Entre la magnitud de la saliva
y el pez de roca
asoma la gamba roja que mueve sus antenas como si fueran hojas
y el pez de roca
asoma la gamba roja que mueve sus antenas como si fueran hojas
dijiste Me vuelves loca
y del fondo más hondo de la taiga
nació el gozo del lobo, la risa de la fusta, la sinalefa
mientras
torcida
como hueca
la música de la viola d'amore se colaba entre tus axilas y mi lengua
Hay en el laberinto el soto sagrado y fuera camina lenta la mañana como si la prisa se hubiera quedado en la noche donde tus nalgas reposaban junto a las mías y todo el frío de fuera aunque fuera verano se detenía en las persianas y el perro cariacontecido escuchaba desde el sofá la sinfonía de una mujer y un hombre durmiendo en la misma cama
Suena la rima desde la almohada
por la estrecha calle que marca las boyas el nadador avanza brazada a brazada por un agua fría bajo un techo de madera mientras pronuncia en su mente Om Nahmá Om Nahmá Va de espaldas con los ojos abiertos abiertos los pulmones con la cadencia propia de quien le importa un bledo la muerte avanza y vuelve y vuelve y avanza como esas corrientes raras que traen y llevan el plactón para que todas las ballenas del mundo se alimenten o como aquella estrella brillante como la que más que surgió de tu boca cuando me sonreiste una tarde tras el lago y el vino
Nada ni los gritos de los niños ni la medusa ni la odisea ni el mejor párrafo ni la tecla ni la letra se opone a nosotros Es la dulzura del mundo
el final del sorbete
el principio del beso del primer beso el que antecede a todo y todo lo abre para que entre [...]
y del fondo más hondo de la taiga
nació el gozo del lobo, la risa de la fusta, la sinalefa
mientras
torcida
como hueca
la música de la viola d'amore se colaba entre tus axilas y mi lengua
Hay en el laberinto el soto sagrado y fuera camina lenta la mañana como si la prisa se hubiera quedado en la noche donde tus nalgas reposaban junto a las mías y todo el frío de fuera aunque fuera verano se detenía en las persianas y el perro cariacontecido escuchaba desde el sofá la sinfonía de una mujer y un hombre durmiendo en la misma cama
Suena la rima desde la almohada
por la estrecha calle que marca las boyas el nadador avanza brazada a brazada por un agua fría bajo un techo de madera mientras pronuncia en su mente Om Nahmá Om Nahmá Va de espaldas con los ojos abiertos abiertos los pulmones con la cadencia propia de quien le importa un bledo la muerte avanza y vuelve y vuelve y avanza como esas corrientes raras que traen y llevan el plactón para que todas las ballenas del mundo se alimenten o como aquella estrella brillante como la que más que surgió de tu boca cuando me sonreiste una tarde tras el lago y el vino
Nada ni los gritos de los niños ni la medusa ni la odisea ni el mejor párrafo ni la tecla ni la letra se opone a nosotros Es la dulzura del mundo
el final del sorbete
el principio del beso del primer beso el que antecede a todo y todo lo abre para que entre [...]
Ayer, domingo 29 de junio de 2014, una mujer mayor, con el pelo rubio teñido y despeinada (como recién levantada), vestida con un ropón rojo y calzada con unas zapatillas de andar por casa, apareció a las nueve de la mañana en el arenero rodeado por el grupo de casas donde vivo -que no es una urbanización, ni una corrala, aunque algo de corrala moderna tiene-, llevaba con ella tres grandes bolsas de plástico y un cartel escrito a mano que pegó con celo en el poyete que separa el arenero del garaje -el garaje del grupo de casas donde vivo está en abierto y es en realidad el bajo de los edificios -edificios de tres plantas, sustentandos por columnas-; entonces empezó a sacar de las bolsas libros y los fue apilando con mimo junto al cartel. Terminada la tarea se fue.
