Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
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BELLEZA (1)

         Para empezar a escribir sobre la belleza, que es por derecho propio, la primera entrada de este tratado, lo voy a hacer desde la palabra y para ello me voy a acoger a ese diccionario hermoso y culto que es el que, abreviadamente, se suele llamar El Corominas y que es un monumento crítico etimológico castellano e hispánico escrito no sólo por Joan Corominas sino también por José Antonio Pascual. La autoridad belleza no aparece en este diccionario y sí lo hace bello pero sobre todo, los filólogos, se extienden en uno de los dos vocablos autóctonos para expresar la idea de 'lo bello' que son bellido y hermoso. "El término bello -escriben- es ajeno al Cid y a otros textos del castellano primitivo". De los dos términos que he nombrado en el que más se extienden es en BELLIDO que es el que paso a transcribir.

BELLIDO, 'hermoso', derivado del latín BELLUS 'bonito', quizá debido a un cruce con MELLITUS 'dulce', que se empleaba junto con BELLUS en frases cariñosas para dirigirse familiarmente a personas queridas. 1ª doc.: como nombre de persona Bellitus está documentado en España desde 683, en que un obispo de este nombre firma el Concilio XIII de Toledo (Simonet, p. CXCI, n. 1)1 . Como adjetivo común se halla desde el Cid, y el mozárabe bellito desde 982 (Abenyolyol, en Simonet, s v. archo-bellitho)2pero en la lengua literaria ya se hace anticuado en el siglo XIV (M. P. Oríg., 236), aunque todavía lo emplea como arcaísmo algún autor del XVII (Góngora, Moreto)3
Es fundamental para el origen de bellido el documentadísimo y atinado estudio de Y. Malkiel, Language XXII, 284-95, 302-11. Según él sería un mero descendiente de MELLITUS por vía fonética, conclusión que no puede aceptarse, pues no existe en romance el "cambio esporádico" de m en b ni de en m4, y el autor no aduce ni una prueba de que MELLITUS significara jamás 'bello'5 ni de que bellido equivaliera a 'dulce, meloso'. No es extraño, pues, que no convenciera a Piel, quien insiste en derivar de BELLUS. Tampoco prueba Malkiel que un verbo derivado *BELLIRE 'embellecer', con su participio *BELLITUS, fuese imposible; al contrario, el mismo cita honestamente modorrido-modorrado (junto a modorro, modorra), denegrido-denegrado, descolorido-descolorado, desmaído-desmayado, quellotrido-quellotrado, y la existencia de descendientes de BELLATIOR, BELLATIUS, en lengua de Oc y francesa prueba la del positivo BELLATUS que se comprueba no sólo por medio del oc. belazor (BELLATIOREM), sino directamente por la expresión intensiva belle, bellatula empleada por Plauto (Casina, 853; belliatula en otros mss. y bell(i)atus en algún otro pasaje plautino). Bellido se pudo referir originalmente a la belleza femenina aumentada artificialmente por el aliño, y de aquí extenderse a los demás casos. Sin embargo, como tales formaciones en -IRE sin prefijo partiendo de un adjetivo son sumamente raras, creo que Malkiel tuvo una excelente intuición al poner de relieve el gran uso de velido en las arcaicas y popularísimas cantigas de amigo gallegoportugués6 y  comparar su frecuentísima interpelación madre velida con el pater mellitus del latín popular, ilustrado por Hofmann, Die lateinische Umgangssprache, 14-2. De hecho nos consta que es popular todavía el uso de melido en gallego para 'dulce, delicado, tierno' (Vall., Lugris), "un melido rapaz de doce anos" (Castelao, 195.28). Hubiera debido Malkiel llamar la atención sobre el hecho de que en las cartas de Cicerón coexisten las fórmulas frecuentes mellitus Cicero Cicero bellissimus (Att., 1, 18, 1; Epist., 14, 7, 3) y que estas frases en que se llamaba alternativamente 'dulce' o 'lindísimo' a la persona querida convivieron hasta la saciedad en el lenguaje cotidiano de los romanos durante largos siglos. De esta convivencia vino probablemente el que bellus se hiciera *bellitus al cruzarse con mellitus7. Es muy fácil comprender que bellido resulte de un cruce de los dos cuasi sinónimos BELLATUS y MELLITUS. De este cruce, además de bellido, salen el romanesco ant. belledisima y el napolitano ant. belledissemo.
1 Más ejemplos del nombre de persona: Uellid 1054, Billito 1063, Uelito 1083, Bellid 1102, Varios ejemplos mozárabes de Bellit, Bellita y del patronímico Bellites, en Simonet, s. v. bellith. (...)
2 Además asbarag belito 'espárrago bellido' en el Glosario de Asín h. 1100 p. 109.
3 Nebrija registra todavía "vellido: bellus, bellulus". Se conservó vivo en la frase hecha por sus ojos bellidos 'por su buena cara, sin recompensa' (G. de Alfarache; Mtro. Correas; etc.). De aquí deriva el santanderino bilidilla 'comadreja' (comp. santand. villeria, fr. belette, derivados también de BELLUS, como interpelación conciliatoria dirigida popularmente a este animal dañino). Pero hoy es palabra arcaica en todas partes, aunque la Acad. es su diccionario vulgar le haya suprimido la nota de anticuado.
4 No sirve de mucho citar masas de ejemplos en amontonamiento confuso sin hacer su crítica filológica y lingüística. Se acumulan los casos del cambio espontáneo que sí existe en vasco, con casos romances de asimilación o disimilación en voces que contienen otra nasal, que son la mayoría (vedegambre, berenar; mengala, mandurría, etc.), vocablos que han sufrido contaminación con otros, y algunas etimologías falsas.
5 La traducción "venustus"que se da en la p. 293 no está justificada por los ejemplos que cita.
6 Recuérdese el lindo ejemplar de Don Denis: "¿De qué morredes, filha, do corpo velido? / Madre, morro d'amores que mi deu meu amigo", ed. Lang. v. 1839, y otros tantos. Sigue vivo en gallego (no en Portugal donde nunca tuvo gran uso): "cruces que pasaban por seren moi belidas" Castelao 124.27.
7 Apenas hace falta recordar que el intercambio entre B- y V- es un hecho tan frecuente que de ninguna manera puede objetarse el port. velido contra la etimología BELLUS (V. BELEÑO, BELESA, BELLACO, BERZA, etc.), ni puede invocarse para derivar de VILLUS 'vello' con Spitzer: bellido no significó nunca 'velludo' o 'fuerte' que sepamos.

