Inventario

Página de Fernando Loygorri
Volverá limpio y cuando diga que a lo lejos se veían las costas de un mar innominado, creedle
Volverá tras haber deducido en cada una de sus imágenes el símbolo, creedle entonces
Volverá casi desnudo (desnudez simbólica) y olerá por fin a él
Si queréis, caminad a su lado
ponedle la mano en el hombro
sonreídle un poco
cuando os ofrezca cobijo del sol con la sombrilla al amparo de la cual hizo el camino
Aunque no escriba un Libro Rojo, creedle
Aunque no asegure ningún milagro, creedle (de hecho creedle más por eso)
Porque no contará ninguna estancia en ningún desierto, creedle
Porque no habrá descubierto ningún rezo, creedle
Si lo veis llorar
será por un aire que se elevó del sueño
Si lo veis llorar de nuevo
será por ausencias
Si aún lo veis llorar una tercera vez
será por la cachimba que reposa sin tabaco en la mesa que siempre fue suya
Amanecerá y él estará leyendo
Junto a él, atónito, un café negro
y cerca, esperando su momento, unas tostadas de tomate y queso
Será al alba, dirán quienes lo vean
Será hermoso como la juventud de un chico que anduviera por las orillas de una playa mientras piensa en la boca de la amada
Será una destrucción sin amor
O la espada que reposa por siempre en la tumba del guerrero
Si lo veis, llamadle, os lo ruego
Si camina a vuestro lado, ofrecedle vuestras manos
Luego en la noche, tinieblas el mundo, dejaos mecer por su recuerdo
porque llegaréis a poder contar, Hace mucho, mucho tiempo...
Creedle
porque está solo
Creedle
porque no pide
Creedle
porque es valiente
Creedle
porque se ríe
Ya se va, ya, ya se ha ido

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 29/05/2018 a las 22:18 | {0} Comentarios


 He elevado
al protagonista
hasta la cumbre
Ahora está dispuesto
al máximo sacrificio
El miedo resulta libre
pero él se va a mantener firme
hasta el final
la celada
la visera
la astucia
el corazón limpio
Con la verdad
La verdad de una emoción inmensa
Una verdad que no soportaría la verdad
Ahí lo dejo
en lo alto
o en lo más bajo
según desde donde se mire
 

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 29/05/2018 a las 17:36 | {0} Comentarios


Es cierto que volar, lo que se dice volar, no vuelo
que la estampa que he visto de improviso mientras me caía el agua
tenía el tinte de los ensueños lisérgicos
También lo es que la savia del árbol caído es un milagro
y que quizá, en una torpe maniobra, una enfermera atrofió mis conductos deferentes para siempre
La vida tiene esto que no se vuela y se vuela
que se tiene una miajita de ansiedad cuando por la tarde, a eso de las seis,
te van a meter por vena un contraste azul
o que el ayuno deriva a veces en tentación de San Antonio
La mañana nació llorando
como el cielo
luego -berceuse- acogió el olor de la humedad en primavera
al abrirse las fosas nasales
al mirarme con las orejas atentas el perro
al mantenerse los pasillos del inmueble a oscuras
al saber que la mantequilla andaba lejos (en los estantes frigoríficos de un ultramarinos)
al desandar lo andado
al escuchar una canción precisa con aires de Argentina
la vida me ha dicho que volar, lo que se dice volar, es cierto que no vuelo
pero mira que planeo ultraligero por las horas
y sonrío si imagino tus labios en los míos
por más que por la noche las sábanas no acojan
más que a mi cuerpo solo y luego sí,
se junte con los sueños de otros locos.

