Inventario

Página de Fernando Loygorri
Desde lo alto de la cima he visto al Divino
siguiendo los pasos del hagiógrafo de Eneas;
tenía su mirada un deje de amargura
como si supiera de antemano los horrores que pronto visitara
y aunque su frente dejaba entrever en sus arrugas
el esfuerzo de un verso que a duras penas descollaba,
se intuía también ¡esencia mágica! la victoria final (victoria vana)
Estaba yo en lo alto
y los veía descender hacia el Infierno
cuando Rabelais vino dando saltos para invitarme a solomillo de buey de dos mil kilos
No tuve que elegir, me fui con él, rubicundo y salvaje como pocos,
feliz de sus desmesuras, silente a veces y con un algo de melancolía en su barriga
Así se sueña, pienso, ahora
en el siglo XXI de la Era
en aquéllos que un día se sintieron transidos de amor, impelidos a contar una historia,
la que fuera
para trascender la distancia que existe entre su ano y su boca
Así sueño, así me dejo llevar por los que saben
aunque a veces discuta con ellos
como discute el aprendiz con su maestro a la edad en la que discutir lo es todo
Estaba yo en lo alto, sí, pero tan bajo
que la primera luz de la mañana, la que no absorbe el bronce de la mujer desnuda,
apenas alcanzaba para establecer una metáfora entre ella y el lamento de un perrillo
Esa distancia
Amalgama contigo
Aspiración humana
Esa distancia que es nada 
y que otros se empeñan en hacer muy larga, muy ancha,
inalcanzable 
En la cima de la montaña estaba
no era el Mont Ventoux ni Petrarca yo era
nunca fui el primer escalador de nada
Sí supe contemplar la belleza
y dar alas a mi Laura
Allí estaba, probablemente allí siga
mirando el horizonte
esperando la llegada de las primeras nieves
sin leopardos, sin leones, sin lobas,
a solas con mi suerte,
ensoñado con ella,
a unos tres pasos de la muerte

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 24/08/2018 a las 12:36 | {0} Comentarios








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