Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
Suite Fernando 03. César Delgado. Técnica mixta/papel 70x50 cms. 1987
Suite Fernando 03. César Delgado. Técnica mixta/papel 70x50 cms. 1987
Voy a creer en Mayo. Lo juro. Creeré en Mayo aunque me cueste tanto creer y jurar. Voy a creer en Mayo como se cree en la gravidez de la Tierra o como se espera la recompensa tras un gran esfuerzo. Voy a creer en Mayo por la amistad, por la grandeza y la miseria de estar vivo, porque la espera quizá se convierta en esperanza y por si los ciclos de los astros me esconden el regalo.
Voy a creer en Mayo porque tú lo deseas y me alientas cada tarde y cada tarde te quedas preocupado, como José Agustín Goytisolo se preocupaba de Jaime Gil de Biedma y le escribía boleros para devolverle al mundo.
Lo voy a hacer porque al hacerlo me acompañas en ese deseo y, aunque no estoy convencido de nada, voy a creer que una energía como la tuya lanzando ráfagas de aliento a una energía como la mía, le insufla la fuerza suficiente para llegar hasta Mayo y no arrastrándose, no pidiendo la hora, sino con ese último esfuerzo que en ocasiones propicia la victoria. Y así puedo decirte que llegaremos hasta Mayo y que será un mes de renuevos y luces claras y que nos sentaremos en la terraza de tu casa, junto a tu mujer y con tus hijos danzando sus vidas y brindaremos por el trago pasado y sonreiremos por el futuro y someteremos nuestras vidas a la más dura crítica de que seamos capaces para no caer, en lo posible, en los mismos errores y me acompañarás hasta el coche y me sonreirás una vez más y te agradeceré de nuevo tus desvelos y tu confianza y tu entrega y tu paciencia y los hermosos años de amistad que nos llevamos.
Ya ves, amigo, ya creo en Mayo.

Diario

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/10/2010 a las 19:41 | Comentarios {0}


Dice Mao
Dice Mao en sus Pensamientos: No temas los pesares ni la muerte.
¡Oh, Mao, yo te preguntaría! ¿Cómo se puede no temer? Lo preguntaría con la humildad de un hombre cuyos pesares me aterran y cuyo terror no es activo, no es un temor generado por mí mismo sino más bien, te diría, Mao, un temor sobrevenido. Porque hoy es 11 de octubre y mañana será 12 de octubre y pasado mañana será 13 de octubre. Y yo sé, en mi pobre mente, en mi mente seca, que no importa lo que sea mañana, no se puede tener terror de lo que aún no ha sido. No se puede tener miedo del 13 de octubre, pongamos por caso, si estamos a 11.
Yo sé Mao que en tu gran Revolución Cultural verdeaste las tierras yertas de la China toda y China se convirtió en un vergel forestal; sé también que se realizaban los abortos con acupuntura y que las muchachas que abortaban salían sonrientes tras la aspiración indolora. La Aspiración Indolora podría haber sido el nombre de otra de tus grandes empresas y también sé que un anónimo (valga la paradoja) señor Wang tenía a su disposición -en los años 60 del pasado siglo- legumbres y verduras a poco precio y también zapatos de suela de fieltro por menos de 4 dolares (al cambio de la época) y una docena de huevos no pasaban de los 30 centavos ¿Sería así, Mao, como un hombre dejaba de tener temor por sus pesares? ¿Sería porque los pesares del hombre tan sólo estaban basados en el precio de las cosas y siendo lo precios bajos los pesares serían pocos y pagables?
¿Sería, oh Mao, que los pesares del hombre sólo anidaban en su mente burguesa y que una vez realizada la extirpación de semejante aborto del pensamiento, el pesar se disolvía en una gran mente proletaria, amante de las legumbres y hortalizas, de las suelas de fieltro y las aspiraciones indoloras?
La mañana ha roto, dice la canción, también dice que los pájaros hablan. A mi espaldas el viento serrano de este 11 de octubre de 2010 entra a raudales por la ventana abierta y yo, de espaldas, acudo a ti Mao Tse Tung, líder chino del que no quedan más que un reguero de árboles, un libro rojo, unas cuantas purgas y una sensación de olvido, para que ilumines mi miserable cabeza burguesa y aspires, sin dolor, mis temores ante mis pesares.

