Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
OLMO:
He visto en los dientes que muerden la lengua la genalogía de la moral (bulbos verdes que no han roto, ni están crispados [como Londres bajo la lluvia] y se mantienen medio muertos a la espera de la humedad para romper).
He visto en un hotel la última huella de la voz que no volverá a pronunciar jamás un solo sonido más. Y puedo asegurar que la excitación, apoyado en el coche, hacia las cuatro de la tarde de un día de diciembre fue tan amorosa como la boca y los dientes.
Deberé volar para dejar de rastrear el espanto.
Deberé no juzgarme si un comentario pudiera ser políticamente incorrecto y escuchar la flauta con la calma del Apache descubriendo el enigma de un rastro.
He visto en los ojos un abrazo desnudo y en el rubor de sus mejillas el solsticio de verano (por un instante).
Sé que entonces veré los días oscuros cuando todo se retrae y el lamento tiene forma de muérdago y las canciones se elevan por la nieve desoyendo toda lógica. Nada hay que objetar. Tan sólo me pregunto por qué ayer sentí tres muertes en un breve trecho y lloré tanto por ellas que me parecieron ocurridas.
He visto el calor de su cuerpo a través de un anorak sintético mientras olía la contaminación del mundo y apenas me restaba un ápice de miel para endulzar el tósigo. Todo son ojos, me he dicho.
Y en la Rueda de la Fortuna
Y en el Radio de la música (la que nos lleva dentro, a ese tumulto de seres que nos puebla a cada uno)
Y en el Arco que gime sobre sus bases abiertas
Y en la Cadera tan llena de huesos y nostalgia
he visto la mano que mece el cabello, la tortura del aseo en el gato, la medialuna turca.
No canto homéricamente
No hay ponto en mi desencanto
ni estrecho del Bósforo, ni país de los tracios
porque quizá, lejanamente, recuerdo los versos de una princesa española escritos por un romántico alemán en plena y reiterada destrucción del mundo.
Yo sé que he visto.
Yo sé el rezo.
¡Qué cortos son los días!
¡Dadme! ¡Dadme hielo!

Narrativa

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 05/12/2015 a las 20:16 | Comentarios {0}


Quiero confesarte, amiga, que he caminado por el bosque una tarde que hacía viento y sentí, desde el principio, una turbación del ánimo en todo semejante al oleaje.
Te quiero ser sincero porque me arde, a lo lejos, una llama de invierno (como cuando el caminante en la estepa, a punto del desmayo, entre ventisca y fiebre, descubre un punto de luz, algo así como la veladura de una casa -siquiera su posibilidad-): he caminado entre el viento por el bosque y me he subido el cuello del abrigo pero he seguido alejándome del punto de partida aún sabiendo que hay árboles que no están tan sujetos a la tierra como para no desgajarse por la furia de una ráfaga de aire.
Así lo he hecho cuando se acercan los días más cortos y la noche cae a plomo, sin avisar, con esa luz tan indefinida que se llama crepúsculo y que -como tan bien evidencia su significado- puede ser tanto crepúsculo del día como crepúsculo de la noche. No te asustes, no hay metáfora en lo que te digo, tan sólo la descripción de un paisaje y su sonido porque me alejo del punto de partida y mi ánimo se turba, es cierto, pero es una turbación sonora, sin carne, sin hueso.
Así me adentré en el bosque y cuando me vi rodeado de maderas y hojas, de tierra y raíces, de hierbas y matojos, de animales pequeños y pequeñas lomas, todos envueltos en el misterio del viento (también yo, amiga, también yo) nos dejamos llevar por la posibilidad de un último encuentro. Quizás el que menos sagrado sentía el instante fuera el perro porque él es en todo inocente, no así la rama que conoce hasta qué punto ha de ser flexible, ni la hierba que aprendió a la intemperie la importacia de dejarse aplastar por lo invisible; no él -el perro- que corría, saltaba, retozaba y mordía el palo con la misma inconsciencia del día en calma, de la tarde que acaba.
Ya dentro del bosque, muy dentro, amiga, muy, muy dentro, escuché por vez primera como gime la madera zarandeada y no sé por qué sentí que me encontraba en un barco encallado en aguas peligrosas, sometido al embate terrible de las olas y a los filos agudísimos de las rocas y ese sonido de cuaderna que cruje, de mástil hecho añicos era el que oía cuando la madera no es nada, es tan sólo tronco, raíz o rama.
Sentí una inmensa alegría porque supe conocer algo enteramente nuevo: el bosque con viento es un barco naufragado. Y ni siquiera pensé que morir pudiera ser algo parecido, algo así como: la muerte es una vida al pairo y me sentí sonado y volví sin ser consciente de que volvía y cuando salí del bosque y el viento arreciaba en la llanura, amiga, me dejé llevar por su capricho y no quise añorar el barco que acababa de abandonar a su suerte como si en realidad hubiera salido de un bosque con viento, al caer la tarde, muy lejos del mar.

Narrativa

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 02/12/2015 a las 19:02 | Comentarios {0}


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y más...


Melancolía. Durero
Melancolía. Durero
Déjate la electricidad -yo te aconsejo, hermano-
Ocúpate de tu cadena (visión, pecho, circunstancia, sombra, pingüino, caballero)
Atiende que la larva larve (también que circule el agua y se eleve por denuncia la cualidad que al final, como siempre, será mérito)
Permanece en tu vergüenza (hay en el aire ausencia como en la cumbre el solsticio y el corazón se besan mánsamente)
No devuelvas la ira y mira los tobillos, la tierra, la lágrima, la punta y el miércoles con la misma objetividad que el perro
Pero tú sé lobo y que sea el Papa quien lance sus encíclicas sobre el bien y el mal acomodadas a las modas y mientras tú, sempiterno, al cielo clama o dirígete a la península (desarmado, simétrico y disuelto)

... en las uñas está el secreto

Narrativa

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/11/2015 a las 20:01 | Comentarios {0}


Atacar a golpes
de rebote, de rechazo
recurrir ¡Oh, acueducto! (pero Mariana lo resucitó como arcaísmo)
Hay que animar a los perros, Alex, con diligencia
¡Ojo!
Es un fuera de serie
¡Cuartel, cuartel! aunque los mismos autores digan azuzar o ¡cuz!
Ya llega el cuervo, ya, ya llega
aunque no quede claro en qué forma
Acurrucarse o correr
En 1570 no se respondió a esta cuestión
En 1570 lo resucitó con uso literario
¡Agua! ¡Cúmulo!
Ya nadie podía probar que estaba vivo
Ya nadie podrá asegurar que la avecica se recoge para empollar los huevos
y nadie, nadie pronunciará el apellido Forcellini
Quizá tenga razón la realidad de un ave de ese nombre
Kauzen, kauzen
Agudo
Hay otra posibilidad y no queremos dejar de decirla: se supone que los vocablos no tienen nada que ver
pero la verdad es que él tiene el porte de un joven humanista
Evitad la partida
como si fuera el influjo de un achaque
Ahogad
la enfermedad del beso
Ahogadla (ojalá lo hubiera escrito Berceo)
Hay en mi pulso una intención troyana y un ansia por llamarme Lamas o Lugrís o Moraes
por ser hecha esta enfermedad de linfas y de sangre podrecida
Basta, paleta curva de la rueda hidráulica
Basta, orilla del mar
Basta, hacha de mango largo
porque sabemos que Marciano Capela empleó la palabra alipes en prosa
Basta, bastoncito con travesaños
Porque he tenido una idea audaz
que sólo expondré en Córdoba
y esa porción de cabellos, esa melena de yegua no existe, has de saberlo, no existe
como si te dijera álaga y tú respondieras trigo
como si te lanzara azul  y tú, sonriendo, señalaras con el dedo las tierras de Horozco
Ahora, ya termino, la barra que sirve de cerrojo,
el origen incierto del término álamo
Sé que sabes que la diferencia entre el álamo y el olmo es menor que entre el álamo y el aliso (Batallas de árboles)
Alondra soy y rojo claro.

Narrativa

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 20/11/2015 a las 00:41 | Comentarios {0}


A veces ocurre en las grandes ciudades de occidente
lo que ocurre casi a diario en la pequeñas ciudades de Siria
por eso hoy he cambiado las sábanas
A veces ocurre una crueldad devastadora
como cuando una mujer hace esperar a un hombre y le retuerce una semana entera en la distancia sin entender que esa crueldad podría ser la última acción que realizara en su vida
porque a veces, en las grandes ciudades de occidente cualquier grupo de dementes (locos de poder, locos de siglo XI, locos de los dioses locos -todos los dioses están locos, todos los dioses son unos putos locos. Habría que encerrar a todos los dioses en un Valhalla con paredes hechas de cristal tallado a prueba de creencias-, locos de armas, locos de envidias o de simples acentos) se mete en una sala de fiestas y se lía a tiros
por eso hoy las sábanas limpias
A veces ocurre que una mujer no conoce a Cristo
sólo sabe que hubo un hombre que dicen que fue sacrificado
pero ni siquiera indagó por sí misma a ese hombre sacrificado
ni siguió otras pistas que no fueran las que una secta le inculcó desde niña
y así no es consciente que esa crueldad  podría ser su última acción en esta vida breve
si quisiera el destino que esta noche mientras cena en un restaurante, unos dementes de cualquier dios loco y sanguinario entraran en él y les rebanaran el pescuezo al grito de cualquier plegaria inmisericorde como ocurrió ayer en Paris sin ir más lejos
por eso el Hilo de Holanda en las sábanas y la pulcritud de las mesillas sin polvo
Jesus ' blood never failed me yet
A veces ocurre en las grandes ciudades de occidente el desconocimiento
y esa mujer que hace esperar a un hombre una semana cruelmente no sabe -espero que no sepa- que esa actitud se la está transmitiendo a sus hijos
como toda la violencia que estalla en un punto del mundo de repente viene de alguna parte, no se genera en ese instante, no es pura sino que está contaminada de la crueldad de los padres, de los abuelos, de las tardes con hambre o con exceso de riqueza y un día, un 13 de noviembre, se adueña de las calles de Paris y mata o se adueña del corazón de un hombre que espera y también algo le mata
Jesus ' blood never failed me yet
A veces porque nací en las grandes ciudades de occidente
sé que no debo juzgar a nadie y debo mantenerme quieto, con las manos en la espalda, como aprendí a hacer no hace mucho
y al mismo tiempo hay una fuerza en mí que me lleva hacia el hombre que esperaba y hacia los muertos de París y hacia los muertos de Siria y hacia los destrozados  por la razias de Líbano y hacia los recluidos de Palestina y quisiera abrazarlos uno a uno y susurrarles al oído, Ojalá tu último acto haya sido una sonrisa, un abrazo, un salto, una emoción sincera, un descubrimiento del otro y no se te haya ocurrido morir habiendo causado daño, no por nada -les diría (no por castigo de esos dioses locos, ni por posibles energías, ni por eternos retornos)- ni por nadie sino por ellos, por la paz que debe encontrar quien dio paz justo antes de morir
Por eso hoy he puesto las sábanas limpias, hechas con hilo de Holanda, blancas y frescas
Por eso hoy he encendido inciensos y he paseado en homenaje a  los asesinados por cualquier credo o condición y por ese hombre que no pudo celebrar su cumpleaños entre abrazos y he maldecido a los que asesinan y a la mujer que, prisionera de su miedo, maltrató al hombre que la esperaba cuando sentenció su ausencia el mismo día en el que iban a encontrarse, la he detestado unas horas.
Jesus ' blood never failed me yet
Esta es la última reflexión que te dedico. Ama siempre que te sea posible como alguna vez, en algún instante, creí sentir que a mí me amabas.
Vale

Narrativa

Tags : Reflexiones que Olmo Z. le escribe a su mujer en plena crisis Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 14/11/2015 a las 19:28 | Comentarios {2}


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