         Por supuesto, ni falta haría decirlo, no es necesario que se lean entera la entrada que acabo de transcribir sólo que a mí, a veces, la erudición me resulta de una belleza extrema, es decir tiene algo de dulce y de bonito. Lo 'dulce' y lo 'bonito' nos lleva por  muy directos caminos a la ternura. Hay algo en la belleza que es mullido. Podría añadir que la belleza es confortable.
 
Gustave Courbet L'atelier du peintre 1854-1855
Gustave Courbet L'atelier du peintre 1854-1855

Ensayo

Tags : Tratado de los Productos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 22/04/2026 a las 02:15 | Comentarios {0}


Portada de Tratado de los Productos. Foot and Hand. Roy Lichtenstein.1964
Portada de Tratado de los Productos. Foot and Hand. Roy Lichtenstein.1964

PRÓLOGO

         No temblará mi mano cuando aborde los temas que se asoman ahora en este inventario del vivir que es de lo que, al fin y al cabo, trata esta revista que inicié un mes de septiembre de hace ya dieciocho años. Recuerdo que en aquel año de 2008 vivía en un pueblo de la provincia de Madrid, en España, en un chalecito adosado propiedad de la mujer con la que me había ido a cohabitar y con la que creía que iba a transcurrir el resto de mi vida. Una de mis debilidades -más bien debilidad de mi especie- es ese afán porque la vida transcurra sin grandes sobresaltos y que aquello por lo que apostamos no se nos vuelva en nuestra contra y nos aboque a eso que llamamos fracaso. ¡Ay, el fracaso! ¡Cuántas vidas ha truncado! ¡Cuántas potencialidades! Malditas ideas preconcebidas. O ideas concebidas por nuestros antepasados que nos inculcan como venenos en nuestras mentes cuando aún somos niños y ellas -las mentes- están dispuestas a absorberlo todo sin cuestionarse nada. Vivir una buena vida consiste, entre otras cosas, en destrozar a martillazos las ideas y los patrones de nuestros educadores aún cuando más tarde construyamos nosotros exactamente la misma idea como si éstas fueran moldes en todo semejantes a la citosina, la guanina, la adenina, la timina y el uracilo; o más: que en esas bases nitrogenadas se contuviera ya la idea de fracaso o la de sexo o la de muerte... esas que otros llamaron más tarde los universales.
        Este ensayo -Tratado de los productos- que ahora inicio con este prólogo que, seguramente, no terminaré hoy, seguirá el camino de gran parte de mi escritura: morirá abruptamente. Y porque así escribo, conscientemente, me llamo a mí mismo hiperrealista dándole a este término la significación de que escribo como se vive: sin saber cuándo se va a morir. Mi literatura -aunque este término habré de matizarlo más adelante, es decir, habré de preguntarme ¿qué es la literatura?- es por lo tanto exactamente igual que la vida: no tiene fecha de salida ni, por supuesto, final cerrado. La vida suele morir abierta. También sobre este principio escribiré.
         Avanza ya hacia la noche este diecinueve de abril de dos mil veintiséis. En este momento estoy escribiendo una novela titulada Amor, estoy terminando de corregir una obra de teatro titulada La Campanilla, estoy escribiendo Memorias, estoy documentándome para desarrollar un podcast titulado Los héroes mutantes y todos los meses, con más o menos fortuna, escribo esta revista, Inventario, que alberga una parte considerable de lo que he escrito durante los últimos dieciocho años.