Poco después salí con Nilo a dar el paseo y me acerqué a la pila de libros para ver a cuánto los vendía -si los vendía- y a leer el cartel. El cartel decía: Regalo estos libros. Cuidadlos y que os hagan felices como me lo hicieron a mí. Miré los títulos y en verdad no eran demasiado interesantes excepto la colección completa -diez tomos- de La Historia Universal dirigida por Walter Goetz y editada por Espasa Calpe, una verdadera joya del enciclopedismo y que me sorprendió que fuera justamente ésa porque ya la tengo y pensé que alguien se iba a llevar un buen regalo. Aún así yo cogí tres libros (porque no lo puedo evitar): Memorias de un niño de derechas de Francisco Umbral, La mirada del otro de Fernando G. Delgado y el primer tomo del Atlas Universal de Salvat.
Me pasé el día de ayer mirando de vez en cuando, mi terraza da al arenero, y esperando que los vecinos se acercaran y lentamente, a lo largo del día, los libros desaparecieran, como desaparece una golosina a la puerta de un colegio.
No fue así. Apenas nadie -dos o tres vecinos de los aproximademante 80 que somos- se acercaron. Ninguno tomó uno, lo ojeó, dudó. Cuando saqué a Nilo por la noche no pude evitar acercarme de nuevo a ellos y esta vez por pura compasión (¿hacia quién? ¿hacia qué? ¿hacia la señora para que si pasaba por su pila de libros viera que cuando menos se habían llevado cinco?) cogí los dos primeros tomos de la Enciclopedia Universal Larrousse -sólo estaban esos dos- y un folleto de cocina de Castilla-León.
Es lunes. Los libros siguen en el poyete. La mujer no ha vuelto. Seguiré mirando.
Me pasé el día de ayer mirando de vez en cuando, mi terraza da al arenero, y esperando que los vecinos se acercaran y lentamente, a lo largo del día, los libros desaparecieran, como desaparece una golosina a la puerta de un colegio.
No fue así. Apenas nadie -dos o tres vecinos de los aproximademante 80 que somos- se acercaron. Ninguno tomó uno, lo ojeó, dudó. Cuando saqué a Nilo por la noche no pude evitar acercarme de nuevo a ellos y esta vez por pura compasión (¿hacia quién? ¿hacia qué? ¿hacia la señora para que si pasaba por su pila de libros viera que cuando menos se habían llevado cinco?) cogí los dos primeros tomos de la Enciclopedia Universal Larrousse -sólo estaban esos dos- y un folleto de cocina de Castilla-León.
Es lunes. Los libros siguen en el poyete. La mujer no ha vuelto. Seguiré mirando.
1.- El héroe se nos presenta en su mundo cotidiano donde
Glosa a 1
El miedo viaja en el interior de cada uno de nosotros y la batalla más importante por la vida consiste en enfrentarse a él. O no. El mundo cotidiano nos persuade de que no entremos en nuestro mundo interior; nuestro interior es un pozo negro que se encuentra en mitad del jardín. Ya nuestros padres nos advirtieron de que no nos acercáramos y mucho menos que nos encaramáramos en el brocal y metiéramos medio cuerpo dentro del pozo para, cuando menos, aspirar el olor húmedo de su interior.Sólo que un día el héroe (cada uno de nosotros es un héroe)
Glosa a 1
El miedo viaja en el interior de cada uno de nosotros y la batalla más importante por la vida consiste en enfrentarse a él. O no. El mundo cotidiano nos persuade de que no entremos en nuestro mundo interior; nuestro interior es un pozo negro que se encuentra en mitad del jardín. Ya nuestros padres nos advirtieron de que no nos acercáramos y mucho menos que nos encaramáramos en el brocal y metiéramos medio cuerpo dentro del pozo para, cuando menos, aspirar el olor húmedo de su interior.Sólo que un día el héroe (cada uno de nosotros es un héroe)
2.- recibe la llamada de la aventura
Glosa a 2
Quizá como en tantos y tantos cuentos maravillosos, los padres han de ausentarse de la casa y antes de irse (en realidad antes de que el mundo cotidiano se trastoque para siempre porque hasta entonces los padres siempre habían estado a nuestro lado), le advierten de nuevo de que no se acerque al pozo y de que como lo haga recibirá el castigo que se merece por intentar alterar el mundo cotidiano (que ellos mismos trastocan con su ausencia)
3.- Inicialmente se muestra reticente o bien rechaza la llamada pero
Glosa a 3
Muchos héroes dejan de serlo en este momento y para siempre y por lo tanto nunca podrán alcanzar la apotheosis cuya definición en su sentido griego clásico es: cuando un héroe alcanza el grado de Dios (Heracles, Eneas). Casi todos los seres humanos obedecemos la orden de nuestros padres (de la autoridad) y reprimimos el viaje al interior donde se encuentra el miedo al que habremos de vencer si queremos primero ser héroes y más tarde -si alcanzamos semejante grado de perfección, Dioses-. La obediencia a la autoridad. La obediencia ciega es el gran vehículo del dominio de nuestro miedo interior. Rebelarse contra la Autoridad de nuestro mundo cotidiano es el primer paso para iniciar el viaje del héroe.
