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BELLEZA (1)
BELLEZA (1)
Para empezar a escribir sobre la belleza, que es por derecho propio, la primera entrada de este tratado, lo voy a hacer desde la palabra y para ello me voy a acoger a ese diccionario hermoso y culto que es el que, abreviadamente, se suele llamar El Corominas y que es un monumento crítico etimológico castellano e hispánico escrito no sólo por Joan Corominas sino también por José Antonio Pascual. La autoridad belleza no aparece en este diccionario y sí lo hace bello pero sobre todo, los filólogos, se extienden en uno de los dos vocablos autóctonos para expresar la idea de 'lo bello' que son bellido y hermoso. "El término bello -escriben- es ajeno al Cid y a otros textos del castellano primitivo". De los dos términos que he nombrado en el que más se extienden es en BELLIDO que es el que paso a transcribir.
BELLIDO, 'hermoso', derivado del latín BELLUS 'bonito', quizá debido a un cruce con MELLITUS 'dulce', que se empleaba junto con BELLUS en frases cariñosas para dirigirse familiarmente a personas queridas. 1ª doc.: como nombre de persona Bellitus está documentado en España desde 683, en que un obispo de este nombre firma el Concilio XIII de Toledo (Simonet, p. CXCI, n. 1)1 . Como adjetivo común se halla desde el Cid, y el mozárabe bellito desde 982 (Abenyolyol, en Simonet, s v. archo-bellitho)2, pero en la lengua literaria ya se hace anticuado en el siglo XIV (M. P. Oríg., 236), aunque todavía lo emplea como arcaísmo algún autor del XVII (Góngora, Moreto)3.
Es fundamental para el origen de bellido el documentadísimo y atinado estudio de Y. Malkiel, Language XXII, 284-95, 302-11. Según él sería un mero descendiente de MELLITUS por vía fonética, conclusión que no puede aceptarse, pues no existe en romance el "cambio esporádico" de m en b ni de b en m4, y el autor no aduce ni una prueba de que MELLITUS significara jamás 'bello'5 ni de que bellido equivaliera a 'dulce, meloso'. No es extraño, pues, que no convenciera a Piel, quien insiste en derivar de BELLUS. Tampoco prueba Malkiel que un verbo derivado *BELLIRE 'embellecer', con su participio *BELLITUS, fuese imposible; al contrario, el mismo cita honestamente modorrido-modorrado (junto a modorro, modorra), denegrido-denegrado, descolorido-descolorado, desmaído-desmayado, quellotrido-quellotrado, y la existencia de descendientes de BELLATIOR, BELLATIUS, en lengua de Oc y francesa prueba la del positivo BELLATUS que se comprueba no sólo por medio del oc. belazor (BELLATIOREM), sino directamente por la expresión intensiva belle, bellatula empleada por Plauto (Casina, 853; belliatula en otros mss. y bell(i)atus en algún otro pasaje plautino). Bellido se pudo referir originalmente a la belleza femenina aumentada artificialmente por el aliño, y de aquí extenderse a los demás casos. Sin embargo, como tales formaciones en -IRE sin prefijo partiendo de un adjetivo son sumamente raras, creo que Malkiel tuvo una excelente intuición al poner de relieve el gran uso de velido en las arcaicas y popularísimas cantigas de amigo gallegoportugués6 y comparar su frecuentísima interpelación madre velida con el pater mellitus del latín popular, ilustrado por Hofmann, Die lateinische Umgangssprache, 14-2. De hecho nos consta que es popular todavía el uso de melido en gallego para 'dulce, delicado, tierno' (Vall., Lugris), "un melido rapaz de doce anos" (Castelao, 195.28). Hubiera debido Malkiel llamar la atención sobre el hecho de que en las cartas de Cicerón coexisten las fórmulas frecuentes mellitus Cicero y Cicero bellissimus (Att., 1, 18, 1; Epist., 14, 7, 3) y que estas frases en que se llamaba alternativamente 'dulce' o 'lindísimo' a la persona querida convivieron hasta la saciedad en el lenguaje cotidiano de los romanos durante largos siglos. De esta convivencia vino probablemente el que bellus se hiciera *bellitus al cruzarse con mellitus7. Es muy fácil comprender que bellido resulte de un cruce de los dos cuasi sinónimos BELLATUS y MELLITUS. De este cruce, además de bellido, salen el romanesco ant. belledisima y el napolitano ant. belledissemo.
