Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

Eran las palabras, las que volvían. La voz tan bien timbrada. Cantaba yo sé que te voy a amar para toda la vida sólo que en portugués. Pensaba y escribía, levemente, fuera del control del argumento, decía, quiero vivir en cada buen momento y reír mi risa y derramar mi llanto así, como la canción (sólo que en portugués), tan lejana en el tiempo, tan cercana mientras leo y una guitarra, Touquinho, me atrapa una tarde más de enero. Una vez más por toda mi vida.
 

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/01/2023 a las 20:31 | Comentarios {0}



Nunca, nunca
No me fui
No me fui nunca
¿Tarde?
Como las risotadas de dos mujeres que se escuchan, estridentes, en el rellano de la escalera
y siempre vuelven aunque sean en las laringes de otras mujeres, así yo nunca me fui
¿Tarde?
Nunca es tarde. La huella que va quedando. Tampoco es tarde.
Ya estoy.
Sólo fueron unos días. Las tormentas, ya sabes, querida, a veces me quedo dormido semanas enteras mecido por ellas; una vez, al volver de tan largo sueño, había encanecido la parte trasera de mi cabeza. Me dijeron, tú sabes cómo corren las habladurías, que ese trastorno en el pigmento capilar había sido debido a un sufrimiento largo y sostenido en el tiempo. Apenas creí. El sufrimiento no es blanco. Como mucho gris, me dije para mis adentros.
Así es que aquí estoy
siempre vuelvo
hasta el último instante
ese que en un día de vino y rosas culminaría con la nota aguda de un violín.
En el ensueño alardeo de pequeñas bacanales en las que la risa y el placer se riegan con jugos de la tierra y con largos y bien hilvanados versos. Conciencia de sí ¿qué más se le puede pedir al existir? 
Se acercan por mi nuevo horizonte nubes oscuras preñadas de transparencias.
Prepararé la cama.
 

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/10/2022 a las 13:29 | Comentarios {0}


Medea de Eugène Delacroix. 1838
Medea de Eugène Delacroix. 1838

Según informan las autoridades nepalíes los hombres son como las montañas: apenas cambian.

El águila, ya por la tarde, ha girado en círculos alrededor de una oveja muerta.

La vecina de un pueblo dejado de la mano de dios, descubre a las siete y media de la tarde a una cantante que la emociona.

Se lamenta la última cifra de muertos (el lamento es por la cifra, no por los muertos). Tanto se lamenta, informan las autoridades locales, que se ha prohibido escribir la cifra y en resolución de la ONU se ha llegado hasta el extremo de hacerla desaparecer de la lista de las cifras. La prohibición entrará en vigor a las cero horas del día de mañana y su aplicación universal.

El águila se revuelve y parece imaginar como si fuera una mujer de mediana edad, profesora en una universidad alejada de cualquier centro de decisión. El águila mira con los ojos de una mujer universitaria. Eso es todo desde la península de Kamchatka.

El tiempo como construcción es cruel, ha informado una obispa anglicana al socaire de un amor imposible. En su declaración añadió: Yo siempre la amé y ella siempre me toreó -como dirían en Spain-. Ahora lloro lentamente y me ducho sin mirarme.

La distancia con respecto al telescopio James Webb es la misma desde Biarritz que desde Laos, asegura un físico de la NASA que prefiere mantenerse en el anonimato.

La guerra se acerca y el baile amaina en las playas de Honolulú.

Buenas noches.

Última hora: Antonio Gamoneda, poeta, duerme. 
 

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/01/2022 a las 19:42 | Comentarios {0}



Desde el silencio de la mañana, siento que se acerca.
Existe también silencio cuando tecleo.
La espera siempre me impacientó. Siento que se acerca.

Tengo junto a mí un grueso cuaderno que me regalaron dos que fueron amigos (las personas transitan por nuestras vidas y la mayoría de ellas acaban desapareciendo. Al escribir el inicio del paréntesis ya me contradigo y de inmediato pienso que no a todas las personas les ocurrirá lo mismo. Probablemente sí en las grandes ciudades de Occidente. Del Oriente poco sé como tampoco conozco mucho el Septentrión o el Austro; quizás en esas regiones las relaciones sean otras; intuyo que en alguna ni siquiera se den relaciones de amistad), vuelvo entonces al cuaderno grueso porque en él hay parte de un diario. En muchos cuadernos suelto durante un tiempo cómputos del tiempo en forma de diarios y luego los abandono y se traspapelan hasta que víctimas por ejemplo de una mudanza vuelven a aparecer y caen de nuevo en mis manos y al releer lo que en ellos se anota, me sorprende que aquel que lo ha escrito sea eso que se dice Yo. Y pienso como el título del libro del maestro yogui Srij Nisargadatta Maharaj, Yo soy eso. Añadiría un adverbio al título para esta ocasión: también, También soy eso; no 'También fui eso' sino el verbo en presente porque al hacerlo así lo que quiero afirmar es la sensación de acumulación, la idea de estratos en la conformación de la persona, sólo que, al igual que en uno de los métodos científicos, el más ortodoxo, esa estratificación no tenga sentido ni finalidad alguna.

Leo Romeo y Julieta.  Veleidoso Romeo. No recordaba sus amores con Rosalina. Julieta tiene trece años, Romeo no más de dieciséis. Lady Capuleto le dice a su hija que cuando tenía su edad ya la había parido. En el Renacimiento la biología aún supera la moral como la realidad del Sol superaba los usos económicos de las horas.

En el paseo de la tarde he visto enfrentados a Casta Diva y a Helios; Helios ya se tumbaba, Casta Diva se desperezaba. Los colores del otoño. Una bruma. Los mugidos de un animal. El comentario de una paisana acerca de los aguacates. Se acerca.
Se acerca
Se acerca

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 11/11/2021 a las 14:18 | Comentarios {0}


Paseo. Es el calor del mundo. El pequeño abrazo del mundo. Una tarde julio. En un año de espera y de ausencia. El paseo, desorientado siempre quizá pensando el bien y haciendo algo parecido -y muy lejano- al pensamiento.
Paseo. Los rostros cubiertos por una tela que recuerda a quirófano y culpa. A veces, cuando me falta el aire, me viene a la mente mi madre y añoro con un dolor lleno de tristeza que nunca nos hayamos querido hasta no podernos ser sin el otro; haber querido a mi madre como dicen que a las madres se las quiere y que mi madre me hubiera querido como dicen que las madres quieren.
Paseo y sé que por algún espacio al que no alcanza mi necesidad de vivir y de ser, todo ha de venir de un lugar en el que el corazón al fin descanse y sienta que vivir es cualquier cosa. También merecer. Paseo y está la tierra seca. Se abre la tierra. Cruje bajo las suelas de mis botas. Mis botas. El paseo. Una muchacha que camina con un short rojo.
Este paseo, esta continuidad de los paisajes. Lo inalterable también. Lo realista también. Las decisiones también. Las no/decisiones también. La idea de esta tarde que es de domingo. El calor que está arrasando fuera. El canto del grillo. La carrera del conejo. La continuidad de los paisajes. Ahora con las mascarillas. En un mundo desconfiado del aire. Donde apenas se puede respirar. Ahí me encuentro con este paseo, este paseo apenas de un instante en las dimensiones eónicas. Allí bajo la encina descansa la piedra. Allí nostalgia del mar. Volver al mar. El verano era la humedad del mar y las siestas tras la playa donde amar era fácil y la tormenta tenía su gracia y el piano, la mano que lleva la música hasta lo más alto. La risa alegre de mi padre, antes de la ira de mi padre; el cuerpo hermoso de mi madre en su madurez. Una mujer hermosa. Los días de la infancia. No haber llegado hasta aquí. No haber llegado con la dicha de la calma (si es que en la dicha la hay. Si es que la calma -budistamente- está cerca del bienestar).
Todos paseamos por esta larga alameda. A veces se cruzan nuestras miradas. A veces se juntan nuestras bocas. También relucen navajas y se tiñe de sangre una tarde de invierno. Paseamos arriba y abajo. Una tarde y otra. Un cruce de miradas, un beso en la boca, una navaja entonces. Paseo y me detengo. He visto en las aguas de un estanque mi rostro reflejado. Hacía mucho que no lo veía. Ya está viejo. Tiene más miedo. Porque ya sé que no hay vuelta atrás. Porque ya sé que la vida es una novela que no se puede corregir. Porque aprietan los días. Mis rostro entonces se aja porque se asusta y piensa como si fuera un grito dado en un gran cañón, ¡No hay vuelta atrás! Ese grito resuena. Un día y otro día. Una tarde y otra tarde. Un paseo y otro paseo. Por la misma alameda cuya única virtud es que a veces parece distinta.
Paseo agreste. Teclas de un piano que al ser pulsadas sugieren el concierto nº 3 de Rachmaninoff. Recuerdos de los paseos nocturnos. Recuerdos de lo que no será nunca. De lo que ya nunca pasará. MI madre me abraza. Mis hermanos me sonríen. Mi padre se siente orgulloso. Baja el telón.
Eunuco de Palacio. Beijing. Siglo XIX
Eunuco de Palacio. Beijing. Siglo XIX

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 26/07/2020 a las 17:46 | Comentarios {2}


1 2 3 4 5 » ... 98






Búsqueda

RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile