Inventario

Revista literaria y artística escrita y dirigida por Fernando Loygorri
La venta de flores ha caído este año en un silo de abono y sus aromas se han mezclado.
La mierda y su resultado, la flor, han ido a parar al polvo de los cementerios. Allí se han visto vivos lustrando con pañitos las losas y los nichos. Parecía un cementerio de gran capital el paseo de los domingos por la calle central de una ciudad de provincias. Niña muy pequeña con abrigo de visón blanco ante la tumba de un abuelo. Gitana arrodillada y llorando. Curas administrando su negocio. Un perro sorprendido ante la afluencia de público. El día de puertas abiertas.
Existen hermosos mitos acerca de los días señalados en muchos calendarios. Léase el ensayo de Robert Graves La Diosa Blanca ¡Ay, cuántas invenciones! ¡Cuántos cuentos! ¡Cuántas esperanzas! Y sobre los muertos. Sobre los enterrados. Sobre los que se pudren. Sobre los que aparecen. Este maldito dos de noviembre tan hermoso con un relato de Edgard Allan Poe leído ante la chimenea, ante ese fuego que chisporrotea alegremente ignorante de que cuanto más chisporrotee antes se apagará.
¡Crisantemos, acudid! ¡Maravillas a vuestros puestos! ¡Cipreses, firmes! ¡Marchad, marchad y cantemos todos a una la canción de los enterrados! Y a cada nota su silencio en forma de lágrima y cada estrofa un planto ideado por María Balteira, la más famosa juglar de un tiempo enterrado.
Asolar es dejar sin suelo.
Empeñarse es hacerse roca.
Abrumarse es dejarse invadir por la niebla.
No, no os dejéis llevar por tan espantosos razonamientos.
La muerte es un tránsito. Enterrados no falta el aire.
Todo es puta luz y puto color.
¿Dónde cojones os creéis que estáis? ¡Hostias, a la tumba, joder, a la tumba! Ya vendremos el 2 de noviembre a echaros un vistazo.

Diario

Tags : Archivo 2008 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 02/11/2008 a las 13:15 | {0} Comentarios


¿Crisis? ¿Qué crisis?


Una vez llegó a un pueblo un señor bien vestido, se instaló en el único hotel que había, y puso un aviso en la única página del periódico local: Que estaba dispuesto a comprar cada mono que le trajeran por $10.
Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazarlos.
El hombre compró, como había prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron a $10 cada uno sin chistar.
Pero, como ya quedaban muy pocos monos en el bosque, y era difícil cazarlos, los campesinos perdieron interés, entonces
el hombre ofreció $20 por cada mono, y los campesinos corrieron otra vez al bosque.
Nuevamente, fueron mermando los monos, y el hombre elevó la oferta a $25, y los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar uno.
Llegado a este punto, el hombre ofreció $50 por cada mono, pero, como tenia negocios que atender en la ciudad, dejaría a
cargo de su ayudante el negocio de la compra de monos.
Una vez que viajó el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles: Fíjense en esta jaula llena de miles de monos que mi jefe compró para su colección. Yo les ofrezco venderles a ustedes los monos por $35, y cuando el jefe regrese de la ciudad, se los venden por $50 cada uno.
Los campesinos juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que había en la gran jaula, y esperaron el regreso del 'jefe'.
Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron
con sus ahorros de toda la vida.
Ahora sí tienen ustedes una noción bien clara de cómo funciona el Mercado de Valores y la Bolsa.

Invitados

Tags : Archivo 2008 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 30/10/2008 a las 10:42 | {0} Comentarios


Podría ser un cansancio que llegó ayer tras muchas horas. El cansancio del cerebro vaciado. El cansancio de la nada. No hay nada que canse más que la nada. Podría ser la sensación de nudo en algunos conductos de mi cuerpo o la biología de las pasiones que fluyen por el medio interno apenas influidas por limones o guisos de carne.
Este día ventoso y falsamente azul podría ser.
Estas nubes.
O las hojas del árbol a puntito de caer podridas en el césped del jardincillo.
También las obligaciones diarias: hacer la compra, recoger la sala, poner el lavaplatos, barrer las pisadas, ir a la ciudad, que la noche llegue, que el alba nazca, esas obligaciones que también deben de cansar.
Podría no ser cansancio (aunque sí la sensación). Podría ser otra sensación más vieja, más gastada. La espera siempre incómoda. La ausencia o el estrépito de una batalla campal muy al sur, tras la caída de una valla. O la intranquilidad.
A solas con el miércoles.

