Mi ser en ti
así recuerdo
la autopista gris
camino del colegio
habías hecho sus trenzas
Mi ser en ti
fue tan gozoso
Hubo un día que sentí
al verme en ti
que todo beso cabía en mi boca
y que mi abrazo te envolvía
y tú sentías los brazos
del mundo protegiéndote
Sumérgeme y desde la humedad
idea
una singladura en el desierto,
la figurilla de una diosa
brazos elevados
torso desnudo
amplia falda
o
la absenta
fin de siècle
la acera brilla
y -sutil- una ardilla
canta, canta, canta
o
el páncreas
devorando azúcar
sin saber por qué
o
ven, le dijo
y al correr se evaporó
o
el mechero, el cargador del móvil,
el hada de alas verdes,
los diccionarios,
las tapas chinas
de un cuaderno escrito en español.
idea
una singladura en el desierto,
la figurilla de una diosa
brazos elevados
torso desnudo
amplia falda
o
la absenta
fin de siècle
la acera brilla
y -sutil- una ardilla
canta, canta, canta
o
el páncreas
devorando azúcar
sin saber por qué
o
ven, le dijo
y al correr se evaporó
o
el mechero, el cargador del móvil,
el hada de alas verdes,
los diccionarios,
las tapas chinas
de un cuaderno escrito en español.
será esta noche
cuando vuelva a soñar
ahora hace frío
la niebla cubre el valle
sé que un día
quizás hoy mismo
se levantará
y aparecerán las copas
desnudas de los robles
la vaca tendrá más volumen
el horizonte no estará tan cerca
sé que estás dormida
llevas puesto el camisón
la ropa interior
si yo durmiera a tu lado
estarías desnuda
mi órganos sexuales
sentirían tus nalgas
mi mano izquierda
cubriría
tu seno derecho
con las primeras luces
en un corto despertar
moverías tus caderas muy despacio
y tu sexo se inundaría un día más
para acogerme
y gozarnos
jadearemos juntos
esta noche
cuando vuelva a soñar
cuando vuelva a soñar
ahora hace frío
la niebla cubre el valle
sé que un día
quizás hoy mismo
se levantará
y aparecerán las copas
desnudas de los robles
la vaca tendrá más volumen
el horizonte no estará tan cerca
sé que estás dormida
llevas puesto el camisón
la ropa interior
si yo durmiera a tu lado
estarías desnuda
mi órganos sexuales
sentirían tus nalgas
mi mano izquierda
cubriría
tu seno derecho
con las primeras luces
en un corto despertar
moverías tus caderas muy despacio
y tu sexo se inundaría un día más
para acogerme
y gozarnos
jadearemos juntos
esta noche
cuando vuelva a soñar
Te amo,
le dijo el silencio a la voz
y la voz calló.
Variación 1
Le dijo el silencio a la voz,
Te amo
y la voz calló.
Variación 2
Calló la voz
y el silencio habló.
La señora Alba se encuentra tendida en la cama,
sobre sus ojos una compresa fría distrae su jaqueca,
a lo lejos unos chopos tiemblan cerca del río
y en sus ramas los estorninos descansan tras su largo viaje.
La señora Alba ha bajado la persiana y ha soltado su cabello
el cual, como filigranas, se esparce por la funda blanca de la blanca almohada.
Entre el dolor y la espera de la calma
la señora Alba ensueña un cuerpo desapercibido,
un cuerpo, por decirlo de alguna forma, sin sentido,
un cuerpo que fuera un transporte y no un fin en sí mismo.
Los estorninos se lanzan a la caza al caer la tarde;
la algarabía que por el aire fabrican sus sonidos
llega hasta los oídos de la dama enferma
la cual estaba dormida y comenzaba a soñar
un verde traje de lino ceñido a su cuerpo por un viento marino;
despierta la señora Alba sobresaltada, se quita la compresa de los ojos,
se asoma, a su pesar, a la ventana que tenía bajada la persiana
y observa la bandada de estorninos como si fuera trozos de negro en el azul del cielo;
su cabeza estalla de nuevo, sus manos se agarrotan de dolor, sus piernas flaquean,
su boca se seca y odia la furia de las aves, sus vuelos rasantes, su empeño
en convertir la tarde en una feria de verano.
Cuando cae la noche se hace el silencio,
la señora Alba se acaricia el sexo,
ese placer atenúa el dolor de su cerebro y en el momento del orgasmo, en sus últimos espasmos, el dolor desaparece y su cuerpo se parece a la bandada de estorninos
con sus giros salvajes en el aire cuando pintaba sobre el cielo azul trazos en negro.
sobre sus ojos una compresa fría distrae su jaqueca,
a lo lejos unos chopos tiemblan cerca del río
y en sus ramas los estorninos descansan tras su largo viaje.
La señora Alba ha bajado la persiana y ha soltado su cabello
el cual, como filigranas, se esparce por la funda blanca de la blanca almohada.
Entre el dolor y la espera de la calma
la señora Alba ensueña un cuerpo desapercibido,
un cuerpo, por decirlo de alguna forma, sin sentido,
un cuerpo que fuera un transporte y no un fin en sí mismo.
Los estorninos se lanzan a la caza al caer la tarde;
la algarabía que por el aire fabrican sus sonidos
llega hasta los oídos de la dama enferma
la cual estaba dormida y comenzaba a soñar
un verde traje de lino ceñido a su cuerpo por un viento marino;
despierta la señora Alba sobresaltada, se quita la compresa de los ojos,
se asoma, a su pesar, a la ventana que tenía bajada la persiana
y observa la bandada de estorninos como si fuera trozos de negro en el azul del cielo;
su cabeza estalla de nuevo, sus manos se agarrotan de dolor, sus piernas flaquean,
su boca se seca y odia la furia de las aves, sus vuelos rasantes, su empeño
en convertir la tarde en una feria de verano.
Cuando cae la noche se hace el silencio,
la señora Alba se acaricia el sexo,
ese placer atenúa el dolor de su cerebro y en el momento del orgasmo, en sus últimos espasmos, el dolor desaparece y su cuerpo se parece a la bandada de estorninos
con sus giros salvajes en el aire cuando pintaba sobre el cielo azul trazos en negro.
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Poesía
Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 15/01/2010 a las 08:59 |