnudos los dos, al abrigo de un viento lóbrego que vino de Occidente y cubrió la carretera del muérdago que agoniza en los albores del invierno; despojados, cerrados los ojos, atentos los labios, inquietas las manos, lo vellos de los sexos entrelazados por fin, las puntas de los pies a punto de despegar; sí, nos quiero así, sólo un día más, tras un trago de vino bueno, el día que dejó de llover... <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/La-oca_a2582.html</link>
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   <title>Ctónico</title>
   <pubDate>Mon, 12 Jan 2026 19:43:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
       <br />  Es el túnel. Te lo tengo que decir. Una oquedad que se abre en mitad de la noche. He estado conduciendo por una carretera secundaria. Creo que sé a dónde voy. Aunque hayan pasado muchas horas. En la noche, como te digo, surge y sabes que vas a entrar, que vas a seguir hacia delante porque supones que llegará un momento en que saldrás del vientre de la montaña y volverás a sentir la ligereza del aire libre y, si así fuera, la noche estrellada... si así fuera. Conduzco, te decía, por esa carretera oscura como boca de pitón. La noche está cubierta. Tan sólo se ve hasta donde la luz amarillenta de los faros alcanza. Por eso la sorpresa ante la oquedad que se abre de repente, una negrura más negra si cabe, una negrura donde además voy a entrar <em>motu propio</em>. Podría darme la vuelta. Podría no ir al sitio a donde iba. Nada era tan importante. Creo que nada era tan importante como para verme impelido a entrar sí o sí por la boca del túnel; aún así entro. La oscuridad se estrecha. Es un túnel de un sólo carril. No hay nadie por delante. Hace ya muchos kilómetros que no diviso las luces traseras de algún vehículo. Me habría venido bien en algún momento, sí, en algún momento de fatiga. Para dejarme llevar por esa luz y no tener que andar adivinando la dirección de cada curva a cada rato. Tampoco nadie me sigue. Es una noche de noviembre. En noviembre hay menos coches en las madrugadas. Las carreteras parecen abandonadas y todo se vuelve misterioso, los kilómetros en sí se vuelven misteriosos y las sombras que corren a su vera. Estoy solo. Conduzco por una carretera secundaria de media montaña. Acabo de entrar en un túnel. Nunca había estado en esta carretera. No sé cuán largo es el túnel. No me he fijado si en algún cartel lo han avisado. Desde hace un tiempo venía manteniendo la vista al frente, iba con el piloto automático puesto, quería llegar. No sé por qué quería llegar. No sé si saldré alguna vez de este túnel gris. Parece ser él el que se mueve mientras que el coche está quieto: el asfalto&nbsp; corre bajo sus ruedas y los muros y la bóveda vuelan sobre y a los lados de mí. Si no saliera, sólo una cosa te deseo: que me olvides pronto, muy, muy pronto. El muro y la bóveda del túnel vuelan, ágil se desliza el asfalto. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/Ctonico_a2581.html</link>
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   <title>Hoy ha muerto Franz Kafka</title>
   <pubDate>Tue, 06 Jan 2026 20:39:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
       <br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No estaba soleada. La respiración se iba haciendo fatigosa. El clavel, en el alfeizar de la ventana, sumergido su tallo, más o menos hasta la mitad, en un vaso de agua de cristal transparente. Los efectos de la luz. Su rostro afilado. El olor a alcanfor. Es pobre la habitación. La cama. Una mesa. Tres sillas. Un armario ropero. El vaso de cristal transparente con clavel. Dora ha salido un momento. La devoción amorosa de esta joven. El amor en toda su pureza. Porque conozco a Dora aseguro que el amor existe. Franz apenas puede hablar. Su voz es un susurro, ronca, con el sonido de caverna que provoca la tuberculosis en la laringe. Ayer escribió a sus padres. Me llama no con su voz; me llama levantando un poco la mano. Yo miraba por la ventana. He visto el movimiento de reojo. Estoy atento. Me acerco&nbsp; a la cama y me inclino poniendo mi oído muy cerca de sus labios. Me susurra ¡Máteme! <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; Las nubes cercan el valle. Le miro a los ojos. Sus ojos me exigen. Hubo una promesa. Hace tiempo. Austria, pienso. ¿Cómo será después? sin él.