Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

Mosquita muerta es el pseudónimo que utiliza Pablo Molviedro Ichaso -nodiscípulo aventajado de Isaac Alexander- para lo que él ha titulado Crónicas del presente, una serie de artículos sobre el mundo de hoy (sea lo que sea hoy/mundo/presente/crónica)


Cuerpo. Fotografía de Fernando Loygorri 2015
Cuerpo. Fotografía de Fernando Loygorri 2015
[...] La filosofía era una reflexión sobre la felicidad humana. Pero esta felicidad no procedía de un esforzado empeño teórico que, a través del conocimiento, pudiese trazar las directrices esenciales de un comportamiento político. El conocimiento que podía lanzar sus redes hacia sutiles proyectos de convivencia, como enseñaban algunas de las obras de Platón y Aristóteles, quedaría siempre sometido al distante dominio de la teoría. El sustento de todos los empeños intelectuales era un cuerpo humano, sometido al dolor y a la muerte; pero, al mismo tiempo, henchido de posibilidades, de misterios de organización y sensibilidad. Sumido en plena naturaleza el cuerpo era también en sí mismo naturaleza. Como el aire y el espacio que lo circunda, este cuerpo mortal podía gozar también de momentos perfectos, de floraciones constantes, de infinitas y variadas alegrías. El cuerpo humano, que había llegado a sentir su lugar privilegiado en el mundo, constituía una deliciosa frontera donde el placer hacía consciente la oscura soledad de la carne. En los confines de la naturaleza había surgido, pues, esta redonda posibilidad de inteligencia y gozo. En los entresijos de la piel, en el callado territorio de la propia estructura corporal, yacía el fundamento ineludible, la armonía inequívoca, la serenidad para poder descubrir la hermandad con la naturaleza y con el mundo. Cada latido del cuerpo, cada mirada perdida entre las cosas, cada sonrisa, cada voz que hablase ese lenguaje de la vida, ese ininterrumpido río de solidaridad en cuyas orillas nos ha dejado crecer la naturaleza, para poder sumirnos en ella a nuestro placer, y también para, desde el firme territorio de la sabiduría, poder contemplarla, entenderla y, sobre todo, sentirla, era el reconocimiento de una nueva actitud teórica. Una actitud que, a pesar de todas las dificultades de la mente, de todas las limitaciones del cuerpo, significaba el descubrimiento de verdadero territorio en el que se asienta el hombre y del que arrancan sus más amplias y rigurosas posibilidades [...]
El Epicureísmo (fragmento)
Emilio Lledó

Al cuerpo hemos de volver y renegar de sus pestilencias bíblicas, ésas que marcaron para siempre nuestro encuentro con la carne aquí en occidente; al cuerpo que goza, al cuerpo que encuentra, al cuerpo que es también inmateria y fluido a un mismo tiempo; ese cuerpo que recorre los caminos, que trilla la mies, que besa la boca y alza en brazos; ese cuerpo que mide distancias y maneja los cabellos, el que duerme y sonríe, el que calla y se emociona. ¡A las barricadas de los cuerpos que huelen a cuerpo! ¡Al asalto de los ombligos y las ingles! ¡A por las lenguas! ¡A por los intestinos! ¡A por los páncreas! Para abrazarlos y mirarlos y someterlos a la tiranía de los besos y los océanos.

Sólo gloso lo goloso
del ensayo de Lledó
Firmado
Mosquita muerta

Invitados

Tags : Mosquita muerta Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 29/07/2019 a las 13:14 | {0} Comentarios




Opúsculo muestra saña fiel oropéndola manubrio clavecín clavija sopor redonda clara mano frugal lombriz rellano oscuro caracol sueño lejano arrullo canto balacera colina ola sorgo vela yantar escuela usura muela vándalo alano cornisa talud muérdago manduca senil lunar espuela cáñamo juncal  salud villano rueda simposio estrellato lanza conquista pie esposo lanudo rizoma manumitir espondeo sureño candil salvaje chaqueta volandero saltimbanqui recelo hueso estría esfera candela baño espesa fresno calima polvo recelo mancuerna posidón nomenclatura labriego terror aguja estadio reflejo cornisa retraerse leído reído huida seísmo fluida confín remolino atisbo mamut carencia espalda rampa ermita caniculares cobaya manzana lejanas alba silencio noviembre desnudo albatros cordilleras sarampión malage concierto austero relojes


