Inventario

Página de Fernando Loygorri
Justo antes del final
vengo a decirte que imagines
a Leviatán como la roca
y que cantes mientras lees
el misterio que encierra la Tierra
(hubo un tiempo en el que el hombre era inmenso y bello
tanto que los arcángeles se quejaron a Dios de su hermosura;
hubo un tiempo en el que la Tierra -con usura- se negó a dar su polvo
para que la mano de Dios amasara con él, con fuego, con aire y oscuridad
dentro de su útero la figura colosal del primer hombre;
hubo un tiempo en el que la longitud de las impurezas duraban treinta y tres generaciones
como la impureza de la mujer tras el parto dura treinta y tres días;
hubo un tiempo de montañas prodigiosas -Moriá, Meca, Delfos-
en cuyas cimas se producían los misterios y la estirpe humana se asombraba
de las luces repetidas de la Aurora, del ardiente color de los Ocasos y del ígneo resquebrajamiento de la bóveda del Cielo;
hubo un tiempo de cópulas imposibles -Adán se intentó montar a las hembras de todas las especies a las que daba nombre- y esa melancolía de Adán de no gozar con hembras ratas o hembras arañas o hembras cernícalos o hembras pulpo generó en Dios la idea de crear una hembra humana;
hubo un tiempo de deducciones
hubo un tiempo de asombros
hubo un tiempo salvaje).
No dudes que el joven que vive solo en una cueva
es igual a aquél que cuatro mil años antes vivió solo en una cueva
y también a aquélla que fue repudiada y se arrancó los cabellos y los vestidos
y caminó hasta que los pies se le abrieron
y murió sola rodeada de bichos.
Recuerda, te pido, todo existe.

Cuento

Tags : Marea Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/06/2016 a las 01:14 | {0} Comentarios








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