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Página de Fernando Loygorri
Miss Diciembre 1953
Miss Diciembre 1953
A partir del affaire Weinstein y su continuación con el hastag #metoo y ese punto y seguido de las mujeres vestidas de negro en la entrega de los Globos de Oro, un grupo de artistas e intelectuales francesas publicó en el diario Le Monde del 8 de enero de 2018 el artículo titulado Nous défendons une liberté d’importuner, indispensable à la liberté sexuelle.Traducido al castellano: Defendemos la libertad  para importunar, indispensable para la libertad sexual.
Llevo ya tiempo pensando que desde el punto de vista del feminismo radical de la actualidad yo soy machista por más que a lo largo de toda mi vida jamás se me haya ocurrido pensar que un ser humano por el hecho de ser de uno u otro sexo tenga más o menos derechos o que yo por ser macho tenga más libertad que una hembra o que una persona por ser mujer tenga que cobrar menos o que por el hecho de ser yo hombre sea más inteligente. Es más siempre he pensado que casi todas las mujeres que he conocido tienen una inteligencia que a mí me falta y jamás se me ha ocurrido despreciar a un artista por el hecho de ser mujer. En fin, que yo pensaba que era una persona que amaba o detestaba a otras personas por el hecho de ser personas no por ser macho o hembra. Y también pensaba que en el terreno de las relaciones sexuales me comportaba de una manera correcta y que dentro de esa corrección justamente uno de los mayores valores era la incorrección.
Empieza el artículo de Le Monde afirmando: La violación es un crimen.  Pero el flirteo insistente o incómodo no es un delito ni la galantería una agresión machista. Es tan grave lo que está pasando que aún a riesgo de exponerme al escarnio tengo que adherirme a la reflexión de estas mujeres que es mi propia reflexión porque en el fondo -y lo volvemos a ver una y otra vez- todo es una cuestión de lenguaje. La diferencia estriba en llamar a un hombre Pesado o llamarle Agresor cuando lo que está haciendo es -por ejemplo- poner una mano en el muslo de la mujer con la que se quiere acostar.
Esa autocensura -que no es tal porque las censuras son siempre asuntos sociales- que cada vez se impone más; ese miedo a parecer lo que no se es, es el sempiterno comienzo de la enésima caza de brujas -en este caso caza de brujos hombres y cerdos- . Si además le añadimos a este mejunje la muy acertada reflexión de Juan Soto Ivars en el diario El Confidencial en su artículo titulado La izquierda facha, en el cual razona que los progresistas tienen tanto miedo  a parecer fachas que antes que eso prefieren no decir nada que sea incorrecto políticamente mientras que a los fachas todas esas cuestiones de la correcta ideología se la trae al pairo y así les va de bien, tenemos el caldo de cultivo perfecto para que una nueva época victoriana campee a sus anchas por el mundo y como siempre venga importada de los países anglosajones tan duchos en estas hipocresías.
Por lo tanto en esta primera entrega de mi machismo -machista desde el punto de vista de esas señoras vestidas de negro- firmo los presupuestos de las mujeres francesas y abogo por insistir si se desea a una mujer, dando por sentado que cuando la mujer esté harta sabrá alejarme de ella (normalmente basta una mirada fría) y que este importunar a otro es parte del sempiterno juego de la seducción. Por cierto también hay mujeres que atosigan a hombres.
Como todo es cuestión de lenguaje he utilizado los términos: Importunar, Insistir e incluso Atosigar.

