Inventario

Página de Fernando Loygorri
Ayer cumplí cincuenta y siete años y durante un rato pensé que la vida realmente pasa y al mismo tiempo sentí que apenas nada ha pasado. Concluí entonces que cuando la vida se piensa pasa y cuando se siente está quieta. Fue una conclusión en todo caso humorística.
Me deseo un feliz año y sé qué entiendo por felicidad: ausencia de dolor físico. Todos los demás dolores serán siempre una opinión y podré, si llega el caso, rebatirme a mí mismo.
Por lo demás el día ha sido alegre. El primer regalo ha sido dar un paseo por el Museo donde soy guía con unos niños de entre tres y cuatro años. No sé por qué esa edad provoca en mí una inmensa cercanía. Nada más presentarme ante ellos, un crío me ha dicho, Tienes la pierna quebrada y a mí me ha parecido una frase preciosa y una forma elegante de señalar una particularidad.
Luego he hecho una compra de alimentos y sentía el olor del puerro como el olor de la vida: intenso y algo picante.
He paseado con Nilo al que me une una preciosa amistad y luego ha venido Violeta, mi hija, y hemos pasado la tarde en una calma que apenas me permitía recordar los cuidados que aún le debo a mi ojo derecho. Junto a ella he organizado un viaje que me ilusiona. Junto a ella siento que su ser solo me hace estar más vivo. Más tarde cuando Violeta se ha bajado a Madrid, L. me ha vuelto a felicitar y me ha dicho una frase que no ha sabido cuánto le agradecía. He recibido las llamadas de las personas exactas y me he prohibido terminantemente pensar en otras. Luego he decidido regalarme la noche porque mañana vuelve a empezar a todo.
Sí, ayer, catorce de noviembre de dos mil diecisiete, alcancé la edad de los cincuenta y siete años.

Diario

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 15/11/2017 a las 00:04 | {4} Comentarios








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