&nbsp; <br />  &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Preparo una inyección de&nbsp;<em>Pantopon</em>&nbsp;un opiáceo tan fuerte como la morfina. Sé que K. mira cómo lo hago. Tengo su mirada clavada en mi espalda. Sus ojos grandes, amables, sus cejas oscuras y espesas. Se lo inyecto. Me ruega que me incline de nuevo. Lo hago. Me susurra, ¡No me engañe, se lo pido por el dios de nuestros padres, no me engañe! Sonrío. Le contesto, No le engaño. K. empieza a sentir los efectos del narcótico. Cierra los ojos. Parece descansar. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/Hoy-ha-muerto-Franz-Kafka_a2580.html</link>
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   <title>52 Plegaria</title>
   <pubDate>Sun, 04 Jan 2026 14:26:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Narrativa]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   Capítulo del Libro de las soledades escrito por Isaac Alexander In memoriam N.     <div>
       <br />  ¡Qué cruel constancia se delata! ¡Desde que el perro de Stan Carr lamió por primera vez la mano de su amo! ¿Cómo no mirar las nubes que van invadiendo el cielo? ¿Cómo no sentir la inmensidad de la nadería que somos? La existencia. Los abrojos en los campos de cultivo. El fuego que todo lo devasta. El agua que todo lo pudre. La mirada atenta del depredador. El otro mundo de los insectos. ¡Y los peces! ¡Los peces! Esas presiones. Las densidades. ¡Todos esos estímulos en nuestras fibras nerviosas mientras la vida aparece y desaparece en todas partes y a la vez! Alguien camina por un polígono a las afueras de León mientras al otro lado del mundo surfean las olas unas muchachas australianas que luego comerán langosta en un chiringuito de la playa; una langosta que esa mañana barría con sus antenas el fondo marino dispuesta a sobrevivir un día más. Las redes. La visión por los ojos. Ya no, querida mía, tú ya no. Ahora hay que hacer de tripas corazón. Morderse la lengua si hace falta. Ponerse la máscara correcta. Acudir sin pompa al ceremonial. Así son las cosas. Así son desde hace demasiado tiempo: aún no aprendimos a despreciar la vida y a ignorar la muerte, como ya lo aprendieron todos los demás seres vivos del planeta. <br />  Hace una mañana fría. Reposa a mis pies un piano. La cima de la montaña se ciñe una corona de nieve. No he visto a los pájaros. No los he escuchado. Esa es la constancia. La crueldad en toda su magnitud. A lo lejos ladran. Se informan. A alguien, ahora, le urge algo tanto que está a punto de tener un accidente mientras que a dos manzanas una joven está haciendo la compra en un hipermercado, en alta mar un marinero recoge los aparejos y recuerda a un amigo el cual, en ese mismo momento, termina de instalar un router en una casa aislada, en mitad de un bosque hasta donde llegó, por cauces irregulares, la fibra óptica; sueña una gata sobre un tejado de placas solares; muere un azor por las aspas de un molino, juegan dos parejas al pádel cerca de Rosario. No te cuento más: lo <em>otro</em>, como todos, lo sabes. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/52-Plegaria_a2579.html</link>
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   <title>La loca de la casa</title>
   <pubDate>Sun, 04 Jan 2026 02:54:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Teatro]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div>
