Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

- No vamos a saltar a la comba. Todo ese tiempo ya ha pasado. No vamos a soñar catedrales. Nos queda un resto de argamasa parecido en todo al concepto de amor. No vamos a hablar de las cigüeñas. ¿Cuántas veces tomaste el sarcófago y abriste la tapa para contemplar su interior? No devanaremos la madeja. El mar queda lejos. Lo sabes. No podremos llegar allí. No oiremos una vez más las olas ni sentiremos en nuestros pies la arena fresca, la que queda por la tarde cuando el sol se pone y sale esa luna gorda como el vientre de Deméter y nos quedamos sentados contemplando ese desconocimiento como si lo descubriéramos por primera vez. No nos soltaremos las manos. No nos meteremos en el agua ni sentiremos el picor de la sal en nuestras pieles. Nos vamos a quedar sentados. Nos vamos a mirar a los ojos. Quizás vayas al baño y luego vaya yo y nos crucemos por el pasillo y se rocen, en el cruce, los laterales de nuestros meñiques. Eso haremos, amor mío. Lloraremos con toda seguridad. Tenemos por qué llorar. Es uno de los últimos días. Lo sabemos. Lo sabemos. El piano puede sonar si quieres. No me importa. Lo sabes; sobre todo desde que vivimos en esta casa donde nadie habita más que nosotros, tú y yo, querida mía, la loca de la casa, mi amante leal, mi fuente de inspiración.

El hombre se queda callado y cierra los ojos.
Ella se levanta y pone en el tocadiscos The gentle side of John Coltrane. Apaga alguna luz. Se descalza. Vuelve al sofá. Se acurruca. 


- Nos tomaremos las manos. ¿Podremos sentir como la primera vez? ¿Ese momento en el que uno de los dos tomó la decisión de tocar la piel del otro y el momento en el que el otro acepta y aprieta y mira? No, ya nunca más veremos el mar. Quedémonos para siempre aquí. Frente al pequeño jardín, escuchando a John Coltrane, hasta que la luna gorda se vaya desvaneciendo en los azules que el sol genera cuando vuelve a nacer. ¿Naceremos más veces? ¿Nos reencontraremos? ¿Qué será de las naves tripuladas que se dirigen a Orión? ¿Nos entenderemos con los sátrapas que hoy asolan nuestra suelo? ¡Ven, abrázame! La noche se está volviendo muy callada y siento como un presagio el silencio del mochuelo!

Hay un largo silencio durante el cual el bosque murmura. Es el momento en el que el sapo descubre que nunca será príncipe y ese descubrimiento le calma para siempre y le hace saltar de loto en loto. Hay un silencio estelar. Fuera estará la explicación. A ninguno de los dos le importa. La tierra navega y va rápida y sabe que llegará un día en el que ya no se verán desde ella más estrellas. Será el cielo un inmenso vacío azul y negro. Las resquebrajaduras de la bóveda celeste se habrán sellado para siempre, el orbe dejará de girar y quedará también en silencio. Lo saben ellos. Se abrazan.

- Dormidos estaremos listos. La noche será nuestra aliada. Subiremos las montañas. Navegaremos los pocos océanos que quedan. Haremos vivacs. Nos meceremos en las hamacas de nuestros bisabuelos. Pasará el avión de las tres. Las muchachas aparecerán por la esquina poco después de terminada la escuela. ¡Qué hermosa es la juventud!
 

Teatro

Tags : Cuentecillos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/01/2026 a las 02:54 | Comentarios {0}








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