Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

       No estaba soleada. La respiración se iba haciendo fatigosa. El clavel, en el alfeizar de la ventana, sumergido su tallo, más o menos hasta la mitad, en un vaso de agua de cristal transparente. Los efectos de la luz. Su rostro afilado. El olor a alcanfor. Es pobre la habitación. La cama. Una mesa. Tres sillas. Un armario ropero. El vaso de cristal transparente con clavel. Dora ha salido un momento. La devoción amorosa de esta joven. El amor en toda su pureza. Porque conozco a Dora aseguro que el amor existe. Franz apenas puede hablar. Su voz es un susurro, ronca, con el sonido de caverna que provoca la tuberculosis en la laringe. Ayer escribió a sus padres. Me llama no con su voz; me llama levantando un poco la mano. Yo miraba por la ventana. He visto el movimiento de reojo. Estoy atento. Me acerco  a la cama y me inclino poniendo mi oído muy cerca de sus labios. Me susurra ¡Máteme!
      Las nubes cercan el valle. Le miro a los ojos. Sus ojos me exigen. Hubo una promesa. Hace tiempo. Austria, pienso. ¿Cómo será después? sin él. 
       Preparo una inyección de Pantopon un opiáceo tan fuerte como la morfina. Sé que K. mira cómo lo hago. Tengo su mirada clavada en mi espalda. Sus ojos grandes, amables, sus cejas oscuras y espesas. Se lo inyecto. Me ruega que me incline de nuevo. Lo hago. Me susurra, ¡No me engañe, se lo pido por el dios de nuestros padres, no me engañe! Sonrío. Le contesto, No le engaño. K. empieza a sentir los efectos del narcótico. Cierra los ojos. Parece descansar.
 

Cuento

Tags : Cuentecillos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/01/2026 a las 20:39 | Comentarios {0}








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