Inventario

Página de Fernando Loygorri
Desconoce, hermosamente, el límite de la caída
Dice el hombre que llegó a ser caníbal que nadie puede imaginar lo que es darse cuenta de que te estás devorando a ti mismo (el hambre lleva al cuerpo a alimentarse de su propio hígado, de su riñón, de su pulmón)
Desconoce la verdad del Infierno
lo que debe de ser una espera eterna e intensa del fin de un suplicio
Desconoce el fondo del pozo
No sabe qué vida tremenda y angustiosa puede llevar a una limpiadora a negarse a barrer los pelos de un perro
como tampoco podrá llegar a vislumbrar la miseria que obliga a un hombre a ensordecer con la música que le gusta a toda una comunidad de vecinos
(aunque quizás eso lo pueda entender un poco mejor: el borracho de su padre lo hizo varias veces por semana a lo largo de varios años)
Lo que nunca entendió, menos ahora que ya es mayor, es qué le llevó a semejante escándalo, qué horrible trauma sufrió para vejar días y días a los que tenía a su cargo
Cómo si vislumbraba siquiera sus taras no se rajó el cuello antes de llevar la desdicha a todos los de su estirpe
(no habría habido entonces estirpe
no habría entonces sido)
Ese es el mundo en el que vive
Ese es el mundo que mira
Por eso, probablemente, se aleja de él cuando camina solitaria con su perro por las vías pecuarias
en serranías a las que los hombres pusieron nombres (por ese afán que tienen de nombrarlo todo hasta el punto de construir un Dios en base al Verbo) ya sea la cañada, la falda de aquella montaña -también con nombre- o los picos; allá se va ella, todos los días, hermosa y madura como las peras en verano -con esos colores de sus pieles que serpentean desde el verde al rojo- con el pelo recogido, castaño, usual; vestida con unas zapatillas deportivas, unos calcetines bajos, un pantalón vaquero corto y una camiseta de tirantes; camina sola; camina con su perro; camina concentrada en la respiración; camina y medita; a veces camina y repite un mantra aum goán nahmá, aum goán nahmá y lo repite con sensatez, sin estridencias, sin darle más valor que el de restar pensamientos a la mente
También ese mundo, se dice
La búsqueda de los colores de la luz
El encuentro con el sonido de las frases
Transita entre la desolación y el tumulto
Quisiera desnudarse como se desnuda cuando vuelve del paseo
Quedarse en cueros de sí misma
No ver trapo ninguno
Ni trazas de infierno o paraíso
Hacer como hizo en la mañana cuando al salir vio la luna redonda y blanca en un cielo pálido y azul sobre unos pinos redondos como el vientre de las embarazadas y unos cipreses largos cuales miembros de caballos
Esa veredita busca
Ese agua que bendiga y limpie su excrecencia
Busca la multitud en las hormigas
el griterío en bandadas de golondrinas
las protestas en el barrito de los elefantes
la orgía en la saciedad de la luz 
Busca la carretera recta
la insolación lunar
la microbología
Busca la ameba como se busca el alma
Busca el perdón y el recuerdo
cuando camina con su perro por las viejas vías de los pastores trashumantes y
...

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/08/2018 a las 13:00 | {0} Comentarios








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