Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

No desfallecer. Ir al vacío. Ahí está la respuesta. Mirar los libros. No abrirlos. Contemplar. Sabes. Quedarse dentro del agujero. Reivindicarse la existencia, las horas pasadas a solas con los libros. Haber navegado por ellos como la tarde navega por el paisaje enfermizo de un jardín en el convento de las monjas. Haber sido monja. Haber cruzado el Danubio en el siglo XIII. Visitar a Magherite Porete. Haber llorado como Julian Sorel. Esos lugares. Los cosmos. Las ideas sobre ese espacio inmenso y hueco, Una pelota en una cueva. Un cordón como serpiente. La suerte de haber llegado el primero. Haberse quedado solo. Prepararse para la buena muerte. No la que te mata sino la que te muere. No desfallecer. Ni ante el sarcasmo del buen amigo. No hay autoridad que te sorprenda. Sabes que los poemas de Catulo no son su biografía. Eso lo sabes. Lo aprecias en lo que vale. En esa labor has de seguir. Hasta el último aliento. Por el puro placer. Mañana -si no esta misma noche- volverás a Foucault o a Graves. La noche. Sí, la noche. Eso has de seguir haciendo. Mover los dedos. Hacer digitaciones. Vigilar la espuma de la orina. Manejar con destreza la excitación que te ha producido esta tarde el recuerdo de un culo amado. Limpiarse. Mirarse. Cortarse las uñas de los pies. Ir erguido por el valle. No desviar la mirada. Eso has de hacer. También mañana. Aún con el sol. Por mucho que sea verano. 
 

Ensayo poético

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 01/07/2025 a las 21:39 | Comentarios {0}



Estaba la esquina. El tránsito. Sólo consistía en torcer y encarar una calle nueva. Estaba la tarde que se iba haciendo vieja. También había una bandada de estorninos y un plumín de acero en el suelo. Lo miraba todo y no miraba nada. Tampoco le parecía una gran decisión torcer la esquina y encarar la calle. Era como la venas que no duelen.

Habían pasado muchos años y las secuelas seguían ahí, dando por culo. El tránsito se había hecho. La madurez se había consumado. Los textos lo decían. Las lecturas se apilaban. Seguía disfrutando con una cerveza fría y con el olor que el calor deja al anochecer en una ciudad llena de asfalto en lo alto de una meseta que no llega a ser altiplano.

La mirada se iría encorvando. La meditación no se haría mecánica. Le asaltarían cada vez pensamientos inesperados y debería desecharlos como se ha de hacer también cuando cualquier tipo de amor se ha consumido. Juntaría las manos. Sentiría un ligero escalofrío en el lado izquierdo del rostro y la emoción del tiempo quedaría marcada en su piel.

Ya no se volvería loco. Llamaría a alguien para decirle una verdad amable, de esas verdades que surgen cuando pasa el tiempo y parece éste un analgésico que mitiga tantos dolores que permite decir esa verdad, Te he echado de menos, ¡Qué tontería fue! Ya ni me acuerdo.

Al fin quedará el silencio. Una lluvia a destiempo. Un abrazo largo. La mirada que se fijó en un estante. Los huesos fuertes. La miel por la garganta. Unos labios que le recordaron a otros labios. La figura que se aleja. La reverberación del aire. El tiempo de la canícula cuando el calor vuelve locos a los perros y éstos aúllan tanto que hay que acudir a los cementerios para que se callen.

No hay más. La noción quizá. Esa espera que se alarga y es mansa. No, no hay más. No quiere ocultarlo. No va a ocultarlo. Aprendió que los dolores hay que sacarlos y luchar con ellos a brazo partido para alcanzarlos y abrazarlos y condolerse porque duelan tanto. No hay más. Una sustancia. Una queja. Una mano. O una pisada en los guijarros.
 

Ensayo poético

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 26/06/2025 a las 18:50 | Comentarios {0}


Me declaro libertino (en el sentido que a esta palabra se le daba en el siglo XVIII, es decir, en moderna terminología: librepensador). La reflexiones que voy a ir plasmando a lo largo de las próximas semanas tienen un carácter provisorio y se acogen a una de las características de uno de los métodos científicos: estas reflexiones son falsables. Incluso yo mismo, a lo largo de este periodo que hoy se inicia, podré mostrar la falsabilidad de algunas de ellas.
Estas reflexiones no pertenecen a ningún heterónimo. De cada una de las palabras que escriba en este libro el único responsable soy yo: Fernando García-Loygorri Gazapo. Por supuesto que cuando utilice citas facilitaré el nombre del autor y el título del libro o fuente de donde las haya sacado.


La hora exquisita. Gilbert Garcin
La hora exquisita. Gilbert Garcin

173.- Dios no existe.

174.- El terror de las mujeres a la oscuridad existe. El terror de los hombres a la oscuridad existe. El terror de los niños a la noche existe. El terror de muchas niñas a su primera sangre existe.

175.- No hay vírgenes que gesten. No hace falta ni dioses ni vírgenes para vivir con nuestro terror a morir.

176.- Tan sólo a la muerte podríamos compararla con la idea de diosa.

177.- Dios es un aborto de las ideas humanas.

178.- El gran horror de la humanidad es la idea de Idea.

179.- Como heroína de la idea de dioses surge la Autoconciencia. Tan sólo por ella -especie de malformación de Prometeo- surge la noción de un ser que rige desde la indiferencia los destinos de todos los universos posibles

180.- La más leve partícula de dolor rasga el sentido de la creación de arriba abajo. (Georg Büchner)

181.- ¿Te imaginas lo que sería un vacío sin Dios? Es como si Inglaterra jugara contra Brasil en el estadio de Wembley sin un solo espectador presente. ¿Te imaginas? Jugando ante un estadio totalmente vacío. El match del siglo. Silencio absoluto. Ni un alma mirando. Absoluto silencio. Aparte del silbato del árbitro y una buena dosis de joder y simular. Si te apartas de Dios, quiere decir que el grande y noble juego llamado fútbol caerá en un desuso permanente... (Harold Pinter. Ashes to ashes).

182.- Porque dios no existe acepto la realidad. Porque la diosa no existe acepto la realidad. Porque los héroes no existen... porque no existen...
 

Ensayo poético

Tags : Reflexiones para antes de morir Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 10/06/2025 a las 17:29 | Comentarios {0}



Me entrego. Porque existe lo mudable. Porque carezco de ausencias. Las noches fueron largas desde entonces. Caí en una fosa que tenía algo de materia y mucho de vacío. Me aterraba mi alma. Me aterraba la salvación. Quería ir a las simas. Quería despertarme muerto. Ahora sé que el día ha vuelto y que la única manera de respeto es renunciar a ti. Porque ya no eres ni pez pequeño ni agüita salada ni naricita de azúcar. Ya no te sé. Anduvimos juntos un trecho. Yo te llevaba de la mano tan sólo porque tenía más años y temía que te hicieras daño. Me gustó contarte cuentos. Me gustó inventar personajes para ti. Me gustó escucharte. Me gustó cantarte aquella vez que tuviste tanta fiebre y mi canto logró que entraras en el sueño como si éste fuera paraíso y silencio.
Me entrego. Hoy no es hace veinte años y nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Quiero contarte un último secreto: antes de entregarme tuve un acceso de ira; fue ayer, cuatro de junio; luché contra esta renuncia, clamé al cielo por lo injusto hasta que un ángel me atizó en el lomo y me dijo con voz tronante mitad caballo mitad mujer, ¡Vamos, levanta! ¡Mueve el culo hacia otra parte! No es cuestión de olvido, es respeto por ti mismo. ¡Calla ya! No más lamentos. ¿No ves, pedazo de animal, que el cielo está cambiando y hay en el firmamento unos cuantos millones de estrellas que desconoces? ¿A qué fijarte en un agujero negro? Aparta la vista de la crueldad y siente en tu rostro los primeros rayos del sol en un planeta nuevo.
Adiós. Hace sol. Juntaré los pedazos de mi corazón. Adiós. Adiós.
 

Ensayo poético

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 05/06/2025 a las 19:19 | Comentarios {0}



A ti, pequeño pez; agüita salada. A lo mejor nunca te dije. A lo mejor no supe mirarte a los ojos con la dulzura propia de un buen padre y con la misma haberte tomado las manos una noche en las que las tenías frías; pececillo, vieja aurora, anhelo mío con cuánto empeño he fracasado; me he empeñado tanto que he triunfado y ahora me veo en lo alto del mundo sintiendo en el aire el infierno. Perdóname. No supe. Caminé como si el camino me fuera a regalar florecitas, sencillas margaritas, la flor de la manzanilla o unas amables violetas. No sé si sabes que fui muy dichoso y aún hoy, en algunos momentos, siento que todo lo vivido fue bien aprovechado, que esta escasez final es un regalo que no sé valorar. También en la valoración de los presentes he fracasado. Impostor el fracaso. Impostor su opuesto. ¡Qué cierto! Tanto como el dolor que siento cuando cambia el tiempo y mi cadera me dice  que hasta ahí ha llegado. Naricita de azúcar, no voy a narrarte desdichas ni quiero, de veras te lo digo, que este fracaso te suene a derrota porque es un fracaso de hoy, es una sensación de pesar que tiene como tiempo la tempestad y como futuro la calma. Porque al final he de morir y todo quedará quieto como tu alma en mi pecho, como tu voz en mi oído, como tu ser en mi ser, como tu aliento en mi canto.
Ahora debo volver a mirar las películas que me gustan; los versos que me aprendí quiero volverlos a leer y también cantar, cantar alto, cantar fuerte, rota la voz si quieres, pero con el alma toda puesta en ella; debo cantar loas a la percepción; debo cantar escalas que suban hasta ese ángel que quedó un escalón por debajo de dios para que lo juzgue por mí y lo condene por no haber inventado volver atrás y crear de nuevo una tarde en la que no viniste pero que en esta nueva creación si vienes y hablamos y tú me cuentas y yo te cuento y nos animamos en nuestras desdichas y nos alegramos con nuestros hallazgos y miramos juntos lo que la otra vez no miramos y sé de ti y sabes de mí y te gusta nuestra casa y acaricias como solías a nuestro perro que te mira arrobado como la primera vez que te vio.
Buenas noches. Fuera llueve. Tengo roto el corazón.
 

Ensayo poético

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/06/2025 a las 00:10 | Comentarios {0}


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