Diario

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 11/10/2010 a las 11:23 | Comentarios {0}


Cuando vuelvo con el ánimo oxigenado y me alejo de lo terrible que está a punto de llegar; cuando vuelvo y me encuentro con instantes de una lucidez linda, cierta perversión de las formas, cierta tradición que se continúa y amaso plagios y creo así mi estilo; cuando vuelvo y siento el brío de una estructura arriesgada y me dejo llevar por un caudal de palabras que fluyen y siento los rápidos y los remansos y las quebradas y las cascadas; cuando estoy limpio de miedo y me anima lo escrito y me empujo y me digo, casi en voz alta, ahora que vivo solo y vuelvo a esa manía de los solitarios de decirse las cosas como si fueran otro, que está enfrente, atento, No está nada mal. Hay algo. Sigue. Cuando me olvido del terremoto que me espera, de la caída al un más que probable barranco donde quizá me quede con las piernas partidas (más partidas) y me estalle un pulmón y caiga la noche y pronto escuche las almohadilladas pisadas del coyote y sienta en el fondo de mi amor que todo ha estado bien y muestre mi cuello para que el depredador no tenga que hacer más esfuerzo que su propia cautela. Cuando todo eso ocurra, espero volver a los momentos de una intensa concentración donde los mundos surgen y traspasan mis barreras y entran acariciando mis neuronas y van más allá hasta mis proteínas y mis glúcidos y mis lípidos y en ese conglomerado de sustancias líquidas componen una frase, una frase, tan sólo una, suave como la magnitud del mundo, olorosa como la florecilla silvestre o salvaje como un amanecer de juventud; espero que el mordisco del coyote coincida con la expulsión de un verso y que mi yugular sajada deje fluir cielos amarillos, cuerpo de la mujer que amo desde que la conocí con diecisiete años y a la que olvidé durante casi treinta, los ojos de mi hija una noche de fiebre, la mano del pintor que fraguó una amistad de lirio y hierro y la voz de la amiga que un día dijo que si al cumplir los cincuenta años estás loco, sencillamente eres un estúpido.
Cuando vuelvo a la fe, la realidad no existe.
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Diario

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 06/10/2010 a las 19:47 | Comentarios {1}


No sé qué es
No sé qué es y está de sobra. Es algo del alma. Algo de lo oculto. Lo que no tiene nombre. Lo que no se puede nombrar. Quisiera decirlo, os lo juro, quisiera ponerle nombre, que fuera, yo que sé: mandarina, estío, huera, tierra. Palabras así de claras, tan hermosas, tan concisas. Si le pusiera nombre, me digo, lo entendería y si lo entendiera, me digo, lo embocaría (lo pondría en la boca) y os lo diría, os juro que os lo diría.
Al no saberlo no puedo describirlo, ni puedo escribirlo como sí hizo Virginia Woolf en su precioso ensayo Una habitación propia aunque ella arguyera que no sabía cómo escribir sobre la mujer y la novela por lo mucho que abarcaba el enunciado por lo poco que sabía sobre el tema. Sí sabía. La belleza de su discurso amparaba su ignorancia y lo aclaraba.
No sé que es y me provoca desamparo (desamparo de mí). Me viene a la memoria otro monstruo del pensar Wittgenstein cuando escribía (más o menos) que todo lo que se podía decir podía ser y que por lo tanto todo lo que no se puede decir no puede ser ¿Cómo puede ser entonces que yo tenga algo que no puedo decir? Reduciendo al absurdo el pensamiento llegaría a la conclusión de que si no lo puedo decir, nada tengo y si llegara a esa conclusión sería que lo que no sé que tengo es el vacío (que tampoco sería porque se puede decir).
No sé qué tengo y lo tengo desde niño. Recuerdo que lo tenía cuando pasaba las horas de la tarde escuchando el sonido del celofán entre mis dedos; lo tenía en los largos recreos solitarios y cuando por salir de clase me arrancaba los dientes; lo tenía más tarde sin saber qué era, sin ponerle nombre cuando en la adolescencia pude besar a una muchacha y salí corriendo por el miedo a saber el beso, a conocerlo. No sé por qué porque no fue vergüenza o timidez es algo más allá, es algo sin nombre, en algo sin ser.
Y eso que no sé qué es marca a fuego las horas de mi vida. De tan invisible pesa como el mercurio y parece que se husmea a la distancia. Diría que es pavoroso si me diera miedo. Diría que es asqueroso si sintiera náuseas. O diría que es hermoso si sintiera la belleza cuando acampa en mis alrededores. No siento nada, sólo la inquietud de saber que está ahí otra vez y que no sé qué, os lo juro, no sé qué es.