 
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Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/07/2019 a las 18:01 | {0} Comentarios


Mosquita muerta es el pseudónimo que utiliza Pablo Molviedro Ichaso -nodiscípulo aventajado de Isaac Alexander- para lo que él ha titulado Crónicas del presente, una serie de artículos sobre el mundo de hoy (sea lo que sea hoy/mundo/presente/crónica)


Desde el fuego que en la carretera el viento introduce por las ventanas, siento la mano de la estupidez acariciando con cierta sorna la nuca de la Humanidad.
Sudo y no quiero poner el aire acondicionado. Ensueño en el sopor que arde, el cuerpo de la mujer con la que mantengo una no-relación desde hace ya tantos años y sonrío mientras fuera los que quieren dirigir mi vida y mi pensamiento -como quieren dirigir la vida y el pensamiento de miles de millones de seres humanos y animales y flora y minerales y cielos y aguas y fuegos y tierras y subsuelos y espacios siderales- son una pandilla tosca y simplona con aires de grandeza.
Siempre renuncié a los pastores. No soporto sus cayados ni a sus perros guardianes los quiero y tampoco soporto su grey, sus rebaños -animales sometidos a pasiones idiotas que tan sólo consiguen ennegrecer el cielo y promover infelicidades-.
Prefiero arder en las carreteras.
Prefiero denunciar desde mi tribuna porque la labor intelectual de la denuncia, es decir, la denuncia con argumentos, es tan revolucionaria como los paisanos que se juntaban en las plazas y arrancaban los adoquines para lanzarlos contras las fuerzas que monopolizan la violencia del Estado.
Prefiero observar desde la soledad de la atalaya el puritanismo de izquierdas que me pone los pelos de punta y me genera una nostalgia que no sé dónde puede acabar y leer sus ridículos comentarios de apoyo a lo que se debe apoyar con olvido absoluto de algo que era en sí mismo espíritu, alma de la ideología humanitaria y ecologista: la crítica. La famosa y perdularia autocrítica.
Vacío de contenido, el neocapitalismo liberal nos quiere llenar la mente de cosas, quiere cosificar la existencia porque haciéndolo así lo que hace es despojarla del alma. 
El alma siempre fue el punto de arranque de cualquier cambio -llámese ahora al alma mente si nos sentimos más acorde con la era científica que nos domina-. No me pelearé por una tonta cuestión nominal.
Yo te diría que levantásemos los puños de nuevo. A los puños del alma me refiero y con esos puños en alto desafiáramos a los que quieren convertirnos en cosas.
Te animaría a ti, sí, a ti, a que mañana cuando vayas camino del concesionario de automóviles o a la agencia de viajes para contratar un crucero por las aguas cementerio del mediterráneo, te pararas y razonaras una exaltación mental, un auge de hasta aquí he llegado y aullaras una bonita canción de lobos o emitieras zureos como si fueras una paloma enamorada.
Con el calor que arde. Entre tanta hojarasca y tanta simplonería que llega a ser basta. Agarrado al brazo de tu destino, con un pie sobre el cuello de las Furias, sin espejo delante, sin atender aplausos, sólo en ti, en tu mente, en tu alma, gallardo, orgullosa, mirada al frente, un foulard al viento, el horizonte sin muros, respirar por fin...
Despojarse del terror
Vivir la utopía (ut topos: sin lugar)
Firmado
Mosquita muerta
Mayo del 68. Paris
Mayo del 68. Paris

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Tags : Mosquita muerta Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/07/2019 a las 17:30 | {0} Comentarios


Mosquita muerta es el pseudónimo que utiliza Pablo Molviedro Ichaso -nodiscípulo aventajado de Isaac Alexander- para lo que él ha titulado Crónicas del presente, una serie de artículos sobre el mundo de hoy (sea lo que sea hoy/mundo/presente/crónica)


