Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

A L.



Tus ojos verdes me llagan,
heridas tus ojos verdes;
tus ojos verdes alhajas,
milagros tus ojos verdes.
 

Poesía

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 09/03/2021 a las 21:36 | Comentarios {0}


A Liana.



En la salud y en la enfermedad.
 
Lo tuvimos todo, lo fuimos todo
aunque nada tuviéramos
ni fuéramos nada.
Tuvimos un principio, tú recuerdas,
era un día de final de primavera
-¿Ocho años han pasado?-
en una plaza donde hubo en su tiempo
una gran casa de muñecas.
Antes de conocerte supe que eras tú.
Luego, esa misma noche, ocurrió
un hecho extraordinario: dormiste por primera
vez a mi lado. Fue en la butaca
de un teatro. En el escenario un islandés
tocaba sus baladas tristes,
extrañas músicas que buscaran la luz.
Ese fue el principio. Más tarde -sería tedioso
para un hombre ya mayor contarlo en pormenor-
vivimos lo que viven dos seres que anhelan,
empujados por los extraños caminos de la química,
comerse las bocas y tocarse los órganos
que tantas vergüenzas nos provocan.
 
Lo tuvimos todo desde entonces
aunque no tuviéramos nada:
nunca nos vimos mucho,
nunca nos peleamos mucho,
nunca nos arriesgamos mucho,
nunca dormimos más de dos días juntos,
nunca pasamos tres días seguidos juntos,
estuvimos meses y meses sin vernos,
y hablamos, ¡ah, sí! Eso sí que lo hacemos:
hablamos mucho y así nos amamos
con una de las tres formas posibles de amar:
la lengua.
 
¡Cuánto hemos hablado!
Todos los días desde que nos conocimos
en aquella plaza donde hubo en un tiempo
una gran casa de muñecas.
Nuestras voces han sido los vehículos de nuestro amor
y desde ellas hemos vivido lo que viven
las personas que se aman: hemos follado como bestias,
nos hemos dicho las verdades del barquero,
hemos convivido en un espacio sonoro que bien podría ser
un salón, nuestro salón, el de la casa que nunca tuvimos
(que nunca tendremos)
y en él hemos discutido la educación de nuestros hijos
-los tuyos y la mía, nosotros nunca tuvimos hijos
(y nunca los tendremos)-
y también allí –en ese salón imaginario- me abandonaste por otro
mientras yo sucumbía a una especie de tedio
que me llevó hasta una celestina
la cual me buscó mujeres anodinas
que nunca me gustaron.
Sí, tuvimos crisis matrimoniales
nosotros que jamás nos casaremos
y que tanto, tanto nos queremos.
 
Es curioso que no habiendo compartido
físicamente apenas nada
seamos dos personas que se aman.
Sólo hay una queja, sólo hay algo
que añoro entre tú y yo,
algo natural entre amantes,
un detalle que parece que incluso con alzheimer
el olvidante recuerda los buenos tiempos
y asoma en sus labios la sonrisa
del que sospecha haber amado mucho.
Y es que a nosotros, querida mía,
nos falta nuestra canción...
tan sólo eso nos reprocho:
no poder cantar la canción
que nos defina enteros
y que en las noches cubiertas de rocío
a solas con mi frío, sintiendo inmensa
tu ausencia, pudiera tararear nuestra canción
y así, entre sus notas y sus silencios,
quedar dormido, sabiendo que quizá tú,
esa misma noche, lejana,
la habrás cantado también
para sentirte junto a mi.
 
Una canción, tan sólo una canción,
nuestra canción.
Iluminación de Cola de pavo real del Splendor solis de Salomon Trismosin. Finales del siglo XVI
Iluminación de Cola de pavo real del Splendor solis de Salomon Trismosin. Finales del siglo XVI

Poesía

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 03/02/2021 a las 18:54 | Comentarios {0}