Ensayo

Tags : Meditación sobre las formas de interpretar Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 12/01/2018 a las 17:30 | {0} Comentarios


Interpretación de la interpretación que Darío Sztajnszrajber hace del primer libro de la Torá o del Pentateuco o de la Biblia*


Desde la empalizada veo el desfile de los muertos (tan sólo los muertos de hoy)
No quiero angustiarme con la probabilidad de la arena que se contiene en los cientos de libros que asumo cada día (porque somos por nuestra cultura judeocristiana fundamentalmente libros y como libros somos relatos y como relatos somos interpretaciones de los escritos. Nunca lo escrito. La Verdad no existe. O la Verdad está vedada a nuestro intelecto).
¿Qué es más importante -o más terrible- que Abraham no dudara en sacrificar a Isaac por la orden de una voz en su cerebro (y de ahí Temor y Temblor de Sören Kierkegaard) o que ante semejante orden Abraham callara y se convirtiera en un secreto (y de ahí Dar la muerte de Jacques Derrida) que ni siquiera dudó en contárselo a Sara?
Una parte de nuestro ser occidental se levanta sobre los cimientos judeocristianos y éstos a su vez se basan en una historia que nada más empezar se inicia con un desacato al Dios, un asesinato entre hermanos, la sodomización por parte de Noé de su hijo (no hablemos de las hijas de Lot etc...) y por supuesto el sacrificio del hijo si la Voz lo exige como prueba. Tampoco olvidemos la otra pata de esta mesa occidental: los griegos y su desprecio de la mujer y de los bárbaros (que no todos los griegos eran de izquierdas). Relatos somos. Secuelas de esos días. Emulación de las interpretaciones que se hicieron de aquellos textos, de aquellos libros... que como nosotros -libros también, lo repito- somos interpretados por los otros y por nosotros mismos. Porque uno a sí mismo también se lee pero no lee lo que está escrito sino lo que interpreta de lo escrito.
Quizás el día en el que dejemos de ser relato y la base de nuestro conocimiento sea por ejemplo la imagen en movimiento, quizás ese día, digo, sea el inicio del fin de la civilización occidental. Y si seguimos los hitos que se nos están presentando ese hecho ya está ocurriendo. Occidente está dejando de ser un relato, una escritura para convertirse en un icono lo que nos llevaría -ciclos de la Historia- a una nueva versión de la civilización Egipcia o quizá de la  civilización Maya o -parece lo más plausible- de la civilización China con sus ideogramas.
Y así el fin de la Historia que se anuncia desde hace unos cuarenta años, es realmente el fin de una historia (en inglés se diferencia mejor la idea. Ellos llaman History al estudio de los aconteceres humanos y Story al argumento de un relato de ficción).

Esta idea del hombre como relato me lleva, en mi experiencia vital, a una curiosa metáfora que es la siguiente: me apasionan los libros porque me apasionan las personas pero mi pasión por los libros es mayor que mi pasión por las personas o sencillamente es menos peligrosa.

*  Si os interesa la conferencia de Darío Sztajnszrajber podéis cllicar en este enlace https://www.youtube.com/watch?v=pRwAyZQIDKs

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 05/01/2018 a las 20:00 | {0} Comentarios


Primero fue Dumbo. Los 101 primeros números. Luego debió de llegar Flash Gordon aunque seguramente no fue así. Demasiado pronto, pienso. Seguro que sí fueron seguidos primero Los cinco y después Los tres investigadores y aparecieron Tintín y Asterix. Yo creo que primero me gustó más Asterix luego el gusto cambió y hoy, a mis casi sesenta años, sigo leyendo Tintín. Debía de tener unos doce años cuando me rompió la cabeza la primera novela y aún recuerdo -y evoco- la sensación de no poder dejar de leer, de sentir un nudo terrible en el estómago, de sufrir con los personajes hasta el extremo de llorar como si fuera uno más de entre ellos. La novela era La vida sale al encuentro. Aunque antes y también muy vívidos estuvieron todos los libros de Sandokan. Nunca estuvieron en mi infancia las novelas de Julio Verne. Luego empecé a leer las novelas que mi madre tenía en su biblioteca y recuerdo Papillon y Chacal, best-sellers de entonces. En esa época estaban muy de moda las novelas de espionaje tras el telón de acero. Fue a los dieciséis años cuando se produjo la transformación. El cristianismo y la lucha de clases en la edición de bolsillo de Austral de tapas amarillas y ahí ya empezaron los grandes libros, las grandes pasiones. A los diecisiete Rayuela y Cronopios y Famas El Libro de Lucas y Los RelatosLa señorita Cora y 62 modelo para armar y antes o durante, porque empezó entonces la costumbre de leer varios libros a la vez, LigeiaLa caída de la casa UsherBereniceEl Pozo y el péndulo. Grandes orgías, constantes orgías entonces de libros y más libros. La fiebre latinoamericana Cien años de soledadLa CatedralLa consagración de la primaveraParadiso y una caída en textos fundamentales La Bibliael Bahavad Gita, El Corán y torrentes novelescos Manhattan Transfer y el encuentro fatal con el teatro Macbeth que me llevó de la mano a la poesía y de la poesía, como si fuera una sucesión natural, me di de bruces con el ensayo y de ahí derivé durante un tiempo en la filosofía a la que, por fin, pude tratar como lo que es: un género literario más. Hasta que vinieron, como si nunca se hubieran ido, los clásicos Poema de GilgameshIlliada, Odisea, La Eneida que me pareció una de las lecturas más maravillosas que jamás he tenido gracias a la magnífica traducción de Javier de Echave-Sustaeta, Geografía o la más increíble enciclopedia que había leído hasta entonces La Historia natural y por supuesto la lectura de los diccionarios, dos resalto entre muchos, El Diccionario de Uso del Español El Diccionario Ideológico cuyas lecturas probablemente me ayudaron para seguir las largas enumeraciones de las sagas mitológicas hasta llegar a esos libros mayores de la imaginación del hombre como son La Diosa BlancaLas máscaras de Dios o Herreros y Alquimistas lecturas que me permitieron aventurarme en los mundos de la física y de la vida orgánica en cuyos textos descubrí el placer de no entender casi nada y también, gracias a la revista Investigación y Ciencia que la perseverancia tiene el premio del conocimiento. 
Ojalá en esta prórroga de mi vida la pasión por la lectura siga siendo la emperatriz de mis pasiones. Ahora Kant y el ornitorrincoTertulia de Boticas y escuela de curanderosHistoria de las drogas, Sobre el amorLolitaKafkaEichman en JerusalénNuestro PuebloHedda GablerTres sombreros de copaLenguaje y silencio...

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 31/12/2017 a las 22:56 | {0} Comentarios


Yo te preguntaría, ¡Oh, Boileau! hacia dónde me debería encaminar para poder construir una frase que abarcara la chicha del bien decir. O me preguntaría, ¡Oh, Horacio! ¿Cómo construiremos? Aunque sea un poco tarde. La palabra va muriendo. Ya casi somos antiguos sapiens. Posiblemente la nueva especie ya no tenga palabras. No necesite ya este lenguaje para seguir siendo especie narcisista. Elegí -bien lo sabe Menéndez Pelayo- un arte moribundo (sé también que la literatura no es un arte, por eso la clara distinción entre Arte y Literatura. Quizá el Arte implica manufactura... no sé) y por lo mismo aún bello. Me vienen a la memoria Ofelia y Aquiles -Ofelia por su cabeza, Aquiles por su talón- moribundos y hermosos en su estertor. Escribir por ejemplo, el culo de la luna velado por la nube​. Supe algo del alma de la historia. Hubo un tiempo en que leí con afán de sabio la Biblia. Fueron no más de unos minutos pero fueron los minutos más intensos de mi vida literaria; también llegué a vestirme con versos y creí entrever en algunos grandes lo sencillo de su acento. Porque, diría, lo más maravilloso de ser escritor es leer.