       <br />  -&nbsp;No vamos a saltar a la comba. Todo ese tiempo ya ha pasado. No vamos a soñar catedrales. Nos queda un resto de argamasa parecido en todo al concepto de amor. No vamos a hablar de las cigüeñas. ¿Cuántas veces tomaste el sarcófago y abriste la tapa para contemplar su interior? No devanaremos la madeja. El mar queda lejos. Lo sabes. No podremos llegar allí. No oiremos una vez más las olas ni sentiremos en nuestros pies la arena fresca, la que queda por la tarde cuando el sol se pone y sale esa luna gorda como el vientre de Deméter y nos quedamos sentados contemplando ese desconocimiento como si lo descubriéramos por primera vez. No nos soltaremos las manos. No nos meteremos en el agua ni sentiremos el picor de la sal en nuestras pieles. Nos vamos a quedar sentados. Nos vamos a mirar a los ojos. Quizás vayas al baño y luego vaya yo y nos crucemos por el pasillo y se rocen, en el cruce, los laterales de nuestros meñiques. Eso haremos, amor mío. Lloraremos con toda seguridad. Tenemos por qué llorar. Es uno de los últimos días. Lo sabemos. Lo sabemos. El piano puede sonar si quieres. No me importa. Lo sabes; sobre todo desde que vivimos en esta casa donde nadie habita más que nosotros, tú y yo, querida mía, la loca de la casa, mi amante leal, mi fuente de inspiración. <br />   <br />  <em>El hombre se queda callado y cierra los ojos. <br />  Ella se levanta y pone en el tocadiscos The gentle side of John Coltrane. Apaga alguna luz. Se descalza. Vuelve al sofá. Se acurruca.&nbsp;</em> <br />   <br />  - Nos tomaremos las manos. ¿Podremos sentir como la primera vez? ¿Ese momento en el que uno de los dos tomó la decisión de tocar la piel del otro y el momento en el que el otro acepta y aprieta y mira? No, ya nunca más veremos el mar. Quedémonos para siempre aquí. Frente al pequeño jardín, escuchando a John Coltrane, hasta que la luna gorda se vaya desvaneciendo en los azules que el sol genera cuando vuelve a nacer. ¿Naceremos más veces? ¿Nos reencontraremos? ¿Qué será de las naves tripuladas que se dirigen a Orión? ¿Nos entenderemos con los sátrapas que hoy asolan nuestra suelo? ¡Ven, abrázame! La noche se está volviendo muy callada y siento como un presagio el silencio del mochuelo! <br />   <br />  <em>Hay un largo silencio durante el cual el bosque murmura. Es el momento en el que el sapo descubre que nunca será príncipe y ese descubrimiento le calma para siempre y le hace saltar de loto en loto. Hay un silencio estelar. Fuera estará la explicación. A ninguno de los dos le importa. La tierra navega y va rápida y sabe que llegará un día en el que ya no se verán desde ella más estrellas. Será el cielo un inmenso vacío azul y negro. Las resquebrajaduras de la bóveda celeste se habrán sellado para siempre, el orbe dejará de girar y quedará también en silencio. Lo saben ellos. Se abrazan.</em> <br />   <br />  - Dormidos estaremos listos. La noche será nuestra aliada. Subiremos las montañas. Navegaremos los pocos océanos que quedan. Haremos vivacs. Nos meceremos en las hamacas de nuestros bisabuelos. Pasará el avión de las tres. Las muchachas aparecerán por la esquina poco después de terminada la escuela. ¡Qué hermosa es la juventud! <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/La-loca-de-la-casa_a2578.html</link>
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   <title>31 No fuera</title>
   <pubDate>Mon, 29 Dec 2025 14:03:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo poético]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   Me declaro libertino (en el sentido que a esta palabra se le daba en el siglo XVIII, es decir, en moderna terminología: librepensador).     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.fernandoloygorri.com/photo/art/default/93425143-65301880.jpg?v=1767015256" alt="31 No fuera" title="31 No fuera" />
     </div>
     <div>
