Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
312.- La brutalidad del poder me encoge el corazón.

313.- No la brutalidad del bruto, es la del hombre la que me encoge el corazón.

314.- Son ya tantos los días en la isla que apenas puedo soportar las formas de una mujer.

315.- Porque la exaltación de lo bello es una cuestión estética.

316.- Estética (Katya Mandoki): Estesis es la receptividad, lo abierto al entorno, lo sentiente o sensorial a cualquier escala. No sólo Beethoven y Rembrandt tienen sensibilidad; también la tienen las bacterias y las libélulas (de su libro El indispensable exceso de la estética).

317.-  También: ver una cola de pavo real me enferma (Charles Darwin). Y no era para menos: esa esplendorosa cola de pavo real echaba por tierra el principio explicativo de la evolución por mutación azarosa y selección natural planteado en El origen de las especies. (Katya Mandoki)

318.- Entonces para poder explicar el motivo de la anti-evolutiva magnificencia de la cola del pavo real escribió un tomo mucho más amplio que el de El origen... y que se llamó El origen del hombre y La selección en relación con el sexo. (Katya Mandoki)

319.- Porque las formas de una mujer en mi aislamiento (en mi ser isla) son símbolo estético de la consagración de la vida.

320.- Estamos aislados porque el poder entiende que debemos dejar un tiempo que la muerte y la enfermedad campen por nuestros dominios.

321.- El abrazo, el beso, la boca, el aliento, la saliva, el flujo, el semen, las lágrimas, las manos, su torso y mi torso -me viene una extraña relación mítica entre la palabra torso y la palabras toros que se diferencian tan sólo en la posición de la s-.

322.- La evolución se produce porque la hembra elige al macho más bello.

323.- En muchos momentos cuando escucho al profesor Enrique Dussel impartir sus clases de Estética de la liberación, me parece estar escuchando a un viejo rapsoda que entonara sus Cantos.
Los aforismos que van desde el nº 312 al nº 323
-y que se compendian bajo el título de Aforismos (31)-,
son todos responsabilidad del director y autor de esta revista excepto los que
llevan el nombre de Katya Mandoki y Charles Darwin.
 
Estética: el canario da mata saluda al sol
Estética: el canario da mata saluda al sol

Ensayo

Tags : Aforismos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 24/05/2020 a las 16:24 | {0} Comentarios


Sin ti muslo. Versión de Loygorri. 2020 (en base a una foto previa de autor anónimo)
Sin ti muslo. Versión de Loygorri. 2020 (en base a una foto previa de autor anónimo)
Cuando se sube con miedo es más fácil caerse. Eso fue lo que le dije. No tenía dobles intenciones conscientes. Según algunas escuelas de la mente las intenciones ocultas, por su propia naturaleza, nunca se conocen. Él me miró de una manera agresiva. Cambió su mirada. Hasta ese momento todo había ido bien. Le había invitado a venir a mi casa a tomarnos un whisky o un ron y luego si nos apetecía podríamos enrollarnos. Un plan perfecto para un sábado por la tarde. Es cierto que no le conocía. ¿A quién se conoce hoy mucho? Sólo que nos había hecho gracia cómo nos conocimos porque había sido como de telefilme de domingo: un supermercado, el último paquete de papel higiénico, las dos manos que se lanzan al mismo tiempo a por él, la educada cortesía de no, cógelo tú, ¿seguro?, sí, seguro, a mí aún me quedan un par de rollos; el típico juego de palabras, ¡qué rollo lo de los rollos! y una solución de compromiso, Mira, hacemos una cosa: lo compro yo y al salir te paso la mitad. Le pareció bien. Rió con ganas y dijo, ¡Joder con la epidemia de la mierda! Y claro, la epidemia, la mierda, los rollos de papel higiénico, nos volvieron a hacer reír. Así es que al salir me preguntó si cuando acabara esto me gustaría tomar una cerveza y yo le respondí que si podía ser algo más fuerte, mejor. Nos dimos los teléfonos y pasaron cincuenta y cinco días sin vernos. Mantuvimos encendida esa pequeña llama de nuestro primer encuentro con algunos mensajes escritos y un par de veces quedamos para hacer la compra. Me gustaba que se mantuviera cauto, que sintiera que teníamos el mismo ritmo. No había prisas. No había urgencias. Éramos adultos que habían pasado los cuarenta. Así es que, según se dice, ya empezábamos a volver. ¿A dónde? No lo sé. Al origen quizá. Al agujero negro. A la nada. Al nacer/morir. Tenía la impresión de que él, como yo y tantos, había sentido a Tánatos tan cerca que su contrapunto, Eros, tenía que ejercer su impulso. Acostarme con él. Acostarse él conmigo iba a ser una celebración. Porque no hay órganos más nobles en los seres vivos que los órganos sexuales y por lo tanto nada más noble que un acto sexual para celebrar la vida. Fui yo quien le propuso que fuera este sábado nuestro encuentro. Él aceptó y me dijo que si quedábamos en mi casa, él se encargaba de las bebidas. A los dos nos gusta el whisky. Llegó a las ocho cuando el sol ya iniciaba su descenso. No nos besamos. No sabíamos si podíamos besarnos. Le propuse que saliéramos a la terraza y me pareció correcto empezar por una cerveza pero él me dijo que no, que quería whisky directamente. Sonreí con una sonrisa que fue acompañada en mi cerebro con un aviso de desconfianza. No sé por qué. Debe de ser una cuestión de educación. Cosas aprendidas hace mucho que cuando no se cumplen resuenan en el neocórtex y generan un pequeño cortocircuito que se solventa con la sonrisa a la que he hecho mención. Traje hielo y comenzamos una conversación sin demasiado interés que derivó en la frase con la que he empezado este relato. La pronuncié cuando ya había venido la noche. Había refrescado. Yo me había enfriado y tenía ganas de que se fuera. Él lo notó. Esbozó una disculpa. Dijo que era tarde. Me agradeció la invitación. Se levantó para marcharse y se fue. Cuando se hubo marchado lo limpié todo con hidroalcohol. Metí el vaso en el que había bebido en la lavavajillas. La puse a alta temperatura. Borré su número de teléfono. Cuando me metí en la cama sentí como si me hubiera librado de un gran peligro y supe que nunca, jamás, sabría si en realidad lo corrí.

