¿Dónde estaba el campo? ¿Dónde? ¿Dónde?
¿Fue un hombre quien te pisó? ¿O fue una idea que vaga por los aires a fuerza de fuego y agua y viento y nieve y bruma y tornado?
¿Llegaste a nacer?
Yo sé que la aurora no tiene los dedos rosáceos.
Yo sé que a lo largo de los miles de años el pensamiento tuvo como sustrato la tristeza.
Sé que no viniste a este mundo para vivir conmigo tan sólo porque no nos vivimos
y aún así me pregunto -si quieres como pensamiento cósmico- si podré dar contigo por algún prado cuando llegue la próxima primavera.
Si así fuera, si te encontrara, pequeña flor amada, me sentaría a tu vera y con emoción vívida te contaría cómo han sido estos dos días.
¿Por cuál de los puntos cardinales he de empezar?
¿Hay alguna señal por la que pueda guiarme?
¿Será en un paisaje austral donde te halle o los leones marinos me señalarán el camino por el que llegar a ti?
La noche se está haciendo grande y parece la luna el filo de una hoz.
¿Te oculta la noche?
¿Te gustan las hoces?
¿Escuchas mi voz?
Con las fuerzas que nos queden miraremos el pasado e intentaremos describirlo
Una solución pacífica en todo caso
Con la mirada no empañada por drogas o espejismos hablaremos de la realidad
No buscaremos retóricas
No nos convertiremos en seres inteligentes. Tan sólo miraremos a través del espejo
La mano que vendrá mañana no nos interesa. La esperanza es puro veneno
Con las fuerzas que nos queden evitaremos los juicios de valor porque ¿qué valor hay en un juicio?
Bastantes bocazas parlotean ya para que nosotros nos sumemos a ellos
Ahora nos reuniremos en los graneros del planeta y con el entusiasmo propio de todo inicio echaremos a andar nuestras memorias
No nos olvidéis
El tiempo apremia
Poesía
Tags : Meditación sobre las formas de interpretar Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 13/09/2026 a las 18:45 |Sobre este espacio y en este tiempo
Sobre esta destrucción que llena el aire
de efectos de luz crueles y piadosos
Sobre las huellas de nuestros antepasados
los más lejanos
los que no eran exactamente nosotros
Consciente de que habito en una encrucijada
y de que por lo tanto las gentes se cruzarán
en distintas direcciones
sobre estos presupuestos -escribo-
y con esta conciencia aparente,
siento que el mundo se incendia conscientemente
Que los árboles están hasta las copas de ser papel
Que los pájaros no quieren ser más blancos
Que las aguas majestuosas de los océanos
se niegan a ser mecedoras solícitas de los humanos
Que las montañas se calentaron para que la nieve
al llegar a sus regazos se derritiera
hartas ya del desliz de los esquís por sus laderas
Que las grutas se hicieron más chicas
Que los páramos se rodearon de fuego
y las tundras se volvieron grises
como burócratas de medio pelo
Que las arenas de las calas se volvieran púas
no fue idea de un dios vengador
sino de una invasión de organismos
que se habían quedado sin depredador
Sobre estas murallas naturales
apesadumbrado por el llanto de un alcalde
que ha visto desaparecer su paisaje
devorado por las hijas del Sol
En estos últimos años
descubierta la tramoya del teatro
voy volviendo a la niñez
cuando reír y llorar se alternaban en un continuo
obra de la voluntad de un diosecillo
Sobre estas tragedias planetarias
sobre los naranjos
sobre los arces japoneses mal plantados en una tierra extraña
Desde siempre dios me sueña
ante la misma ventana;
me sueña, me está soñando;
me mata, me está matando.
A Nilo
I
Por el Camino de los Helicópteros
me llevan mis pasos cojos,
cojos no tanto por mis piernas
sino por tu muerte toda.
Yo no sabía
-y creía que sí-
que la muerte
era tanta ni que la mirada
tuya me aliviaba de la dura
tarea de vivir. Te moriste tan
de golpe. Me dejaste tan aislado.
Por el Camino de los Helicópteros
marcho y me encamino
hacia el otero donde descansan
los bancos. ¿Recuerdas?
En uno de ellos me sentaba
para hacer mis ejercicios
mientras tú rastreabas
la realidad del mundo
con tu trufa negra,
ávida siempre de colores.
¿Cómo se te ocurrió morir
sin avisarme?
¿Cómo no vino una diosa
a despertarme del sueño eterno
de una eterna primavera?
Por el Camino de los Helicópteros
voy, a solas con mis pasos,
buscando, pueril, encontrarte.
Por el Camino de los Helicópteros
me llevan mis pasos cojos,
cojos no tanto por mis piernas
sino por tu muerte toda.
Yo no sabía
-y creía que sí-
que la muerte
era tanta ni que la mirada
tuya me aliviaba de la dura
tarea de vivir. Te moriste tan
de golpe. Me dejaste tan aislado.
Por el Camino de los Helicópteros
marcho y me encamino
hacia el otero donde descansan
los bancos. ¿Recuerdas?
En uno de ellos me sentaba
para hacer mis ejercicios
mientras tú rastreabas
la realidad del mundo
con tu trufa negra,
ávida siempre de colores.
¿Cómo se te ocurrió morir
sin avisarme?
¿Cómo no vino una diosa
a despertarme del sueño eterno
de una eterna primavera?
Por el Camino de los Helicópteros
voy, a solas con mis pasos,
buscando, pueril, encontrarte.
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Poesía
Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 15/09/2026 a las 20:55 |