1 Más ejemplos del nombre de persona: Uellid 1054, Billito 1063, Uelito 1083, Bellid 1102, Varios ejemplos mozárabes de Bellit, Bellita y del patronímico Bellites, en Simonet, s. v. bellith. (...)
2 Además asbarag belito 'espárrago bellido' en el Glosario de Asín h. 1100 p. 109.
3 Nebrija registra todavía "vellido: bellus, bellulus". Se conservó vivo en la frase hecha por sus ojos bellidos 'por su buena cara, sin recompensa' (G. de Alfarache; Mtro. Correas; etc.). De aquí deriva el santanderino bilidilla 'comadreja' (comp. santand. villeria, fr. belette, derivados también de BELLUS, como interpelación conciliatoria dirigida popularmente a este animal dañino). Pero hoy es palabra arcaica en todas partes, aunque la Acad. es su diccionario vulgar le haya suprimido la nota de anticuado.
4 No sirve de mucho citar masas de ejemplos en amontonamiento confuso sin hacer su crítica filológica y lingüística. Se acumulan los casos del cambio espontáneo que sí existe en vasco, con casos romances de asimilación o disimilación en voces que contienen otra nasal, que son la mayoría (vedegambre, berenar; mengala, mandurría, etc.), vocablos que han sufrido contaminación con otros, y algunas etimologías falsas.
5 La traducción "venustus"que se da en la p. 293 no está justificada por los ejemplos que cita.
6 Recuérdese el lindo ejemplar de Don Denis: "¿De qué morredes, filha, do corpo velido? / Madre, morro d'amores que mi deu meu amigo", ed. Lang. v. 1839, y otros tantos. Sigue vivo en gallego (no en Portugal donde nunca tuvo gran uso): "cruces que pasaban por seren moi belidas" Castelao 124.27.
7 Apenas hace falta recordar que el intercambio entre B- y V- es un hecho tan frecuente que de ninguna manera puede objetarse el port. velido contra la etimología BELLUS (V. BELEÑO, BELESA, BELLACO, BERZA, etc.), ni puede invocarse para derivar de VILLUS 'vello' con Spitzer: bellido no significó nunca 'velludo' o 'fuerte' que sepamos.
Por supuesto, ni falta haría decirlo, no es necesario que se lean entera la entrada que acabo de transcribir sólo que a mí, a veces, la erudición me resulta de una belleza extrema, es decir tiene algo de dulce y de bonito. Lo 'dulce' y lo 'bonito' nos lleva por muy directos caminos a la ternura. Hay algo en la belleza que es mullido. Podría añadir que la belleza es confortable.
PRÓLOGO
No temblará mi mano cuando aborde los temas que se asoman ahora en este inventario del vivir que es de lo que, al fin y al cabo, trata esta revista que inicié un mes de septiembre de hace ya dieciocho años. Recuerdo que en aquel año de 2008 vivía en un pueblo de la provincia de Madrid, en España, en un chalecito adosado propiedad de la mujer con la que me había ido a cohabitar y con la que creía que iba a transcurrir el resto de mi vida. Una de mis debilidades -más bien debilidad de mi especie- es ese afán porque la vida transcurra sin grandes sobresaltos y que aquello por lo que apostamos no se nos vuelva en nuestra contra y nos aboque a eso que llamamos fracaso. ¡Ay, el fracaso! ¡Cuántas vidas ha truncado! ¡Cuántas potencialidades! Malditas ideas preconcebidas. O ideas concebidas por nuestros antepasados que nos inculcan como venenos en nuestras mentes cuando aún somos niños y ellas -las mentes- están dispuestas a absorberlo todo sin cuestionarse nada. Vivir una buena vida consiste, entre otras cosas, en destrozar a martillazos las ideas y los patrones de nuestros educadores aún cuando más tarde construyamos nosotros exactamente la misma idea como si éstas fueran moldes en todo semejantes a la citosina, la guanina, la adenina, la timina y el uracilo; o más: que en esas bases nitrogenadas se contuviera ya la idea de fracaso o la de sexo o la de muerte... ésas que otros llamaron más tarde los universales.