Diario

Tags : Archivo 2008 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 29/10/2008 a las 11:56 | {0} Comentarios


Febrero

Regresaba
Se abre la puerta de la nevera. Aparecen personas sonrientes. Personas jóvenes. Alguno lleva en el hombro un fusil. El cielo, encima de ellos, camina muy rápido. Suena una canción.
Lo que estábamos esperando
Sucede.
Demasiados pocos desertores. Hay silencio. Un gran pasillo oscuro, con destellos que surgen sin ningún ritmo en diferentes puntos de los muros. Suena la misma canción. La lluvia cae intensa. Una joven desnuda corre y cae.
Los dos estaban borrachos.
Al día siguiente hizo un sol de invierno que templó el ánimo de algunos. Pero ella ya estaba muerta. Murió bien. En la calle. Su nombre no.
El narrador gira en torno y todas las luces se mueven. Vértigo. Una lágrima aumenta tras ella los poros de una piel. Las voces de un coro suenan. Al fondo, a contraluz de un sol rojo...
Se quemaron banderas y fotografías. Eran los líderes, eran ellos, eran quemados. Efectivos de la policía y el ejército controlaban todo el país.
Salieron para atacar.
Salieron para emborracharse.
La cama con dosel. Echados dos cuerpos jóvenes van apurando hasta el límite. Una tela blanca que cae a su alrededor oculta lo obvio. Pero una mano.
Lo suyo no fue así, no pudieron crear la vaporosidad de una muselina en torno a ellos; lo suyo fue mucho más frio y definitivo. Y borrachos amarse, sencillamente amarse mientras se iban mareando; borrachos, sueltos, caer...
Salieron para atacar la madrugada.
La música, la misma canción, volverá a sonar siempre.
Fueron miles de personas las que lo pedían ¿Fueron ellos?
150.000 pesetas de ahorro... modelos... tarifas... total descuento... nueva tarifa... Disfrute.
Lo importante era aquel puente.
El narrador se acerca a un joven que enciende un cigarrillo en una habitación de estudio, sobre la mesa de trabajo se amontonan unos cuantos libros, un cenicero, tres diccionarios, un recuerdo; él está sentado en la silla, desnudo de cintura para abajo; por su vientre, de fina curva donatelliana, se deslizan charquitos de semen, vagan hacia las ingles, hacia los rizos del vello.
Las armas químicas serán utilizadas. Pero ella ya no sabrá. Ya no está. Se quedó tendida en la encrucijada de dos calles un frio día de febrero, en la madrugada, cuando muy lejos, allí, la artillería descargaba su carga. Ella ya no sabrá qué ocurrió.
- Lo haría porque ahora soy feliz. No sé si dentro de muchos años cuando te vea arrugado, viejo. No sé si te querré entonces como hoy te quiero. Lo haría. Clausuraríamos la habitación y abriríamos la espita del gas.
- Me gustaría que muriéramos desnudos juntos en la cama.
32 2 3 3 20 65 8
64 2 96 55 28 576 501
¡Bombas de la mierda de los cojones de dios!
Suene la música, suene siempre.
Una Mujer fallece de Infarto tras Hacer el Amor en la Acera.
Corrígeme si me equivoco.
- No llores, no voy a hacerte daño, sólo quiero que la mames una vez más ¿Acaso no hubo un tiempo en que te gustaba? ¿Lo recuerdas? Entonces no llores. Es una vez más. La pistola no sirve para nada si tú no quieres ¿Qué haría?, ¿matarte? y ¿entonces?, ¿no entiendes?
Son tantos los borrachos por las ciudades. Desde el inicio muchos se habrán emborrachado y más de uno habrá quedado al llegar a la muerte a la izquierda.
Ella ya está esperando. Ya espera. No tenía ningún nombre para la historia, más bien es un nombre de fregona o de mujer de pueblo. Es un suelto en un periódico.
Acorazado. Bandera. Rostro de guerrero. Campanario. Mezquita. Viento y psicoanalista. Mujeres. Hombro con hombro. Refugiados tras un parapeto. Un informador. Tiembla. Fondo de cielo con francotiradores. Suene, siempre suene.
En la encrucijada de dos calles no podían más o no tenían donde ir; estaban tan borrachos, ella parece ser que más, que se tumbaron en la acera, él le levantó la falda y le bajó las bragas; ella abrió las piernas y su humedad despidió vaho; él entró, ella se excitó tanto que le dio un ataque al corazón; él se quedó dormido, encima de ella. No tuvo frio. Los encontró una patrulla. No tuvieron frio.
Murieron con las botas puestas.
Un... es sacado de entre los escombros de un edificio destruido por... los hombres que allí están se apresuran por si aún está vivo... se ve más destrucción..., ..., debajo o inmediatamente después se los ve sin poder abrir las alas, emprender vuelo, ni gritan, ... muy sucia como si se hubieran bañado todos el… juntos, como si se hubieran lavado el alma.
Lejos del centro neurálgico del mundo se ve un túnel azul y dos jóvenes de chaquetas de cuero y pantalón vaquero cogidos de la mano.
Se escucha: TU SOLO PIENSA EN EL AMOR
Y aparece: una caja de preservativos.
Los dos jóvenes caminantes del túnel azul se dirigen hacia la luz.
Sobre un todo blanco una gota de lo que luego se sabrá que es perfume va cayendo. Se intercala una mujer moderna de ciudad arrebatada llamando a un taxi. La gota continúa su caída. Se intercala una mujer exquisitamente sucia con un casco de minero. La gota continúa su caída. Se intercala una mujer moderna mirando de verdad a un hombre. La gota llega a su destino: la curva de una espalda de mujer. Se escucha: ... LA AGRESIVIDAD DEL AROMA. Se lee: Paris.
Noticias.
El narrador abre la puerta. Mentiríamos si dijéramos... Mentiríamos. El narrador avanza hacia la puerta segunda. Tras ella se escuchan sollozos, tras ella huele a incienso, a cera de cirio. Al entrar asiste al velatorio y no siente lástima de la joven viuda y los tres hijos huérfanos; sobre el ataúd hay una bandera; todo es negro y amarillo al mismo tiempo. Sobraría la música que siempre suena.
No hay noticias de la reacción de los familiares. Tampoco se sabe si los tenía.
Surfing.
Algo siniestro era que mientras todo se estaba destruyendo ellos hablaban de futuro.
En el parque el mono se acerca al pato y lo ahoga con sus propias manos. Sucedió en Pamplona.
Noticias:
Ahora ella estará desnuda en el depósito de cadáveres, en un compartimento frigorífico, con una sábana encima. Murió de infarto de miocardio tras hacer el amor en una acera, de madrugada, era invierno.
Suene un tango.
La desgracia.
Durante un tiempo me dediqué (habla el narrador) a elegir lo curioso y comenté: un aluvión, el universo, las corrientes, lo futuro, un hormiguero, una perra, estrechados... también... desde... y... 3 285 1095 & = ö.
Era la madrugada.
Se escuchaban campanadas.
Añil el cielo. Un barco a vapor. Una rueda de molino. Un gentilhombre. La caricia de un pañuelo.
Lo bueno que te sucede viene de Dios, lo malo que te sucede viene de ti mismo.
Un relámpago. Era la primera noche. Acaeció el frio. Sobrevino la sorpresa. No durmió. El automóvil roncaba. Roncó.
Como la guerra.
La música suena. Arrebatada. Inconmensurable. Abierta... a... tono.

