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Anatomía de Venus de Jules Talrich (anatomista, escultor y ceroplástico francés) S. XIX
Anatomía de Venus de Jules Talrich (anatomista, escultor y ceroplástico francés) S. XIX
Cada madrugada, al despertarse, ocurre lo mismo: es consciente de que millones de células se le están muriendo. Entonces grita. Da un alarido espantoso. Se sienta en la cama y siente los millones de agonías que a un mismo tiempo se están produciendo en esos límites que se llaman cuerpo. En algunas de esas muertes celulares siente un microdolor que sumado a otros miles de microdolores le supone una sensación ácida en el cuerpo como si se estuviera derramando una gotita de limón en cientos de rasponcillos. Entonces se pregunta por qué sus genes no hicieron con él como con otros seres en los que habitan: hacerle ignorante de sus muertes continuas. Al sentirse raro, se calma. Dice desconocerse. No saberse quién es. Ser imposible de hecho reconocerse en eso que se está muriendo desde que nació, cuyas células primeras ya no están ahí. Y envidia, mientras se pone las zapatillas, a sus verdaderos dueños que tienen la misma composición (excepto mutaciones y aberraciones -que también se dan entre ellos-) desde el mismo puto día en que se concibieron. Y repite el nombre que le puso un día a su creencia: genlatría.  

Cuento

Tags : Ciclos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 05/09/2018 a las 18:38 | {0} Comentarios


Documento 19 de los Archivos Póstumos de Isaac Alexander


Carrión de los Condes
un mes de noviembre de mil y novecientos tantos

Así camina por la meseta castellana Ximena enlutada
dicen, los que la oyen, que sus palabras son negras como alas de cuervo
y los que la han visto explican que viste con formas de garza
Ximena discrepa de su destino
y eso, le ha dicho la vieja trotaconventos, degenera en locura
Ximena responde con un ulular lento y abre los brazos como cigüeña que iniciara el vuelo al África
cuando el invierno llega a lo que aquí llamamos meseta y en otros lugares apodarían páramo
(hay grutas secretas, lombrices de tierra, una mujer gafa se camufla con la arena para no ser apedreada, San Lázaro sería si no fuera hembra; hay larvas de mosca en el intestino abierto de una corza y se palpa en el aire miasmas de cólera)
Ximena camina y sus bajos se enlodan
y clama en la noche por el amor que ama y al que amaría ver con la cabeza cortada
(ida discrepa de su destino y argumenta para sí misma la cabeza cortada del Bautista; la cabeza cortada del Bautista se repite y añade que reclinada en su almohada cada tarde)
Ximena enlutada clama al rey venganza
Ximena enamorada clama a Afrodita desvío de sus ansias
Así sorprende a Ximena el amanecer un día y otro día hasta el fin de los días que la vieron nacer  
 

Cuento

Tags : Escritos de Isaac Alexander Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 09/06/2018 a las 13:36 | {0} Comentarios


Documento 19 de los Archivos Póstumos de Isaac Alexander. Escrito en septiembre de 2015 en la ciudad de Atenas.


Prólogo del Editor
Este breve relato de Isaac Alexander está basado, según me comentó el día antes de morir, en una faceta de la personalidad de un gran amigo suyo y que también lo era mío. Léelo, me dijo y dime después quién es este amigo común.
Nunca pude decírselo.
Éste es el relato. Quizá al final  revele quién es ese amigo común.
 Capítulo I
Ahí está la carnaza. Ahora sólo hay que esperar. Es terrible saber que por mucho que quiera disimular, el hombre culpable acaba dejándose ver. Ahí la ha dejado, casi con temor, encima de la mesa. Espera en una de estas modernas salas de reuniones -que son a la vez cocina e incluso, no sabe por qué lo relaciona, alguna vez pueden hacer las veces del boudoir de Sade e imagina, mientras espera, que dos jóvenes que están contratadas por un sueldo miserable en esa productora progresista, una vez que ha caído la noche y ellas han de terminar un trabajo cuyas horas no les van a pagar, se toman un descanso y tras una mirada intensa, posterior al último bocado de fast food, se hacen una paja sentadas en el banco corrido pero justo en el sitio donde se suele sentar el mandamás- a que aparezca el productor, ese hombre cincuentón de gimnasio, aún joven, con cara de niño -siempre tuvo cara de niño- para que le comunique la decisión que ha tomado acerca de una cuestión laboral que le atañe. No tamborilea en la mesa de madera. Ni fuma un cigarrillo. Ni se coge el periódico del día que como un dinosaurio reposa en papel sobre la mesa. Sencillamente no hace nada. Como mucho imagina la escena lésbica con aires de venganza porque las jóvenes conocen lo melindroso que es su jefe y lo mucho que detesta -teme- los fluidos humanos y más los femeninos.
Lee el título de la carnaza que ha dejado encima de la mesa y le da tiempo a vomitar en el seno del fregadero.

Cuento

Tags : Escritos de Isaac Alexander Terror de ser Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 26/04/2018 a las 17:33 | {0} Comentarios


Fin
Quédamente se quiso quieto. Sonó la siguiente nota en el piano. Tras la pared murmullos. Debía ser un edificio. El edificio en una ciudad. La ciudad en occidente. Fue leve. Una agujita que buscara líquido desparramado por un epitelio. La levedad no le indujo al error. La última vez de todas las cosas, pensaba cada tanto. Por ejemplo: ¿Será la última vez del calor? ¿Será la última vez del beso? o pensamientos de llegar a algún sitio. Por ejemplo: ¿LLegaré a la escarcha?

Quieto se quiso. En la oscuridad. A las notas del piano le siguieron las notas de una trompeta. Algo le alteró la agudeza de esos sonidos aéreos (¿no lo son todos?), su metalicidad. Una risa floja entre el murmullo tras la pared. No, no se iba a dejar así, fácil. Tampoco iba a agotarse en un esfuerzo de hipotálamo por sobrevivir. Abrió un libro de anatomía. Estudió órganos semejantes al suyo. Colores. Pesos. Algo le atrajo del olor de la tarde.

Se quedó quieto. Relajó el abdomen. Pestañeó. Sintió el aire en la punta de la nariz justo antes de ser inspirado. Cruzaron por su mente dos símbolos. Sus últimas palabras -pensadas- fueron: ¡Arte de la fuga, bah!

Cuento

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 21/04/2018 a las 14:38 | {2} Comentarios


Estaba la ventana abierta. Eran los últimos días de calor y a lo lejos se escuchaba a un trompetista tocando 'Round Midnight. Sonreí y agité los cubitos de hielo que enfriaban un whiskey. Respiré con hondura el aire de la noche y la melancolía de la melodía. Recordé. Di un sorbo y sentí el amargor del alcohol bajar por mi gaznate. Chasqueé lo dedos y me dije, Hoy no era tu día de suerte. Dejé la ventana abierta. Apuré el whiskey mientras daba las últimas caladas a un cigarrillo. Escribí esto que estás leyendo y me rajé el cuello. Ahora estoy muerto y sé que aún sonarán las últimas notas del tema que acabó con mi vida alrededor de la medianoche.

Cuento

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 18/10/2017 a las 18:25 | {2} Comentarios


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