Estaba la esquina. El tránsito. Sólo consistía en torcer y encarar una calle nueva. Estaba la tarde que se iba haciendo vieja. También había una bandada de estorninos y un plumín de acero en el suelo. Lo miraba todo y no miraba nada. Tampoco le parecía una gran decisión torcer la esquina y encarar la calle. Era como la venas que no duelen.
Habían pasado muchos años y las secuelas seguían ahí, dando por culo. El tránsito se había hecho. La madurez se había consumado. Los textos lo decían. Las lecturas se apilaban. Seguía disfrutando con una cerveza fría y con el olor que el calor deja al anochecer en una ciudad llena de asfalto en lo alto de una meseta que no llega a ser altiplano.
La mirada se iría encorvando. La meditación no se haría mecánica. Le asaltarían cada vez pensamientos inesperados y debería desecharlos como se ha de hacer también cuando cualquier tipo de amor se ha consumido. Juntaría las manos. Sentiría un ligero escalofrío en el lado izquierdo del rostro y la emoción del tiempo quedaría marcada en su piel.
Ya no se volvería loco. Llamaría a alguien para decirle una verdad amable, de esas verdades que surgen cuando pasa el tiempo y parece éste un analgésico que mitiga tantos dolores que permite decir esa verdad, Te he echado de menos, ¡Qué tontería fue! Ya ni me acuerdo.
Al fin quedará el silencio. Una lluvia a destiempo. Un abrazo largo. La mirada que se fijó en un estante. Los huesos fuertes. La miel por la garganta. Unos labios que le recordaron a otros labios. La figura que se aleja. La reverberación del aire. El tiempo de la canícula cuando el calor vuelve locos a los perros y éstos aúllan tanto que hay que acudir a los cementerios para que se callen.
No hay más. La noción quizá. Esa espera que se alarga y es mansa. No, no hay más. No quiere ocultarlo. No va a ocultarlo. Aprendió que los dolores hay que sacarlos y luchar con ellos a brazo partido para alcanzarlos y abrazarlos y condolerse porque duelan tanto. No hay más. Una sustancia. Una queja. Una mano. O una pisada en los guijarros.
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Ensayo poético
Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 26/06/2025 a las 18:50 |