Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
Un hombre viejo... las palabras rescritas una y otra vez por una mujer que vive perénnemente en una ausencia... la voz del amigo ayer en la noche... la voz de la mujer a la que quiero con son de azahar... un mensaje de una hermana... la carrera una y otra vez del perro tras la pista de la pelota... la hierba... el agua... el nado bajo un cielo encapotado que provoca en el nadador una cadencia de ánade... la luna ensuciada por una nube... la noche sin estrellas... la taberna con los alegres bebedores que sufrirán en la alta madrugada la amargura de haber bebido demasiado... una vela encendida en el hemisferio sur... la gata preñada que se pega a los arbustos buscando el lugar idóneo para parir... una gata gris... restos de plásticos... notas de bajo... una canción flamenca convertida en canto de iglesia... la suerte de la primera zancada... el primer impulso es... los sueños intensos que generan la fuerza del falo en la mañana... vuela la libélula sobre la atenta mirada de la sierpe... golpea el corazón... canta la garganta... los libros se esparcen y se abren... un candil ilumina una cocina también en el hemisferio sur... las centellas... las perseidas... siempre agosto... pronunciar la sílaba que contiene la fuerza del universo... los engaños de la química... saturación de sal... escasez de espora... contemplación del as... atisbo de Venus... mar de coral... lejano, como la sabiduría, eco de bandoneón en una canción de la Siberia... tu mano... tu pierna entera... tu cabello dorado sobre la puesta de sol... otoño... la compañía... la aguja se enhebra... el tejido se conforma en paisaje... se abre el abanico... tantea el calor tu vientre... la carretera y su pendiente claman su presencia... el cordón... Santo Grial... Pereza que llama a pereza... el viejo convencido de que puede volver a amar... el risco... la huella... el pedrisco... una gran llanura, una gran llanura, llanura sin vegetación que no llega a la categoría desierto, llanura páramo, llanura invierno... tu boca... tu sexualidad madura... invento... manivela... rueca... la grandes revoluciones y sus picos... más allá siempre más allá... volcán... lava la niña en el río... vuela tu nombre a mi afán... se hunde el monstruo en la sima de Kum-Ull-Zhan... la saliva se mece rijosa... el astrolabio se pone a trabajar con su primo el compás... mandolina... bálsamo de Fierabrás... jura que cumplirá su juramento... esta mañana era un vendaval... depura... la cicatriz no espera... espuma... sé valiente si no vences... osa... y catedral

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 10/08/2016 a las 11:21 | {0} Comentarios


Documento 9º de los Archivos de Isaac Alexander. Julio 1946. Port de la Selva
Pasados los nefastos días me encuentro de nuevo con mi suerte.
La condesa Pepa de Montmercy ha tenido la delicadeza de ofrecerme una estancia en su masía de Port de la Selva durante el estío de este año de 1946.
Yo le he ofrecido como pago a su cortesía el entretener sus noches con viejas historias que habré de contarle de memoria (todos mis libros fueron quemados. Todos mis escritos se los fumó el humo de las hogueras) y alegrar su tupido vergel con los sones de mi flauta si así lo desea.