       <br />  <strong>194.-&nbsp;</strong>Es el intestino (probablemente el grueso) que no diera abasto para evacuar toda la hez (¿por qué si hez es femenino no lo puede ser juez?). También la hez metafísica se expulsa por el ano físico. ¡Cuánta me queda! ¿Seré una gran membrana que encerrara tan sólo hez? <br />   <br />  <strong>195.-&nbsp;</strong>Los merecimientos. La sopa. Cuando entras en calor. El desmembramiento de Baal para ser recompuesto y volver a ser Baal. Môt no es peor. Môt sólo es el dios de lo muerto, lo pútrido, lo que, sin curiosidad ninguna, alimenta. La tierra no es más que una inmenso suelo de mierda. Môt pudiera ser representado como los grandes monstruos del inframundo. Inframundo/sueño. <br />   <br />  <strong>196.-&nbsp;</strong>La vereda por donde paseé con algunos sueños en los bolsillos. La amalgama. Sentirme pedazos de ajenos. Haber fracasado sin conocer, exactamente, los motivos; haber triunfado sin conocer los hechos del triunfo. Vuelo en una cuadriga tirada por Pegasos. Y no me muero y no me acerco en exceso a Febo. <br />   <br />  <strong>197.-&nbsp;</strong>Deben de ser fondos y merecimientos (fondos abisales, en todo caso, a los que no llego ni con mis propios batiscafos) los que aprietan mis gónadas hasta convertirlas en geodas cristalinas como el cuarzo, amargas cual eón en guerra. <br />   <br />  <strong>198.-&nbsp;</strong>La vida se desarma con el canto de los grillos. La vida se derrama por los bosques infinitos. La vida ácuea. La vida aérea. La vida no se renueva. La vida se hace mierda (la que luego alimenta la nueva vida). <br />   <br />  <strong>199.-&nbsp;</strong>Compararnos con Dios es el pecado original. Caín descubrió la vía para hacernos Dios: la técnica, el metal, la industria. Lo consiguió la especie. Ya somos Dios y al serlo hemos descubierto que la claridad divina alumbra la mierda que también contiene. La lucha de un Dios en sí mismo es la lucha eterna entre la mierda y la vida. <br />   <br />  <strong>200.-&nbsp;</strong>Ahora volveré a navegar. No me importa que las praderas de asfódelos queden lejos ni que los rostros de los amados se entristezcan con mi partida. He de seguir. Ellos también saben que habrán de seguir. El océano es el mismo para todos aunque lo parcelemos y le pongamos nombres distintos e incluso a algunas zonas las llamemos mares (con género doble como debiera ser siempre). <br />   <br />  <strong>201.-&nbsp;</strong>La noche es alta. La tierra se bate en retirada. Vishnu se quejó anoche mientras soñaba y al hacerlo cayó sobre Indonesia una tromba de agua. Alta está la mar. Bajas las estrellas. La hidra, en todo caso, sobrevive. <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/31-No-fuera_a2577.html</link>
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   <title>Con pinzas (a lo Ernst)</title>
   <pubDate>Tue, 23 Dec 2025 18:25:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
        <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="https://www.fernandoloygorri.com/photo/art/default/93346206-65271086.jpg?v=1766514681" alt="Con pinzas (a lo Ernst)" title="Con pinzas (a lo Ernst)" />
     </div>
     <div>
       <br />  Lo llamábamos así y ya está ocurriendo. La nana se va a elevar en cuanto nos quedemos quietos. La nana se elevará desde gargantas dispuestas a todo. No importará la nieve. No nos dolerán los azotes en el culo. Maravilla será ver esas bocas abiertas cagando notas. Ya está ocurriendo. Porque lo estamos aceptando. La grulla arrulla al bebé fascista que acaba de nacer. Marchan por los aires majestuosas autillas con el alma libre mientras los autillos, sus hígados sobre todo, destilan hiel que arde &nbsp;y produce torpor y deseo de morir. Ya no vuelven los pañuelos rojos sino que limpios y blancos ondean azules pañuelos de machos. Veredas y caminos saludan al Estúpido y a su paso una cohorte de mandados riega el mundo con sus meadas y sus salidas de tiesto. ¡Anidad, Marihuanas! ¡Dejad abiertas las ventanas! Los pies seguirán las rutas trazadas. Los cantos elevarán los ánimos de los caucásicos, los cuales, astutos y agresivos, intentarán dar un bocado más. Los zafiros. Los