Cae la tarde; el sol, al declinar este día de invierno, se ha vuelto frío. Mañana -han dicho- es el último. No quisiera verme en el pellejo de quien crea semejante patraña. Sólo sé que cae la tarde y por simpatía me echaré un echarpe por mi espalda de color azul oscuro con franjas blancas de reflejo de luna igual que hay hombres que creen en la existencia de Sociedades Anónimas y otros que se reúnen para adorar a criaturas de su imaginación . Sé que tras de mí ya no hay luz.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 30/12/2017 a las 14:10 | {0} Comentarios


Georges Steiner no deja de clamar por los 70.000.000  de asesinados en Europa entre 1914-1945 y piensa que esas muertes violentas ejercidas por el Poder en la Europa del sueño de la razón que había empezado a soñar en 1789, en esa Europa culta, ilustrada y burguesa, no pueden por menos que haber herido de muerte la creatividad de los artistas. El arte y la literatura en el siglo XX mueren entre otras razones de muertos. Y también mueren por la certeza de que un oficial nazi del campo de concentración de, por ejemplo, Besel tras haber gaseado por la mañana -en su jornada laboral- a unos cuantos cientos de judíos puede escuchar a Schubert con la misma emoción que el judío músico al que acaba de gasear o, por supuesto, el camarada Iván Illich del Ejército Rojo tras haber dejado a una recua de prisioneros en un gulag en Siberia, a la vuelta, en su vagón de tren, se le saltan las lágrimas leyendo el tormento de Rodian Romanovich Raskolnikov en Crimen y Castigo. ¿Cómo es posible que personas de esa catadura ética se emocionen con la misma intensidad que sus víctimas con las mismas obras?

Hay en el mundo cientos, millones de razones para ser pesimista y cada una de esas razones puede llevar un nombre de persona, una especie de flor, un linaje de animal o una sedimentación mineral aunque sea cierto que si miramos este planeta a escala cósmica no importa nada porque no es nada, no es ni siquiera grano de arena en un desierto, si acaso -y por ser también optimistas en cuanto a cantidad- otorguémosle átomo de un grano. Lo sé, César. Y estoy de acuerdo. Pero si volvemos a nuestra escala terrenal parafrasearía la máxima de Terencio para el cual nada de lo humano le era ajeno y diría que nada de lo terreno me es ajeno.

Sé que ya estoy a las puertas de la muerte, apenas me queda por vivir el último suspiro y esa sensación por un lado me alivia porque no asistiré al colapso del colapso que ya estamos viviendo y al mismo tiempo me genera una angustia quizá genética porque dejo aquí a gente muy joven que sí va a vivir la implosión -que preveo crudelísima- de este sistema atroz para con todo lo vivo. Y también me apena porque soy curioso y me gustaría asistir al sacrificio ritual al que se someten todas las civilizaciones desde que el hombre descubrió que la semilla y su fruto no son fruto del azar.

No amo al hombre. Camino por las calles de la ciudad y siento que no amo al hombre ni la ciudad. Sí amo a algunas personas como por ejemplo a una niña que iba explotando en el metro un plástico de burbujas y me ha hecho reír y a ella le ha hecho reír también que yo riera. A esas personas si las amo. Las amo con una intensidad pareja a como amo a un perro o a un caballo y también a algunas aves.

Me siento en la orilla. Llevo sentado en la orilla mucho tiempo. Escucho el murmullo del viento en los juncales. Cómo alborota el agua la respiración del anfibio me produce la satisfacción del que observa (y al observar altera lo observado). A veces abrazo un árbol. Siento en mi mejilla la rugosidad de su corteza. No me asusta la araña que camina por ella. En el borde me siento. Apartado de las mayorías sin que ese apartamiento me produzca demasiado orgullo ni especial algarabía (aunque sí también un poco de orgullo y un poco de algarabía lo que me lleva a querer despojarme de esos sentimientos por una extraña cercanía con el término desapego, el cual, reconozco, no acabo de descifrar del todo). Veo las noches y siento el frío del amanecer con la intensidad propia de los animales sin pelo. Nunca volveré al redil. Demasiados muertos, pienso. Demasiadas muertes, pienso. 
 

Ensayo

Tags : Meditación sobre las formas de interpretar Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/12/2017 a las 23:08 | {0} Comentarios


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