Una vez que la autoridad que nos prohíbe se ha ausentado, el héroe toma la decisión de ir hasta el pozo o es empujado a ello (que de las dos maneras se puede iniciar el viaje). Cuando llegamos a él (o un poco antes)
4.- un mentor le anima a cruzar
Glosa a 4
El mentor puede ser el que le hace daño pero no es una autoridad; el mentor puede ser el amigo que le traiciona, el amante que le pega, el vendedor de ansiolíticos que un día le mira de una forma particular y que al héroe le deja una duda en su interior; el mentor es, en realidad, un facilitador de nuestro inicio en el camino hacia el interior de nosotros mismos. Sólo que el héroe debe de tener en cuenta -o deberá descubrir- que el mentor o mentores que le animen no son en absoluto responsables de lo que pueda pasar. Porque el viaje del héroe es siempre -y necesariamente- doloroso, solitario y, muy probablemente, aterrador
Glosa a 2
Quizá como en tantos y tantos cuentos maravillosos, los padres han de ausentarse de la casa y antes de irse (en realidad antes de que el mundo cotidiano se trastoque para siempre porque hasta entonces los padres siempre habían estado a nuestro lado), le advierten de nuevo de que no se acerque al pozo y de que como lo haga recibirá el castigo que se merece por intentar alterar el mundo cotidiano (que ellos mismos trastocan con su ausencia)
3.- Inicialmente se muestra reticente o bien rechaza la llamada pero
Glosa a 3
Muchos héroes dejan de serlo en este momento y para siempre y por lo tanto nunca podrán alcanzar la apotheosis cuya definición en su sentido griego clásico es: cuando un héroe alcanza el grado de Dios (Heracles, Eneas). Casi todos los seres humanos obedecemos la orden de nuestros padres (de la autoridad) y reprimimos el viaje al interior donde se encuentra el miedo al que habremos de vencer si queremos primero ser héroes y más tarde -si alcanzamos semejante grado de perfección, Dioses-. La obediencia a la autoridad. La obediencia ciega es el gran vehículo del dominio de nuestro miedo interior. Rebelarse contra la Autoridad de nuestro mundo cotidiano es el primer paso para iniciar el viaje del héroe.
