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Página de Fernando Loygorri

Documento 21 de los archivos póstumos de Isaac Alexander



Chacra de Río Perdido, provincia de Córdoba. Argentina
28 de septiembre de 1946

Recién llegué a la Argentina, dejé que mis emociones alimentaran el caudal de Río Perdido. Me miro las manos con entusiasmo (tengo a la diosa Vida dentro) y al moverlas, al pasearlas por, por ejemplo, la planta de la lavanda, se me hincha el pecho en una respiración que quisiera abarcar mucho más que mis pobres y atacados pulmones; la lucidez que deriva de la idea de luz, entronca con Lucifer que, etimológicamente, quiere decir El que hace luz porque la lucidez (lo luminoso) siempre ha de tener presente el dolor; ser lúcido es ser consciente del dolor y aún con todo el dolor que este cuerpo mío y esta mente mía ha tenido que contemplar y sufrir, grito frente a los inmensos muros que se levantaron cuando chocaron entre sí las placas tectónicas correspondientes, ¡Gracias! Porque gratitud siento por vivir aunque sea finito y contingente; porque agradezco al cúmulo de azares y destinos que mi padre y mi madre copularan el día indicado y que fuera ese espermatozoide justo y ese óvulo justo quienes se encontraran en el seno de mi madre Esther y surgiera yo, Isaac Alexander, hijo de Salomon Alexander y Esther Steiner, judío por tradición y ciudadano agnóstico y sin dios por elección. Agradezco a las Furias su inclemencia; agradezco a Afrodita su belleza; agradezco a las Parcas cómo consiguen inocular el terror en nuestros corazones; agradezco los pensamientos de los hombres sabios; agradezco los paisajes que nos ofrece el mundo; agradezco la cúpula ardiente del universo y lo que el corazón ansía a veces porque estuve muerto y sin esperanza en una Europa devastada por sus propios habitantes y vi cara a cara la animalidad esencial del ser humano y tuve la certeza de que siempre habrá otros para los que seremos grey y como tal sentirán la tentación de azotarnos y dirigirnos hacia donde ellos quieran por medio de la fuerza de sus látigos y la fiereza de sus perros; por eso exclamo, libre de mis últimos amos, manumitido por otros y por lo tanto libre: ¡Tened cuidado con los pastores! ¡No os dejéis sermonear con palabras graves! ¡Contempladlos y escupidles a la cara y hacedles ver que sois hombres libres, osos en vuestro territorio, animados por un bendito deseo de longevidad!

Amen
 

Ensayo

Tags : Escritos de Isaac Alexander Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/09/2018 a las 12:10 | {0} Comentarios








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