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Página de Fernando Loygorri

Documento 19 de los Archivos Póstumos de Isaac Alexander. Escrito en septiembre de 2015 en la ciudad de Atenas.


Prólogo del Editor
Este breve relato de Isaac Alexander está basado, según me comentó el día antes de morir, en una faceta de la personalidad de un gran amigo suyo y que también lo era mío. Léelo, me dijo y dime después quién es este amigo común.
Nunca pude decírselo.
Éste es el relato. Quizá al final  revele quién es ese amigo común.
 Capítulo I
Ahí está la carnaza. Ahora sólo hay que esperar. Es terrible saber que por mucho que quiera disimular, el hombre culpable acaba dejándose ver. Ahí la ha dejado, casi con temor, encima de la mesa. Espera en una de estas modernas salas de reuniones -que son a la vez cocina e incluso, no sabe por qué lo relaciona, alguna vez pueden hacer las veces del boudoir de Sade e imagina, mientras espera, que dos jóvenes que están contratadas por un sueldo miserable en esa productora progresista, una vez que ha caído la noche y ellas han de terminar un trabajo cuyas horas no les van a pagar, se toman un descanso y tras una mirada intensa, posterior al último bocado de fast food, se hacen una paja sentadas en el banco corrido pero justo en el sitio donde se suele sentar el mandamás- a que aparezca el productor, ese hombre cincuentón de gimnasio, aún joven, con cara de niño -siempre tuvo cara de niño- para que le comunique la decisión que ha tomado acerca de una cuestión laboral que le atañe. No tamborilea en la mesa de madera. Ni fuma un cigarrillo. Ni se coge el periódico del día que como un dinosaurio reposa en papel sobre la mesa. Sencillamente no hace nada. Como mucho imagina la escena lésbica con aires de venganza porque las jóvenes conocen lo melindroso que es su jefe y lo mucho que detesta -teme- los fluidos humanos y más los femeninos.
Lee el título de la carnaza que ha dejado encima de la mesa y le da tiempo a vomitar en el seno del fregadero.

Cuento

Tags : Escritos de Isaac Alexander Terror de ser Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 26/04/2018 a las 17:33 | {0} Comentarios


Reflexión de Isaac Alexander que envió a su sobrino -al que apodaba el pseudo-Lucilo- en el reverso de una tarjeta postal enviada desde Portland, Oregon y con fecha de matasellos del 22 de abril de 1973.


De ti dirán, querido pseudo-Lucilo, que dejaste de sentir la erótica. Un día, una mujer, te mirará con los ojos guasones y te dirá, ¡Oh, tú, hombre de Pijo Indomable, cuánto has cambiado! Y luego te alborotará los cabellos como se hace con los chicos cuando se les perdona el castigo. Y tú mismo, un día, te irás a la cama pensando en que ya nada es como antes y que ese deseo indómito de la sexualidad con dama había dejado de ser insoportable.
Es muy importante entonces que mires la tarde, sobrino, y los colores de la tarde sobre todas las cualidades de la tarde y cuando estés mirando esa luz que declina y es brava a un mismo tiempo, recuerdes la luz de las dos de la tarde y observes -con los cuidados indispensables- la esfera ardiente del sol en el cenit de la bóveda celestial y sugieras una analogía entre esa esfera ardiente y el sexo de una mujer y extiendas la metáfora a la bóveda celeste y la conviertas en vientre.
Nada atañe tanto a la verdad como el símbolo.
Y tras esto y cuando lleguen las noches de luna llena, sal de la ciudad y en la plenitud de la luz lunar en la bóveda oscura del cielo, imagina que tu falo es esfera blanca que genera azul y extiende la metáfora a la bóveda oscura y conviértela en vientre  que como muro cóncavo, contenga la ardiente atmósfera de un universo en llamas.
Las estrellas son fulgor de incendio.
Toda la erótica se contiene en la intensidad gravitacional de una estrella engullida a sí misma. 
Materia y energía oscuras (esos son los gametos de la erótica).
También la órbita que obliga al movimiento.

Narrativa

Tags : Escritos de Isaac Alexander Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/04/2018 a las 20:06 | {0} Comentarios


Fin
Quédamente se quiso quieto. Sonó la siguiente nota en el piano. Tras la pared murmullos. Debía ser un edificio. El edificio en una ciudad. La ciudad en occidente. Fue leve. Una agujita que buscara líquido desparramado por un epitelio. La levedad no le indujo al error. La última vez de todas las cosas, pensaba cada tanto. Por ejemplo: ¿Será la última vez del calor? ¿Será la última vez del beso? o pensamientos de llegar a algún sitio. Por ejemplo: ¿LLegaré a la escarcha?

Quieto se quiso. En la oscuridad. A las notas del piano le siguieron las notas de una trompeta. Algo le alteró la agudeza de esos sonidos aéreos (¿no lo son todos?), su metalicidad. Una risa floja entre el murmullo tras la pared. No, no se iba a dejar así, fácil. Tampoco iba a agotarse en un esfuerzo de hipotálamo por sobrevivir. Abrió un libro de anatomía. Estudió órganos semejantes al suyo. Colores. Pesos. Algo le atrajo del olor de la tarde.

Se quedó quieto. Relajó el abdomen. Pestañeó. Sintió el aire en la punta de la nariz justo antes de ser inspirado. Cruzaron por su mente dos símbolos. Sus últimas palabras -pensadas- fueron: ¡Arte de la fuga, bah!

Cuento

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 21/04/2018 a las 14:38 | {2} Comentarios


Casi sampler


Dale el viento (que se ha perdido) para que huela cómo volver.
No retroceda el bueno de Prometeo y se vaya con Elenko a la estrella que les suponga mayor belleza (todo es fuego entonces y aún así nada se quema). Una suerte de hybris que llaga la piel y convierte el vello en escama.
Sube entonces con ella, sube por el eje que une el cielo y la tierra mientras se escucha (con acompañamiento de trompas celestiales) las críticas que hizo Nabokov en sus clases magistrales al Quijote de la Mancha de un tal Miguel de Cervantes (desventura de escritor, desventura de personaje, sin gracia la historia, sin cultura la del escritorzuelo, sin belleza...)
Y ese piano de un jazz tan elemental
Y ese bajo que marca las horas y su silencio
Vamos, vamos ya que aunque Buda prohibiera los milagros, aquí estamos, deshechos como la cama, ausentes como la gana, sin una moneda en los bolsillos, cerca, muy cerca de la Casa Desolada. Esa niebla densa de mis entretelas. Esos amantes del comercio con pecas y cabellos rubios.
Si quieres encontrar el Valhalla vete a Australia donde han muerto varios jóvenes por una subincisión en el escroto que semejaba la vagina de la hembra madre aquella a la que el guerrero ha de abandonar para convertirse en hombre, en hombre doble, en hombre generador de batallas.
Así cambia el porte. Así anda como si la pasarela que conduce a las aguas del lago se hubiera venido abajo por los embates de abril.
Cambia el gesto, muchacha, que hoy las Erinias no vendrán a por ti y esta bagatela guárdala en tu corpiño, cerca de tu corazón así la llama se guarnece del viento en el pebetero.
Viento perdido (como el Monte)
Viento que atraviesa el territorio al que miles de muertos le pusieron nombre.
Ahora va a seguir.
Como siempre todo.

Poesía

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/04/2018 a las 13:50 | {0} Comentarios


El Rincón de las tablas es la sección de teatro del programa Jardines en el bolsillo que emite Radio Nacional de España los lunes de 5 a 6 de la mañana.


hedda_gabler.mp3 Hedda Gabler.mp3  (27.8 Mb)



Hedda Gabler de Henrik Ibsen es la obra que elegí para el programa del 19 de marzo de 2018.

En aquel programa Ana Rosetti habló de un relato para niños de Ray Bradbury; Elena Medel de la polifacética escritora Mercedes Pinto y Ángel Rodríguez nos descubrió a la poeta del 27 Ernestina de Champourcin. Si lo quieres escuchar entero este es su link: Jardines en el bolsillo.

Todo un lujo tener a semejantes compañeros junto a  nuestro editor César Díaz Azcárate y todos comandados por Pilar Martín.
Yo que tú no me lo perdería.

 
Hedda Gabler por la Den Norske Opera & Ballet 2017
Hedda Gabler por la Den Norske Opera & Ballet 2017

Sonidos

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/04/2018 a las 21:51 | {0} Comentarios


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