Inventario

Página de Fernando Loygorri
Col de Bruselas
Col de Bruselas
Casi no recuerdo el día de ayer por la mañana o mejor dicho cuando me he puesto a escribir no lo recordaba. Ahora sí, ahora aparece la carretera, el hospital, la cita, la lluvia a la vuelta aunque el cielo estuviera claro. Con la opresión en el pecho, con una opresión ya larga que se alivia cuando me encuentro por la tarde en la puerta del colegio, el cielo vuelto a estar cubierto, en un continuo ir y venir de nubes grises, preñadas de agua y veo aparecer tras el recodo del edificio la figura de mi hija y su sonrisa tras el judo (ella hace el judo con tal delicadeza que en vez de hacer un arte marcial parece que bailara). La vuelta a casa, las preguntas mientras escuchamos en la radio del coche la sección de un magacine donde se discute si es lícito matar al tirano ¡qué pregunta tan retórica! Ya en casa el descanso, la llegada de las amigas, las risas de la niñez. La caricia y el beso antes de dormir. Dormir. Y soñar con muchas listas de cosas escritas en verde y subrayadas como si fueran, quizás, el enlace a otros sitios.

Despertar. La carretera por la mañana, aún sin amanecer. Bancos de niebla, atascos llevaderos. Llegamos al colegio justo a tiempo, ella lleva en su bolsillo una nota que la he escrito en la que le permito que no coma coliflor (me llena de tristeza que sea yo quien tenga la potestad de impedir que ella coma coliflor. No sé por qué. A lo mejor es que me retrotrae a mi propia infancia cuando a mí me obligaban en casa a comer la comida que más aborrezco del mundo: las coles de Bruselas). Madrid por la mañana. Aparco en la Puerta de Toledo. Espero en el coche hasta la hora en que tengo una entrevista con la Fundación First Team. La tengo. Vuelvo a mi pueblo. Debo concentrarme para no desconcentrarme. Llueve. Los conductores en la ciudad hacen pirulas, algunas peligrosas. Llego. Buenas y malas noticias se suceden durante un par de horas. Me echo a dormir después de comer. He dormido demasiado. Ya es la noche.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 29/01/2009 a las 21:00 | {0} Comentarios


Planchas 5-6


El Matrimonio del Cielo y el Infierno de William Blake (Fragmento)

Quienes reprimen el deseo, lo hacen porque el suyo es lo bastante débil como para ser reprimido; hasta que el gobernador, o razón, le usurpa su lugar y gobierna a los tibios.
Y al ser reprimido, tórnase el deseo cada vez más pasivo, hasta quedar en tan sólo una sombra de sí mismo.
La historia de todo esto consta en El Paraíso Pérdido, y el que gobierna, o la razón, recibe el nombre de Mesías.
Y el arcángel original, poseedor del mando de las huestes divinas, es llamado diablo o Satán, y sus hijos pecado y muerte.
Pero en el Libro de Job, el Mesías de Milton recibe el nombre de Satán.
Pues esta historia ha sido adoptada por ambas facciones.
En verdad, creyó la razón que el deseo había sido expulsado, pero la versión del diablo es que fue el Mesías quien cayó y formó un cielo de lo que hurtó al abismo.
Esto lo muestra el Evangelio, en donde pide al Padre que le envíe al consolador, o deseo, sobre el cual la razón puede construir ideas. El Jehová de la Biblia no es sino aquél que mora en el fuego llameante.
Sabed que tras la muerte de Cristo se transformó en Jehová.
Pero en Milton, el Padre es el destino, el Hijo, una ratio de los cinco sentidos, y el Espíritu Santo, ¡el vacío!
Nota: la razón por la cual Milton escribía maniatado al tratar de Dios y los ángeles, y con plena libertad al referirse a los demonios y al infierno, radica en que era un auténtico poeta, del lado del diablo sin saberlo.

Poesía Hiperión.
Traducción: José Luis Palomares

Invitados

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/01/2009 a las 20:12 | {0} Comentarios



Se nos cayó el corazón
y se quedó colgado
de un árbol todo sombra,
sin matiz de sol.

Se nos calló el corazón
y en el silencio se escuchó
toc-toc, toc-toc
toc... toc...

1999

Poesía

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/01/2009 a las 14:00 | {0} Comentarios


Tras un viento huracanado (al fondo las montañas algo nevadas lo que provocaba que las rocas resultaran más negras, un cielo amenazador y una sensación de desolación por la ausencia de gente en la explanada) Violeta y yo logramos entrar en el Monasterio de El Escorial (curioso que en tan poco tiempo El Escorial haya aparecido dos veces. O en absoluto curioso la vida es un cuento lleno de ruido y furia contado por un idiota que no significa absolutamente nada. Shakespeare, Macbeth ). No quedaba mucho tiempo para que cerraran y un hombre se puso a contarnos el lugar exacto donde estábamos. Yo quise quitármelo de encima por una cuestión en el fondo crematística (se podía tratar de un guía ilegal del museo) y también porque quería recorrer el monasterio a solas con Violeta. Le dimos esquinazo y lo volvimos a encontrar y entablamos una conversación sobre las medidas del monasterio (con referencia al Templo de Salomón). Entonces el hombre me hizo una pregunta de colegio, ¿Quién fue el arquitecto? Yo di una respuesta inexacta porque siendo Juan de Herrera quien lo firma y quien ha pasado a la historia fue en realidad Juan Bautista de Toledo, discípulo de Miguel Angel Buonarroti, llamado el piccolo spagnolo por lo bajito que era. El hombre me miró. Yo decidí seguir el paseo. No lo volvimos a ver.

Un médico escucha con desprecio las explicaciones de una paciente y la tacha de mentirosa. La paciente sale más angustiada de la consulta de como entró, se desespera. El médico se pasa la mano por la bata y se dice a sí mismo, A mí me la va a dar ésa.

Al día siguiente esta misma paciente visita a una enfermera (una de cuyas compañeras había visto cómo salió esta mujer el día anterior de la consulta del médico que lo sabe todo) y la enfermera escucha, sugiere, cree a la paciente y la aconseja y la calma y la entiende y aclara, Lo que pasa es que yo no sé, yo no soy médico, no puedo diagnosticar.

Diario

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 26/01/2009 a las 12:26 | {0} Comentarios


Francis Bacon Autorretrato 1971
Francis Bacon Autorretrato 1971
Un día pensé: Somos una forma de contenidos. En esta apariencia de unidad habita la diversidad. Normalmente en mi percepción de este pensamiento me ocurre lo siguiente y es que descubro que no conocía a un contenido que estuvo en mí sólo cuando ha dejado de estar; mientras está en mí lo reconozco como yo, cuando se oculta y viene otro pienso en el que estuvo y a veces siento rechazo y otras alegría y otras indiferencia.

Este pensamiento, unido a su sensación, me hacen dudar de la fuerza de voluntad porque en ocasiones lo que busca la voluntad de uno de los contenidos de mi forma está en oposición a la voluntad de otro. Y estos cambios de los que hablo no es que se den de vez en cuando es que se pueden llegar a dar varias veces en un mismo día (pongo día por poner una medida de tiempo corta).

También la noción de destino, también la noción de carácter flaquean.

También ese temor casi fantástico de que un día alguien demostrara que yo estuve en un sitio que no recuerdo en absoluto y entonces me diera cuenta de que algunos de mis contenidos se apoderan absolutamente de mi forma y son imperceptibles para los otros contenidos.

O tan sólo soy un veleidoso.

Ensayo

Tags : Archivo 2009 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 24/01/2009 a las 16:19 | {0} Comentarios


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