Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
La escuela mata la creatividad
Ken Robinson ofrece esta conferencia -interesante y divertida de escuchar- en un congreso de gente brillante patrocinado por la marca de coches BMW.
La conferencia de Ken Robinson trata sobre si la escuela promueve la creatividad en los niños y, como indica el título del artículo -que es el título de su conferencia- llega a la conclusión de que no y se pregunta ¿por qué?
Yo desde mi experiencia personal (y quizá desde un sentido un tanto paranoico de la vida -aunque cada vez menos-) pienso que muchas de las decisiones que se toman no son por incapacidad de la sociedad para solucionar un problema sino que son decisiones diseñadas para un fin. En el caso del que escribo considero que las escuelas, en efecto, detestan la creatividad porque la creatividad es algo, en el mejor sentido de la palabra, inútil. Yo amo lo inútil.
¿Qué se hace en las escuelas? Fundamentalmente convertir a gente inútil en gente útil y mal negocio sería para este fin que se dedicaran tantas horas a las matemáticas como a la danza. Este diagnóstico -certero y apasionado del señor Robinson- entronca con el mundo de los ideales (a mi juicio), es decir, hay personas que sienten que el ser humano es potencialmente mucho más de lo que luego resulta ser.
Si el señor Robinson leyera a Juan de Mairena -cosa que quizás haya hecho- se daría cuenta de que ya Antonio Machado -y tantos otros- abogaban por una escuela creativa, fuera del tedioso mundo práctico sólo que -como metáfora de lo que ocurría en realidad- Juan de Mairena es un profesor de gimnasia que da sus clases de filosofía en sus horas libres en el gimnasio (mens sana in corpore sano).
La sociedad no necesita gente creativa (incluso me atrevería a afirmar que no la quiere) -la creatividad para el común de los humanos es un artículo de lujo-, necesita gente bruta, sumisa y trabajadora.
Sí, estoy de acuerdo, la escuela mata la creatividad de los niños porque ésta es su mayor enemiga.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/10/2009 a las 10:06 | Comentarios {0}


Friedrich Schiller escribe este texto teatral. Yo lo veo 211 años después en una situación imposible: el papel del príncipe Carlos lo hace un actor que ha sustituido al anterior a toda prisa hasta el punto en que el actor nuevo lee el texto en el libreto mientras interpreta y todos los demás actores lo hacen sin libreto. La situación me ha recordado al gol que recibió ayer el Liverpool: jugaba contra el Sunderland. Uno de los jugadores tira a portería y en ese momento una pelota de playa que había lanzado un muchacho desde la grada (curiosamente hincha del Liverpool) entra en el área chica justo cuando el balón se dirige a la portería, el balón choca con la pelota, la carambola despista al portero y el balón entra. El arbitro decreta que semejante disparate es gol. Ese único gol le da la victoria al Sunderland.
El Centro Dramático Nacional e imagino que Calixto Bieito, el director del montaje, deciden que la situación de que un actor lea del libreto e interprete ante el público como si no pasara nada es teatro. Yo lo siento como una impostura y una falta de respeto a los actores. No lo puedo admitir (y sólo lo puedo entender por una mera cuestión crematística). He aplaudido al actor que ha tenido que hacer de este modo su papel por su necesidad, por su virtud y por su inmoralidad. He vitoreado a la actriz que interpreta a la princesa de Éboli por su intensidad haciendo teatro del teatro.
Aún no salgo de mi estupefacción ante la función y el gol.
Alguien me diría, Te haces viejo. Yo no contestaría.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 18/10/2009 a las 23:27 | Comentarios {0}


Charles Darwin
Charles Darwin
Preámbulo:
No tengo a mano La Domesticación del Azar de Ian Hacking , libro del que extraje las notas que a continuación transcribo. Las he leído en uno de esos cuadernos que son como un cajón de sastre. Voy escribiendo en ellos todos tipo de cosas y al cabo de los años, al hojearlos, descubro un mundo de referencias cuyo referente, en muchos de los casos, he olvidado.