Una vez que la autoridad que nos prohíbe se ha ausentado, el héroe toma la decisión de ir hasta el pozo o es empujado a ello (que de las dos maneras se puede iniciar el viaje). Cuando llegamos a él (o un poco antes)
4.- un mentor le anima a cruzar
Glosa a 4
El mentor puede ser el que le hace daño pero no es una autoridad; el mentor puede ser el amigo que le traiciona, el amante que le pega, el vendedor de ansiolíticos que un día le mira de una forma particular y que al héroe le deja una duda en su interior; el mentor es, en realidad, un facilitador de nuestro inicio en el camino hacia el interior de nosotros mismos. Sólo que el héroe debe de tener en cuenta -o deberá descubrir- que el mentor o mentores que le animen no son en absoluto responsables de lo que pueda pasar. Porque el viaje del héroe es siempre -y necesariamente- doloroso, solitario y, muy probablemente, aterrador
5.- el primer umbral e internarse en el mundo especial donde
Glosa a 5
El primer umbral es el brocal del pozo. Es traspasar la prohibición que nos había atenazado la necesidad y el riesgo de conocernos a nosotros mismos. El héroe ha de estirar el brazo, tomar el cubo que pende de la polea, montarse en él e iniciar el descenso. Entonces, ¿qué es lo que el héroe vive en ese primer instante? ¿Qué siente cuando se ve rodeado por un círculo de piedra que se va oscureciendo a medida que desciende? ¡Qué siente cuando mira hacia arriba y ve que el círculo de luz, de esa luz donde él siempre se había movido se va haciendo más y más pequeño? ¿Qué siente cuando empieza a escuchar, nítido, el movimiento de unas aguas negras a las que está a punto de llegar? En ese descenso, que se puede interrumpir en cualquier momento, que el héroe puede invertir aún (porque llegará un momento en que ya no haya marcha atrás) y tirar de la cuerda hacia arriba y aunque trabajosamente salir de nuevo a la luz del mundo cotidiano y, con algo de suerte, descubrir que sus padres aún no han vuelto y que su desobediencia quedará impune; en ese descenso, digo, el héroe
6.- encontrará pruebas, aliados y enemigos
Glosa a 6
empezará a vivir la vida y la vida será su viaje al interior y las experiencias del exterior serán las paredes del pozo, la luz del pozo, los olores del pozo que se convertirán en el viaje con los primeros compañeros de la vida, la decisión de hacer tal o cual trabajo, el primer amor, la primera decepción, el gran dolor, el engaño, las deudas, los préstamos, la embriaguez, la sobriedad, el nacimiento de los hijos y cada una de esas experiencias ya no corresponderán al mundo cotidiano que tratamos en 1 sino que son las experiencias que no están ayudando a llegar al terror último, al miedo extremo que sabemos que hemos de encontrar más tarde o más temprano porque llegará el momento en el que el héroe
7.- se aproxima a la caverna más profunda, atravesando un segundo umbral
Glosa a 7
En nuestra analogía del pozo, la caverna más profunda, el segundo umbral, es cuando el héroe ha llegado al final de su descenso, ha de salir del cubo en el que había descendido y ha de introducirse en el agua oscura en donde no sabe si hará pie o no y menos aún conoce los seres que la pueblan y ante todo en este segundo umbral se encontrará absolutamente solo, ya no hay experiencia externa, ya no hay enemigo, amigo, ayudante o verdugo; sólo el agua y los seres que la pueblan; el agua que es el agua del héroe, los seres que son los seres del héroe y ahí, si se atreve a salir del cubo es
Glosa a 5
El primer umbral es el brocal del pozo. Es traspasar la prohibición que nos había atenazado la necesidad y el riesgo de conocernos a nosotros mismos. El héroe ha de estirar el brazo, tomar el cubo que pende de la polea, montarse en él e iniciar el descenso. Entonces, ¿qué es lo que el héroe vive en ese primer instante? ¿Qué siente cuando se ve rodeado por un círculo de piedra que se va oscureciendo a medida que desciende? ¡Qué siente cuando mira hacia arriba y ve que el círculo de luz, de esa luz donde él siempre se había movido se va haciendo más y más pequeño? ¿Qué siente cuando empieza a escuchar, nítido, el movimiento de unas aguas negras a las que está a punto de llegar? En ese descenso, que se puede interrumpir en cualquier momento, que el héroe puede invertir aún (porque llegará un momento en que ya no haya marcha atrás) y tirar de la cuerda hacia arriba y aunque trabajosamente salir de nuevo a la luz del mundo cotidiano y, con algo de suerte, descubrir que sus padres aún no han vuelto y que su desobediencia quedará impune; en ese descenso, digo, el héroe
