Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

Libro XI


Narciso de Caravaggio
Narciso de Caravaggio
9.- Los que se oponen a tu andadura según la recta razón, al igual que no podrán desviarte de la práctica saludable, así tampoco te desvíen bruscamente de la benevolencia para con ellos. Por el contrario, mantente en guardia respecto a ambas cosas por igual: no sólo respecto a un juicio y una ejecutoria equilibrada, sino también respecto a la mansedumbre con los que intentan ponerte dificultades, o de otra manera te molestan. Porque es también signo de debilidad el enojarse con ellos, al igual que el renunciar a actuar y ceder por miedo, pues ambos son igualmente desertores, el que tiembla, y el que se hace extraño a su pariente y amigo por naturaleza.

Traducción: Ramón Bach Pellicer

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/09/2009 a las 12:29 | Comentarios {0}


Libro V


11. ¿Para qué me sirve ahora mi alma? En toda ocasión plantearme esta pregunta e indagar qué tengo ahora en esa parte que precisamente llaman guía interior, y de quién tengo alma en el momento presente ¿Acaso de un niño, de un jovencito, de una mujercita, de un tirano, de una bestia, de una fiera?
Traducción: Ramón Bach Pellicer

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/08/2009 a las 10:05 | Comentarios {0}


Según relación que establece Alexander Waugh en su libro La familia Wittgenstein


Wittgenstein
6.4311 (...) Si por eternidad se entiende no una duración temporal infinita, sino intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive en el presente. Nuestra es vida tan infinita como ilimitado es nuestro campo visual. (Tractatus logico-philosophicus)

Tolstoi
7. La vida temporal, carnal, es el alimento de la verdadera vida.
8. Y por eso la verdadera vida no está en el tiempo, sino en el presente.
9. El engaño de la vida está en el tiempo: la vida pasada y futura oculta a los hombres la verdadera vida, la auténtica. (El Evangelio abreviado)

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/08/2009 a las 19:21 | Comentarios {0}


Escrito por Violeta García-Loygorri Tinajas.
Edad: 10 años


La Reina Guirnalda con su corona de Golosinas dibujada por Violeta
La Reina Guirnalda con su corona de Golosinas dibujada por Violeta

Érase una vez un lugar donde sólo se comían golosinas. Este lugar se encontraba al norte de Francia pero se hablaba español. El lugar se llamaba Golosolandia.
Un día todos los niños de Golosolandia se pusieron enfermos, todos los padres de Golosolandia se pusieron enfermos y todos los ancianos de Golosolandia estaban más frescos que el agua. Era un virus muy extraño porque los ancianos y los que no tenían hijos no se contagiaban, en cambio los demás sí.
Alrededor de Golosolandia había unos pueblos como Enfermoslandia donde todo el mundo estaba enfermo; Listolandia donde todo el mundo era muy listo o Pelucaslandia donde todo el mundo llevaba una peluca. Ya te habrás dado cuenta de que no tienen nada en común, bueno, sólo una cosa: en todos esos pueblos hay médicos y como los habitantes de los pueblos eran muy amigos, los médicos de estos pueblos se acercaron a ver tal virus. Ninguno supo arreglarlo y buscaron otros médicos en Francia, cosa que no les sirvió de mucho. Así se recorrieron medio mundo, buscando médicos, hasta que no tuvieron más remedio que ir a Tenebrosolandia. Allí no existía el color por lo que cuando entraron hubo una gran admiración. Preguntaron por el hospital y les dijeron que allí no había y que si necesitaban medicinas que fuesen a la cueva de Sarpios. Sarpios era el brujo más malo de todos los malos aunque él decía que no. Les dio un bote de Axpiritolucacina con un papel en el que ponía esto: Si al tomar esto estornudáis, con vuestra vida acabáis. Firmado: Sarpio
Todos estaban muertos de miedo y dudaron mucho si cogerlo pero lo aceptaron porque no había otro remedio. Salieron pitando y llegaron a Golosolandia, comieron y se tomaron eso procurando no estornudar. Al cabo de un minuto a todos les empezó a picar la nariz. "¡Achchchciiiiis!" dijo uno. ¡Achchchchchiiiiissssss!", dijo otro y así durante cinco horas seguidas. Parecía que cantaban una canción: Achis, Achus, Achos, Achiro, Achero, Chon.
Esa noche todos dormían intranquilos por aquella misteriosa advertencia. Al día siguiente todos se despertaron normal pero verdes y muy bajitos. Al acostarse estaban un poco incómodos en la cama, pero, si supiesen la sorpresa del día siguiente ¡¡¡¡ERAN SAPOS Y RANAS!!!! Todo el pueblo se había convertido en asquerosas ranas. TODO EL PUEBLO. La reina superenfurecida le mandó esta carta a Sarpios: Si tú nos has hecho esto, yo algo peor te podré hacer. Fdo: Guirnalda, Reina de Golosolandia.
Y así se alzaron en armas (de golosinas, claro) contra ellos. Y ganaron y ya vuelven a ser ellos mismos.