El determinismo fue subvertido por las leyes del azar.
Declaración completa de Mullido de Hierba (éste es un personaje de mi última novela) ante el Tribunal de los Primeros Ortodoxos.
Cap. 2º: La doctrina de la necesidad.
El azar es una mera apariencia....
1840: los negros locos del norte de América.
Leibniz y la creación del nuevo estado prusiano.
Enfermedad-decesos-bautismos-casamientos= población.
El nuevo tipo de hombre cuya esencia está representada en el papel por miles de números...
Las razones de decidir que sean 12 los hombres que formen un jurado, ¿por qué? Condorcet...
Acerca de la muerte de Condorcet.
En 1840 los periódicos están llenos de clasificaciones de enfermedades por sexo, localidad y ocupación.
1820: La Sociedad de Escocia puede mostrar la ley de las enfermedades entre los 20 y los 70 años.
La lista de cantidades constantes de Babbage.
Las proporciones de sexos en diversas circunstancias.
Kelvin: uno conoce muy poco de cualquier cosa si no puede medirla.
El florecimiento de las lilas belgas según Quetelet.
Lista de Falret de causas que predisponen al suicidio.
Ampliación del silogismo de Esquirol
La Base Experimental de la Filosofía de la Legislación.
1821: Los suicidios en París eran catalogados según sexo, edad y estado civil.
1829: Creación de los Annale de L'Hygiene publique et de Medecine légale, órgano principal para los médicos de alienados, suicidas y dementes criminales.
Guery y sus mapas del crimen y el suicidio premiados por la Academie de Sciences
Guery concibe su trabajo no como una ciencia moral sino como un análisis moral.
Formulario de Guery que los alguaciles franceses debían rellenar en los casos de suicidio.
Interesante personaje el barón de Montyon.
Hechos sin autenticidad, sin detalles, sin control, sin valor.
La Primera Guerra Mundial aporta a la neurología la certeza de que un hombre puede vivir relativamente bien con un trozo de granada dentro de su cabeza.
Broussais y su tema médico.
¿Qué mayoría?
Acerca de las probabilidades de acierto en las sentencias judiciales con jurado.
La ley de los Grandes Números.

Epílogo: Entre medias de estas notas estaba transcrito el poema de Julia Mi juventud y mi vejez.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 16/10/2009 a las 10:48 | Comentarios {1}


Las edades y la muerte (izquierda) La Armonia (derecha) Durero
Las edades y la muerte (izquierda) La Armonia (derecha) Durero
La traducción al castellano de esta película es Wilbur se quiere suicidar dirigida por la danesa Lone Scherfig que también dirigió Italiano para Principiantes. Adscrita en un primer momento al movimiento Dogma de Lars von Trier en Wilbur... se aleja del decálogo y construye una historia de una belleza avasalladora: la irresistible tentación de todo ser humano por suicidarse ante los avatares terribles y decepcionantes de vivir. Vivir es una puta mierda y el milagro es convertir la mierda cuando menos en estiércol. Es una historia llena de dolor y de humor, en souplesse, urdida con agilidad y ligereza. Los personajes se buscan en una maraña de necesidades y ayudas mutuas, en un engranaje de giros, en un encuentro de amores y soledades, en una asunción de responsabilidades y hablan la verdad cuando hay que hablarla y cuando hay que ironizar (en el sentido de decir una cosa queriendo decir otra) se ironiza y tan sólo el silencio nos muestra, sin ningún género de dudas, que la ironía ha sido captada.
Wilburg se quiere suicidar es un canto, una epopeya del hombre moderno, una historia sencilla, una historia humanísima. Mide tan bien las intensidades que nunca llegas a llorar y nunca llegas a reír y siempre estás al borde de ambas expresiones, como Wilburg siempre a punto de morir y sin lograrlo.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/10/2009 a las 14:37 | Comentarios {0}