6.- encontrará pruebas, aliados y enemigos
Glosa a 6
empezará a vivir la vida y la vida será su viaje al interior y las experiencias del exterior serán las paredes del pozo, la luz del pozo, los olores del pozo que se convertirán en el viaje con los primeros compañeros de la vida, la decisión de hacer tal o cual trabajo, el primer amor, la primera decepción, el gran dolor, el engaño, las deudas, los préstamos, la embriaguez, la sobriedad, el nacimiento de los hijos y cada una de esas experiencias ya no corresponderán al mundo cotidiano que tratamos en 1 sino que son las experiencias que no están ayudando a llegar al terror último, al miedo extremo que sabemos que hemos de encontrar más tarde o más temprano porque llegará el momento en el que el héroe
7.- se aproxima a la caverna más profunda, atravesando un segundo umbral
Glosa a 7
En nuestra analogía del pozo, la caverna más profunda, el segundo umbral, es cuando el héroe ha llegado al final de su descenso, ha de salir del cubo en el que había descendido y ha de introducirse en el agua oscura en donde no sabe si hará pie o no y menos aún conoce los seres que la pueblan y ante todo en este segundo umbral se encontrará absolutamente solo, ya no hay experiencia externa, ya no hay enemigo, amigo, ayudante o verdugo; sólo el agua y los seres que la pueblan; el agua que es el agua del héroe, los seres que son los seres del héroe y ahí, si se atreve a salir del cubo es
8.- donde empezará su odisea o calvario
Glosa a 8
Solo en sus aguas, solo en sus sentimientos, solo en el asco que le produce el limo del fondo de su ser, solo en su arrepentimiento, solo en su reconocimiento, solo en sus abandonos, solo en sus engaños, solo en sus decisiones, solo ante la verdad del terror que implica vivir siendo consciente de lo que había en el fondo del pozo hasta que, vivo en el fondo, con el agua hasta el cuello, entregado si se quiere a la muerte, surja la dejación, el quietismo, la asunción de un hecho que le hará fuerte para siempre y que se puede resumir en una frase que han repetido hasta la saciedad todas las sagas de dioses que en el mundo han sido: Yo soy el que soy. Ésa y no otra será su recompensa y si la consigue, si no se queda para siempre en el pozo que interpreta como infecto, si ve cómo las aguas se tornan de golpe cristalinas y el olor de la putrefacción cambia en aroma de campo en primavera y siente que ya puede volver al mundo cotidiano, entonces,
9.- se apodera de su recompensa
Glosa a 9
siente unas fuerzas que nacen de la serenidad, la serenidad de los héroes buenos, la serenidad de los héroes sin miedo. Pero esa recompensa que tanto le ha costado es codiciada por muchos y así cuando vuelva a subirse al cubo y empiece el ascenso hacia el mundo cotidiano que ya nunca será igual
10.- será perseguido en su camino de regreso al mundo cotidiano.
Glosa a 10
porque el mal no descansa, porque el mal codicia el valor, porque el mal quiere a seres humanos con miedo y el mal se reviste de muchas formas, le asediarán nuevas pruebas: la muerte del ser amado, el despido de su trabajo, la envidia de alguno, la exigencia de un comportamiento normal (es decir aterrado), la vuelta al redil apagado, el castigo por haberse atrevido a caer tan bajo y aquí el héroe, en su ascenso en el cubo, hacia la luz del mundo cotidiano deberá llegar hasta el brocal del pozo manteniéndose íntegro en su descubrimiento, en su aceptación, en su total valor y así
11.- cruza el tercer umbral, experimenta un renacimiento y esta vivencia lo transforma.
Glosa 11
Hasta tal punto transforma al héroe el descenso al pozo, su estancia en la caverna más profunda y su calvario que cuando los padres (o la autoridad) vuelvan y sepan que el héroe desobedeció su orden, quedarán deslumbrados y sentirán el terror que sienten los aterrados por los seres libres y el héroe que fue capaz de atravesar el tercer umbral
12.- retorna con el elixir, un tesoro o una bendición que beneficiará al mundo cotidiano.