Este ensayo -Tratado de los productos- que ahora inicio con este prólogo que, seguramente, no terminaré hoy, seguirá el camino de gran parte de mi escritura: morirá abruptamente. Y porque así escribo, conscientemente, me llamo a mí mismo hiperrealista dándole a este término la significación de que escribo como se vive: sin saber cuándo se va a morir. Mi literatura -aunque este término habré de matizarlo más adelante, es decir, habré de preguntarme ¿qué es la literatura?- es por lo tanto exactamente igual que la vida: no tiene fecha de salida ni, por supuesto, final cerrado. La vida suele morir abierta. También sobre este principio escribiré.
Avanza ya hacia la noche este diecinueve de abril de dos mil veintiséis. En este momento estoy escribiendo una novela titulada Amor, estoy terminando de corregir una obra de teatro titulada La Campanilla, estoy escribiendo Memorias, estoy documentándome para desarrollar un podcast titulado Los héroes mutantes y todos los meses, con más o menos fortuna, escribo esta revista, Inventario, que alberga una parte considerable de lo que he escrito durante los últimos dieciocho años.
También ensayaré sobre la tarea del escritor o sobre la defensa de la teoría que enuncia el hecho de que las hembras ramapitecinas -antecesoras de los homo sapiens sapiens- fueron las inventoras de eso que se llama generalmente sexo pero contiene un elemento estético muy perturbador como es el erotismo. Mi guía, claro, será uno de los seres que mejor entendió el arte de vivir y que no es otro que Michel de Montaigne. También sazonaré espero que con gusto y bien especiados los motivos que me han llevado a tenerlo como maestro de mis intentos.
La vida pasa lenta cuando se está viviendo y rápida cuando se recuerda. También es este un motivo para emprender este tratado.
Ensayo
Tags : Tratado de los Productos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/04/2026 a las 20:47 |En 2012, era enero, escribí una entrada titulada así La doctrina del shock -si la quieres leer, ya sabes, no tienes más que clicar en su título en verde-. Seguimos instalados en ella. Y va en aumento.
¿Qué estado individual, social genera esta constante sensación de conmoción? ¿Qué implica en la vida de cada uno de nosotros la sensación de tener a las puertas de nuestras pequeñas vidas a un enemigo descomunal, dispuesto a acabar hasta con lo más sagrado que cada uno lleve en su saca? Un enemigo que por cierto, siempre es lo Otro. El miedo, en una palabra.
Recuerdo que escribí la entrada tras ver un documental del mismo título de Michel Winterbottom. Naomi Klein, en 2007, había escrito su famoso libro en el que se basó el director para hacer su película. No me voy a entretener en intentar hacer una sinopsis ni del libro ni del documental porque creo que, en este caso, el título es la sinopsis perfecta y su lectura o la visión del documental se hacen casi imprescindibles para entender los alaridos de los modernos dictadores.
Ya estamos en la III Guerra Mundial. De aquí -como profetizó Albert Einstein- acabaremos de nuevo en las cavernas. No sé cuánto durará esta guerra ni hasta qué extremos de crueldad y locura llegaremos. No me va a importar. No me voy a quedar en los sucesos (que es lo que quieren los generadores de opinión: atraparnos en los focos potentísimos de un suceso brutal) sino que voy a seguir buscando los procesos, los lugares por los que ha transitado el ser humano hasta llegar aquí y por ahí quizá llegue el conocimiento y la asunción de una certeza que Platón -el primero en Occidente, con su teoría de la idea de Idea y su derivada Lo Ideal- quiso ocultarnos: que el ser humano es por definición finito y contingente y eso le aboca a ser mutatis mutandis un lobo para el hombre.
En los últimos días, debido a una pequeña enfermedad que me ha obligado a estar de sofá y tele (esta nueva televisión con cientos de canales que te lleva de un lugar a otro como si estuviéramos en un océano de informaciones e imágenes que acaban mareándote), he escuchado a personas que se podrían considerar los ideales de la burguesía, es decir, los seres masa, contraponer al horror que vivimos (¿qué horror? ¿qué novedad de horror? ¿que no sabíamos que los seres humanos nos matamos unos a otros sin descanso? ¿que no sabíamos que la codicia es el gran motor de Occidente?) la bondad, la ternura, los momentos en que unos nos ayudamos a otros como si fuera un sortilegio, algo que pudiera tener el poder de detener este deseo demasiado humano de trascender sea como sea, le cueste a quien le cueste. Esa reacción es estar en estado de shock y ese estado lleva a la yunta, lleva a agachar la cabeza.
