Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

Traducción José María Valverde



Mientras ella reía, me di cuenta de que me iba enredando en su risa y haciéndome parte de ella, hasta que sus dientes fueron sólo estrellas casuales con talento para la instrucción por pelotones. Era absorbido en cortos jadeos, inhalados a cada recuperación momentánea, perdido al fin en las oscuras cavernas de su garganta, restregado por la ondulación de músculos no vistos. Un camarero de cierta edad, con manos temblorosas, extendió apresuradamente un mantel a cuadros rosas y blancos sobre la oxidada mesa verde de hierro, diciendo: "Si la señora y el caballero quisieran tomar el té en el jardín, si la señora y el caballero quisieran tomar el té en el jardín..." Decidí que si fuera posible pararle el temblor de sus pechos, cabría recoger algunos trozos de la tarde, y concentré mi atención con cuidadosa sutileza en ese objetivo.

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/11/2009 a las 11:10 | Comentarios {0}


Luis de Góngora. Estribillo de su poema Alegoría de la brevedad de las cosas humanas


Aprended, flores, en mí
lo que va de ayer a hoy,
que ayer maravilla fui,
y sombra mía aún no soy.

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 20/10/2009 a las 11:37 | Comentarios {0}


Libro V


8.- Como suele decirse: "Asclepio le ordenó la equitación, los baños de agua fría, el caminar descalzo", de modo similar también eso: "La naturaleza universal ha ordenado para éste una enfermedad o una mutilación o una pérdida de un órgano o alguna otra cosa semejante". Pues allí el término ordenó significa algo así como: "te ha prescrito este tratamiento como apropiado para recobrar la salud". Y aquí: "lo que sucede a cada uno le ha sido, en cierto modo, asignado como correspondiente a su destino". Así también nosotros decimos que lo que nos acontece nos conviene, al igual que los albañiles suelen decir que en las murallas o en las pirámides las piedras cuadrangulares se ensamblan unas con otras armoniosamente según determinado tipo de combinación. En resumen, armonía no hay más que una, y del mismo modo que el mundo, cuerpo de tales dimensiones, se complementa con los cuerpos, así también el Destino, causa de tales dimensiones, se complementa con todas las causas. E, incluso, los más ignorantes comprenden mis palabras. Pues dicen: "esto le deparaba el Destino". Por consiguiente, esto le era llevado y esto le era asignado. Aceptemos, pues, estos sucesos como las prescripciones de Asclepio. Muchas son, en efecto, entre aquéllas, duras, pero las abrazamos con la esperanza de la salud. Ocasione en ti impresión semejante el cumplimiento y consumación de lo que decide la naturaleza común, como si se tratara de tu propia salud. Y del mismo modo abraza también todo lo que acontece, aunque te parezca duro, porque conduce a aquel objetivo, a la salud del mundo, al progreso y bienestar de Zeus. Pues no habría deparado algo así a éste, de no haber importado al conjunto; porque la naturaleza, cualquiera que sea, nada produce que no se adapte al ser gobernado por ella. Por consiguiente, conviene amar lo que te acontece por dos razones: Una, porque para ti se hizo y a ti se te asignó y, en cierto modo, a ti estaba vinculado desde arriba, encadenado por causas muy antiguas; y en segundo lugar, porque lo que acontece a cada uno en particular es causa del progreso, de la perfección y ¡por Zeus!, de la misma continuidad de aquél que gobierna el conjunto del universo. Pues queda mutilado el conjunto entero, caso de ser cortada, aunque mínimamente, su conexión y continuidad, tanto de sus partes como de sus causas. Y, en efecto, quiebras dicha trabazón, en la medida que de ti depende, siempre que te disgustas y, en cierto modo, la destruyes.

Traducción: Ramón Bach Pellicer

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 10/10/2009 a las 11:38 | Comentarios {0}


Libro XI


Narciso de Caravaggio
Narciso de Caravaggio
9.- Los que se oponen a tu andadura según la recta razón, al igual que no podrán desviarte de la práctica saludable, así tampoco te desvíen bruscamente de la benevolencia para con ellos. Por el contrario, mantente en guardia respecto a ambas cosas por igual: no sólo respecto a un juicio y una ejecutoria equilibrada, sino también respecto a la mansedumbre con los que intentan ponerte dificultades, o de otra manera te molestan. Porque es también signo de debilidad el enojarse con ellos, al igual que el renunciar a actuar y ceder por miedo, pues ambos son igualmente desertores, el que tiembla, y el que se hace extraño a su pariente y amigo por naturaleza.

Traducción: Ramón Bach Pellicer

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/09/2009 a las 12:29 | Comentarios {0}


Libro V


11. ¿Para qué me sirve ahora mi alma? En toda ocasión plantearme esta pregunta e indagar qué tengo ahora en esa parte que precisamente llaman guía interior, y de quién tengo alma en el momento presente ¿Acaso de un niño, de un jovencito, de una mujercita, de un tirano, de una bestia, de una fiera?
Traducción: Ramón Bach Pellicer

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/08/2009 a las 10:05 | Comentarios {0}


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