Aquel muchacho que fuiste lo serás siempre y bastará con que una persona sea algo detallista para que sepa reconocerte de inmediato en el deje de tu mirada aunque haya pasado cincuenta años sin saber de ti.
¡Ay, muchacho que ahora sales al mundo, yo te deseo que tus padres no sean unos hijos de puta! Te deseo que quienes han de reprimirte lo hagan con toda la dulzura posible y sepan que en ti anida la mirada que ellos te impondrán.
¡Querido mío, indefenso cuando asoma tu cabeza por el coño de tu madre, yo te deseo que esa mujer sepa acunarte y que cuando te asolen las desgracias te quiera y que cuando se produzcan las victorias te quiera y cuando se den esas largas temporadas nada se encuentre a tu lado, serena su mirada, con su mano sobre la tuya!
Porque siempre serás el niño que te hagan. Porque en tu corazón anidarán los miedos que, como improntas, te fijaron en el alma. Y también las fortalezas se mantendrán y te harán sano.
No suelen los padres ser buenas personas porque tampoco sus padres lo fueron y así tú te convertirás, sin poder evitarlo, en un mal hijo y cuando seas padre también harás daño a los tuyos. Esa es la rueda perversa de la vida. Esa es la verdadera herencia.
Es cierto que a veces, muy pocas, se producen mutaciones y tras la represión en los días de la alta infancia cuando estamos sometidos a los inconscientes de nuestros padres y sufrimos sus castigos con un horror inexpresable y esperamos sus caricias como el maná los judíos en su travesía por el desierto; en esos tiempos en los que se conforman nuestros miedos, tan intensos, que los negamos; hay veces, te escribía querido muchacho, que el resultado no es otro ser humano miserable más sino que aparece un hombre admirable, una mente sana que supo convertir su dolor en conocimiento y su conocimiento en bien. A veces pasa, sí a veces pasa.
Pero como ésa es la excepción tan sólo te pido, muchacho mío, que te mantengas alerta y cuando tengas entre tus brazos a tu hija recién nacida seas consciente de que tu única misión, la única realmente vital, es que le hagas el menor daño posible.
Quizás así, un día, el mundo no amanecerá en llamas, la injusticia no campará a su anchas y la violencia sea tan sólo un rescoldo de la Historia de la Humanidad, casi cenizas, humo que desaparece, ignorancia incluso...
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Ensayo poético
Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/07/2025 a las 19:21 |