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/05/2018 a las 13:31 | {0} Comentarios


Hasta que la tormenta llegue a cubrirnos los ojos
y entonces las llagas se mojen y todo quede resuelto en una memoria de pez
¡He vuelto! ¡Estoy aquí algo Sterne y algo Alfarache!
Porque he llegado a amar las luces de la tarde como se aman los libros
y tu pelo, ¡Oh, Liana! ha sido siempre para mí olor de la vida que explota sobre la almohada

Nada tiene que ver que sea la madrugada y esté a punto de tomarme un café
ni que escuche The Clash en su grande, grandísimo London Calling
Las musas aparecen cuando quieren y escriben de lo que les sale de su divinal coño
y a mí me tienen de amanuense, utilizando mi mente y mis manos para refolcigarse del  mundo de los mortales y sus morales
Porque camino a tientas por la obra de un autor romántico
o me congratulo de que Borges quisiera enseñarnos literatura (o mejor autores)

Hay en la noche, en la luz eléctrica que se proyecta sobre la madera del viejo escritorio de monja en el que escribo
-siempre he creído que este escritorio que me regaló una antigua amiga de la almoneda de una amiga suya, perteneció a un convento donde una monja ciertamente alta y delgada -sorbida a sí misma- escribía cristología en los insomnios de su vida (que luego escondía en el altillo de su celda con la secreta intención de que una vez muerta se descubrieran y dieran lugar a una segunda Hildegarda pero castellana, castellana vieja, de Carrión de los Condes por ejemplo)- una sonoridad que no se puede dar por la mañana (porque la luz suena en la madera de los escritorios viejos sólo en las madrugadas).

Así acierto una vez más. Porque nada importa por más que muchos días, muchos días, sienta que me falta la guinda del pastel. Aunque te he de reconocer, querido lector, que nunca me gustaron las guindas.

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 26/05/2018 a las 01:33 | {0} Comentarios


Me he deslizado esta mañana hasta los años setenta
en la figura de un cadáver
(un cadáver hermoso: parecía Abd el-krim [محمد عبد الكريم الخطابي])
luego en la carretera las nubes conformaban lo que está siendo esta primavera
una primavera antes del calentamiento un lugar en el tiempo que recuerda la esencia de los años setenta
plomo y flores
poderes mostrando desnuda la mano
palos que se alzaban contras nuestras cabezas
un muchacho cojo de catorce años que guardaba en su carpeta de cartón azul el periódico comunista Renovación
corría -valga la paradoja con la cojera del muchacho- el año 1975 y quedaban pocos meses para que un asesino llamado Francisco Franco Bahamonde muriera rodeado de su mierda, cagado vivo
Tiempos de largas melenas
y muchachas en minifalda y leotardos de alegres colores
¡Oh, querida, siéntate en mis rodillas!
¡Oh, amada mía, muérdeme los lobulillos de las orejas mientras yo, ardiente, poso mis manos en tus tetas y siento por segunda vez -suponiendo que la primera fuera con mi madre- el tacto de esas voluptuosidades que Naturaleza se encargó de hacer casi inalcanzables!
Años setenta del comandante Luis Otero Fernández y sus prisiones ahora que ha muerto y quedarán para siempre sus heroicidades mientras sus hijos y yo nos divertíamos en el chalet que la familia tenía en el pueblo de la Sierra de Guadarrama llamado Los Molinos
Ahora veo con mis ojos de entonces esto que hemos de ensalzar o que tuvimos que ensalzar para no sentirnos del todo estúpidos
Vuelva así el vocabulario bronco y dejemos para muy tarde una autocrítica de la mano de Althuser
La tarde ha tenido el eco de las bravatas de Zeus y a lo lejos -sobre una pantano de plata- he visto varias veces su espada
¡Ah, y un lagarto, un lagarto grande y verde que se ha confundido de inmediato con las hierbas que han nacido en los caminos al amparo de la sierra de los Dragones!
También en los años setenta fui un muchacho que una tarde fue incapaz de besar a una muchacha y salió corriendo y nunca más volvió

Cuando viene el sonido
el corazón -que es un órgano hueco- desprende esencia de flores
el aliento suave como una canción de los Beatles tiene la dulzura de las primeras veces
y hay en el trotar por la calle, de vuelta a casa, con los libros bajo el brazo, la seguridad de que todo va a ir bien
Juventud que mantiene la vista fija en el futuro
juventud absolutista como han de ser las verdaderas juventudes
la noche entonces con su eco de ella
que  mañana te espera en la parada del autobús
Almohada blanca

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/05/2018 a las 23:41 | {0} Comentarios


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