Marco Tulio Cicerón
Marco Tulio Cicerón

De repente el ultimo julio y en este último julio se me viene a las mientes mi nomaestro Isaac Alexander cuando me miraba tras mis ojos y gritaba, ¡Tienes que hacer añicos tus espadas de Damocles! Luego solía sulfurarse y lanzaba una de sus famosas diatribas, ¿Quién os dijo que hubiera que sufrir por esto o por aquello? ¿Qué puto Dios descendió hasta este canijo extremo del universo para introducir en nuestras mentes la idea de la culpa? Si hubiera un solo Dios que se hubiera permitido semejante debilidad, sería entonces un Dios de tercera regional, un Dios de mierda, un Dios digno de ser sodomizado -sin su consentimiento-por su reverso. No, los dioses nunca se ocuparon de la moral de los hombres; somos nosotros, débiles aún, mentalmente en pañales, los que creamos las condiciones del sufrimiento; sufrir es una opinión sobre la vida y esa opinión viene dada por los patrones de comportamiento que nos inocularon nuestros parientes en nuestra niñez y como nuestros parientes -al igual que la mayoría de nosotros- son unos putos descerebrados, generaron en nosotros nociones tales como sufrimiento, dolor, angustia, culpa, responsabilidad, esfuerzo, remordimiento, arrepentimiento, expiación. ¡Hay que hacer arder en las hogueras del olvido todas esas nociones! ¡Vosotros, los desdichados que generáis nuevos criaturas humanas para que vengan a pasarlo como el culo, al menos dadles la oportunidad de cierta actitud crítica creando improntas dialécticas -y no de ciega obediencia- en sus blandos cerebritos de cachorros listos para pasar un tiempo en el matadero! ¡Vosotros, débiles criaturas que queréis trascender transmitiendo vuestros genes mediante la única manera con las que se os puede engañar (un instante de placer. Tan caro se vende), tenéis la obligación moral de contarle a vuestros vástagos la leyenda de cómo se hizo añicos la espada de Damocles. Y les tendréis que hablar de Damocles y de qué metal estaba forjada la espada que sobre él pendía y qué circunstancias concurrieron para que llegara el día en el que aquel arma quedara convertida en arena de playa o ceniza de muerto o aire del mar. Ahora, también os digo, mis queridos nodiscípulos: sólo podréis inventar vuestra historia si antes os la contáis y os convencéis a vosotros los primeros. Miradme a mí, que me hice la vasectomía al cumplir los quince años, tras haber estado una noche con la bella Clara, a la que le comí el coño hasta tener agujetas en la lengua mientras ella arreciaba sus manos en mi polla y sorbía mi escroto como si fuera horchata. Estábamos en un granero que emanaba olores de heno y mierda de caballo. El coño de Clara olía a primavera y cuando estaba relamiendo sus labios menores se me vino al pensamiento la cabeza de nuestro hijo abriéndose paso por el canal del parto. Un hijo que se gestaría esa noche. Un hijo que vendría a morir y a sentir a lo largo de su vida sus propias espadas de Damocles y entonces queridas mías, mis queridas nodiscípulas, a vosotras especialmente me dirijo, me entró tan grande languidez que abracé a Clara y le rogué que nos estelirizáramos juntos para poder amarnos sin piedad. Ella me dijo si estaba gilipollas, que a qué venía eso, que siguiera comiéndole el coño y que me dejara de chorradas pero yo abandoné el granero -con sus olores de heno, primavera y mierda de caballo- y al día siguiente me fui a un médico al que le gustaba más el dinero que la ética y por un buen precio me hizo la vasectomía sin preguntar.
Hace mucho de aquella nolección. Aún le veo cómo nos miraba. Estábamos en Casa Mingo. Pidió más sidra. Y es hoy, casi treinta años después de aquella noche, cuando empiezo a sentirme preparado para contarme la historia de cómo se hizo añicos la espada de Damocles... y convencerme.
Firmado
Mosquita muerta

Invitados

Tags : Mosquita muerta Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 12/07/2019 a las 16:42 | {0} Comentarios


