Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
Hablo con P. en la entrada de La Casa de la Radio,.. la situación.
¿Dónde focalizar? ¿Dónde poner el ojo?
Mirar este pequeño país, incluso escribir la palabra país... si ya no hay países... y así pensar: quienes alardean de ser capaces de corregir un estado de cosas en un Estado mienten porque ya no hay soluciones locales (particulares)... ya no se puede hacer política de Estado... se cayó la columna política que sustentaba el frágil edificio de la democracia representativa... con la única columna de la economía la democracia representativa no se sustenta... se ha caído a pedazos... (y al mismo tiempo una indiferencia casi casi orgullosa como si yo tuviera algo que los demás no tienen... una varita mágica... un saber hacer las cosas... yo prodigio de indisciplina, de falta de empuje, de ausencia de tesón)
Voceros, voces, capitalistas generadores de insatisfacción
La deificación del trabajo... Dios te acompañe es hoy Trabajo te acompañe... Slogan de un prototipo de Yamaha que consiste en una moto con un piloto-robot, Más allá de las capacidades humanas... ¿cuándo se reconocerá por parte de los voceros del Capital que el hombre como bien de trabajo, como animal de carga, es ya prácticamente innecesario? ¿cuándo se va a empezar a discutir cómo llenar las horas de las personas que viven cada vez más y tienen cada vez menos que poder hacer? ¿cuándo se producirá el próximo salto del Homo Faber al Idle Human (del Hombre Hacedor al Hombre Ocioso)? !Qué devastaciones habrán de sobrevenir! ¡Qué pogromos no vivirán nuestros hijos, incluso nosotros ya ancianos quizá pasemos por trituradoras de inútiles!
Mientras no reconozcamos que el salto tecnológico va muy por delante del quehacer de viejos dinosaurios que se aferran al poder como si eso les asegurará el alimento para cien de sus generaciones... Pesimistas nos llaman... uh... y cuando los retos son tan inmensos la vergüenza de escuchar aquí que lo decisivo, lo grave es  el vestuario de un actor que hace de Rey Mago en la cabalgata de Reyes o si es correcto que un niño de teta esté o no en el Parlamento o si es decente que un parlamentario lleve rastas y sobre todo si están libres de piojos mientras en los mares del Mediterráneo (porque hay varios mares en ese único mar) se está produciendo un éxodo descomunal con muertos y muertos diarios y un grupo de salvajes que aún viven en el siglo XI utilizan armas del siglo XXI para devastar lo poco que de libre tiene un ser humano y las grandes Corporaciones negocian el hambre, la destrucción y el amor... la situación...
No se produce en mí un desarraigo, más bien se produce un desvelamiento (Maya me abandona. Vishnu me deja de soñar. La tierra se abre ante mí colosal y estremecida)  que me lleva a tragar saliva y a querer, a tender a lugares pequeños, sin demasiadas leyes, sin demasiadas personas; me lleva a aquel momento de mi vida en el que viví en una cueva, una cueva que daba al mar; me lleva al silencio; me lleva a entender que si Internet fue fruto de una investigación militar al que se dio acceso a la sociedad civil tenemos que andarnos con mucho cuidado (Caballo de Troya en nuestra libertad. Furibundo orgullo).
La situación... un camino por un casi bosque... una curva en un cuerpo... la luz de una estrella en la noche clara y fría... poder decir una palabra amable... sentir ese pulso que te une a otros pero... la situación ¿qué situación? ¿dónde la situación?

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 17/01/2016 a las 11:11 | {0} Comentarios


Sobre la impetuosa fuerza de la luna dejó de ser un vagabundo
Dijo: Sea la sal y fue la sal
Dijo: Sea la guerra y fue la guerra
Dijo: Sea la estela y fue la estela
Y así siguió diciendo y fue siendo cuanto pronunciaba
porque sólo se es cuando se pronuncia

Sobre la impetuosa fuerza del sexo dejó de ser consciente
y durante cincuenta lunas
anduvo errante (como encallecido)
hasta que una tarde frente a las rocas afiladas de un acantilado en una isla del Septentrión
descubrió el frío y amó por siempre el ardor del silencio
el gemido del silencio, suave como la perla, orgulloso de su estirpe

Sobre la cima del Monte Ventoso
-donde Petrarca descubrió el Renacimiento-
se arremolinó y fue canción de luna llena
diapasón de Sol
canto de calavera

Dijeron las grullas -se lo dijeron a las lascivas codornices- que lo habían visto deshabitado
desnudo en una escollera
abiertas las piernas y el esternón
y con una sonrisa de ruiseñor en su boca de hiena

No fueron ellas (quizá sí las cigüeñas)
las que -como epitafio a una vida llena de altibajos-
aseguraron haber visto escrito en sus manos la siguiente sentencia:
Pronuncia tu verdadero nombre.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 11/01/2016 a las 19:21 | {0} Comentarios


Escena Única


Un jardín en invierno. La nieve cubre una zona de hierba, la que está en la parte norte, bajo los cedros. El agua de la piscina está completamente helada.
En el gran porche de la parte posterior de la casa –porche de tres arcadas- una mujer de mediana edad y un hombre algo mayor que ella, con ropas de abrigo, sentados en unas butacas de mimbre ante una mesa donde humean dos tazas de café. Ella está fumando. Él se está haciendo un cigarrillo de marihuana.
Es el amanecer.

 
ELLA:
Deberíamos haber dormido...
 
ÉL:
Sí, quizá.
 
ELLA:
Ahora todo será más difícil o más torpe. Un par de horas habrían bastado...
 
ÉL:
Algo así como una siesta larga.
 
ELLA:
Y deberías estar sereno.
 
ÉL:
En mi vida he estado sereno.
 
ELLA:
Ya casi amanece.
 
ÉL:
Hace mucho que no veía amanecer. A veces por pura pereza nos perdemos los momentos más bellos.
 
ELLA coge la taza con las dos manos y bebe un trago largo, despacio.
ÉL enciende el cigarrillo de marihuana y da una calada honda, lenta.

 
ELLA:
Es una luz azul.
 
ÉL:
Dijeron que llovería todo el día y que haría mucho viento.
 
ELLA:
Me gustaban los días nublados y con viento.
 
ÉL le pasa el cigarrillo de marihuana.
ELLA da una calada larga.
ÉL bebe un trago.

 
ÉL:
Ya está.
 
ELLA alarga la mano y coge la de ÉL.
La luz azul avanza.

 
ÉL:
Ya llega.
 
ELLA:
Sí, ya llega.
 
ÉL da una última calada. Va a apagar el cigarrillo pero ELLA lo coge, da su última calada y lo apaga.
 
ELLA:
Nuestra luz azul.
 
ÉL:
Nuestra luz azul.
 
Él y ELLA cierran los ojos a la vez.
Empieza a llover.
ÉL cae primero al suelo como un fardo.
ELLA cae poco después.
Una ráfaga de viento parece dar paso a la luz del día.

 
FIN
 

Guión

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 09/01/2016 a las 22:32 | {0} Comentarios


Porque nací en las grandes ciudades de occidente
he olvidado el brillo de los automóviles en los asfaltos mojados
y apenas siento el rugir de las antenas, ni entiendo que los cláxones sugieran un destino
Porque nací (aunque hubiera nacido en un granero hacia el tiempo en el que las ciudades desaparecieron o cuando tan sólo se construían túmulos para dioses o héroes como el de New Grange) abogo por la vida como es y no como debiera ser
Porque nací en las grandes ciudades de occidente me sostiene el contrabajo
como ocurre en la llamada música jazz
y cuando camino por un sendero bajo un cielo cubierto y en enero
siento que vivir merecía el esfuerzo por llegar a
la tierra mojada, la carrera del perro, el sonido de la lluvia en los árboles, un murmullo de viento y la desconcertante sensación de que todo aquello por lo que un día luché se resume en ese hecho: caminar bajo la lluvia en invierno
Porque nací en las grandes ciudades de occidente el café caliente
Porque nací en las grandes ciudades de occidente mirarte a los ojos y expresar deseo
Porque nací (aunque hubiera sido entonces cuando apenas nos erguíamos y la sabana se empezaba a volver insoportable) huelo el aire y me duele el pulmón izquierdo
Hay en esta pendiente cuesta abajo -suave aún- un bienestar
y cuando leo a una mujer diciendo que la vida pasa rápido, no la creo, sé que es un tópico
La vida mientras pasa no tiene velocidad ninguna
Sólo una vez que ha pasado le otorgamos una medida que en nada le atañe
(el pasado siempre es rápido, es una necesidad del cerebro)
Porque nací en las grandes ciudades de occidente he dejado el anillo sobre el bureau
y me calma saber que soy capaz de escuchar la luna en el musgo y el canto del pez

Narrativa

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/01/2016 a las 18:48 | {4} Comentarios


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