Diario

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/09/2010 a las 23:14 | Comentarios {0}


Cautela
Cautela, me digo. Y al decirlo sé que de alguna forma me contradigo (por un sentimiento de audacia, de alegría de vivir o de arriesgar), yo que siempre he sido tan poco cauto, que todo lo enfrenté a tumba abierta, buscando quizás en alguna de esas tumbas la mía para siempre. Temeridad cuando con Espi, el loco del pueblo de Águilas, a las diecisiete años, me montaba en su Osa Enduro y subíamos una montaña, a toda velocidad, al borde del precipicio. La Guardia Civil le había quitado el carnet (por loco) pero él (como buen tal) seguía conduciendo y así me llevó desde Águilas hasta Cullera -unos 200 kilómetros- campo a través y de noche (eso sí noche de luna llena). Audacia cuando decidí ser escritor y autodidacta y creí, a pies juntillas, en mis fuerzas o no creí en ellas y pensé que moriría pronto y así nada sería tan duro, tan extremo. Valentía cuando me enfrenté una y dos y más veces a los que detentaban sus miserables poderes (o me enfrentaba para no triunfar, para tener escasez siempre, para no vivir). Cautela, me digo ahora y por eso leo y releo lo que hasta ahora he escrito y me digo, ¡Cuántas anécdotas! (en el fondo la vida de cada hombre no es más que un largo rosario de anécdotas. Todo desaparecerá. El universo oscurecerá nuestra especie, seremos, más pronto que tarde, fósiles meteoritos).
En mi nueva casa. En mi nuevo espacio, al que todavía no he tomado el pulso, en esta soledad potente después de tantos años siempre acompañado (gratamente en ocasiones) para llegar aquí (para seguir, no he llegado a ninguna parte. No creo que nunca se llegue), frente a la pared que es la forma más sensata de colocar la mesa y ocultar los cables que nos unen al mundo y que a la vista son, realmente, tan desagradables (quizás un artista conceptual haya hecho ya una obra de arte con ellos que se mostrará en un museo importante de la ciudad de Illinois). Alumbrado por una bombilla de bajo consumo, sobre una mesa, provisional, de cristal. En la cocina reposan unas berenjenas en agua y sal para quitarles lo negro y el amargor (podría haberlas hecho en escalibada pero esa posibilidad me ha llegado tarde cuando ya las había partido en rodajas) y me gustaría poder sumergirme yo también en una solución tan sencilla para quitarme mi negro, mi amargor y luego freirme una vez enharinado y saberme como guarnición de un lomo marinado. Cautela. Cautela, me digo.
Alegría en el riesgo. Alegría en el encuentro. Pasión. Pasión ¡qué palabras tan excitantes! ¡qué resultados tan jodidos normalmente! Quizá por eso siempre haya defendido más los procesos que los resultados. Los procesos se viven y los resultados se sufren (¡Frase! ¡Pum, pum! Justo en el blanco).
Quédate en tu refugio. Constrúyelo, me digo ahora. Hazlo hermoso. Si consigues mantenerlo. No será fácil.
Cautela porque en los últimos tiempos has sido muy, muy incauto. Has soportado una presión que podrías haber aliviado antes (no es cierto, no es cierto eso, no podías, tenías que soportar esa presión por eso lo has hecho, por eso has aguantado, incauto. Es imposible de explicar desde la razón. Es imposible hacerle sentir a otro ser humano determinadas decisiones a no ser que ese otro ser humano esté dispuesto, de alma, a creer lo que expreses. Porque todo se calibra en intuiciones, en tempos).
Sé cauto. Vive cauto. Cuenta cauto ¡Cuánta cautela!

Diario

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/09/2010 a las 20:35 | Comentarios {0}


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