Me levanto caballero,
locuaz me enfrento al día
como los hombres de Godofredo
se disponían a tomar la ciudad de Sión
cuando la fe en un dios
lanzaba cientos de batallones
de unos y otros ejércitos
a los abismos ígneos del horror;
miro el sol como lo haría
un héroe del montón,
Sigerio, por ejemplo, o menor aún:
Dudón que murió de los primeros;
miro también la muralla
de doble hierro o de diamante
que cerca los arcanos de mi mente
y siento el impulso de atacarla
protegido tan solo con un peto y un espaldar
y esgrimiendo como armas
de cuero una rodela
y de Alepo una daga.
No oso hacerlo porque al ser héroe
soy cobarde y la belleza me vence
y me susurra: si mueres
no podrás volver a verme.
Cuando la tarde
cubre de dulzura el mundo
y atraviesa el aire, con rumbo,
una mariposa amarilla,
siento que el ímpetu
de la mañana decae
y busco entonces, sin empeño,
un delirio que me lleve
entre humo y duendes
hasta el último confín.
¡Qué silencios me esperan!
Ese lugar donde el yo
se descompone y nosotras,
células vivas de un todo muerto,
seguimos cantando
-como si fuéramos uno,
como si fuéramos yo-
sobre alguien que se levantó
caballero y escribió:
cuando la fe en un dios...
locuaz me enfrento al día
como los hombres de Godofredo
se disponían a tomar la ciudad de Sión
cuando la fe en un dios
lanzaba cientos de batallones
de unos y otros ejércitos
a los abismos ígneos del horror;
miro el sol como lo haría
un héroe del montón,
Sigerio, por ejemplo, o menor aún:
Dudón que murió de los primeros;
miro también la muralla
de doble hierro o de diamante
que cerca los arcanos de mi mente
y siento el impulso de atacarla
protegido tan solo con un peto y un espaldar
y esgrimiendo como armas
de cuero una rodela
y de Alepo una daga.
No oso hacerlo porque al ser héroe
soy cobarde y la belleza me vence
y me susurra: si mueres
no podrás volver a verme.
Cuando la tarde
cubre de dulzura el mundo
y atraviesa el aire, con rumbo,
una mariposa amarilla,
siento que el ímpetu
de la mañana decae
y busco entonces, sin empeño,
un delirio que me lleve
entre humo y duendes
hasta el último confín.
¡Qué silencios me esperan!
Ese lugar donde el yo
se descompone y nosotras,
células vivas de un todo muerto,
seguimos cantando
-como si fuéramos uno,
como si fuéramos yo-
sobre alguien que se levantó
caballero y escribió:
cuando la fe en un dios...
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Poesía
Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/04/2025 a las 20:52 |