Narrativa

Tags : Apuntes Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 20/05/2020 a las 22:38 | {0} Comentarios


Petite digression lo publica François-Marie Arouet -Voltaire- en el Filósofo ignorante en diciembre de 1766.

Pasa el tiempo, las actitudes se mantienen.

Sigo la traducción de Marta Salís excepto un par de matizaciones.


Voltaire sedente. Jean Antoine Houdon. 1781
Voltaire sedente. Jean Antoine Houdon. 1781
En los inicios de la fundación de los Trescientos*, se sabe que todos eran iguales, y que los asuntos menores se decidían por mayoría de votos. Distinguían perfectamente con el tacto la moneda de cobre de la de plata; ninguno confundía nunca el vino de Brie con el vino de Borgoña. Su olfato era más fino que el de sus vecinos que tenían dos ojos. Interpretaban perfectamente los cuatro sentidos, es decir, sabían cuanto está permitido saber de ellos; y vivieron todo lo tranquilos y felices que pueden ser los ciegos. Por desgracia, uno de sus profesores pretendió tener nociones claras sobre el sentido de la vista; consiguió que lo escucharan, intrigó, se hizo con un grupo de entusiastas y acabó reconocido como jefe de la comunidad. Empezó entonces a opinar con autoridad sobre los colores y todo se estropeó.
Este primer dictador de los Trescientos creó enseguida un pequeño consejo que le convirtió en el dueño de todas las limosnas. Por ese motivo nadie se atrevió a desafiarlo. Decidió que toda la ropa de los Trescientos era blanca; los ciegos le creyeron; sólo hablaban de su bonita ropa blanca, aunque ninguno vistiera ese color. Todo el mundo se burló de ellos; fueron a quejarse al dictador el cual los recibió de mala manera; los trató de innovadores, de descreídos, de rebeldes que se dejaban seducir por las opiniones erróneas de los que tenían ojos y como consecuencia osaban dudar de su infalibilidad. Esta disputa creó dos bandos. El dictador, para apaciguarlos, decretó que toda su ropa era roja. Ninguno de los Trescientos vestía de rojo. Se burlaron de ellos más que nunca. Se alzaron nuevas quejas por parte de la comunidad. El dictador se enfureció, los demás ciegos también. Discutieron mucho tiempo y no se restableció la concordia hasta que permitieron a todos los ciegos dejar de juzgar sobre el color de sus ropas.
Un sordo, al leer esta pequeña historia, reconoció que los ciegos habían cometido un error al querer juzgar los colores; pero se mantuvo firme en la opinión de que sólo les corresponde a los sordos juzgar la música.

* Los Trescientos -traducción de Les Quinze-Vingts- es un hospicio parisino fundado por el rey San Luis XI  en 1260 en el que vivían asilados trecientos ciegos gracias a las limosnas.