australes. Los Bobos. Los silicatos. Las sales minerales. Las remolachas. Las bandadas de ánades. Las charcas tropicales. Las vallas publicitarias y sus mitos. Las tierras raras. Retuérzame el hurgalio, mister Spock. Quiero, cómo decirle, sentir escrotalmente la furia de mi aliento mientras la tarde se quema entre mítines que enfervorecen a las masas y las inclinan a saludar con el brazo en alto y la mano extendida cual flecha que se dirigiera el confortable mundo totalitario que nos espera entre sus brazos de hierro para apretarnos hasta explotarnos el corazón. Vamos, queridas; vamos, queridos; vamos querides; cógeos por los talles y por la ancha alameda marchemos hacia la nueva barbarie. Pero, ¡Por dios os lo pido! no dejemos de cantar como si fuéramos comparsas de un&nbsp;<em>narcomusical</em>.&nbsp;La hermosura me está invadiendo. Los marcianos se acuestan a mi vera y dejan ver bajo sus muslos sus metralletas. Y ¿qué me decís de las universidades? ¿Qué decir de ese enorme latinismo que es campus? ¡O tempora o mores! Ya está pasando. Llegó de nuevo. Surgen las razias. Se persigue al Otro. Se vocifera la necedad ahíta de orgullo. Se fijan las miradas. Se despiertan los apetitos. ¡Ay, mirlo! Me zambullo. Donde los calamares habitan. En el fondo de todo. Sobre el principio de nada. Aterrado y osado como el frío que asola el valle donde vivo, por donde pasa un río, por donde pasa un río, ¡ea! ¡arsa! ¡olé! <br />  &nbsp;
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
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   <link>https://www.fernandoloygorri.com/Con-pinzas-a-lo-Ernst_a2576.html</link>
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   <title>Llamando y brana (un poema espacial)</title>
   <pubDate>Sat, 20 Dec 2025 18:16:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Poesía]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   Corrección hecha en los últimos días de 2025 de un poema escrito a principios de la década de los 90 del pasado siglo     <div>
      <div style="text-align: center;"> <br />  Como la cigarra canta, suspiro por encontrarme con una vida consagrada a los límites del hambre; ¡venid, venid, marineros! ¡venid, callad, guardaespaldas! hay un niño que se yergue y un corazón que se aplasta; la noche viene rodando, las piedras crujen al alba, los ríos se están mordiendo, las algas del mar llegadas; ¡venid, respirad, alondras! cantad, inspirad mis mentes, ellas que volaban lejos, ellas que al fin… mis mentes son catalejos mirados por mil miradas: mis mentes, mis catalejos, mi afán, una ensenada cubierta de flores verdes y tallos malvas; mis mentes, canallas, mis mentes están huyendo entre branas… branas cósmicas, <em>ad infinitum</em>; mis mentes ya no son nada, mis mentes son sólo aire, mis mentes no son ni aire, ni espadas, ni muletas de hostias consagradas; no hay mentes, no hay hostias, no hay flores, no hay branas; mentes, tan sólo mentes, mentes desintegradas.</div>    <div>&nbsp;</div>  
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
   ]]>
   </description>
   <link>https://www.fernandoloygorri.com/Llamando-y-brana-un-poema-espacial_a2575.html</link>
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   <title>Era el caramelo de hoy</title>
   <pubDate>Mon, 15 Dec 2025 19:50:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Ensayo poético]]></dc:subject>
   <description>
   <![CDATA[
   ¿Glosas?     <div>