Mitocondrias resaltadas con colores falsos
Mitocondrias resaltadas con colores falsos
Divide partes de Dios y en si se produce el infinito. Se rompen los techos. Aparecen los ángeles. Se desparrama el mundo como el semen se desparrama sobre el vientre de la mujer que no quiere fecundar. El fin del mundo tiene cara de bebé. El fin del mundo se arquea como un poseso. El fin del mundo se saluda con un gesto atlético. Alardea de haber dado carpetazo. Luego llora sobre el barbecho de una tierra que quedará por siempre baldía. Arraigan las arqueobacterias en un limo primordial que no escupe fuego. Llegan densas nubes de amoniaco. Se lava las manos con gel y se mira en el espejo las partes ocultas. No quiere escarmentar. No quiere elevarse en brazos de las aspas de un helicóptero por cima de las montañas que a lo lejos parecen generar el lomo de un dragón. El cielo se vuelve bello tras el incendio. Las palabras se quejan de quedarse sordas. El rey de las calaveras se pone peluca y parece menestral en una corte dieciochesca. ¡Ay, si la nieve se diluyera en brillantes! ¡Ay, si los cristales fueran viscosos como si el mundo se hubiera convertido en un gigantesco horno cerámico! Todo derretido. Sus manos derretidas. Su esfuerzo derretido. Derretidas las cañerías por las que fluía el agua con heces, el agua con sangres, el agua con mucosas, el agua con algas. ¡Cianobacterias venid! Venid, queridas mías. Haceos grandes y mostrad vuestras maquinarias hasta que los ojos del mundo sean arrancados por una parte de la infinidad de Dios. Entonces recalará en una playa. La arena será un diamante machacado a fuerza de escoplos. El inmenso diamante de la felicidad. La eternidad de los puntos sobre las íes. La lágrima certera que acierta en el centro del corazón de la vieja. La vieja, sí, la vieja del parque, la que arrastra el carrito rojo de la compra siempre hasta arriba de desechos. La vieja que ya no es nada y que aún con todo lucha por vivir un día más en esta selva de hormigón y cables en la que los humanos se mueven como si fueran tordos.
Cuando todo se quede quieto: en el lago no hay ondas; no navega la hoja; el saltamontes se niega a trascender; el gorrión ahorcado denuncia a sus verdugos, las patas estiradas; la ahorcada se corre y el flujo que derrama de su coño se desliza por sus piernas hasta llegar al aire que lo dejará caer hasta la tierra para que sea absorbido, llegue hasta las raíces de un junco, sorban éstas sus nutrientes y nazca cuatro meses después un aborto de junco y mujer con patas de gorrión ahorcado. Cuando todo quede quieto: saliva suspendida; copo que no llega a amortiguarse; carrera vacía de gamo; vuelo sin recorrido de cernícalo; mandíbula abierta para siempre; sangre, sangra, sangra, sangre.

Poesía

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/08/2020 a las 13:02 | Comentarios {0}


Naturaleza muerta con cráneo de Paul Cezanne 1898
Naturaleza muerta con cráneo de Paul Cezanne 1898

Vivo en el fin de la tierra
donde habitamos los infelices que carecemos de patria.
El día que solté las amarras
se rompió mi corazón.

En este finisterre
la luna jamás aparece.
Cada noche espero,
con ansiedad de adolescente enamorado,
que su blanca esfera
o la mitad de ella,
menos aún: una faja fina
como el más fino albugo de la uña
del dedo meñique del pie de un bebé,
aparezca en el inicio del cielo nocturno
cuando aún quedan en él restos de azul.

Roto el corazón
-en realidad siempre 
(la palabra no es exageradamente larga)
lo estuvo-
he de dejar que la pena me ahogue
y desagüen mis ojos la justa para no anegarme.
Seguiré respirando. Lo sé.
Ayer mismo reí
como si el día anterior
mi hermano me hubiera hecho un arrumaco.

Sé, en todo caso,
que el hígado se estaba pudriendo,
le mente generaba sinapsis  para sobrevivir,
la soledad y el frío se aliaban conmigo
y los jabalíes
corriendo a mi vera libres y hermosos
me animaban a no temer nada.
Quizá si me hubieran advertido
de que nunca más vería la luna
me habría dejado pisotear
hasta que mis costillas rotas
me otorgaran el consuelo de morir.

¡Qué cerca está el invierno!
¡Si hubiera tenido una patria,
habría conquistado el mundo!
Al carecer de ella fui invadido.
Ahora daría la patria que nunca tuve
por mirar la luna que ya no veo.

 

Poesía

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 16/12/2019 a las 22:41 | Comentarios {0}


Se puede viajar dentro de la hoja y también sentarse al mediodía sobre la hierba de otoño mientras el perro escarba, llega hasta la tierra húmeda y hunde en ella su hocico. Pienso cómo será el olor de la tierra húmeda con el olfato de un perro (¿por qué se utiliza tantas veces a este animal como metáfora de ser tratado de forma despreciable?

¿Ya nunca habrá una revolución en Europa? ¿Una revolución de la magnitud de la francesa del siglo XVIII? 

Observar a una mujer joven con dos niños en el Reino Unido, en algún lugar de Inglaterra, pobre y necesitada y también lo suficientemente bonita como para poder trabajar de puta. Corre el año 2017. ¿Y la joven con dos hijos más fea que Picio? ¿Qué puede hacer esa criatura? ¿Cómo alimenta a sus dos hijos? ¿Cómo se alimenta ella? (Lucubración a partir de Yo Daniel Blake de Ken Loach) .

La miseria y la desigualdad en el disfrute de la riqueza debería levantarnos; debería abrirnos el apetito de asaltar las fábricas de monedas, las grandes villas, las precisas cajas fuertes, ir como un solo hombre, sin alharacas, sin grandes violencias, incluso puramente pacíficos, sólo siendo tal masa que empuja que es capaz de derribar cualquier defensa.

La sociedad opulenta versus las Oficinas de Empleo.

Pasa un Ferrari o se lavan tres mil toallas diarias en un hotel de lujo de Singapur ¿Qué es Singapur? ¿Qué quiere decir las guerras por las fuentes de energía en Asia? ¿Intentan los poderosos catalanes hacer una revolución de los colores, en este caso la Revolución Amarilla?

Luego están las palabras, las palabras, las palabras... (cuando las imagino me viene a la memoria el mito de Eco y Narciso)
Compartiendo las horas libres de Georg Grosz
Compartiendo las horas libres de Georg Grosz

Poesía

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/11/2019 a las 19:55 | Comentarios {0}


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