Quince de julio 1946
Hoy la he visto por primera vez. Ha sido a la caída de la tarde. Estaba solo, sentado en el porche delantero de la masía. Pepa se había marchado al pueblo a hacer unas compras y yo me había quedado traduciendo una serie de pintadas amatorias pompeyanas. El pompeyano tenía fama de saber amar o sencillamente fornicar y vivir la vida y resulta comprometedor que una ciudad con esos mimbres acabara sepultada bajo la lava del Vesubio. No sé si la búsqueda del goce conlleva, en último extremo, su encuentro y aún menos me atrevo a afirmar que ese encuentro devenga en felicidad.
Había decidido al iniciar esta segunda crónica glosar algunas de las pintadas de estas gentes y lo haré, algún día lo haré, quizá mañana mismo o esta misma tarde, cuando anochezca, antes de que vuelva Pepa y nos pongamos con el trajín de las cenas. Me ha despistado y me ha sacado de mi embeleso suditaliano, la aparición de una guineu en lo alto del camino. Guineu es zorra en catalán. Prefiero la guineu a la zorra y también le otorgo sexo femenino sin saberlo a ciencia cierta. Es de pelo rojizo y está muy delgada. Imagino que vendrá a por comida porque no quiero imaginar que venga por mí. Sería muy inspirador, en todo caso, un apólogo que se titulara La guineu y el judío. La guineu se ha sentado con el cuerpo muy erguido y las orejas muy tiesas. La distancia no llega a los cien metros -distancia en todo caso suficiente para que ella se sienta segura- entre ella y yo. Su presencia me ha alejado de aquellos tiempos del siglo I y me ha traído a estos tiempos y a un recuerdo que ha surgido como una llama en la noche.
Debía de ser muy pequeño. No creo que llegara a tener ni un año porque el tiempo que pasamos en Galway, al oeste de Irlanda, no llegó a los nueve meses y yo acababa de nacer. Era verano y el día era de sol. Recuerdo a mi madre desabrochándose los lazos del camisón y dándome la teta en el porche de la casa. El porche daba a un prado y tras el prado un bosque y tras el bosque el mar. Cuando terminé de mamar algo debió de ocurrir en el interior de la casa, algo que reclamaba con urgencia la presencia de mi madre porque me deja con prisa en la cuna y desaparece sin ni siquiera limpiarme su leche de mis labios. Escucho los sonidos de la tarde: el viento en la hierba, el canto de los pájaros, el vuelo incansable de los vencejos, los árboles algo más lejos y quizá por puro deseo, las olas en el mar. Con la cautela de un predador empiezo a sentir -más que oír- los pasos de un animal. No puedo verlo porque la cuna me lo impide e imagino que mi cuello aún no está preparado para soportar el peso vertical de mi cabeza. Siento, digo, esas pisadas que han venido de donde los árboles, que han atravesado la pradera y que ahora se han detenido muy cerca, muy, muy cerca de los peldaños del porche. Peldaños de madera. El primer crujido no me sobresalta. Ni tampoco el segundo. Casi no me asusta el zarandeo a la cuna. Sí pego un respingo cuando asoma por encima de la cuna el rostro de una zorra que se lame el hocico. Es un respingo pero no es un susto. No puedo asegurar que sea la primera vez que río pero sí la primera que me recuerdo reír. La guineu también ríe. O esa sensación tengo. Nos miramos a los ojos. Parece que nos entendemos. Querría que me llevara con ella un rato. Que en su lomo me llevara a conocer el bosque y me presentara en su madriguera a sus cachorros. Pero un grito rompe el hechizo entre una zorra y un crío. Desaparece su rostro y aparece tras él el de mi madre que me toma en sus brazos y me examina entero mientras me dice al oído inútiles palabras de consuelo, palabras que son las que realmente me hacen llorar.

Ensayo

Tags : Escritos de Isaac Alexander Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 09/08/2016 a las 13:17 | {0} Comentarios


¿Cuántos miles de trillones de cerdas se pasean cada día por los dientes?
¿Cuántos millones de bombillas iluminan algo, un lago, un salero, un pajar ?
¿Cuántas gorras? ¿Cuántos cientos de millones de gorras?
¿Cuántos tomates nacieron ayer?
¿Cuántas millones de uñas se están cortando en este instante?
¿Cuánto aceite se está envasando?
¿Cuántos miles de millones de granos de maíz se están desprendiendo de sus mazorcas?
¿Cuántos millones de gusanos andan limpiando cadáveres?
¿Cuántas espumas? ¿Cuántos millones de litros de espuma están acariciando las pieles de cuántos cientos de millones de personas?
¿Cuántos kilómetros sumarían las venas de todos los mamíferos unidas en una eterna línea recta?
¿Cuántas millones de palabras escribió el inagotable -e inatacable- Johan Wolfgang Goethe?
¿Cuántos miles de morteros pululan por Sudamérica?
¿Cuántos cientos de miles de millones de balas aguardan el momento de ser usadas? ¿Cuál es su distribución geográfica?
¿Cuántas extremidades han sido amputadas hoy 7 de agosto de 2016? ¿782.016?
¿Cuántos miles de kilos de almendras esperan la recolecta?
¿Cuántos millones de toneladas de uva atienden pacientes en la vid la mano del vendimiador que las separe, en rácimos, de su ser tierra?
¿Cuántas cubas albergarán el mosto?
¿Cuántas toneladas de masa madre aguardan el momento de unirse a la harina y entrar en el horno para salir hechas pan?
¿Cuántos órganos han sido pesados tras ser extraídos y antes de ser conservados?
¿Cuántas mañanas tuviste antes de ésta?
¿Cuántas mañanas te quedarán?
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/08/2016 a las 12:48 | {0} Comentarios


Hoy
Hoy no puedo extenderme mucho. No estoy en el sitio. Diría: espera. Calor. Los sonidos. La luz. Como ir despertando a otro sueño. No sé a qué se debe todo esto. He olvidado algo fundamental. Quizá. Ha sido una inquietud constante. Ahora estoy sudando. Me hubiera gustado tener el sentido del humor que permite escribir comedias (lo escribo pero en realidad no lo siento. Ya no me importan esas cuestiones). Sólo que me cuesta mucho hablar. Hoy. Será sólo hoy. Estoy seguro. El mundo a veces... ya sabes. Es tal el silencio... Y el olor del vino cuando no es un buen vino. También la mesa. También un texto que descansa a mi lado. El sabor del chocolate. Hoy sólo es saludar. Intentar. Aunque no sea objetivamente el día 1. Voy a fumar. Voy a dar un trago. Tengo sed. Mañana. Sí. Mañana. Y esa luz. Y esa esperanza loca (como toda esperanza).

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 02/08/2016 a las 00:04 | {0} Comentarios


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