         También ensayaré sobre la tarea del escritor o sobre la defensa de la teoría que enuncia el hecho de que las hembras ramapitecinas -antecesoras de los homo sapiens sapiens- fueron las inventoras de eso que se llama generalmente sexo pero contiene un elemento estético muy perturbador como es el erotismo. Mi guía, claro, será uno de los seres que mejor entendió el arte de vivir y que no es otro que Michel de Montaigne. También sazonaré espero que con gusto y bien especiados los motivos que me han llevado a tenerlo como maestro de mis intentos.
         La vida pasa lenta cuando se está viviendo y rápida cuando se recuerda. También es este un motivo para emprender este tratado.
 

Ensayo

Tags : Tratado de los Productos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 19/04/2026 a las 20:47 | Comentarios {0}



Es la masa que se acerca al quicio de la puerta. Es el dormitorio oscuro con una sola ventana que da a un estrecho pasillo entre el muro de la casa y el murete del jardín de la casa contigua. Es el tiempo que transcurre negro. Es el silencio en medio del cual el motor de una nevera pareciera el de un biplano de la segunda guerra mundial. Es la mente -la loca de la casa- que camina herida. Es la ausencia que le llena de culpa. Es el castigo que había visto horas antes en cualquier refriega. Es ese temor del padre que ansía volver a ver a su hija sólo una vez más.
Un padre, por cierto, que hubiera aceptado el constructo de la idea de familia. Un padre que se sintiera libre de manchas indelebles. Un padre que nunca hubiera tenido vocación de tal pero que llegado el momento de asumirlo lo hubiera hecho con la responsabilidad que impone el cargo. Un padre mayor y solitario, en este caso. Un padre al que no le fue bien siendo hijo, ni tampoco hermano.
Volvemos a esa masa entonces, a esa noche oscurísima de enero, en un país donde las tradiciones pesan, con un clima de montaña por donde los vientos pasan poderosos y mueven con crueldad las ramas desnudas de almendros y arces y las vestidas de los laureles, que provocan, en los goznes de una cancela, una suerte de gemidos que remiten a los lamentos de un preso en una mazmorra cuyo único delito fue amar la libertad. Ese hombre entonces, a punto de la vejez y el olvido, siente la masa más negra que la negrura inmensa de la noche en la que duerme, observándole desde el quicio de la puerta de su dormitorio y al mismo tiempo ocurre que unos a los que conoció de niño quieren atarle los brazos con unas cintas para poder inmovilizarle y aplicar sin resistencia una tortura. Le parece al hombre que la masa que se mueve negra y densa en el quicio de la puerta de su dormitorio, es la que ordena a sus captores, a los que conoció de niño, con los que convivió la infancia, que le reduzcan y el hombre aunque lucha, sabe que no va a poder vencer porque le fallan las fuerzas de los brazos, porque la vejez llegó a sus músculos y porque en el fondo blanquísimo de su ser no quiere luchar más y es ahí, en ese momento de desfallecimiento, a punto de ser entregado a la viscosidad de la masa oscura que como si se viera sometida a una fuerza superior a la suya -que es de por sí hercúlea-, le impide traspasar el quicio de la puerta del dormitorio del hombre que fue padre sin buscarlo, éste, aterrado, con el miedo frío de los terrores óseos, supone que quizá sueñe y que esta muerte horrenda a la que va a ser conducido por sus propios hermanos, puede que no sea más que un juego de su mente. 
La masa se hace grande. ¿Duerme? ¿Podría despertarse? De la lucha quedaría un mechón de cabello blanco en los mechones de su frente. ¿Querrá? La masa se hace más grande. Todo late.
 

