Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

Fragmento del tomo IV de la Historia de la Literatura Española de Juan Luis Alborg


Ars Poetica del preceptista alemán Johann Christoph Gottsched de 1730
El poeta debe escoger primeramente el precepto moral que desea inculcar a sus lectores. Después inventa un argumento para demostrar la verdad de su precepto. Luego busca en la Historia personajes famosos a quienes haya sucedido algo semejante y de ellos toma los nombres para los personajes de su obra con el fin de darle semejanza de realidad. A continuación busca las circunstancias concomitantes para hacer verosímil el argumento principal, las cuales reciben el nombre de episodios. Divide todo esto en cinco partes, de parecida longitud y las organiza de forma que cada una continúe la precedente; pero no debe importarle demasiado que todo esté de acuerdo con la historia verdadera ni cuáles sean los nombres de los personajes secundarios.

nota a la receta de Gottsched de Juan Luis Alborg
Aunque el procedimiento expuesto de este modo con dogmatismo de preceptista, parece oler escandalosamente a “carpintería” profesional, quizá pueda sostenerse sin excesiva ironía, que la receta puede no ser tan mala y que de semejante falsilla se han servido el noventa y cinco por ciento, al menos, de cuantos han llevado al teatro o a la novela temas históricos o heroicos lo mismo entre los clásicos que entre los románticos, y desde los más ilustres hasta los más arrastrados cultivadores del melodrama o el folletín. Claro que ninguno de ellos ha confesado que tenía la receta sobre la mesa y, en último extremo, no es la receta la que prepara el plato, sino el cocinero; con ella lo mismo pudo escribir Racine que Comella.

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Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 25/01/2017 a las 19:26 | Comentarios {0}


Apéndice II La muerte voluntaria en la mitología de Grecia y Roma.
Semper Dolens. Historia del Suicidio en Occidente. Ramón Andrés. Editado por Acantilado.




Fragmento (pag. 453)
La pasión amorosa es la desesperada persecución de un fin, pero sobre todo la búsqueda de una recompensa, el encubrimiento de una necesidad impuesta por Eros y una senda para llegar a una realidad mejor. La idea del amor supone pensarnos fuera de lo que somos; la suya es una proyección idealizada de nosotros mismos y, por encima de todo, la expectativa de acabar con el mundo personal que es visto siempre como algo insuficiente. Se trata de un anhelo de desaparición en el otro, de un voluntario sometimiento del cual, en un momento u otro, nos vengaremos.

 

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Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 24/01/2017 a las 11:22 | Comentarios {0}


Canto de mí mismo Walt Witman.
Traducción de Francisco Alexander.
Colección Visor de Poesía.


31

I believe a leaf of grass is no less than the journey-work of the stars,
And the pismire is equally perfect, and a grain of sand, and the egg of the wren,
And the tree-toad is a chef-d'oeuvre for the highest,
And the running blackberry would adorn the parlors of heaven,
And the narrowest hinge in my hand puts to scorn all machinery,
And the cow crunching with depress'd head surpasses any statue,
And a mouse is miracle enough to stagger sextillions of infidels.

I find I incorporate gneiss, coal, long-threaded moss, fruits, grains, esculent roots,
And am stucco'd with quadrupeds and birds all over,
And have distanced what is behind me for good reasons,
But call any thing back again when I desire it.

In vain the speeding or shyness,
In vain the plutonic rocks send their old heat against my approach,
In vain the mastodon retreats beneath its own powder'd bones,
In vain objects stand leagues off and assume manifold shapes,
In vain the ocean settling in hollows and the great monsters lying low,
In vain the buzzard houses herself with the sky,
In vain the snake slides trough the creepers and logs,
In vain the elk takes to the inner passes of the woods,
In vain the razor-bill'd auk sails far north to Labrador,
I follow quickly, I ascend to the nest in the fissure of the cliff.
 
 
31
 
Yo creo que una hoja de hierba no es menos que el trabajo realizado por las estrellas,
Y que la hormiga es igualmente perfecta, y un grano de arena, y el huevo del reyezuelo,
Y que la rana arbórea es una obra maestra digna de los escogidos,
Y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,
Y que la articulación más insignificante de mi mano avergüenza a todas las máquinas,
Y que la vaca que pace con la cabeza baja supera a todas las estatuas,
Y que un ratoncillo es un milagro suficiente para hacer vacilar a sextillones de incrédulos.

Encuentro que en mí se incorporan el gneis, la hulla, el musgo de largos filamentos, las frutas, los granos, las raíces comestibles,
Y que estoy estucado enteramente con cuadrúpedos y aves,
Que he tenido motivos para alejarme de lo que he dejado atrás,
Pero que puedo hacerlo volver cuando yo quiera.

En vano el apresuramiento o la timidez,
En vano las rocas plutónicas envían a mi encuentro su antiguo calor,
En vano el mastodonte se oculta detrás del polvo de sus huesos,
En vano las cosas se alejan muchas leguas y toman multitud de formas,
En vano el océano penetra en las cavernas y en vano se esconden los grandes monstruos marinos,
En vano el buitre elige por morada el cielo,
En vano la serpiente se desliza a través de las lianas y de los troncos,
En vano el alce se refugia en los pasos recónditos del bosque,
En vano el cuervo marino se dirige al norte, hacia el Labrador,
Los sigo velozmente, subo al nido en la hendidura del peñasco.

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Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 13/01/2017 a las 17:49 | Comentarios {0}


De José Agustín Goytisolo.
Versión musicada de Lidia Puyol y Silvia Comes.




A ti te ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas,
hablas a cada rato
de gente ya olvidada,
de calles lejanísimas
con farolas a gas,
de amaneceres húmedos
de huelgas de tranvías.

A ti te ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas,
cantas horriblemente,
no dejas de beber
y al poco estás peleando
por cualquier tontería,
yo que tú ya arrancaba
a que me viera el médico
pues si no un día de éstos
en un lugar absurdo
en un parque, en un bar
o entre las frías sábanas
de una cama que odies
te pondrás a pensar,
a pensar, a pensar
y eso no es bueno nunca...
...porque sin darte cuenta
te irás sintiendo solo
igual que un perro viejo
sin dueño y sin cadena,
te pondrás a pensar,
a pensar, a pensar
y eso no es bueno nunca.

A ti te ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas.


 
lidia_puyol_y_silvia_comes_bolero_para_jaime_gil_de_biedma.mp3 Lidia Puyol y Silvia Comes Bolero para Jaime Gil de Biedma.mp3  (11.15 Mb)

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Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 08/01/2017 a las 14:01 | Comentarios {0}


Jaime Gil de Biedma. De su libro Moralidades (1966)


quum magnus numerus Libyssae arenae
.   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtiuos hominum uident amores

Catulo, VII
Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable- mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos
a ser posible jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años!

Para saber de amor, para aprenderlo,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegra haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de hiedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Babuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
¡oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goutée à ce mal d'être deux.

Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
              íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos más hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
                            Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren lo que han amado mucho.

Invitados

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/01/2017 a las 14:58 | Comentarios {0}


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