Inventario

Página de Fernando Loygorri
Este auge de los fascismos. Esta sociedad transparente. Este pedazo de estúpido integral que es el presidente del imperio, con sus gestos a lo dictador, una mezcla espantosa entre Mussolini y el Oso Yogui. La caída en la literalidad. La obligación de decantarse. Ver cómo se arrumba el sentido figurado, la ironía, incluso el sarcasmo. Esas leyes que se cambian con el método chulesco de un presidente de todo un tribunal supremo de un país que se pavonea -como tantos- de democrático que zanja un debate porque está hasta los cojones de debatir y ¡oh, suerte de la moneda! esta cae del lado de quienes en este momento dominan realmente el mundo: los guardianes del dinero.
Ante eso. Ante lo pornográfico de la sociedad en la que vivo (para quien quiera saber a qué me refiero con esos términos que empiece a leer, a conocer, a saber, a reconocer de una puta vez ) me voy a pasear por el paisaje ambiguo de un día nublado de noviembre en el que las nubes se han comido las montañas y se escuchan gemidos que podrían ser gozos de mamíferos follando. Ante tal reguero de estulticia me meo en el tronco de un árbol, en la soledad del camino tan sólo estropeado por los sonidos feos de unas máquinas a motor. Detesto el ruido de los motores de las máquinas. Los gritos continuos de los niños en un patio los detesto menos. En el ansia que siento en las ciudades se ve el triunfo del capitalismo. Me alejé de las ciudades. Me alejé de ese ansia que se contagia. Ese ansia de igualdad que genera una sociedad profunda y cruelmente desigual. Espejismos. Apariencias. Anhelos.
¡Qué tosco, mortal, es todo! A imagen y semejanza de las leyes del universo.
Fotografía de Lynne Cohen
Fotografía de Lynne Cohen

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 09/11/2018 a las 00:16 | {0} Comentarios


No ha vuelto para escuchar el nacimiento de un mito
más bien vuelve como quien sale de un sueño que ha entrado en la mañana
La nostalgia, le diría
o también, sí, también
cómo agradezco que estés a mi lado cuando muero
cómo duele que te ausentes cuando vivo
Sobre la noche se elevó la luna
-nadie la vio porque estaba encubierta-
se escucharon sus pasos en la calle
la lluvia hacía brillar el pavimento
el vaho salía de su boca como por el oído sale el alma de los muertos
Se quedó quieto y se asombró de la presencia sólida
la acarició y sintió la atracción y la repulsión que siente el hombre
de occidente hacia la piel de la serpiente
En esa noche, sobre el pavimento húmedo de un pueblo
se hincó y bajó la cabeza
Volvió a su casa
la luz indirecta de una lámpara
atestiguó esa palabra dicha más arriba
(pena ante la ausencia de lo amado)
cuando fue consciente de que dialogar
es un verbo intransitivo

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 07/11/2018 a las 17:31 | {0} Comentarios



Ni siquiera será fuerte
Ni alzará la voz
Ni se desnudará frente al lago del que los patos emigraron hace tiempo
Será la nube quien la mantenga a flote
Será la nube quien le suministre el agua
Ni se rapará la cabeza
Ni mirará de frente con la osadía propia de los que van a morir y son valientes
Ni en la celda, amarrada el banco, elevará preces
Será un mal sueño
Será la lógica que aplasta cuando se mantiene a lo largo de miles de años
Ni más tarde será recordada

No habrá anales que la contengan
No existirá un epitafio buscado con esmero
No irán las multitudes a ningún sitio como borregas van, como borregas vuelven
Tan sólo una miaja de esperpento, un corazón más que se olvidó de bombear en la Gran Era de la Disociación de la Materia y la Energía es un Espacio Tiempo curvo
Tan sólo un último suspiro

Sin desfiles
el pavimento mojado
Sin luces en la ventanas
todo el mundo duerme
Sin árboles desnudos a su tiempo

Noviembre llegará a su espalda
Ella lo recibirá con calma
Un pedazo de tiempo 
roto en algún sitio
mientras recuerda las palabras mástil,
fluir y enredadera
 

