Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

Monólogo sacerdotal de la Escena 4ª del Acto II de una obra sin escribir y sin titular que con muchas probabilidades jamás estrenaré.



Dados. Por supuesto que podría ser missy Florence. Todo podría ser una fabulosa, cósmica, partida de dados. No voy a ser yo quien le quite a usted ese gusto. Para mí será también un gran placer denunciarla, missy Florence. Tenía ganas, desde hace tiempo, quizá desde que naciera, de ir a una comisaría y poner una denuncia que mande a una mujer como usted entre rejas. Una mujer como usted, missy Florence, una mujer que no podía llamarse Laura o Carmen o María, simplemente María, ¿recuerda usted missy Florence? ¡Qué va usted a recordar! El asunto es que sí, pueden ser dados, pudiera ser un azar eterno que tuviera cierta tendencia al círculo, ¿me sigue, querida? Yo no le discutiría esa posibilidad. Para eso estamos aquí, para escuchar, también para advertir, también para no dejar que se engañen ustedes mismas con ideas que vienen de muy antiguo y que tienen una fácil refutación cuya base se encuentra en la fe. Sin fe no hay refutación que valga; sin fe mam, no tengo por dónde empezar y eso me lleva a un callejón sin salida y le aseguro que sé muy bien lo que es vivir en un callejón sin salida, yo viví casi doce años de mi vida en uno de ellos y le puedo asegurar que lo que mejor olía en aquel sitio era la meada de los gatos Por eso le prevengo sobre la fe. Si usted la tiene, algo podremos hacer. Si no, si su creencia en que todo es una puta partida de dados es inquebrantable como lo fue la fe en Dios de los primeros mártires que sucumbieron en las catacumbas de Roma la Viciosa con la paz de saberse prestos a encontrarse frente al rostro luminoso de Dios Nuestro Señor y Nuestra Bendita Virgen, madre de Nuestro Señor Jesucristo que vive y reina etcétera, etcétera, etcétera... si tan fuerte como la fe de los nuestros es su descreimiento, entonces, sepa missy Florence, que le esperan los gloriosos carceleros, sucios como ratas, salidos como perros sin educación, que están esperando a que llegue a sus dominios la carne fresca de una mujer fértil para preñarla una vez y otra y otra y otra para que no cesen de llegar hijos de Dios al mundo, hijos a los que adoctrinar, hijos a los que enviar a las matanzas y los trabajos diarios que forman la quintaesencia de nuestra cultura, una cultura del esfuerzo, una cultura del éxito, una cultura que nos lleva más allá de la estrellas, ¿me escuchas, missy Florence? ¿Me escuchas, hija de perra? Que como te empiece a dar hostias no voy a parar hasta que no arranque del último recoveco de la más ínfima de las circunvoluciones de tu cerebro  la idea de partida de azar, de juego de dados como metáfora de la vida. Tienes cinco minutos para desdecirte y abrazar con regocijo la llegada del Mesías. Si Dios no te ilumina es que no te quiere entre nosotras. Si Dios en estos cinco minutos, no te ilumina lo que nos está diciendo es que tú perteneces a la cohorte de las Caídas y como tal has de vivir en el fuego, crepitando tu dolor por toda la eternidad. ¡Que la paz sea contigo, cerda!
 

Teatro

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/07/2022 a las 18:29 | Comentarios {0}


Monólogo para dos voces



Sólo si se hace... así... levantarse para iniciar toda una serie de haceres (curioso el término faena que en español tiene el doble significado de tarea y fastidio) que lleven de nuevo a la cama, en la noche, cansados y dispuestos a dormir. Porque si no hacemos. Porque si pensamos... la huelga, los números primos, la tuerca, la vía del tren, la moldura del parabrisas, las consecuencias...mientras no hacemos nada, mientras no estamos deshaciendo cajas o estamos haciendo la comida o hemos ido al supermercado, el que está a cuarenta y dos kilómetros, ochenta y cuatro kilómetros para hacer una compra de varios días o nos duchamos y vemos caer el agua sucia de nuestro pelo y sentimos el agua correr por nuestra piel, reseca por los largos días del intenso verano de nuestra desventura o estudiamos ajedrez, nos concentramos incluso con fruncimiento de entrecejo y seguimos los movimientos de los maestros con la intención de llegar a alcanzarlos porque los hemos entendido o pasear y ascender como si el paseo tuviera algo de tortura, como si necesariamente el paseo tuviera que incluir en su rutina el esfuerzo que podría acercarse al dolor o poner en orden los libros o elegir las próximas obras a las que dedicaremos nuestro tiempo o limpiar la casa, dejarla muy limpia, fregar los suelos con lejía para sentir que la asepsia ha entrado en el hogar y tener la tonta seguridad de que algunos insectos se lo pensarán muy mucho antes de entrar en nuestro territorio o leer una novela policíaca y poner en ello los cinco sentidos o ir por la carretera camino de la gran ciudad para visitar a nuestra amante y tumbarnos junto a ella, desnudos, bajo el calor de julio para ejecutar ciertas ceremonias de interior o vestirse o afeitarse o cocinar o... Hacer, decimos, hacer como echar el I'Ching y descubrir que el Libro de las Mutaciones tiene algo de magia antigua, esa especie de comunicación con lo no estadístico que genera escalofríos en la razón y sacudidas eléctricas en el alma o venirnos hasta aquí, escuchar for Bunita Marcus  o esperar con disposición abierta o poner una película en su versión original -un idioma que apenas conocemos- y verla sin subtítulos para constatar por enésima vez que una imagen casi nunca vale más que mil palabras a la hora de narrar la experiencia de las relaciones humanas o cribar lentejas o afeitarnos al caer la tarde o ver a ver si tenemos fiebre o sentir el dolor en el costado y  pararnos en él, respirarlo o cortar las uñas de los pies y de las manos o dejar limpio el fregadero o mirar de cerca un espino o aspirar este verano seco en el aire taimado de la tarde... Hacer, hacer, siempre hacer... soñar con la carnosidad de unos labios o cerrar los ojos en el sofá y quedarse un rato más mientras escuchamos el runrún de unos comentaristas deportivos que cuentan las hazañas de unos atletas en unos mundiales que se están celebrando en Oregón... Oregón de nuevo (¡No, eso no -nos decimos-, eso que hemos hecho es pensar, eso que hemos pensado anula lo que hayamos hecho en las últimas diez horas!)... o abrir la terraza y sentir si la temperatura es soportable para realizar el paseo que es algo de tortura y algo de equilibrio o sentarnos...
 