Glosa a 8
Solo en sus aguas, solo en sus sentimientos, solo en el asco que le produce el limo del fondo de su ser, solo en su arrepentimiento, solo en su reconocimiento, solo en sus abandonos, solo en sus engaños, solo en sus decisiones, solo ante la verdad del terror que implica vivir siendo consciente de lo que había en el fondo del pozo hasta que, vivo en el fondo, con el agua hasta el cuello, entregado si se quiere a la muerte, surja la dejación, el quietismo, la asunción de un hecho que le hará fuerte para siempre y que se puede resumir en una frase que han repetido hasta la saciedad todas las sagas de dioses que en el mundo han sido: Yo soy el que soy. Ésa y no otra será su recompensa y si la consigue, si no se queda para siempre en el pozo que interpreta como infecto, si ve cómo las aguas se tornan de golpe cristalinas y el olor de la putrefacción cambia en aroma de campo en primavera y siente que ya puede volver al mundo cotidiano, entonces,
9.- se apodera de su recompensa
Glosa a 9
siente unas fuerzas que nacen de la serenidad, la serenidad de los héroes buenos, la serenidad de los héroes sin miedo. Pero esa recompensa que tanto le ha costado es codiciada por muchos y así cuando vuelva a subirse al cubo y empiece el ascenso hacia el mundo cotidiano que ya nunca será igual
10.- será perseguido en su camino de regreso al mundo cotidiano.
Glosa a 10
porque el mal no descansa, porque el mal codicia el valor, porque el mal quiere a seres humanos con miedo y el mal se reviste de muchas formas, le asediarán nuevas pruebas: la muerte del ser amado, el despido de su trabajo, la envidia de alguno, la exigencia de un comportamiento normal (es decir aterrado), la vuelta al redil apagado, el castigo por haberse atrevido a caer tan bajo y aquí el héroe, en su ascenso en el cubo, hacia la luz del mundo cotidiano deberá llegar hasta el brocal del pozo manteniéndose íntegro en su descubrimiento, en su aceptación, en su total valor y así
11.- cruza el tercer umbral, experimenta un renacimiento y esta vivencia lo transforma.
Glosa 11
Hasta tal punto transforma al héroe el descenso al pozo, su estancia en la caverna más profunda y su calvario que cuando los padres (o la autoridad) vuelvan y sepan que el héroe desobedeció su orden, quedarán deslumbrados y sentirán el terror que sienten los aterrados por los seres libres y el héroe que fue capaz de atravesar el tercer umbral
12.- retorna con el elixir, un tesoro o una bendición que beneficiará al mundo cotidiano.
In memoriam

... sólo sé que un día me emocioné hasta la extenuación, sé que pocas veces había leído la tristeza tan bien descrita y ese halo de melancolía y de nostalgia (pero una nostalgia sobre algo que nunca había sido, la nostalgia de lo imposible, de tiempos y hechos que jamás acaecieron ni acaecerán jamás; ese sentimiento bastardo del ser humano, ese sentimiento que jamás debería existir, el anhelo de lo que no existe, eso, eso, leía en ti si me permites una vez muerta tutearte) en cada una de
tus páginas. He de decir que luego leí otras obras suyas, sobre todo cuentos, y jamás volvió a ser tan intensa esa emoción y así, lentamente, cada vez me fue interesando más la persona que la escritora y así cuando ayer me enteré de que había muerto, sentí su muerte más como la de un familiar lejano, algo excéntrico, por el que siempre sentí admiración que como la muerte de una gran escritora que supo transmitir en una de sus obras (en una de las que yo leí) la esencia de la vida triste.