Una sensación interna lucha. Son dos opuestos claramente opuestos. Uno dice sí. Otro dice no. Maniqueo el ánimo se debate. Hecha cualquiera de las dos opciones (maniqueamente sólo hay dos, sólo encuentro dos. Debería entonces darme cuenta de que algo está fallando. Si no encuentro más alternativas. Si no me digo, bueno no hace falta escribirlo. Ciego me dejo llevar por esos dos únicos sentimientos opuestos y me veo en mitad de un desierto, vestido con un taparrabo. A lo lejos un grupo de hipopótamos chapotean y las leonas corretean por la sabana como si fueran cachorras. Yo salto junto con otros quinientos. Saltamos en círculo al son de unos tambores muy pequeños. Saltamos cada vez más alto y a cada salto nos embriagamos del aire. Algunos empiezan a caer. Otros luchan contra los demás. Algunos desisten y se sientan. Así me veo mientras tecleo y escucho a Touré Kunda en un tema que se llama Sama Dio y discurro sobre las medidas. Sobre la medida de escribir o no escribir, de llamar o no llamar, de declarar o no declarar, de arriesgar o no arriesgar, de preguntarme qué es riesgo y qué no lo es y así blanco y negro, blanco y negro) me queda la misma sensación de insatisfacción, más aún, de error y al pensarlo siento resta, estoy restando en vez de sumar y de nuevo Mani se me aparece y viene, como un rayo, así ha venido, Allan Wats y su Sabiduría de la inseguridad, un libro hermoso que leí en una tarde y que dejó un poso que, malditamente humano, he ido olvidando. Allan Wats, entonces, me diría, si no recuerdo mal, me contaría una paradoja muy hermosa sobre algo que está hinchado o que parece hinchado y luego según la percepción, según la intuición... eso sería otro mundo en el que no me encuentro hoy. Era la medida lo que quería ensayar. Estar muy tranquilo. Claro, me he reído porque jamás en la vida me he sentido tranquilo. Toda la vida decidiendo y tantas... ¿tantas qué?, ¿tantas qué? Aguanta las expresiones graves, aguanta las afirmaciones rotundas. Ya tendrás tiempo en la vejez, a lo mejor, de lanzar verdades como puños arrugados al mundo, verdades que ya no hacen daño porque vienen del lugar más cercano a la muerte, aunque siempre estemos junto a ella, todos, desde el polvo primigenio, pero verdades que no hacen daño porque se lanzan sin fuerza, esa es la maldición de los viejos, como cuando Julia estaba en la Residencia de Ancianos Fermín Vaquero y la trataban como si fuera una puta piltrafa humana y no se daban cuenta de que allí, entre ellos, se encontraba una de las mujeres más sabias del mundo pero estaba vieja y se podía mear encima; estaba vieja y claramente se le iba la cabeza; estaba vieja y no veía; estaba vieja y se iba a morir pronto; estaba vieja y exigía que no la acostaran antes de que el sol hiciera lo propio; estaba vieja y no merecían consideración ninguna de sus peticiones como cuando pidió, rogó, que por Dios, no le lavaran el pelo en la ducha y por la tarde lloraba desconsolada porque la habían obligado y ella intentaba justificar su horror a que le mojaran la cabeza a que cuando era niña, un día, casi se ahoga o eso creyó ella y desde entonces siempre se lavaba la cabeza echándola hacia atrás, en la peluquería, evitando que el agua le cayera en la cara. De esa medida hablo. Saber mirar de frente y medir y al medir saber y al saber actuar con sabiduría aunque ésta fuera insegura y decidir no lavarle la cabeza a una mujer anciana que sabe muy bien porque ruega lo que ruega. En su justa medida.
02___last_song.mp3 02 - Last Song.mp3  (4.42 Mb)

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 29/09/2009 a las 14:34 | Comentarios {0}


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