Monólogo
El Actor: un viejo dios soberano... justo de eso... puedo hurgar en esa llaga... los dioses vencidos... los dioses muertos... irme a los albores... es una estepa con un solo árbol... podría mirarme en el espejo y ver el rostro que he visto hace un rato. Todavía hacía sol. Ese dios amarillo y redondo... podría acunarme en las historias primordiales que tienen algo de sueño... de sueño de niño que ya recuerda los sueños... salir ahí fuera, una noche más, asido a las luces y al vestuario... hablar de esos dioses que hacían camino junto a nosotros y aún antes... mucho antes de fijar la verdad en la memoria... hay una gruta. Hay un fuego que se mantiene a costa de vidas si es necesario. Hay unas lanzas. Hay un riesgo que ya sabemos lo que significa. No sabemos que el coito lleva a la gestación. Las diosas. Los dioses eran ellas. Hubo un miedo y un mujericidio que acabó con su magia e inauguró la edad de la fuerza ... esos dioses, como Poseidón... o ésos más allá, a eones de distancia, antes del Tiempo, antes del Espacio que son pura ausencia, absoluta ignorancia, creadores por generación espontánea... No podría ir más lejos. No me atrevo. Vislumbro a penas el fracaso. Siento el aliento de la oscuridad que enfrente de mí respira... hablaría de la sensación de pasmo... hablaría de un lugar para vivir y del silencio inmisericorde al que se ven abismados cuando repelen y son cedidos como muebles inútiles en un mundo funcional... me atrevería... lo aseguro... poco antes de salir... me atrevería, lo juro. Ya lo he hecho antes. Me he enfrentado a ello varias veces. Una vez pude elegir entre partir un brazo o enfrentarme otra vez a ello y elegí enfrentarme. No quiero decir mucho más con eso... de dioses en las últimas... de los hermosísimos textos que se les dedicaron... la lluvia amarilla, el solsticio de invierno, el nacimiento del Buda, La Vaquería-Templo... los dioses muertos y resucitados. De ellos hablaría tanto. O de una montaña sagrada, Ida, o cualquiera otra, aunque Ida sea un monte pero tenga alma de montaña... hablaría de lo ctónico, de lo que se asienta y pesa y adquiere la densidad suficiente para nombrarlo... la noche está brava... Yo me erguiría ante mis muertos y les preguntaría... saber si ellos también... Si esta noche llamaran a la puerta y apareciera un perro al que llamara Ego...
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Teatro
Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/05/2026 a las 01:59 |