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 18/05/2020 a las 17:04 | {0} Comentarios


Altar de Zeus de Pérgamo. Fragmento de la Gigantomaquia. Sigo II a. C.
Altar de Zeus de Pérgamo. Fragmento de la Gigantomaquia. Sigo II a. C.
14 h. 42m.
Dedicada a la contemplación, ya no sé moverme entre los sátiros. Me asalta a cada rato un ansia de tomar un viejo Kalashnikov y empezar a disparar contra todo lo que se menee; un ansia tal me da tanto asco que quiero salir de mí, quiero ser otra, llamarme de otro modo, vivir en otra época, en la ciudad de Pérgamo cuando aquella ciudad era envidia de romanos; ser oriunda del Asia Menor entonces, ser escultora en el taller de un varón que desconoce que soy mujer; ser una manceba que aún no ha desarrollado sus caracteres sexuales primarios y que se oprime con vendas los pechos antes de salir a la calle; ser, ya digo, antigua, movediza, ocultarme, vivir sola en aquella ciudad magnífica donde reina Átalo I Sóter -el salvador- el vencedor contra los gálatas, los que más tarde -en su peregrinación hacia el Oeste- se convertirán en los galos y en los celtas. O ser celta. Estoy montada en un caballo. He sido raptada cual sabina para dar hijos a los gálatas que de tan diezmados tras sus guerras contra Átalo I, se quedaron sin mujeres a las que fecundar. A mí me fecundará un gálata. Pariré siete hijas y doce hijos. De todos ellos tan sólo sobrevivirán tres niñas y un varón el cual se convertirá con el paso de los años en uno de los más respetados druidas de la Antigüedad. O ser patricia romana, una Cordelia madre de Gracos que con mi dignidad y mis riquezas haré de mí un símbolo de lo que una mujer romana debe ser. Ser símbolo entonces. Ser taza de plata, cáliz donde libar sangre de vino, icono ortodoxo, pantocrátor quizá, o rueda hindú; o ser árbol místico como la higuera o ser planta embriagadora como el cáñamo y quedarme dormida entre mis propios brazos, a salvo de mí, de mi ira y de cierto rencor que asoma por donde menos me lo espero en forma de Kalashnikov en plena primavera, en un país tecnificado y complejo y por lo mismo menos libre; asoma en una sociedad que sigue adorando las jerarquías y los milagros, en una sociedad donde la humildad es la última de las virtudes; ¿por qué aquí y no en Pérgamo siendo una muchacha llamada Apolónide que quiere ser escultora y que oculta su condición de mujer en el taller del maestro que trabaja en el Altar de Zeus, altar que hoy puede contemplarse en una de las salas más hermosas del museo de Pérgamo de Berlín? Mi maestro esculpe parte de la Gigantomaquia y a mí me encarga desbastar los bloques mármol. Quizá mientras lo hago invoque a Atenea o quizá me mantenga callada para que el tono de mi voz no me delate. Todo antes que ser esta mujer contemplativa que en el día de hoy mira la mañana de este día del siglo XXI con una mezcla de ansia e ira y que no alcanza a dejarse llevar como un río hasta la mar sino que más bien parece un salmón que remonta el río -su fluir natural- a contracorriente, que lucha contra la sal y que desea tras el esfuerzo salvaje de vencer corrientes ser una aprendiz de escultura en una ciudad que ya no existe.

Narrativa

Tags : Apuntes Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 17/05/2020 a las 14:42 | {0} Comentarios


¿Cuántos espejos harán falta, Marilyn?
¿Cuántos espejos harán falta, Marilyn?
301.- Sólo algunas veces siento el peso del Poder sobre cada uno de los hombros de los sometidos.

302.- Lo pavoroso del Poder es su falta de fraternidad.

303.- Biopolítica. Foucault.

304.- La peste de 1348 supone en la conciencia occidental una gran fractura histórica. Se pierde la armonía entre razón y fe. Es un periodo de desgracias y calamidades sin ninguna síntesis filosófica que sirva de protección. La muerte produce terror; la enfermedad, escándalo; la arbitrariedad del cosmos, estupor (Salvador Pániker. Asimetrías. 2008) ¿Qué supondrá esta peste? ¿Qué utilización afraterna aplicará el Poder? ¿Qué nueva represión sobre nuestros cuerpos? ¿Qué sofisticada utilización de nuestros cuerpos?

305.- No hay héroes en esta situación. No es una guerra. Ni tan siquiera las muertes son excesivas si las comparamos con otras muertes que año tras año se producen entre los más pobres del planeta.

306.- La doctrina neoliberal del shock se basa en tres patas: una pata médica, una segunda pata económica y una tercera pata política. Años 2001, 2008, 2020. Hitos de las tres patas.

307.- Vigilar y castigar. Sin pausa pero también sin excesivo rigor. Un terror bien administrado. Un gotero de terror administrado por la delicada mano de una enfermera vestida con uniforme verde compuesto de camisa y pantalón.

308.- ¿Qué supone el temor a juntarnos?

309.- Anteayer mi perro estornudó y varias personas se volvieron asustadas.

310.- Probablemente sea infantil pensar en extrañas maniobras de virus creados en laboratorios ubicados en los sótanos de pulcras maternidades alemanas. Lo que no lo es es preguntarse sobre las consecuencias del control tecnológico de los individuos.

311.- La vida sigue.
Los aforismos que van desde el nº 301 al nº 311
-y que se compendian bajo el título de Aforismos (30)-,
son todos responsabilidad del director y autor de esta revista
 

Ensayo

Tags : Aforismos Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 11/05/2020 a las 18:39 | {0} Comentarios


1 2






Búsqueda

RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile