Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri


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Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 24/12/2016 a las 00:41 | {2} Comentarios


Hay
Hay una estrella que parece abrirse como se abren las estrellas, así, de a poquitos, así, de a millones de años se abren
Sobre la espalda de la ballena jorobada se ha batido una ola y ha caído llana
La mar tiene nombre de hada
Ven con tu mano abierta, tus dedos espátula como la herramienta de los albañiles, como la herramienta de lo pintores
Hay en la almohada un círculo blanco alrededor del cual el oso del Ártico baila
Serenata en las palmas
Pavana
Duerme el niño con cierto brío como los caballitos en los tiovivos
¿Escuchaste la música de las vocales?
¿Te atreves a besarme la única piel que tengo?
¡Ay, silencio, gracias!
Nos devolverá el violín cierta marea
y al fondo la percusión, audaz como las madres que aman, se erguirá y calmará el vaivén de los vientos
Que no quiero más de ti, la escarcha y la bruma en el páramo son presencia tuya suficiente... y bendita
¡Baile la pantalla árabe de Fortuny!
¡Baile el número 20.642.556!
La serpiente no alcanzará a la última iguana
Las piedras duermen
Duerme, mi bien, duerme

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 24/11/2016 a las 18:34 | {0} Comentarios


Decidle si el ave ha volado hoy
Ayer le dijeron aleteo (y algo sonó -una llama, el aire del fuego- en su cabeza mientras pisaba una y otra vez)
Aseguradle que es cierto que hubo un tiempo de poesía grosera donde la belleza no radicaba en la belleza sino en otra cosa (podría ser como el hielo quema)
No le dejéis esconderse. Sacadle a campo abierto donde ahora el amarillo tiende al gris
Hay que avisarle de que acabó el verano
Tranquilizadle con la aparente lejanía de otra guerra
Nosotros, entretanto, coceremos las primeras ramas de fresno en la marmita de barro
Nosotros abriremos el libro maestro por donde corresponda y anotaremos sin descanso los balances
Nosotros haremos que la nave navegue rumbo al último planeta
y seremos locuaces en la nana
como la rana, a merced de la corriente, apenas pudo serlo con el escorpión a cuestas
Nosotros venderemos cara nuestra piel
Decídselo para que pueda disfrutar del aleteo del ave
si es que hoy el ave aletea
Y si no: nostalgia o caída o como el colibrí, fragilidad
Naturaleza muerta con café. Albert Anker (1877)
Naturaleza muerta con café. Albert Anker (1877)

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 04/11/2016 a las 13:03 | {0} Comentarios


A mi tata Julia


Un año más siguo sin llevar la cuenta de cuánto hace que moriste. En este 2016 ha pasado algo que no puedo dejar de contarte: he estado enfadado contigo. Sí, Julia, que he estado enfadado contigo. Aunque en realidad debería decir el niño Fernando se ha enfadado contigo. El motivo tiene su miga pero más miga tiene aún el que los vivos quieran encizañar con los muertos. Y lo consiguen cuando la cizaña se disimula pongamos por caso en un té verde y así su sabor amargo, su tósigo, apenas lo alcanza a vislumbrar el velo del paladar.
No te voy a contar el motivo ni quién fue el encizañador (o cizañero) sobre todo porque si en una de las posibilidades del Ser tú has trascendido, seguro que eres un ángel que nos sigue protegiendo. Y así en este día treinta y uno de octubre, víspera del día de Todos los Muertos, te siento viva en mi corazón y ya aliviado porque tras mucha razón -que es la única manera que conozco de atacar con fiereza al Mal- me he reencontrado contigo y he escuchado tu voz en años muy lejanos y he visto, en mis sueños de esta noche, dibujada tu sonrisa, y he vuelto a oler el aroma de los geranios en tu ventana y escuchaba tus consejos una tarde de diciembre cuando la lluvia nada mansa caía sobre el Barrio de Vallecas y tú me has escuchado cuando te decía que en mi corazón hay ahora un stock, un almacén de ausencias y tú, de nuevo, como cuando joven te hablaba soñadoramente del amor y del amar, me contestabas, ¡Ay, Fernandito, estás hecho un don Juan de vía estrecha! y esa imagen a mí me hacía sonreír y aliviaba mi dolerme (fíjate hasta dónde ha llegado mi enfado contigo que esta frase la llegué a entender como una crítica real, como una manera de despreciar mi locura de amar, porque amar -no nos engañemos, es una puta locura- sólo que es una locura tan plástica, tan llena de vida y muerte a un mismo tiempo, tan abrasadora que no la cambiaría por ninguna otra locura que en el mundo haya sido) y he revivido tu cervecita con unas aceitunas de Camporreal y la mesa de tu comedorcito y el pisto magistral y manchego y tus filetes rusos y tus uñas rojas y tu saber castellano y campesino que sigue recorriendo mi vida como un libro abierto al que acudo cada tanto.
Nunca te olvido porque olvidarte sería olvidar el rincón protegido de mi infancia; ese rincón donde era igual a mis pares (no el primus inter pares) pero si par con igualdad de derechos para el beso de antes de dormir, para el consuelo en la desdicha, para la ayuda en la necesidad, para el aliento, para el abrazo, para la risa, para el ánimo. Que no se me olvida que dentro de ocho días cumplirías ciento dos años y sigues tan lozana: tortuga marina que navegas los mares siglo tras siglo, con la lentitud sonora de tu concha, y la tranquilidad que da el haber visto las mismas cosas año tras año.
Un beso tan fuerte e inmenso como la frontera que nos separa, Julia Maestre Alarcón de la familia de Los Campera de Argamasilla de Calatrava.

Miscelánea

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 31/10/2016 a las 11:38 | {0} Comentarios


Último tema a desarrollar de la entrada llamada Fragmentarios


La Fortuna. Grabado de Hans Sebald Beham (siglo XVI)
La Fortuna. Grabado de Hans Sebald Beham (siglo XVI)
De Fragmentarios.
Que hay que irse -te digo- y volver al principio cuando no existía aún la huella primera (la huella que deja la marca; la huella que augura otro paso; la huella que se borrará) y todo el tiempo tenía un sentido de dirección determinada (no es que el tiempo tenga dirección siempre; ayer mi tiempo estuvo a punto de detenerse -tiempo y detención parece una in terminus contradictio- cuando caminaba por el camino de siempre y tuve la mala fortuna de no ver una piedra -recién colocada en ese sitio, por una patada de otro caminante o por un roce de rueda de bicicleta- tropezar y caer. Por un movimiento casi imposible del destino el bastón giró en vertical 180º, rozó mi ojo izquierdo y se me clavó en el hombro. El bastón que llevo es un bastón de campo y por lo tanto su punta es afilada, de hierro, para que se hunda en la tierra. Además, con el uso y su roce contra la roca, la punta se ha afilado aún más. Al reiniciar el camino -con sangre en la mano y sangre en el hombro, desgarrado el anorak y agujereado el jersey- pensé que si no hubiera desviado un poco el rostro, la punta del bastón que me sirve de apoyo habría entrado en mi ojo y por la fuerza de la caída y la violencia de su giro, seguramente habría llegado hasta mi cerebro. Y seguí imaginando mi muerte en el camino por un fatal accidente y la persona que me descubriera, con el bastón atravesando mi ojo y un perro aullando mi muerte -u olisqueando en los alrededores a la espera de que me levantara y me lo sacara del ojo-. Tiempo detenido entonces) que conduciría -inevitablemente- hacia delante. Hay que irse para que la vida se renueve porque tengo para mí que sólo yéndose la raíz se pudre (imagino un fresno -cansado del lugar en el que se arraiga- que decidiera una noche -a la sombra de la oscuridad, desafiando las reglas inquebrantables que según la ciencia rigen la naturaleza- desenraízarse y emprender -aprovechando un viento o un milagro- un viaje hacia otro lugar menos monótono o peligroso o en exceso amarillo {pienso en un fresno en concreto al que perfectamente le podrían nacer alas}).
Yo te digo, amigo, que hay que irse. Recuerda a Eneas -a quien los griegos otorgaron la gracia de vivir- cómo abandonó Troya destruida con los funestos pensamientos que sacuden a todo exiliado, sin tener idea de que con el tiempo y su irse se pondrían los cimientos del más fabuloso imperio que jamás vieron los ojos de los hombres. Inicia, pues, tu Eneida y que Fortuna te sea propicia.

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Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 17/10/2016 a las 13:24 | {0} Comentarios


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