Publicado en la revista literaria Ça s'écrit. Paris, 1994
Traducido al francés por Caroline Lahougue

Cuento

Tags : Archivo 2008 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/10/2008 a las 15:39 | {0} Comentarios


Recitábamos a coro los tiempos del verbo. Traqueteaba la diligencia de firme. Al fin una aldeana vieja que llevaba una cesta sobre el balda, halló acomodo reclinando la cabeza sobre mi hombro. Cruzándole el pecho con adornos de metal o piques de navaja. Ya llegaba el pipero: - Muy buenos días tengan ustedes... ¿qué les pongo?. – Pues cacahués. No es extraño que después de un perrito caliente alguien pida una vaca verde –combinación de leche y pipermín-. Menudo pájaro. Perillán, que es usted un perillán. Aceptan profesores de francés porque llevan perilla. La primera lectura de la última dominica de adviento es una perícope del profesor Miqueas, que vio siempre el mismo llanto de niños en los que la muerte se ceba, el mismo linaje perdido, separado del mundo, que nace, que vive, que muere encerrado en la campiña mezquina de unos lóbregos valles. Su posesión fue disputada sucesivamente por egipcios, hititas, micénicos, fenicios, asirios y griegos.
Cubierta de nieve y entre una nevazón lenta pero persistente, avanzaba la tartana grande de doña Carmen; Willi, que es cuarto y mitad de hombre y el resto de neutro, intentaba poner de moda un baile, el ragueing. - ¡A ese ya no le echas la garfa! Pero volvieron a tropezarse. Se abrazaron entre acometidas feroces, escondidos en matorrales, como amantes salvajes; chocan los cuernos, se cruzan las garcetas, cargan todo el poder de la vaca con su corona de candiles, forcejean macho y macho, las bocas abiertas, jadeantes.
El mirlo, al ver el oro, se puso a silbar una marcha solemne que marcaba los graves pasos o el golpe mismo de los remos; no sentía más que los golpes, pesados también, de su corazón. - ¿Y si le doy un golpe en la cabeza?, me dijo. Y sopesé el candil. Parecía de oro macizo. Se santiguará y se dará golpes de pecho al par que el Celebrante. Entonces la tabernera empuña la faltriquera. La Vitora manipulaba en la cocina y el fogón y había sobre el hornillo una cazuela de aluminio que humeaba y ella colocó sobre el hornillo grande otra cazuela.

Cuento

Tags : Archivo 2008 Redactado por Fernando García-Loygorri Gazapo el 28/10/2008 a las 15:10 | {0} Comentarios








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