       <br />  Supongamos que lo hice. Por azar de la noche. Por el viento que domina el sueño y lo mece y lo transporta, ligero, hasta los bordes del descenso. Caigamos, me digo. No te arrepientas, me digo. No veo de tan profundo lo hondo ni la tierra. Sobre mí la danza de las nubes, las que nunca nos dejan, las que son más que sombras de nosotros mismos, esas nubes atroces que van abarcando más y más capas del mundo; esas nubes que sueñan cataratas altas como las cimas de los Titanes y desean con sus largas lenguas de algodón lamer hasta la última herida, saciarse con la humedad de la tumefacción, alardear de gotas, alardear de la vida que desafía el desafío del sol. Supongamos que he dicho que sí a todo y que aún así mis manos recorren el mundo y nada logra matarme, dejarme seco como la estaca que quizás hace algún tiempo le lancé a mi perro cuando él corría y a mí me gustaba verlo correr y que hoy, hoy por la tarde, por el gusto de alguna parte del Alma del Mundo que decidió sugerirme la posibilidad de aquella estaca, tan larga, tan ligera, tan amarilla sopa de fideos, volviera a mi mano, yo me agachara para cogerla y pensara que quizás no hace mucho, no, no hace mucho. Supongamos la hidra siempreviva pegada a la roca de mi jardín. Supongamos de la desolación y la quimera y juntémoslas en una misma emoción cuya imagen sea la barquilla al pairo en mitad de un enfado de Océano; seamos valientes. Yo me apunto. Supongamos que lo han conseguido: ya han llegado los tiempos oscuros; quieren acabar con la democracia no porque no funcione sino justamente porque, con toda la humildad y todos los desencantos, funcionó. Supongamos, y no es mucho suponer, que al Poder no le gusta la Igualdad. Supongamos que me como el caramelo y que la niña de la que me enamoré siendo yo un niño, está justo en este momento, pasados casi sesenta años, pensando también en mí. Supongamos la memoria. Analicemos las teclas. Dejemos que el viento de la destrucción acabe con todo. Supongamos todo lo que hicimos. Supongamos todo lo que comimos. Comiéndonos a nosotros mismos. Vamos, ¡Supongamos! una y otra vez, una y otra vez, ¿recordáis el hámster en su ruedita? Supongamos que sí, una y otra vez y otra y otra y otra vez. <br />  &nbsp;
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   <title>El beso</title>
   <pubDate>Sun, 14 Dec 2025 19:39:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Fernando García-Loygorri Gazapo</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[Cuento]]></dc:subject>
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       <br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo dijimos tan alto. Vibraban nuestras gargantas. Era allá arriba. Todavía con fuelle. Me dijiste que bajara y la lluvia tembló de contenta. El mundo era azul y amarillo con su poquito de verde. Cantaban las aves como si realmente existiera el Paraíso. ¡Qué suave sonaba la cascada! ¡Cómo tu pelo corto y tu cara seria caminaban de la mano con tu vicio! ¡Y qué hermosos eran (los vicios)! sobre todo si se marcaban en las venas de tus brazos y coloreaban de hígado enfermo tu esclerótica. Incluso el beso que no nos dimos tuvo algo de carnal. <br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquel día sin embargo no estabas viciada. Viniste limpia y con sonrisa. Parecías una muchacha normal que se ha vestido con unos vaqueros y una camiseta para dar una vuelta por la montaña y que ha venido a buscar al muchacho que le gusta porque es verano y viene de lejos. Aquella mañana era la eternidad. Así fue para nosotros. Así nos cogimos de las manos para ayudarnos a escalar y cuando llegamos a la cima de una de las montañas, nos sentamos y fumamos en silencio mientras mirábamos el mismo mar azul intenso picado de blancos. También el beso que no nos dimos tuvo algo de carnal. Fue allí donde de repente, como ocurren los grandes cambios en la vida, gritaste bien alto y yo te acompañé y grité lo mismo y vibraron juntas nuestras gargantas. <br />  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquel invierno te vi por última vez. Habían dejado abierto la mitad superior del ataúd. Casi no estabas en esa carcasa. Sólo quedaban de ti los labios que en vida también estaban siempre morados. Me incliné sobre ti. Nada me importaba que alguien nos viera. Quería besar tus labios al menos una vez. Lo hice. No tuvo nada de carnal. <br />  &nbsp;
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