Inventario

Página de Fernando Loygorri

Texto de Olmo Z. escrito hace dos días en el manicomio de Acra.
Agradezco al enfermero al que soborno generosamente que me haga llegar estos textos.


Trance. Fotografía de Olmo Z. 2014
Trance. Fotografía de Olmo Z. 2014
El semen sabe a sal
La flor acribilla
Náusea en la estratosfera
Si pudiera volvería mudas las arenas
Mata el amor
Porque es volcán mata
Porque raya en la locura mata
Porque recuerda a la Idea mata
El flujo sabe a ostra
y nadie se ampara en el hueco del bonzo en el árbol
Volverá el alacrán a su danza
Nacerá la huella en su piel
La peste se llenará de lombrices
El amor mata
El amor es un asesino, un vulgar y mediocre asesino de seres libres
No te dejes amar
No te dejes encadenar
Vomito calor por la boca
Me duele la quinta vértebra
Quisiera escalar por una ciudad de Nepalm
o vivir en la ciudad más honda de Siberia
¡Archipiélago Gulag! ¡Archipiélago Gulag!
El amor es un invento de los funcionarios de la Roma Imperial
Las mujeres con sangre latina son putamente dignas de amar
Huyo de las mujeres con sangre latina
Huyo aún más de las mujeres con sangre etrusca
Y me reviento los ojos si sé que desciende de una estirpe de las tierras de Ausonia
El cielo me abrasa
El musgo me escupe gargajos viscosos
La ciénaga se oculta
La noche se ha hecho demasiado larga
Ven, osa
Ven, liebre
Ven, musaraña
Ven, putrílago
Ven, légamo
Neutrino huye
Quark huye
Valencia huye
Protón huye
Bosón de Higgs huye, huye, huye
No hay canción comparable a unas tetas caídas
No hay caricia que soporte unos cojones canosos
La tormenta del desierto anima a la walquiria
y hay un puerto inseguro a punto de acogerte
Reina de las sodomitas
Emperador de los íncubos
Marica de uñas pintadas y rouge rosa pálido
Cardenal ilustrísima de la Puta Mierda
No voy a soñar la tarde
Tendré pesadillas
que amo
que he dejado de ser libre
que me obsesiono con unos ojos
que suspiro por un talle
que elaboro una metáfora
que sugiero un mañana entre sábanas
¿Qué son? ¿Qué son las sábanas?
Amar mata
El amor es el Herodes de los inocentes
El amor es un volcán que abre un cráter en nuestros ombligos
por donde la sangre huye de nosotros
y la debilidad se incrusta en nuestros huesos
hasta quebrarlos, hasta obligarnos a reptar, a reptar
¡Oh, Leteo!
¡Oh, Estigia!
¡Oh, barquero!

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 24/04/2016 a las 00:43 | {0} Comentarios


Enramada. Fotografía de Olmo Z. Noviembre 2015
Enramada. Fotografía de Olmo Z. Noviembre 2015
Fue al final del camino, donde da la vuelta el aire. Llovía y la lluvia y el color del mundo presagiaban una emoción intensa. Bajó el último trecho donde las raíces de un árbol, casi a ras de tierra, servían de escalón y al bajar, al acercarse al regato, nacido del deshielo y de abril, olió el mundo como se huele alguna vez. Se quedó quieto. Cerró los ojos y vio los pájaros que andaban escondidos en los árboles, sintió el roce de sus alas, sus patas en los nidos, el gusano en sus picos; vio el agua fluyendo, siempre el agua fluyendo hacia el lugar que en nada le incumbe y creyó vislumbrar entre su densidad una vida fértil como el vientre de la mujer en primavera. Estaba quieto. Sus brazos caían sin tensión. Sus manos sentían la lluvia y cierto frío semejante a la nube que todo lo cubría provocaba en él la tensión propia del final. No le hubiera importado morir. Quizá por eso empezó a llorar sin el esfuerzo del desahogo sino con la calma de la respiración del mundo. Cuando el mundo respira solo. Cuando nada ni nadie le obliga a jadear. No había comunión entre él y la naturaleza porque ambos, por fin, eran lo mismo y ese ser lo mismo provocaba una emoción sin nombre, una emoción que sólo el corazón sabe descifrar y acatar sin tiempo, sin articulación, sin devenir. De ese estado surgió la idea de haber comprendido algo. En su mente la imaginación le abrió su niñez y se miró en sus ojos de niño y supo entonces que antes, alguna vez, había sentido lo mismo. Supo que ese estado lo había vivido cuando en la alta infancia jugaba sentado en una silla con el celofán de un caramelo. Los sonidos del celofán eran entonces los que le hacían uno con la naturaleza. No había juicio. No había valoración. Tan sólo había sonido de caramelo.