Teatro

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 20/07/2022 a las 17:09 | Comentarios {0}



No tengáis miedo. El invierno ha acabado. Pronto los hielos aflojaran su presión sobre el casco y sentiremos que el movimiento vuelve a ser parte de este barco.
¿Por qué no nos abrazamos, bravos compañeros que aguantamos juntos? Yo sé que la luz a veces escasea y que las galletas acabaron pudriéndose; sé que fue muy duro comerse la carne de nuestros iguales pero ése sacrificio es el que nos ha permitido llegar hasta aquí.
¿Recordáis cuando estábamos atados, de espaldas a la entrada de la gruta? ¿Recordáis los movimientos de las sombras que se reflejaban en la pared del fondo? ¿Recordáis los gemidos de un niña a la que le estaban arrancando el cuero cabelludo? ¿Recordáis el acento de los que nos salvaron?
Tanto hemos pasado que los crujidos que ahora escucho me suenan a campanas de gloria; me parecen los chirridos los de unos goznes que abrieran las puertas de un palacio en todo recubierto de sirope; el ulular del viento que atrae la lluvia es la voz de Zeus atrapando a Europa. No siento nostalgia, queridos compañeros. No quiero volver para abrazarme a nadie ni para calentarme los pies junto a una estufa mientras mis nietos se sientan a mi alrededor en el suelo para escuchar atónitos el relato de nuestra aventura. No quiero volver para que nos condecoren. No quiero volver para ver de nuevo los ojos del amor que dejé allí, no, ninguno de esos son los motivos porque tan sólo hay uno por el que quiera volver, por el que quiera brindar con vosotros y ese motivo es el hecho de producirse la vuelta. Cuando el viejo cascarón que nos ha protegido estos largos meses empiece a menearse en estas aguas frías como el infierno, entonces, sólo entonces, sentiré la emoción del deseo cumplido. Lo que venga después no importa. Lo que venga después es, sencillamente, un paso más hacia la muerte.
 

Teatro

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 14/06/2022 a las 13:24 | Comentarios {0}



