Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
Thaid Gaertel (Una breve semblanza no autorizada)
Thaid Gaertel pudo nacer en un país escandinavo probablemente Noruega al principio de la década de los sesenta del pasado siglo. Hijo de unos farmacéuticos pasó los primeros años de su infancia en el laboratorio de los mismos y se enamoró profundamente del sulfato de amonio y del cloruro potásico.
Ya desde niño su imaginación excesiva, su tendencia a la suspensión le acarreó algunos problemas en la sociedad protestante en la que vivía. Prueba de ello son unos supuestos comentarios de su profesora de primaria Edelmira Ongeweiss cuando hacía referencia a la ocasión en que Thaid, a la edad de ocho años, se negó a ir a la escuela arguyendo que la susodicha maestra le castigaba a sentarse en el alfeizar de la ventana del aula -sita en el cuarto piso de la escuela- y a pasarse la mañana entre la helada y la altura mirando un pruno.
El paso de los años no alteró esta imaginación salediza y quizás ayudó la inhalación de ciertas sustancias del laboratorio de sus padres a que, a la edad de quince años, decidiera huir de Noruega -aunque nadie se lo impidiera sólo que a él le gustaba la sensación de huida- con tan sólo una mochila y una flauta dulce.
La primera noticia que se tiene de él tras su huida acontece en la ciudad de Amberes donde dos testimonios -el de un guarda municipal y el de un comerciante de quesos- corroboran la presencia de Thaid Gaertel tocando su dulce flauta en la Saint Paul strass a lo largo de la primavera del año 1975 y apuntalan la idea de que fue en esta ciudad y en esta calle donde conoció a Isinvayeva Vaskausas la célebre concertista de chelo la cual según todas las fuentes consultadas le introdujo en el mundo de las escalas cromáticas y en el mundo de su cuerpo eslavo y como corolario a su relación le regaló dos flautas traveseras (ambas aparecen en la portada del CD) y le puso de patitas en la calle por una cuestión de parásitos (nunca se supo si él era el parásito o un parásito que fue a parar a él recorrió el camino hasta el pubis de Isinvayeva con las consecuencias conocidas).
Parece ser que fue entonces cuando compuso su primer tema Sosinha -tema 8º del CD- con el que nunca llegó a las listas de éxitos.
Poco más sabemos de él. No sabemos si el rostro que aparece en la carátula del CD es el rostro de Thaid y tampoco nos atrevemos a elucubrar acerca del título del disco Pesadilla para flauta y Band in a Box. Juzguen ustedes todos estos datos sin confirmar.
En la próxima reseña intentaremos agregar un tema de Thaid Gaertel (siempre que no nos cobre derechos de autor)

Cuento

Tags : Archivo 2008 Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 03/11/2008 a las 14:04 | Comentarios {0}


La venta de flores ha caído este año en un silo de abono y sus aromas se han mezclado.
La mierda y su resultado, la flor, han ido a parar al polvo de los cementerios. Allí se han visto vivos lustrando con pañitos las losas y los nichos. Parecía un cementerio de gran capital el paseo de los domingos por la calle central de una ciudad de provincias. Niña muy pequeña con abrigo de visón blanco ante la tumba de un abuelo. Gitana arrodillada y llorando. Curas administrando su negocio. Un perro sorprendido ante la afluencia de público. El día de puertas abiertas.
Existen hermosos mitos acerca de los días señalados en muchos calendarios. Léase el ensayo de Robert Graves La Diosa Blanca ¡Ay, cuántas invenciones! ¡Cuántos cuentos! ¡Cuántas esperanzas! Y sobre los muertos. Sobre los enterrados. Sobre los que se pudren. Sobre los que aparecen. Este maldito dos de noviembre tan hermoso con un relato de Edgard Allan Poe leído ante la chimenea, ante ese fuego que chisporrotea alegremente ignorante de que cuanto más chisporrotee antes se apagará.
¡Crisantemos, acudid! ¡Maravillas a vuestros puestos! ¡Cipreses, firmes! ¡Marchad, marchad y cantemos todos a una la canción de los enterrados! Y a cada nota su silencio en forma de lágrima y cada estrofa un planto ideado por María Balteira, la más famosa juglar de un tiempo enterrado.
Asolar es dejar sin suelo.
Empeñarse es hacerse roca.
Abrumarse es dejarse invadir por la niebla.
No, no os dejéis llevar por tan espantosos razonamientos.
La muerte es un tránsito. Enterrados no falta el aire.
Todo es puta luz y puto color.
¿Dónde cojones os creéis que estáis? ¡Hostias, a la tumba, joder, a la tumba! Ya vendremos el 2 de noviembre a echaros un vistazo.

Diario

Tags : Archivo 2008 Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 02/11/2008 a las 13:15 | Comentarios {0}


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