Inventario

Página de Fernando Loygorri
Ha ascendido con el trabajo propio de quien asciende la sima con el fuego a sus pies. Quedan restos en su pensamiento de unas torturas lentas como si el pico de la tortuga le arrancara los labios durante la eternidad. No hay que rechazar en absoluto la palabra miedo. Es una palabra que existe y planea constantemente entre los adultos que en sus días de niños fueron maltratados. Cuando vislumbra el borde de la sima empieza a sentir que allá, en la superficie, soplará un viento abrasador. Imagina, agarrado a piedras afiladas que hacen pequeños cortes en las yemas de sus dedos, que la superficie ha de ser un lugar desértico donde la luz se vuelve cegadoramente gris y la vida ha dejado paso al páramo. No se pregunta, no se quiere preguntar, ¿por qué entonces huir del caldero donde una hurí parecía hacerle las delicias al barquero mientras le miraba a él y le sonreía -o era mueca de sonrisa-? Ascender parece ser la orden y decir siempre la verdad, no arriesgar conocimientos, no saber más que lo permitido porque de nuevo el castigo del dios del verbo será inmisericorde. Si ascender es la orden, se asciende y si al llegar a la cima de la sima el paisaje invita a escarbar la tierra y enterrarse vivo -con las manos propias- sea. Agrietados los labios. Sangrientas las manos. Desolladas las rodillas. Lacerado el costado. Casi dormidas las piernas. Quemando la última glucosa los glúteos. Boqueando, así piensa la palabra huida y luego el término comedia se le viene a la cabeza lo que le provoca un mareo propio de las gentes no acostumbradas a la mar. Casi superado el pozo, cuando escucha el bramido de la nada, cree intuir que no está donde cree estar y que probablemente la naturaleza sea mucho más cruel de lo que él haya podido jamás imaginar.

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 08/09/2018 a las 13:42 | {0} Comentarios



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