Se dice, No voy a dejarlo. Seguiré un día más. Llega el invierno. Los días se están haciendo más cortos. La almohada se me queda pequeña. Tengo muy fríos los pies cuando llega la noche. ¿Podré sentir la gangrena si llega? ¿Sabré reconocerla? En esta inmensidad blanca. Como si estuviera muerto. ¿Te matan los otros? ¿Se podría decir así? ¿Sería capaz de ponerme a especular con esa tontería? No lo haré. Me haré unas fricciones. Miraré la leñera. También miraré al perro. En el verano sentí que se hacía mayor de golpe. Luego se me olvidó. Me parecería más joven, se dice.
Se dice, Cualquier respuesta sería mejor que esta incertidumbre. Hay personas que prefieren la segunda. Yo en cambio prefiero la primera. Cualquier respuesta antes que el no llegar a saber. Eso me digo hoy que ha amanecido con una bruma que me atruena; una bruma en todo semejante a una galerna. Un bruma quitapaisajes. Una bruma quitaesperanzas. Como las incertidumbres. Aún así me vestiré. Aún así me abrigaré. Aún así saldré al maldito bosque. Me internaré. Buscaré algo que me procure paz. Me sentaré en la parte de la roca que da al sur, la que no tiene musgo, y meditaré con la meditación que deja ser a los pensamientos, que nos los detiene, que no intenta inmovilizar el fluir del pensamiento. A veces esa meditación me calma. Me impide llegar al abismo. No permite que me abrace y me consuele sino que parece querer insuflarme una valentía de la que carezco en absoluto. Soy totalmente cobarde. Tengo miedo a morir solo. Tengo miedo a ser perro sin dueño y sin cadena. Aunque no quiera atarme. Aunque no quiera amos. Yo que fui esclavo. Quizá no todos somos esclavos. Yo lo he sido. Y ahora lo soy de una idea. Ya ni siquiera es una forma material el sujeto de mi esclavitud. Es una idea. Es una esclavitud metafísica. Una esclavitud especulativa que me lleva al bosque y a los lugares fríos en los que mis pies sufren y sufre mi alma. Una esclavitud que me lleva incluso a pronunciar y sentir el alma. No voy a dejarlo. No hoy. No hoy tampoco romper los sentidos de las frases. Quizá mañana empiece a hacerlo. Romper en fragmentos sin sentido el hilo consentido de mi pensar. 
Se dice, Sí, sí, lo haré mañana. Ahora debo de quitarme este maldito frío de los pies. No quiero utilizar el agua caliente. Quisiera calentarme los pies con el alma. Eso quisiera. Decir, ¡Alma, caliéntame los pies! Sonreír si ocurriera. En esta noche cuando el invierno de mi aventura está llegando y siento acercarse la Parca que no tiene nada de asombrosa, que no tiene nada de Emperatriz sino que más bien es una pobre que recogiera ramas por el campo para calentarse un poco antes de matar.  Vieja, pobre y con tos perruna. Ahora me recogeré. Me pondré una manta por encima. Intentaré volver a interesarme por algo. Me quedaré dormido tras hacerme una sopa de fideos y queso. Navegaré por mi bienestar. Me sacudiré las penas como el estornudo se deshace del picor en las narices.
Se dice, Soy un payaso. Cómo echo de menos reírme.
 

Teatro

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 03/06/2022 a las 18:18 | Comentarios {2}


Recueil de modes de la cour de France. Arlequin. Dessin de Nicolas Bonnart 1680
Recueil de modes de la cour de France. Arlequin. Dessin de Nicolas Bonnart 1680

M.: Tan azul. Tan azul.
Un rayo ilumina el espacio de blanco
 
M.: Tendré que dejarme la cremallera sin subir. Y mirar hacia lo alto. No mirarle a él. Como si la confianza fuera cuestión de puntos de vista.
 
M. mira al cielo. Un largo espacio de tiempo. Profundo el tiempo.
En la inmovilidad tan sólo sus labios se muevan. Sus labios y su voz.

M.- Será mejor callarse. Si no fuera posible por un destino que no estaba escrito. Si hubiera que hablar. Si hubiera que hablar. Tener imágenes de aeropuertos si hubiera que hablar. Tener en la mente la cara de un hombre desconocido que atraviesa el espacio montado en una pasarela mecánica. Ritmo. Pensar en ritmos. Para no decir nada como nada es el punteo de la bachata. Nada es. Sólo ritmo es. Tan azul. Pensar: Tan azul.

Cambia la luz a tonos cálidos y tomando cuerpo se va
acercando el sonido de un  regato. 

M.: Y al no hablar no morir. No morir por la boca. Subo. He de subir, me digo. No hablar. Subir, subir y que sea la respiración quien lo haga. Que sea ella con su ansia de superación; la respiración sí que aconseja un paso más, que asegura un paso más.  Hacia él. Hacia la mano que tiembla cuando se acerca a la cremallera de mi vestido. Yo miro hacia el cielo y sé que tengo que decir algo porque si todo quedara en silencio, si no hubiera voces que hicieran presente el espacio sonoro la historia se quedaría sin palabras y ya quedó claro en los años 30 del siglo XX que el cine se iba a dejar contaminar por la literatura para acabar convirtiéndose, el cine, en un mero género literario cuando si sólo se hubiera apoyado en la imagen hoy sería un lenguaje en sí mismo que quizá hubiera acabado con la ironía, sí, pero habría implantado la verdad de los ojos.

Profundo silencio.

M.: Algo así. Mientras me sube la cremallera y yo siento en el costado la leve y fría sudoración en sus dedos. Sé que ese hombre se esta convirtiendo en macho y le urge y es la especie quien le llama a cumplir su papelón. Todo lo sé. La manera de aplacar el instinto es la, la civilización, el, el producto, lo, lo muerto, lo, lo elaborado, lo, lo terminado. Si le hablara de procesos no podría evitar tomarlo entero y saciarme. No es eso lo que hoy quiero. Aviones. Templarios. Grandes veleros surcando los Mares del Sur. Un lugar de aire y palmas en la Normandie. Salas de embarque. Arcos de seguridad. El mundo queda abajo. Gin-fis. Será posible hacerlo así. Será posible porque estás viva y has podido expresarlo. Estás viva. No queda más remedio que callar y dejar la cremallera sin subir para que él se acerque y crea que lo revolucionario, por fin, ha comenzado.

Telón 
 

Teatro

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 18/04/2022 a las 17:26 | Comentarios {0}


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