FIN

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Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 17/04/2009 a las 10:41 | Comentarios {0}


Francisco Quevedo y Villegas
Escrito en 1628


Francisco de Quevedo y Villegas
Francisco de Quevedo y Villegas

Antes de pasar al texto quiero hacer una declaración: durante treinta años me cayó mal Quevedo. Sólo que ahora sé que me cayó mal por cómo me lo enseñaron. Quevedo nunca le gustó al poder y menos a los curas. Y así mi imagen de Quevedo siempre fue antipática. Hasta que un día decidí romper los prejuicios, empecé a leerlo y me adherí a todos los que lo entienden y valoran. No es necesario repetir lo que ya se ha dicho.
Este texto entronca directamente con ese otro gran grotesco que fue Rabelais. Algún día escribiré sobre lo grotesco (El Extraño caso del joven Ojbar -texto que se encuentra en este blog- es en cierto sentido grotesco).
No me extiendo más espero que os divierta tanto su ingenio como su prosa como su tema.
El texto lo atribuye Quevedo a un tal Juan Lamas de la siguiente forma:
Escribiólas Juan Lamas, el del camisón cagado

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Quien tanto se precia de servidor de vuesa merced, ¿qué le podrá ofrecer sino cosas del culo? Aunque vuesa merced le tiene tal, que nos lo puede prestar a todos. Si este tratado le pareciere de entretenimiento, léale y pásele muy despacio y a raíz del paladar. Si le pareciere sucio, límpiese con él, y béseme muy apretadamente. De mi celda. etc. No se espantarán de que el culo sea tan desgraciado los que supieren que todas las cosas aventajadas en nobleza y virtud, corren esta fortuna de ser despreciadas della, y él en particular por tener más imperio y veneración que los demás miembros del cuerpo; mirado bien es el más perfecto y bien colocado dél, y más favorecido de la Naturaleza, pues su forma es circular, como la esfera, y dividido en un diámetro o zodíaco como ella. Su sitio es en medio como el del sol; su tacto es blando; tiene un solo ojo, por lo cual algunos le han querido llamar tuerto, y si bien miramos, por esto debe ser alabado pues, se parece a los cíclopes, que tenían un solo ojo y descendían de los dioses del ver.
El no tener más de un ojo es falta de amor poderoso, fuera de que el ojo del culo por su mucha gravedad y autoridad no consiente niña; y bien mirado es más de ver que los ojos de la cara, que aunque no es tan claro tiene más hechura. Si no, miren los de la cara, sin una labor; tan llanos que no tienen primor alguno, como el ojo del culo, de pliegues lleno y de molduras, repulgo y dobladillos, y con una ceja que puede ser cola de algún matalote, o barba de letrado o médico. Y así, como cosa tan necesaria, preciosa y hermosa, lo traemos tan guardado y en lo más seguro del cuerpo, pringado entre dos murallas de nalgas, amortajado en una camisa, envuelto en unos dominguillos, envainado en unos gregüescos, abahado en una capa, y por eso se dijo: «Bésame donde no me da el sol». Y no los de la cara, que no hay paja que no los haga caballeriza, ni polvo que no los enturbie, ni relámpago que no los ciegue, ni palo que no los tape, ni caída que no los atormente, ni mal ni tristeza que no los enternezca. Lléguense al reverendo ojo del culo, que se deja tratar y manosear tan familiarmente de toda basura y elemento ni más ni menos; demás de que hablaremos que es más necesario el ojo del culo solo que los de la cara; por cuanto uno sin ojos en ella puede vivir, pero sin ojo del culo ni pasar ni vivir.

Invitados

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/03/2009 a las 18:23 | Comentarios {0}


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