Cuento

Tags : Cuentecillos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 13/04/2026 a las 18:07 | Comentarios {0}


Ensayos de Michel de Montaigne; Libro I Capítulo XXV. Edición de María Dolores Picazo. Traducción de Almudena Montojo. Editorial Cátedra.



(...) Guardamos las ideas y el saber de otros y nada más. Es menester hacerlos nuestros. Harto nos parecemos a aquel que, teniendo necesidad de fuego se fue a buscarlo a casa del vecino y hallando allí uno grande y hermoso, quedóse allí calentándose sin acordarse ya de llevar un poco para su casa. ¿De qué nos sirve tener la panza llena de carne si no la digerimos? ¿Si no se transforma en nosotros? ¿Si no nos aumenta ni fortalece? ¿Pensamos acaso que Lúculo a quien las letras formaron e hicieron capitán tan grande sin la ayuda de la experiencia, usase de ellas como nosotros?
       Tanto nos apoyamos en los brazos de los demás que anulamos nuestras fuerzas. ¿Que quiero armarme contra el miedo a la muerte? Hágolo a expensas de Séneca. ¿Que quiero tener consuelo para mí o para otro? Tómolo de Cicerón. Tomaríalo de mí mismo si me hubieran enseñado a ello. Nada me gusta esta inteligencia relativa y mendigada.
       Aun cuando pudiéramos ser sabios con el saber de los demás, al menos prudentes, sólo podemos serlo con nuestra propia prudencia (...)
 

Invitados

Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 10/04/2026 a las 17:54 | Comentarios {0}



Se revuelve como todas las mañanas. Deja que las horas pasen. Abre los ojos y los cierra. La luz no acaba de entrar. Se levanta mucho más tarde de cuando lo hubiera deseado. La culpa lo mantiene en la cama. Tumbado. Apretando los ojos. Y sueña asuntos con amigas de hace mucho que provocan cierta angustia, la incapacidad de no saber cómo resolver aquello (que no sabe con exactitud lo que es).

Avanzada la mañana. Parece que la primavera asalta. Cantan los pájaros y los tulipanes -tan efímeros como la vida- abren sus pétalos para recibir la luz del sol y permitir que las abejas entren y hurguen en sus estambres. Desayuna junto a la ventana abierta. Escucha a un mismo tiempo la voz de los pájaros y los aullidos de la última guerra. No sabe por qué. La herida siempre abierta.

Lee a un hombre contemporáneo. Escribe tres palabras. Le asalta el deseo de adormilarse. Hoy tampoco será el día. No, hoy tampoco... se repite. Respira fuerte. Decide sobreponerse. Decaerá pronto.

¿Cómo se puede justificar que no ataque? ¿Cómo es posible que no se desnude y grite y acuse? ¿Por qué mantiene la herida abierta? ¿Por qué no muestra las certezas? ¿Aún hay tiempo? ¿Habrá un arrepentimiento?

Friega. Cocina. Come. Reposa. Vuelve a la labor inútil. Siempre fue un inútil. Su labor lo fue siempre. Toda labor, en última instancia, debe de serlo. Porque nada de lo humano le es ajeno. Porque jamás dejó de escuchar. Dentro de poco se enfrentará al mundo y todas sus relaciones estarán marcadas con el estigma de la culpa. Algo hubiste de hacer, se dice, como si no fuera posible que se actúe contra alguien sin que éste merezca semejante acción.

Mis secuestradores, medita, malditos canallas, no me abandonéis. La tierra para un sólo hombre es inmensa. Pensad lo fácil que es perderse. Pensad lo mucho que conviene al ser humano sentirse amparado.

Cuando caiga la noche se drogará con imágenes. Se acostará tarde. Para no despertar.
 
Ayuntamiento de Stockholm
Ayuntamiento de Stockholm

Cuento

Tags : Cuentecillos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 09/04/2026 a las 17:09 | Comentarios {0}


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