Por cierto, esta reflexión no es conclusiva, es sólo paisaje de un proceso.
Ensayo
Tags : Meditación sobre las formas de interpretar Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 02/03/2026 a las 18:55 |Me declaro libertino (en el sentido que a esta palabra se le daba en el siglo XVIII, es decir, en moderna terminología: librepensador).
202.- ¿Estoy en un periodo de cambio? ¿Importa algo? ¿Cuál es la nave que nos lleva? y ¿hacia dónde?
203.- La distancia no es necesariamente olvido.
204.- Mishra Pankaj en su libro La edad de la ira habla del deseo humano de parecernos a los otros. Esa tendencia a la identidad debe de ser uno de esos mecanismos de defensa que nos han convertido en seres cobardes y gremiales como las vacas. Sólo cuando el peligro es máximo los bóvidos humanos se atreven a atacar.
205.- ¿Cómo se han de encarar unas memorias? Yo propongo que desde el olvido absoluto. Un olvido que permita recordar (porque el olvido, ya nos los dijo el antipático y magnífico poeta Luis Cernuda, no es ignorancia. Olvido de ti sí -escribía- mas no ignorancia tuya).
206.- En ocasiones acude a mi cuerpo una emoción intensa. Tengo aceradas las terminaciones nerviosas. Un solo copo de nieve puede provocarme una descarga brutal de ternura en todo el cuerpo. También la contemplación del odio me lleva a mis zonas más oscuras.
207.- Pensar y sentir son las fuentes que se juntan en los mundos de la emoción.
208.- Hasta pasivamente hemos de luchar contra el fascismo y contra los reaccionarios y volvernos conservadores de los pocos logros que se han alcanzado en este mundo de mierda: unos pocos derechos civiles para unos pocos y un mínimo de justicia social para menos aún. Debemos conseguir que esas dos miserias: justicia social y derechos civiles lleguen a miles, a millones, a miles de millones de seres humanos.
209.- ¿Y si se produce el cambio? ¿Dejará por fin de importar? ¿Seré capaz, junto con mis compañeros los libros y las artes, de navegar con mi propia nave en un mar grato a los ojos de este hombre que un día se atrevió a intuir que podría?
210.- Queridas, vamos.
Ensayo
Tags : Reflexiones para antes de morir Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/02/2026 a las 19:45 |¡Llegaremos al final de los túneles! Tendremos que hacerlo, camaradas, aunque los vientos que nos vengan de cara sean los de los fascistas y sus algaradas. Volveremos de nuevo a mirarlos a la cara y temeremos sus represalias pero a muchos -ojalá sea yo uno de ellos- no nos acobardarán sus armas de fuego ni sus puños de hierro ni sus bates de beisbol ni sus esbirros de la violencia legal en nuestras calles.
Sí, la primavera queda lejos pero todos sabemos, todos, todos lo sabemos, que bajo la nieve que ahora siembra de helor el suelo a nuestros pies, están germinando las flores que mañana cubrirán las praderas del mundo de un concierto de color. La vida, a veces, se abre paso; la fraternidad, a veces, existe y en ocasiones un abrazo, tan sólo una mirada, puede salvar una vida.
¡Levantemos los puños y cantemos! ¡Aprestémonos a luchar contra el fascismo! ¡Asaltemos los muros de la maldita democracia liberal y convirtámosla en una democracia social y de derecho! ¡Basta ya de apariencias! ¡Basta ya de espejismos de libertad e igualdad! ¡Atravesemos este ciclo que vuelve eternamente a su retorno de democracia liberal/fascismo/guerra y conquistemos nuestra Tierra!
¡La tiniebla ya casi no puede ser más densa! ¡Campan los asesinos por nuestras ciudades y nuestros campos! Las buenas gentes, llenas de horror, callan. La malas gentes, llenas de soberbia, gritan. No será nuestro silencio quien acabe con sus gritos, será nuestra unión quien los machaque; será nuestra unión quien los encierre en su vergüenza y si es necesario habremos de amordazarlos y si es necesario habremos de mostrarles el camino de la buena vida y si es necesario habremos de leerles en las noches del invierno a oscuras algunos de los ensayos de ese gran y alegre vividor que fue Montaigne.
Ensayo
Tags : ¿De Isaac Alexander? Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 31/01/2026 a las 13:42 |
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Ensayo
Tags : Tratado de los Productos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/04/2026 a las 02:15 |