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 05/11/2018 a las 19:18 | {0} Comentarios


A Julia Maestre Alarcón, mi primera maestra, en el aniversario de su segundo tránsito conocido por mí (no sé cuántos más ha tenido desde entonces ni cuántos tuvo antes de eso que he llamado "entonces" [si los tuvo, si existen, si no es que todo es lo mismo])


Duermen los muertos. Algunos llevan dormidos millones de años. ¿Cuándo murió la primera urbilateria? Sobre los cimientos de la muerte se ha ido construyendo esta nueva frontera, penúltimo salto del que seremos conscientes y me siento afortunado de estar aquí, de estar asistiendo a ella, de ser consciente. Somos educados para no ser conscientes de saber dónde nos encontramos. Manejan nuestras mentes en la infancia y para siempre una impronta se queda marcada en nuestros cerebros sólo que hay una llave -una entre otras- que a veces -porque no es siempre- abre el camino al descubrimiento de esa impronta y su posterior destrucción; esa llave es el sufrimiento. Ya desde los griegos esta idea subyace como poso de sabiduría. Pensaba Esquilo que obrando cae el hombre en la culpa; toda culpa encuentra su expiación en el sufrimiento; el sufrimiento lleva al hombre a la comprensión y la comprensión al conocimiento: este es el camino de lo divino a través de mundo de los humanos. Esa impronta se podría llamar: Autoridad. Sería interesante comentar todas las acepciones de esta palabra. Quizás en otro momento. Sirva ahora la acepción más usual. La Autoridad ha marcado la vida de miles de millones de seres humanos al impedirles saber dónde están y al no saberlo -o no saber siquiera que algo había que saber- han vivido, viven, vidas entregadas a otros, sacrificadas para el bienestar de otros -en muchísimas ocasiones no sólo para su bienestar sino para alimentar y hacer triunfar su codicia- de tal forma que hubo y hay ejércitos y ejércitos de vidas ignorantes. Lo paradójico es que también los beneficiarios de la ignorancia de los demás suelen ser a su vez ignorantes también. ¡Cuidado con la ignorancia de los poderosos!
En mi niñez empecé a obrar y empecé a sufrir. Ha tenido que pasar medio siglo para empezar a emocionarme sin rubor y sin culpa del bien, de la visión de la frontera, del dolor y de la estética. Gracias, viejilla mía, por ser la primera que me guió por la senda del sufrir.

Ensayo

Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 01/11/2018 a las 19:32 | {0} Comentarios


(y casi última)


La casa estropeada me atrofia el buen humor
No voy a soñar con los muros que fueron derruidos
(si es que alguna vez lo fue alguno) 
Ni voy a hacer aspavientos cada vez que vivir me dé la espalda
(también yo sé darle la espalda a la vida)
Sí continuaré mirando de frente las luces de noviembre
por más que el ojo derecho se empeñe en aguarme la fiesta
y un dolor parecido al caramelo se incruste cada noche entre mis hombros
La vida es un sarmiento retorcido y seco
que florece cada tanto como si fuera miércoles
No vale el esfuerzo regodearse en nada
y sí mirar al perro cuando camina por lo alto del murete
No voy a someterme como si estuviera vencido
porque jamás nadie pudo con el instinto de vida
-matarse es su exaltación máxima-
Presumo que esta noche me sentiré dichoso
sabiendo como sé que las erinias, las pobres, como perras furiosas gruñen a las puertas de mi sueño para devorarme el corazón hasta sangrarme
No voy a sentir nostalgia de brazo ninguno
Ni escribiré un puto verso por los labios que supieron besarme
La saliva sólo sirve para deglutir y huele mal
Camino con la vista en el suelo
porque el cuello también atrofiado me impide mirar al frente mientras lo hago
Alimenté mal mi cuello
Me dejé llevar por mi carácter
Merezco las tuberías rotas
Merezco el suelo inundado y fragmentos
Ahora has de saber algo importante:
si merezco todo esto es porque amo a Bach
y a Nina Hagen a un mismo tiempo

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 30/10/2018 a las 19:13 | {0} Comentarios


1 2 3 4 5 » ... 355






Búsqueda

RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile