Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri

Mosquita muerta es el pseudónimo que utiliza Pablo Molviedro Ichaso -discípulo aventajado de Isaac Alexander- para lo que él ha titulado Crónicas del presente, una serie de artículos sobre el mundo de hoy (sea lo que sea hoy/mundo/presente/crónica)



El día de hoy se desarrolla bajo un calor sofocante. Quizá sea fruto de ese calor los recuerdos del 26 de abril de 1986 cuando en un lugar de cuyo nombre casi nadie sabía, Chernobyl, se produjo la explosión del reactor número 4 de su central nuclear. Los hechos que se desencadenaron a partir de ese momento son una muestra palpable, más: meridiana; más aún: irrefutable de que todos somos finitos y contingentes.

Escucho ayer, sin querer reproducirlo en su exactitud -cuento más bien las sensaciones que tuve-, en el programa de Ángels Barceló Hora 25 a una de sus colaboradoras -filósofa o especialista en temas de ese cariz-  haciendo una loa a la palabra orgullo imagino que por la proximidad del Día del Orgullo LGTB. Me genera enfado que para reinvindicar uno de los sentidos de una palabra haya que menospreciar un sentido de otra: humildad. Vivimos tiempos extraños en los que la sobredimensión de la individualidad llega hasta extremos tan descorazonadores como que lo que antes se llamaba mestizaje ahora se llame apropiación cultural.

Hace muchos años, en una época en la que me dedicaba a la ingrata tarea de la enseñanza -ingrata porque ya entonces sabía que nada se puede enseñar aunque todo se pueda aprender- una orgullosa alumna de la bonita región de Murcia, me exigió que le explicara las claves de la comedia. Lástima que no me atreviera en aquel momento a demostrar más estupidez que la suya para haberle respondido: empiece a escribir sobre caca, culo, pedo, coño, verga y pis y poco a poco vaya volviéndose sutil. Mientras tanto siga intentando escribir la O con un canuto.

Hay una familia tóxica, una familia que es como la radiación del uranio: balas que te taladran el corazón. En conversación telefónica con mi gran amigo Pincel Crepúsculo, se seguía admirando de mi delicadeza para con esos seres con los que me tocó compartir los momentos más decisivos de la vida de un ser humano: la infancia. Me comentaba que había visto un documental en el que se explicaba la creación de patrones mentales en los niños, unos patrones que jamás podrán ser borrados. He querido comentarle cómo esa idea la trasladaba de forma magistral Steven Spielberg en su película AI (Inteligencia Artificial) y lo denominaba impronta y me hubiera gustado que hubiera visto la secuencia en la que la madre humana introduce en el niño robot la impronta para que desde el momento en el que la repita, el niño robot sienta por ese madre humana un amor abramánico. 

Cuando la tarde ardía me ha llamado Tormenta en el verano que se fragua al anochecer para derramar su niñez en mis oídos. Hubiera querido estar más a su lado. Hubiera querido estrecharla entre mis brazos. Hubiera querido que cada palabra hubiera sido para ella una gotita de C.H. Luego ha llegado el sopor.

Ahora viene el paseo. 
 
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Mosquita muerta
 

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Tags : Mosquita muerta Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/06/2019 a las 19:32 | {0} Comentarios


Mosquita muerta es el pseudónimo que utiliza Pablo Molviedro Ichaso -discípulo aventajado de Isaac Alexander- para lo que él ha titulado Crónicas del presente, una serie de artículos sobre el mundo de hoy (sea lo que sea hoy/mundo/presente/crónica)



No está en mí, Mosquita Muerta, la emoción -definámosla como pensamiento más sentimiento- de la ternura. Nací y fui menospreciado -literalmente: preciado en menos-. Ahora saben las estudiosas del alma de los niños que esa emoción de sentirse menos es veneno puro, veneno barato porque no se compra en las boticas sino que emana gratis del carácter y las circunstancias de los progenitores -como el mundo de las relaciones privadas ha cambiado un poco, ahora hay que poner otra palabra: cuidador-; si en el cuidador/progenitor anida el veneno gratis del menosprecio, ya se puede agarrar a la vida a quien le toque sufrirlo. La infancia es una cárcel de por vida. Somos presos de nuestra niñez desde que el siglo XVIII decidió dar carta de individualidad a cada individuo. La vida se vive desde emociones que entraron libres de barreras en los años en los que el pensamiento aún no forja actitudes. Ser niño es ser indefenso por eso hay viejos que siguen siendo niños porque se mantienen indefensos -esos viejos, por cierto, son los imprescindibles-. Yo conocí a un viejo de ésos. Se llamaba Antonio R. Espino. Yo era muy joven entonces y él me quería follar. Era maravilloso su deseo hacia mí, cómo en las tórridas tardes de un julio de mil novecientos setenta y ocho, en la esquina de las calles Lagasca con Lista, en el barrio más rico de la ciudad de Madrid, ese viejo pordiosero y ese joven hippie hojeaban sentados en un banco las historietas de Tom de Finlandia mientras sus ojos me devoraban la polla y la boca y exclamaba indefenso como un colibrí en el puerto de Hamburgo que daría la vida por lamerme el culo mientras me hacía una paja. Ese hombre que se teñía el bigote y los aladares del cabello con betún; ese hombre que había recorrido media Europa siendo sodomizado por todos los marineros que encontró; ese hombre que había acabado tirado en un banco, abandonado por todos y que sólo gracias a la fraternidad de una vieja meretriz argelina llamada Carmen, encontró un cobijo donde pasar un tiempo, ese hombre digo y todos los hombres como ese hombre, son imprescindibles porque en su piel y en su mirada llevan grabada a fuego la emoción de la ternura. Me contaba Antonio R. Espino terribles historias de su padre que debía de ser un cacique pacense de armas tomar y callaba cuando recordaba a su madre y se le llenaban los ojos de lágrimas y en su rostro se dibujaba una tierna devoción, como si callara ante la imagen de la virgen venerada, casi despedía olor de santidad, lejanos ecos de inciensos; ese hombre había aprendido el horror de su padre y la ternura de su madre. ¡Ay, pobres míos, los que no aprendisteis de vuestros carceleros la gracia de la ternura! ¡Andaréis cojos y desarmados por el mundo! Un día y otro día os preguntaréis si tenéis derecho a la risa, incluso si tenéis derecho a la vida y temblaréis cuando vosotros mismos -desdichados antitiernos- tengáis hijos porque siempre, hasta el final de vuestros días os preguntaréis si hicisteis mal, si fuisteis influencia nefasta para el alma de ese niño que es tu hijo y que bien sabes que nunca le podrás transmitir una de las emociones más esencialmente alegres.
Yo, Pablo Molviedro Ichaso, soy padre de una niña a la que devotamente pido perdón y ruego que cuando en su madurez me recuerde en una reunión de amigos en la que muchos hablarán de sus padres muertos, ella me otorgue un solo beneficio: la duda de si habría sido un buen hombre de no haber sido menospreciado. No escribo desde este rincón que tan generosamente me presta Loygorri para lamentarme de mí sino para avisar a los posibles lectores de que cuiden el alma de los niños, que los aprecien como si fueran duendecillos que habrán de crecer para que no llegue el día en el que como yo se lamenten de lo que nunca conocieron y por lo tanto fueron incapaces de transmitir. 

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Mosquita muerta
 

Invitados

Tags : Mosquita muerta Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 27/06/2019 a las 18:07 | {0} Comentarios


Se queda en lo oscuro
lejos de los focos
ante ellos un festival
de loros vestidos
con falda o pantalón
Trasluce su mirada 
un miedo viejo
como las ensenadas
que quedaron tras las dunas
en un desierto sin escribir
Se queda sin palabra
en el sótano ubicado
en una casa de la zona
antigua de la ciudad
Calles estrechas
Denso ambiente
Olor de comida suspendido
en el aire de verano
Se queda atrás
Apenas escucha los ecos
de una música triste
aunque sus acordes
alegres insinúen lo contrario
Música de una juventud vencida
en boca de unos hombres
a punto de envejecer
Antes de irse
sugiere cortesías
Escucha recuerdos
de su padre
en la memoria de otros
y camina de vuelta
a la sequedad de los campos
entre adoquines y conventos
que evocan en él infancias:
botas rotas
constante vocación de huida
el mar en la tarde
frescor de la higuera
Se queda en la oscuro
Sabe que queda poco para el tránsito
cuando huele
la noche en el dondiego

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 23/06/2019 a las 12:27 | {0} Comentarios


Invoco la alta cuna de los perdedores
en la última tarde antes de la luna llena
Invoco el final de los números
cuando me acerco a la esquina con flores
Invoco la estupidez de los hombres
que dejaron hace tiempo de creer en los hechos
Invoco la manipulación de los ingenieros
con el grito de ¡Vade de retro pantalla táctil!
Invoco el gesto de la diosa
Los ojos de lechuza de la noche
Invoco la fuerza de la flauta de Pan
que suena a canto en el bosque
Invoco a Oberon y sus artes bellas
en su lucha amorosa con Titania
Invoco al onagro en su lamento
por la muerte de su amigo
Invoco las fuerzas de la ira
aunque no sea inglés ni dramaturgo de los sesenta
Invoco la sagacidad
las manos libres de una mujer 
Invoco los libros que se usan
mientras se aprende de una pasada la muerte
Invoco con conjuros a faustos
a la hora del vermout
A todos los invoco
para derrocar la teleología
y volver a las cavernas
con sus fondos mágicos
donde las sombras eran mundo
A todos los invoco
con los brazos extendidos
en esta tarde de junio
cuando la noche del solsticio se acerca
y parece que nunca más lloverá
La invocación se acompaña de ofrendas
Ofrendas de lirios silvestres
y dos muchachos dispuestos a iniciarse en el ritual de la madurez
Ofrendas de sangre de pez
y dos muchachas dispuestas a iniciarse en el ritual de la menstruación
Ofrendas de fuego aromático
y dos bebés dispuestos a crecer acompañados
Ofrendas de infusiones embriagadoras
y dos ancianos que saben recordar y transmitir
Ofrenda de este cuerpo también, tan doliente
y al tiempo agradecido y feliz
Ofrenda de su pobre pensamiento
que apenas escapa del número dos
Ofrenda de su aislamiento
que le supuso la renuncia 
Ofrenda de su renuncia
que le inspiró esta invocación

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 17/06/2019 a las 16:53 | {0} Comentarios


Hablaré de Enoc, queridos,
hasta quedarme ronco,
y cuando ya no pueda hablar más de Enoc
me quedaré dormido
junto a la cueva en la que Mozart sentenció un compás:
¡Oh, tú, hijo de Caín, maldito descendiente del maldito
Por las cuencas de mis ojos se vacía el ansia
Remite mi sangre en el dedo pulgar de mi pie izquierdo
Manejo el remo con el arte de una galeote
Desprecio a la mujer que me da a beber bajo el sol ardiente!
¡Oh, tú, hijo del Agricultor Nefando
no quieras convencernos que Yahvé te llevó con él
Sabemos que la nieve nunca alfombra el Sinaí
Sabemos que Getsemaní se ha quedado sin peras
No nos obligues a alzar una piedra de nuevo
Los meteoros han abandonado la tierra
Atlántida ha quedado sumergida 
Lanzarote es su única entrada!
Sobre el camino descansa el puercoespín
Se alza a lo lejos una ermita románica
Tras ella una sierra seca como teta de vieja
desafía la inclemencia
El futuro duerme
¡Oh, tú, hijo del traidor,
inaugura los ferrocarriles
mientras corremos por las grandes llanuras americanas
a pelo sobre caballos briosos
y lanzamos al aire gritos
que nos den las fuerzas suficientes para apagar
el fuego de los motores que funcionan a vapor!
¡Maldito Watt, mil veces maldito
Maldito Watt de los tiempos ilustrados
Maldito Watt de peluca empolvada
Maldito Watt descendiente de Enoc que desciende de Caín
el primer agrimensor!
Hasta quedarme ronco he dicho
desde esta Montaña lanzo el Sermón
Me recojo en mí
Lavo los pies de los más necesitados
sin saber, aún, que vendrá un tal Pablo
que extraerá sus riñones
para venderlos al peso
¡Enoc, Enoc, se pudra el vientre que te parió
y la simiente que lo engendró arda
en los pozos petrolíferos de Arabia Saudí
La llave del mundo te sea arrebatada
Los cantos en las iglesias se desvíen hacia el mar
Las naves que lo surcan respondan con ronquera
Desnudos los mástiles recuerden a Dios!
Hasta la madrugada se ha vuelto ciega
Te da la espalda la mujer que te amó
La lluvia se desprende de sus esencias húmedas
se transforma en arenas que ocultan serpientes
Raya el alba
Unos pastores adivinan tu figura
¡Corre, Enoc, corre
antes de que sus cayados tomen buena cuenta de tus huesos
antes de que sus perros prueben la fuerza de sus mandíbulas en ti
antes de que el amor -saeta envenenada- se clave por error en tu espalda!
¡Corre, Enoc, corre
hijo del traidor Sembrador de Cereales
el que nos arrastró a pegarnos a la tierra
el Patriarca de la Modernidad
el inventor de las Hipotecas!
María de Magdala me llama
Esta noche amaré sus nalgas
Entre sus brazos armonizaré el cosmos y el alma
Esta noche te habré olvidado Enoc
La embriaguez es un olor que jamás descansa

Ensayo

Tags : Atrofias Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 16/06/2019 a las 13:52 | {0} Comentarios


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