Quisiera decirte algo pero tiemblo porque me parece que ya no tengo edad. Sigo un camino tortuoso y difícil -difícil para mí, no quiero decir que sea objetivamente difícil-. Y cuando escribo el verbo seguir quiero con ello dejar claro que yo no creo voluntariamente ese camino sino que lo transito como si un dios incomprensible para mí hubiera decidido que éste debía ser y no otro. También querría decirte que no creo en el Yo como un ser individual, con libre albedrío y esas cosas que se fueron incrementando a medida que fueron construyéndose habitaciones individuales para los niños. Y no quiero con esto exculparme de cuantas responsabilidades tenga conmigo mismo y con los demás. No es una forma de justificar lo tortuoso, lo difícil de esta existencia que me vive. Porque esa sería quizás una buena manera de expresarlo: hay una existencia que vive en el cuerpo que habito.
Hoy por ejemplo ha sido un día desolador por la falta de control en la que me he visto desde por la mañana. No ha ocurrido nada definitivo. Tan sólo consistía en saber que mi intención no se correspondía con la de la existencia que me vive. Esa existencia ha querido desde por la mañana desvincularse de mis decisiones y así me he visto jugando horas al ajedrez y perdiendo un problema tras otro. Eso que podría ser algo que se llamara Yo, quería leer El Otro -curiosamente acabo de empezarla, es una obra de Miguel de Unamuno. Me gusta mucho cómo piensa y plasma sus pensamientos en la escritura ese ente llamado Miguel de Unamuno. Recuerdo ahora una idea sobre Antígona verdaderamente brillante y expresada de una forma que me llegaba a emocionar-; la existencia en cambio quería desolarme haciéndome utilizar el tiempo de una forma agonística, casi delirante. Luego ha habido un interregno de paz y cuando estaba haciendo una guía en la Fundación Amyc para catorce mujeres burguesas algunas de ellas muy hermosas, he sentido que existencia y vida se juntaban y todo parecía fluir en algo que podría llamar normalidad. Sólo que ese término en la sensación del vivir que el camino no elegido y que sigo me enseña, es un término anormal. Casi te diría que es extravagante. Pronto ha vuelto una sensación de incomodidad. Ha ocurrido cuando estaba comentando un dibujo de Opisso -el único dibujo conocido en el que se encuentran juntos Carlos Casagemas y Pablo Picasso y que tiene un interés anecdótico que ahora no viene al caso-; al hablar me he escuchado y me he sentido muy lejos de allí y entre el discurso que estaba pronunciando ante las catorce mujeres burguesas he pensado que tenía que volver, que tenía que seguir, que ya quedaba poco, que no lo iba a estropear en ese momento. En el coche, de vuelta a casa, sentía que había un peligro latente en la carretera y al mismo tiempo sabía que no me podía dejar llevar por él, que si me dejaba llevar por él, yo me convertiría en ese peligro, yo sería ese peligro, así es que he aminorado la velocidad, me he colocado en el carril derecho y me he concentrado lo máximo posible en todo lo que me circundaba. Ausencias. Disociaciones lo llamaría un alienista moderno. Los niños gritaban como todas las tardes en el patio de la casa. El perro que vive conmigo me esperaba y aunque llevaba casi dos horas de pie, me lo he llevado al monte. Por él y por mí. Porque sólo caminando y nadando consigo unificar la existencia que me vive y la vida en la que existo. Son los colores de la tarde. Son los cantos de los pájaros y el planeo de las aves rapaces. Es el amigo perro con el que vivo y su rastreo. Es la copa del fresno que siempre se mueve cuando me ve. Es el esfuerzo de la subida constante y en algunos tramos empinada que me obliga a un esfuerzo de respiración que acompaño con la repetición de un mantra. Llega la noche. Estoy en esta casa alquilada de un pueblo de la sierra de Madrid.
El otro día me vino al pensamiento la frase: Me gustaría ver a mi padre. Me gustaría verte papá. Sentarme contigo y preguntarte si tú sabes por qué sigo este camino. Si tú intuiste algo de todo esto cuando enfermé de muerte siendo muy niño. Si hay alguna manera de saber algo a ciencia cierta. Me gustaría preguntarte por qué he elegido la ausencia, por qué ya no me atrevo a encontrarme con nadie y todo es desde lejos como si no existiera la materia. Me gustaría mirarte, papá, porque tú me querías y yo te quería y mirar tus manos delicadas, unas manos dignas de Giacomo Casanova o de algún otro truhán del último tercio del XVIII francés. Mirarte, papá. Hablar un rato y que calmaras esta existencia que me vive y consiguieras, a ser posible, que me dejara vivir en paz aunque sólo fuera un rato.
Te quiere tu hijo Fernando

Diario

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 10/07/2019 a las 01:37 | {2} Comentarios


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