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/04/2016 a las 00:25 | {0} Comentarios




Hay un hombre en mí que llueve

 

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 20/04/2016 a las 00:20 | {0} Comentarios


Entrevista emitida en el programa La Estación Azul de RNE
El domingo 17, Ignacio Elguero director del programa La Estación Azul, me hizo una entrevista a propósito de la publicación del libro GEN, editado por Polibea.
Esta es la entrevista.
entrevista_la_estacion_azul.mp3 Entrevista La Estación Azul.mp3  (25.52 Mb)

Poesía

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/04/2016 a las 20:49 | {0} Comentarios


Texto de Olmo Z. desde el manicomio de Acra.


Las hijas de Lot de Lucas van den Leyden (ca. 1520)
Las hijas de Lot de Lucas van den Leyden (ca. 1520)
... y los ricos, ¡y los ricos!
Seré el último tras el sonido (la niebla también urde su complot)... la voz clara dice, Hola Olmo
Y esa aguja
Esa perforación en la base de los cojones, justo donde la próstata ¡Glándula maldita! ¡Inspiración de la vida! ¡Soliloquio de la paja!
No pasarán
Y seremos los primeros
Aturdidos seremos los primeros en el Paraíso
Avanzaremos como un ejército de diablos cojos, renqueando nuestras culpas, al socaire de un día para celebrar
Nacimiento del Dios
Dios hecho carne
Dios hecho falo
Los primeros, los primeros en el Paraíso, a través del desierto, sin agua, sin flujo, sin sangre, sin venas, pura esencia nuestra maldad
Malos de Santa Solemnidad
Antes que los ricos
Antes, antes que los ricos
En esta pobreza del amar
Pobres y arrastrados, restregando nuestras lenguas por un arenal
ansiosos de la caricia de Dios
ansiosos de que nos meta su dedo divino por el culo
para gritar de gozo y exaltación de las nubes claras que corretean por la gran pradera del cielo con su verdor de alas angelicales y toda la cohorte de cantos femeninos que endulzan nuestras heridas con los tonos agudos de su canto
¡Los primeros! ¡Los primeros! Nosotros los últimos. Parias del amor. Parias de la razón. Parias del color. Sombras grises de la locura.
Átame, átame a la cama, ata mis brazos, ata mis tobillos, anúdame, que no puedan mis manos, que no puedan mis pies... el pecado es su olor, el pecado en mi pasión, ¡Maldito Dios de los pecados! ¡Cástrame, enfermero! ¡Hazme querubín!
Extírpame el tímpano
Que nada vibre a mi alrededor
y así la hoja del roble
Quema mis pezones
Arrasa con mi tacto
Corta los nervios de mi tacto. Que la piel deje de ser órgano.  Que mi divagar impida la metáfora
Ojo de aguja mi alma
Nada mi alma
Sólo ojo vacío
Seco ojo que nada ve
Nada espera
No hay nada en lontananza
Ya no recuerdo la cicatriz
Vuela de aquí
¿No ves que no hay carnaza?
Dejadme
Cortadme
En pedazos uno en Acra otro en Albania uno más en España y luego esparcidme por las tierras de Arabia y en la lejana Alaska dejad mi corazón para que hiele y no sienta la condena
¡Calor, huye!
¡Siroco, gira en torno a mí!
¡Desierto no te vuelvas nunca fértil!
No esperanza
Ninguna esperanza para mí
Castradme
Atadme
Moridme
Ya llego, sí, ya llego, sí, sí, sí

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 12/04/2016 a las 11:42 | {0} Comentarios


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