Yo no soy, niña, quien tú esperas
¡Calla! Déjame seguir
Porque he visto las murallas de la última fortaleza
y he sentido el arcabuzazo en mi muslo
Porque he visto a Sirio nublarse y desaparecer
justo antes del estruendo del mar
Yo no soy, niña, quien tú deseas
¡Calla! mi corazón anhela confesarte
que mis manos huelen a sal y a pez fresco
que la forma del ancla no produce poesía en mí
y al alba estoy cansado de tanto faenar
y existe en mis entrañas la tosquedad de la maroma
Yo no soy, corazón mío, quien pueda hacerte feliz
¡Calla! mi desdicha he de contarte
Fue en noviembre
surcábamos el Cabo de Buena Esperanza
perdí el timón
y se acabó mi suerte
Yo no soy, muchacha desnuda, tu vigía
¡Calla! y atiende
el pálpito cansado de mi corazón
que ruge como la amura mordida
del ballenero
que se hundió en los Mares del Sur
Y aún así, querida, daría
¡Calla! ¡Calla! Ya termino
la estela de espuma del navío
la cruz que me atrajo desde siempre
o el orbe claro visto desde la noche oscura
por una tarde junto a ti plena de monotonía
¿Vas a venir, viejo marinero? ¿Traerás en los alrededores de tu mirar los vientos y la sal?
Sabes que en mi cama tu lado es una tumba sin cerrar y cuando la brisa, en la anochecida, entra por la ventana abierta y conmueve, levemente, los piegues sin peso de la sábana, yo siento el escalofrío de la ausencia de tus brazos y la áspera y delicada caricia de tus manos asidoras de maromas.
¿Escucharé pronto la sirena cuyo sonido hizo pensar a Durrell en paridoras de planetas? ¿Escucharé pronto el quejido de las viejas cuadernas de tu nave vieja? ¿Escuchare pronto, muy pronto, tus pasos por el muelle de madera y tu voz ronca pidiendo en la taberna el trago que te devuelve a la tierra?
¡Oh, viejo y rudo marinero! ¡Oh, amante mío que convierte mis brazos en olas, mi boca en espuma y mi sexo en mar! ¡Ven, vuelve pronto, que me estoy quedando seca!
¿Oigo en la tierra tu huella? ¿Se levanta el brezo a tu paso y esparce la jara sus quimeras? ¿Maúlla la gata tu presencia? ¿Olisquea el perro el salitre de tus trenzas? ¿Se impacienta la yegua? ¿Cornea a la luna el toro tu presencia?
Rudo, varonil, mundano marinero quiero escuchar tus historias de ultramar y quiero entre tus besos que rememores el encuentro con el calamar gigante y la vez que hubiste de varar en una isla que no estaba en lo mapas y siguió sin estar. ¡Cántame, amor, las nuevas canciones de los pueblos primeros mientras mi cuerpo navega por el tuyo y accedo a tus axilas y al vello de tu pecho y a la cicatriz escondida entre el muslo y tu gónada derecha! ¡Dulce cicatriz, dulce lugar de tu semen fresco! ¡Dame a beberlo pronto, marinero, que muero en esta habitación baldía si tú no estás!
Boceto
Muñeca (maraña de huesos tan precisos)
Giro entonces (en el centro de la mar)
Náusea (de ver y no ver, sometidos al vaivén y la apariencia)
Como la voluntad simple (la del ser unicelular)
Y el intelecto secundario (alma de pupa)
Sueño de la razón (o decadencia)
Planicie ve (la curva del mundo)
Una silueta que recorriera haz y envés (Bach sería)
A través de las distancias (en la duermevela una noche de otoño con el frío asomado al embozo)
Quisiera, grita (y es el silencio)
Está cerca (exclama y sabe que el último tramo está a la vista)
Y es el gozo (de haber vivido)
Y el consejo del amigo (termina lo que hayas de hacer. Queda ya poco)
Poema escrito en febrero de 1981
Pequeña corrección hecha en septiembre de 2013
Existe la palabra
como existe el hueso;
palabras como encuentro
palabras como ungüento
o escalar hasta la cumbre del cerdo;
existen huesos oscuros descubiertos en el desierto
y gusanos que comen
el último ligamento
y también existe un tendón al viento;
las dos ideas conviven
-palabra y hueso-
y una no es sin la otra
aunque se rodeen de carne y sueño.
Existe la palabra fémur y peroné
y también la palabra martillo
como existe la tibia que descansa
en el regazo del arqueólogo;
Existen huesos desnudos, terribles,
al acecho del vacío:
¿quién puede repetir amor mil veces
y conservar aún su sentido?
Palabras y huesos generan olvido:
madera, derrama, ausencia,limo.
Palabras como restos.
Palabras como hueso.
como existe el hueso;
palabras como encuentro
palabras como ungüento
o escalar hasta la cumbre del cerdo;
existen huesos oscuros descubiertos en el desierto
y gusanos que comen
el último ligamento
y también existe un tendón al viento;
las dos ideas conviven
-palabra y hueso-
y una no es sin la otra
aunque se rodeen de carne y sueño.
Existe la palabra fémur y peroné
y también la palabra martillo
como existe la tibia que descansa
en el regazo del arqueólogo;
Existen huesos desnudos, terribles,
al acecho del vacío:
¿quién puede repetir amor mil veces
y conservar aún su sentido?
Palabras y huesos generan olvido:
madera, derrama, ausencia,limo.
Palabras como restos.
Palabras como hueso.
En esta noche fría de mayo,
tras una serie que produce de mí tristeza
quiero confesarte, amigo: lo tengo.
No hay en este poema un afán de poesía
como en el silencio no anida la virtud de ser callado,
sencillamente lo es.
Porque quisiera estar ahora en otra parte,
sé que lo tengo;
porque el aire se agudiza en los pulmones,
sé que lo tengo;
porque quisiera la mirada, el abrazo, la calma
sé que lo tengo.
Hay en este poema un sortilegio contra él.
La noche avanza y me pregunto
¿por qué lo aireo de esta forma?
Hay en este poema la maduración
de la espera, la glotonería, la queja,
la ausencia, mi padre muerto, la mano.
Porque no sé desde hace tiempo,
sé que lo tengo;
porque las nubes tan sólo cubren el cielo,
sé que lo tengo;
porque busco una frase cada día,
sé que lo tengo.
tras una serie que produce de mí tristeza
quiero confesarte, amigo: lo tengo.
No hay en este poema un afán de poesía
como en el silencio no anida la virtud de ser callado,
sencillamente lo es.
Porque quisiera estar ahora en otra parte,
sé que lo tengo;
porque el aire se agudiza en los pulmones,
sé que lo tengo;
porque quisiera la mirada, el abrazo, la calma
sé que lo tengo.
Hay en este poema un sortilegio contra él.
La noche avanza y me pregunto
¿por qué lo aireo de esta forma?
Hay en este poema la maduración
de la espera, la glotonería, la queja,
la ausencia, mi padre muerto, la mano.
Porque no sé desde hace tiempo,
sé que lo tengo;
porque las nubes tan sólo cubren el cielo,
sé que lo tengo;
porque busco una frase cada día,
sé que lo tengo.
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Poesía
Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 12/12/2013 a las 19:41 |