Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
La escalera de Betel en la Abadía de Bath
La escalera de Betel en la Abadía de Bath




















Si pudiera ofrecerme, me ofrecería
para satisfacer mis instintos sin culpa
Hay en lo alto de la escalera de Betel un ángel traidor
(y yo lo sé quizá porque yo sea ese ángel que aún no ha caído)
que cuando llegan los que vienen del Mundo Inferior
los aletea hasta sacarles los ojos de tal forma que los desorienta y algunos se pierden para siempre entre los brazos de un amor
Hay en el vestigio de una mirada fija y perversa
la llama devoradora del infierno y la sodomía que tiene la virtud -la llama- de encender la risa en los labios de un mancebo y la lubricidad en el culo de una novicia
Y en el Paraíso siguen yaciendo desnudos Adán y Eva, ahítos de manzanas y bajo la sombra del árbol de la ciencia; es falso que Dios los expulsara, fueron ellos los que expulsaron a Dios y ahora vaga desnudo, sin fuerza, en una oscuridad vergonzosa, Él que decía ser todo Luz -aseguraban sus exégetas-; comentan los que saben de la existencia de la eternidad que la Serpiente muda su piel cada mañana tras beber la hombría de Adán y la sangre hendida de Eva y aseguran que su reptar se hunde en la más tierna de las filosofías aquélla que asegura que la felicidad es deslizarse sin esfuerzo por la tierra


Hubo una mujer moribunda que me llamó Diablo justo antes de expirar
y el día en que visité a mi padre  y le dije al oído, Muere, murió
Hubo un día en que me miré devaneando en el espejo y me infundí terror
al ver las garras del Averno en mis pestañas y un iris en todo vacío
Luego supe que el terror es la cara oculta de la risa
y que más vale saberse Demonio que creerse Virgen
En el camino las moscas me rodean
Las cabras con sus ojos verticales se han detenido ante mí y han genuflexado sus patas delanteras
Yo las he bendecido y he bebido de la ubre de la más vieja de entre ellas y esa leche dura me ha hecho fuerte
Ahora estoy preparado para la ofrenda
porque he conseguido encerrar al niño que todos llevamos dentro en el centro de la plaza pública
y así, a la luz, se ha derretido entre gemidos mientras un ciego, bajo unos soportales, destrozaba con un bandoneón una canción de ultramar
 

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/10/2015 a las 19:51 | {0} Comentarios



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