No es la memoria. No es nada. Hay veces en que siento la piel de la cara seca mientras escucho un piano y me duele el cuello porque el tiempo ha cambiado y llueve; hay veces en que siento cómo ha de ser la vida de un médico danés que cada cierto tiempo se embarca en una ONG y se va a curar enfermos muy enfermos a Sudán; hay veces en que veo la cara del nño llena de polvo y moscas y la mirada del hombre que raja el vientre de las mujeres embarazadas para saber si ha ganado la apuesta de que el feto fuera macho o hembra; hay veces en que escucho al ministro de justicia o al diputado de turno o al comentarista de lo suyo y me parece que nada es importante porque todo trasciende la importancia, porque soy incapaz de ver la importancia; tengo, a veces, la sensación de ser real y esencialmente polvo de estrellas y como tal, al navegar por un universo ilimitado (que no infinito) y no detenerme ante cual o tal drama, todos y cada uno de ellos se quedan rápidamente a años luz de crecer porque sólo es importante lo que crece (esa es nuestra condena como humanos: dar valor a lo que crece en vez de dárselo a lo que mengua) aunque este pensamiento entre paréntesis me parezca estúpido y cogido por los pelos.
De repente un pequeño desarreglo pequeño burgués puede convertirse en el terremoto que desencadene la mayor de las tragedias personales: un cáncer que no se supo llevar, una reacción de otro ante la propia reacción, la colocación de un explosivo a la hora equivocada, un kiwi atrapando a la lombriz que ya llegaba, el vuelo desconcertante de mil buitres, la tormenta solar en el ordenador portátil, la vela mayor en un océano inmisericorde, la gracia corpórea de un paso; de repente lo añejo se podría volver joven, la decisión podría catapultar la espera y su opuesto solidificar para siempre el gesto; de repente lo importante podría ser esa mano, esa casa, ese cometa, ese alud, esa selva, justo ese árbol, justo esa hierba y no saberlo, y no saberlo como de espaldas (aquellos viejos hombres mirando las sombras en la pared de la cueva), como dormidos; lo importante podría ser quitarse de golpe esa mordaza, hacer callar al que debería callar, silbar al paso de la comitiva, desandar el camino que nos llevó a mirar demasiado lejos, vivir plénamente lo que está siendo; quizá fuera si pudiera detenerme en cada una de las afirmaciiones que acabo de hacer sin reflexionar en cada una de ellas lo digno (o pensar de Juan Carlos Onetti que tenía razón cuando afirmaba que no soportaba a los que escribían de todo aunque luego me surgiera la duda de saber si él mismo, realmente, no había escrito de todo escribiendo siempre de algo).
De repente un pequeño desarreglo pequeño burgués puede convertirse en el terremoto que desencadene la mayor de las tragedias personales: un cáncer que no se supo llevar, una reacción de otro ante la propia reacción, la colocación de un explosivo a la hora equivocada, un kiwi atrapando a la lombriz que ya llegaba, el vuelo desconcertante de mil buitres, la tormenta solar en el ordenador portátil, la vela mayor en un océano inmisericorde, la gracia corpórea de un paso; de repente lo añejo se podría volver joven, la decisión podría catapultar la espera y su opuesto solidificar para siempre el gesto; de repente lo importante podría ser esa mano, esa casa, ese cometa, ese alud, esa selva, justo ese árbol, justo esa hierba y no saberlo, y no saberlo como de espaldas (aquellos viejos hombres mirando las sombras en la pared de la cueva), como dormidos; lo importante podría ser quitarse de golpe esa mordaza, hacer callar al que debería callar, silbar al paso de la comitiva, desandar el camino que nos llevó a mirar demasiado lejos, vivir plénamente lo que está siendo; quizá fuera si pudiera detenerme en cada una de las afirmaciiones que acabo de hacer sin reflexionar en cada una de ellas lo digno (o pensar de Juan Carlos Onetti que tenía razón cuando afirmaba que no soportaba a los que escribían de todo aunque luego me surgiera la duda de saber si él mismo, realmente, no había escrito de todo escribiendo siempre de algo).
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Narrativa
Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 30/06/2014 a las 17:50 |