La descripción del muro. Se acerca desde lejos una mujer. Descripción del muro, formas caprichosas se crean en la relación entre los desconchones y varias capas de pinturas. La mujer se acerca. Lleva un abrigo que abraza sobre su cuerpo. Un abrigo que cae por debajo de su minifalda. Sus leotardos son morados. Sus zapatos negros, de tacón y acharolados. El muro se vuelve de un insufrible tono polaco.
El bebé acaba de ser abandonado en un contenedor de un polígono industrial. El bebé se despierta por los olores de la putrefacción. Llorará. Gritará. Berreará. Se agotará. Morirá. Nadie descubrirá nunca al crío. Todo fue en vano. Sus huesos deben de andar desperdigados por cualquier vertedero de los alrededores de la megalópolis. No es el único ser vivo de vida breve.
Cae sobre el nido la tormenta. La mujer zapatea por la calle solitaria. Lejos han dado una media. La mujer se ha detenido. Ha encendido un cigarrillo. Ha dado una profunda calada y el humo y el vaho han creado niebla sobre niebla. No ha entrado en calor. Quisiera haber sido antes. Sin apenas remordimiento.
Se encienden las cocinas de las casas que se apiñan en bloques en los suburbios de la ciudad. Las radios y los calderas se oponen. Ella camina sin querer llegar. También quisiera estar sentada en una casa frente al mar donde muchos años atrás había estado serena. Desconfía del entusiasmo. Nada más lejos de su intención intimidar. Es una reacción animal.
Juntar las dos series. Animar la carrera. Creer que sí es posible. Creer que lo hizo. Otra cosa es que consiguiera transcender. Inmanente fue siempre. Se acerca a la casa. Se acerca al desfile de las vecinas. Las primeras en salir llevan a sus hijos al cole, antes de hora, porque ellas han de ir a trabajar muy, muy temprano. Ella sigue siendo una niña.Se negó a crecer. Se mantiene igual. En lo alto de la trona. Arruga un papel de celofán. El mundo es arrugar un papel de celofán. El mundo es el sonido de los papeles de celofán aplastados, arrugados, vueltos a estirar. El mundo es su abrigo que le permite aguantar el helor del amanecer por las escaleras. Su ceño. Sus talones. Una crema contra las grietas de los talones. Que no se te olvide, se dice a sí misma llamándose de tú.
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Tags : Cuentecillos Escrito por Fernando García-Loygorri Gazapo el 01/06/2026 a las 17:43 |