Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
Esta semana he respirado. Respirar me ha costado no poder acudir con regularidad a este encuentro con el mundo. Respirar es levantarme a las ocho de la mañana, desayunar tranquilo mientras el olor de la primavera -respirado- entra a mis pulmones, ducharme luego, lavarme los dientes, vestirme tranquilo y salir a la calle Mayor de la ciudad de Madrid cuando los comercios reciben sus mercaderías, las personas acuden a sus puestos de trabajo, los transportes, pasada ya la hora punta, funcionan más desahogados. Respirar es llegar a mi estación de destino, caminar tranquilo hasta mi oficina y pasarme allí siete horas trabajando en un trabajo amable, sin tensiones, sin presiones, con un intermedio de dos horas que aprovecho para ir a comer a casa de mi amiga Pilar -ha querido el azar que la oficina esté muy cerca de su casa- y por fin hacia las siete volver a esta calle Mayor, llegar cansado, respirado, eso que se decía de "con el deber cumplido". Respiro desconectado. Me meto en la cama y me quedo dormido.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 09/05/2009 a las 11:46 | Comentarios {0}


Sí a la risa. El sol ha vuelto a la ciudad. Me levanto, escribo, acudo a las entrevistas. Voy perdiendo la vergüenza, poco a poco. El mundo me ofrece confianza. El mundo me ofrece confianza, lo vuelvo a escribir. Llegará el día en que todo esto habrá pasado y sé que lo recordaré como una época impresionante. Escuchaba ayer en la radio a un muchacho de 18 años que a los quince decidió irse a recorrer el mundo. Lo curioso del muchacho es que estaba en silla de ruedas desde los ocho años. Contaba que su padre le ayudó a aprender a viajar a los catorce y al año siguiente se fue solo, con una mochila, en su silla de ruedas y sin un duro (o euro). La narración que el muchacho hacía de su experiencia era reveladora. Su experiencia le había llevado a descubrir que sólo merece la pena vivir si se hace lo que a uno le gusta. Todo lo demás no importa. Todo lo demás se supera y así él contaba el día que estuvo a punto de ahogarse en el océano Pacífico o aquel otro en que, en mitad de Tailandia, le sorprendió un huracán o como se las arreglaba para viajar sin dinero y él, a esta última pregunta siempre respondía, En verdad (acudía mucho a esta locución adverbial) el dinero no sirve para nada. Y esta aserción tan absoluta, tan -aparentemente- discutible me llevó a recordar la historia de un hombre que por dinero arruinó su vida.
Acaba abril y ayer volví a Prado del Rey, a Radio Nacional de España. Volví a entrar en la vieja redacción de Radio 3 y me entrevisté con Lara, la directora de programas. Mientras hablaba con ella miraba por la ventana y recordaba un día parecido a éste, hace diecinueve años, justo antes de entrar en el estudio cuando caminaba por los pasillos y me aclaraba la voz. Y luego durante dos horas, de siete a nueve de la mañana, hacíamos Tato Puerto y yo el programa despertador. Hacía lo que me gustaba como hoy lo hago, diecinueve años después: fumo un cigarrillo, escucho música de jazz y escribo.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 29/04/2009 a las 12:20 | Comentarios {0}


Fragmentos
Fragmentos
El asfalto gris claro. El tejado gris claro. Los muros se calientan. La antigua plaza con sus frescos vistos. El arco del suroeste, en la cara de la Carnicería de la Plaza Mayor llamada así porque era donde estaban antiguamente los carniceros y los cuchilleros -de ahí el nombre de Arco de Cuchilleros-, con el fondo de la iglesia de San Isidro -también gris- en la calle que llevaba a Toledo.

Los rostros variopintos. Los rostros de las vidas. Rostros como agujas de reloj tras la esfera de cristal. Rostros venidos de lejanos países. Rostros que me llevan en muchas ocasiones a embarcaciones inestables en alta mar. Los migrantes son los héroes actuales. Para mí, para mi sentimiento. Me gusta el término migrantes (lo he leído en los carteles de propaganda electoral para las elecciones ecuatorianas), más que emigrantes, porque migrante es que migra como algunas aves, como algunas mariposas, por ejemplo las Uranias Ripheus, unas extrañas mariposas que tuvieron como familia un destino fatal. Nunca se supo por qué las Uranias en su migración para desovar (un viaje de miles de kilómetros) se adentraban en el océano Pacífico y allí, en mitad del océano iban cayendo, agotadas, hasta casi desaparecer.

La esquina de la calle Calatrava donde fui feliz.

Un encuentro con personas con las que hablas, a las que miras. Un encuentro largo. Un encuentro suave. Hay algo de lo que puedes hablar.

La tarde va cayendo. Camino por la calle Toledo, luego por la calle Colegiata, llego hasta la plaza de Tirso de Molina, la atravieso, me encuentro con la calle de los Cañizares, nunca había estado en esa calle pequeña con un fondo de iglesia, camino por ella, llego hasta la calle Atocha y giro a la izquierda para bajar por la calle Huertas. Me siento en un banco. Me fumo un cigarrillo. Entro en El Diario y empieza la noche con Andrés.

La mirada. La conversación. Hermosa y divertida. Como si nos hubiéramos visto ayer por última vez en esa situación (cuando hace quizá más de diez años que no se producía). Y las cervezas y la borrachera. Y la mirada de Andrés.

En mitad de la madrugada sin apenas ver donde apoyo el bastón, dando eses en la plaza del Ángel (hay un ángel guardián de los borrachines) hasta que caigo y salen volando mi cartera y mi bastón. Entre la nebulosa me ayudan cuatro jóvenes a levantarme. Atravieso, solitaria, la Plaza Mayor y por fin me veo en la cama. Todo me da vueltas, es cierto, y me siento, mientras me duermo, sereno.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 25/04/2009 a las 14:45 | Comentarios {0}


Leonardo da Vinci, El Corazón.
Leonardo da Vinci, El Corazón.
Ayer me levanté tarde (pensé, Tengo que volver a escribir ensayitos sobre los temas más dispares en la página, demasiado diario. Luego me dice otra conciencia, Escribe lo que tengas que escribir, esa es tu libertad y la de los lectores será seguir leyéndote o dejarte una temporada). La noche anterior Pedro y yo estuvimos de conversa hasta altas horas de la madrugada. Violeta dormía en casa de su prima Paula. La vida en Madrid seguía siendo amable. Hacia las dos me fui a comer a casa de mi madre.

Estuvimos Violeta y yo en el cine Capitol, en la calle Gran Vía y luego vinimos caminando hasta la calle Mayor, nuestra nueva casa. Ella estuvo a gusto. Quizá fue en ese momento, cuando la veía meterse en su cama, arroparse y quedar dormida cuando me vino a la cabeza la pregunta y su respuesta. Pero fue muy rápido, no permaneció ninguna en mi cabeza. Seguí con la rutina del día. Dormí a pierna suelta hasta la mañana del domingo sin que ni la pregunta ni la respuesta acudieran de nuevo a mí, sin recordarlas siquiera. Nos vino a buscar Tito y nos fuimos con él, Pilar y Candela a pasear por la plaza de Oriente y luego tomamos un aperitivo por las viejas calles de la ciudad y comimos en su casa y Violeta hizo sus ejercicios y luego la llevé a casa de su madre en el coche. Entonces quedé con un amigo al que no veía hace mucho tiempo y hablamos y mientras hablábamos la pregunta y su respuesta de la noche anterior volvieron a acudir pero esta vez de una forma clara y persistente.

Yo podía hablar de otras cosas y fue de hecho lo que hice pero mi cabeza y mi hígado estaban en otro sitio, estaban en esa pregunta y en esa respuesta que eran, ambas, concisas y verdaderas sólo que me producían -por esas mismas cualidades- un grado de perplejidad increíble como si me hubiera despertado de un sueño muy real, como si las razones de los seres humanos me hubieran cogido siendo mapache y una vez vuelto a mi condición humana se me hubiera esclarecido -y de ahí la perplejidad- una cuestión a la que paradójicamente yo daba la respuesta correcta con argumentos equivocados (incluso contrarios a la propia respuesta).

Me acosté la noche del domingo con esa desazón en el alma. Con la sensación de ser un ingenuo. Y así el fin de semana me trajo las evidencias de que tengo una relación preciosa con mi hija y de que soy, en el buen sentido de la palabra, un hombre bueno.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/04/2009 a las 12:27 | Comentarios {0}


Siento el impulso de algo que no alcanzo. Pasan los días demasiado rápido. No me da el tiempo. Todo son sensaciones. Yo quisiera encajar la vida y abrazarla. Quisiera ser discreto, emocionante y comedido. O como Leonard Cohen tan lleno siempre de buenas intenciones y realismo sucio. Siento los impulsos. Siento la sangre palpitar. Intento concentrarme en la confianza, en el desapego y la continencia mental. Mesura. Pero aún no me da el tiempo. Es como si quisiera llegar a la meta. Y eso es un error. Eso es un gran error. Sobre todo porque la carrera no ha hecho más que empezar. Ahora ya es la noche y voy a fumarme un último cigarrillo antes de irme a la cama. Mi pequeña cama, en mi acogedora habitación. En el centro de Madrid, en el Madrid de los Austrias, con su aspecto de pueblón castellano, de la Castilla ardiente. El agua a un lado. Violeta cuando era niña con el pelo corto y los ojos grandes al otro lado. La cama tras de mí. De frente una pared blanca.

Hoy me he cortado los dedos con los excrementos secos de una paloma. El corazón y el índice izquierdos. Sobre todo el corazón. Estaba pegado al cristal de la ventana trasera del coche. Es el material más sorprendente con el que me he cortado jamás. No voy a buscar una analogía con los días que vivo porque no es mi intención. Es un hecho real tan absurdo en sí mismo que se explica sin más.

Un día de abril.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 14/04/2009 a las 00:21 | Comentarios {0}


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